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lunes, 29 de enero de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





LA NIÑA EN EL BOSQUE


Caperuza del alma, está en lo oscuro
el lobo, donde nunca
sospecharías,
y te mira
desde su roca de miseria,
su soledad, su enorme hambre.

Tú le preguntas: ¿por qué tienes
esos ojos redondos?
Y él responde,
ciego, para mirarte
mejor, llorando.
Y en seguida

tú vuelves: las orejas,
¿por qué tan grandes?
Y él,
para escucharte, oh música
del mundo, sólo
para escucharte.
Y luego

lo demás es la sombra -indescifrable.


Eliseo Diego

domingo, 28 de enero de 2018

OBITER DICTUM








«Mi vida.» Cuando pienso estas palabras veo frente a mí un rayo de luz. En una aproximación mayor, el rayo de luz tiene la forma de un cometa, con cabeza y cola. La extremidad más intensa, la cabeza, es la infancia y los años de crecimiento. El núcleo, su parte más densa, es la más temprana infancia en la que los rasgos más importantes de nuestras vidas se definen. Intento recordar, intento deslizarme hacia allí. Pero es difícil moverse en esas densas regiones, es peligroso; siento como si me acercase a la muerte. Hacia atrás el cometa se adelgaza —es la parte más larga, la cola. Se hace más y más densa pero también cada vez más ancha—. Ahora estoy en el extremo de la cola del cometa, tengo sesenta años cuando escribo esto.


Tomas Tranströmer

sábado, 27 de enero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



BOBBY DUNN


        “El policía de la Keystone que a mí me pareció el más valiente y aguerrido de entre todos ellos fue Bobby Dunn, un campeón profesional sobre saltos de agua que sólo medía uno sesenta y dos. Bobby se incorporó a los policías una temporada en la que había poca demanda de saltadores de feria y Sennett lo mantuvo por su agilidad e intrepidez. Colocó a Bobby junto a Slim Summerville, su policía de la Keystone más alto, por el aspecto tan divertido que tenían juntos.
        Sin embargo, la más valiente acrobacia que Bobby hizo jamás no fue en una película de Sennett. Fue en una de las comedias de la Sunshine Comedies que Henry (Pathé) Lehrman estaba realizando entonces para la Fox.
        Al oír que Bobby era saltador profesional, Lehrman le ofreció cinco dólares por saltar desde el tejado del Bryson Hotel a una cuba de argamasa llena de agua. El Bryson, en el centro de Los Angeles, tenía ocho pisos, y desde su tejado, a veinticuatro metros sobre la calle, la cuba de argamasa, que tenían dos setenta de largo, uno y medio de ancho y uno y medio de profundidad, parecía tener el tamaño de una ficha de dominó.
        Cuando Bobby aceptó la oferta, Lehrman le preguntó si podía hacer el salto ese viernes por la tarde.
        --Estoy haciendo una película para Sennett toda esta semana –dijo pensativamente--. El viernes rodarán, pero no creo que utilicen esa tarde a los policías. Podré escaparme sin ningún problema.
        Bobby se tiró de cabeza. Tirarse al agua desde veinticuatro metros cuando ésta tiene un metro y medio de profundidad significaba que tenía que golpear justo con el pecho y luego doblarse inmediatamente en arco. Salió sin un rasguño, recogió sus cinco dólares, se vistió y volvió aprisa al estudio de Mack Sennett antes de que pudieran echarle de menos.”

Buster Keaton. 
Slapstick. Memorias… 
Plot Ediciones.

martes, 23 de enero de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






INTO THE TWILIGHT


Out-worn heart, in a time out-worn,
Come clear of the nets of wrong and right;
Laugh, heart, again in the grey twilight,
Sigh, heart, again in the dew of the morn.
Your mother Eire is aways young,
Dew ever shining and twilight grey;
Though hope fall from you and love decay,
Burning in fires of a slanderous tongue.
Come, heart, where hill is heaped upon hill:
For there the mystical brotherhood
Of sun and moon and hollow and wood
And river and stream work out their will;
And God stands winding His lonely horn,
And time and the world are ever in flight;
And love is less kind than the grey twilight,
And hope is less dear than the dew of the morn.


W. B. Yeats

domingo, 21 de enero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





     EL PROGRESO DE LA HUMANIDAD


       “La campaña alemana de represalias no fue excepto en casos individuales, una respuesta espontánea a las provocaciones belgas. Había sido preparada de antemano, con aquella conocida meticulosidad alemana, ya había sido prevista para intimidar a los belgas y salvar de esta forma tiempo y hombres. La velocidad era un factor vital. Era necesario entrar en Francia con todos los batallones que tuvieran a su disposición. La resistencia belga que exigía dejar tropas en la retaguardia, era un obstáculo para el plan. Las proclamas ya habían sido impresas con antelación. Tan pronto como los alemanes entraban en un pueblo, las paredes quedaban blancas a causa del gran número de bandos que prevenían a la población contra todo acto de hostilidad. El castigo para los ciudadanos que dispararan contra los soldados era la pena de muerte, así como también para una gran cantidad de actos menores: «Todo aquel que se acerque a menos de doscientos metros de un aeroplano o un globo será fusilado en el lugar». Y también serían fusilados los propietarios de casas en las cuales fueran halladas armas. Los dueños de las casas en donde se ocultaran soldados belgas serían enviados a trabajos forzados a perpetuidad en Alemania. Los pueblos en los que se cometieran actos hostiles contras los soldados alemanes, serán incendiados. En el caso de que estos actos se realizaran en la carretera entre dos pueblos, se aplicará el mismo castigo a ambos.
       En resumen, concluían las proclamas: «Por todos los actos de hostilidad serán aplicados los siguientes principios: todos los castigos serán ejecutados, los rehenes serán apresados». La práctica del principio según el cual toda la comunidad sería considerada responsable, responsabilidad colectiva que había sido expresamente prohibida por la Convención de La Haya, dejo atónito al mundo del año 1914, que había creído en el progreso de la humanidad.”


Barbara W. Tuchman. 
Los cañones de agosto. 
Ediciones Peninsula.

viernes, 19 de enero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE








NADA COMO UN BUEN PLAN QUINQUENAL


Menos divertido, porque resultaba difícil contemplar aquello sin sentir un nudo en la garganta, era el bazar. Era un mercado permanente ubicado en una gigantesca plaza vacía. Aquellos que tenían algo que vender se ponían en cuclillas sobre el polvo extendiendo sus productos frente a ellos sobre pañuelos o bufandas. Las mercancías iban desde un puñado de clavos herrumbrosos hasta una colcha andrajosa, o un recipiente de leche agria que se vendía a cucharadas, moscas incluidas. Podías ver a una anciana sentada durante horas con un huevo de Pascua pintado o un trozo de queso de cabra reseco delante de ella; o a un viejo con los pies descalzos cubiertos de llagas tratando de canjear sus destrozadas botas por un kilo de pan negro y un paquete de tabaco de mahorka. A menudo las mercancías ofrecidas en trueque eran zapatillas de cáñamo, e incluso suelas y tacones arrancados de botas y cubiertos por un envoltorio de harapos. Algunos viejos no tenían nada que vender: cantaban baladas ucranianas y de vez en cuando recibían algún kopek. Algunas mujeres tenían a sus niños tendidos en el suelo junto a ellas o en el regazo dándoles de mamar; los labios de las criaturas, recorridos por las moscas, se aferraban a las resecas ubres de las que parecía manar bilis en vez de leche. Se veía a un sorprendente número de hombres con defectos oculares: eran bizcos, o tenían una pupila opaca y lechosa, o habían perdido por completo el globo ocular. La mayoría tenía las manos y los pies hinchados; sus rostros también parecían más inflados que consumidos, y todos ellos mostraban ese peculiar color que Tolstói, hablando de un prisionero, describe como «el matiz de los renuevos que brotan de la patatas en un sótano».

Arthur Koestler.
Memorias.

Editorial Lumen.

miércoles, 17 de enero de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







                 MENDIGA VOZ


Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.

En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.


                                                             Alejandra Pizarnik

domingo, 14 de enero de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




                                   POETRY


I, too, dislike it: there are things that are important beyond all
this fiddle.
Reading it, however, with a perfect contempt for it, one
discovers in
it after all, a place for the genuine.
Hands that can grasp, eyes
that can dilate, hair that can rise
if it must, these things are important not because a

high-sounding interpretation can be put upon them but because
they are
useful. When they become so derivative as to become
unintelligible,
the same thing may be said for all of us, that we
do not admire what
we cannot understand: the bat
holding on upside down or in quest of something to

eat, elephants pushing, a wild horse taking a roll, a tireless wolf
under
a tree, the immovable critic twitching his skin like a horse that
feels a
flea, the base-
ball fan, the statistician--
nor is it valid
to discriminate against 'business documents and

school-books'; all these phenomena are important. One must
make a distinction
however: when dragged into prominence by half poets, the
result is not poetry,
nor till the poets among us can be
'literalists of
the imagination'--above
insolence and triviality and can present

for inspection, 'imaginary gardens with real toads in them', shall
we have
it. In the meantime, if you demand on the one hand,
the raw material of poetry in
all its rawness and
that which is on the other hand
genuine, you are interested in poetry.


Marianne Moore

viernes, 12 de enero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



ISLIP






“Todos los sábados durante los meses de invierno jugaba a fútbol con el equipo del pueblo. Los ex combatientes habían vuelto a introducir aquel juego en Islip después de un lapso de ochenta años en el que no se había practicado. El nonagenario del lugar se quejaba de que el fútbol había dejado de ser todo lo viril que era durante su juventud.
         --Aquella era nuestra meta –dijo--, la otra se encontraba a setecientos metros de aquí, junto al río. Las autoridades acabaron por prohibir el juego. En el último partido murieron tres hombres y uno quedó gravemente herido. ¡Aquello sí que era jugar! –A mí me parecía que el fútbol de Islip, aunque muy viril, era un juego de damas en comparación con el que solíamos jugar en Charterhouse. Cuando jugaba de delantero centro, a menudo recibía silbidos por cargar contra el portero mientras éste mostraba al público el balón de gol que había impedido. Los aplausos estaban reservados para el jugador de la izquierda que se pasaba casi todo e tiempo haciendo florituras con el balón y que muy rara vez se acercaba a la portería. Pero el club de fútbol era democrático, al contrario del club de criquet. Yo jugué a criquet la primera temporada, pero renuncié porque el equipo casi nunca estaba formado por los once mejores jugadores; los jugadores del pueblo tenían que dejar el campo libre cuando se presentaban los miembros de la pequeña nobleza rural.”

Robert Graves. 
Adiós a todo eso. 
Muchnik Editores.

miércoles, 10 de enero de 2018

EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                      MY CROW


A crow flew into the tree outside my window.
It was not Ted Hughes’s crow, or Galway’s crow.
r Frost’s, Pasternak’s, or Lorca’s crow.
Or one of Homer’s crows, stuffed with gore,
after the battle. This was just a crow.
That never fit in anywhere in its life,
or did anything worth mentioning.
It sat there on the branch for a few minutes.
Then picked up and flew beautifully
out of my life.


                                                  Raymond Carver.

martes, 9 de enero de 2018

OBITER DICTUM







“Sin el menor deseo de polemizar con los amantes de la música, quiero señalar que, la música, tomada en sentido general, tal como es percibida por sus consumidores, pertenece a una forma más primitiva y animal en la escala de las artes que la literatura o la pintura. Hablo de la música considerada globalmente, no como creación, imaginación y composición, aspectos en los que desde luego rivaliza con la literatura y la pintura, sino según el efecto que produce en el oyente medio. Un gran compositor, un gran escritor, un gran pintor son hermanos. Pero creo que el impacto que la música produce de manera general y primitiva en el oyente es de calidad más modesta que el de un libro medio o un cuadro medio. Pienso sobre todo en la influencia sedante, apaciguadora, que la música ejerce en algunas personas, a través de la radio o de los discos.”


Vladimir Nabokov

viernes, 5 de enero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CUANDO LA FICCIÓN VIVE EN LA FICCIÓN


«Debo mi primera noción del problema del infinito a una gran lata de bizcochos que dio misterio y vértigo a mi niñez. En el costado de ese objeto anormal había una escena japonesa; no recuerdo los niños o guerreros que la formaban, pero sí que en un ángulo de esa imagen la misma lata de bizcochos reaparecía con la misma figura y en ella la misma figura, y así (a lo menos, en potencia) infinitamente… Catorce o quince años después, hacia 1921, descubrí en una de las obras de Russell una invención análoga de Josiah Royce. Este supone un mapa de Inglaterra, dibujado en una porción del suelo de Inglaterra: ese mapa –a fuer de puntual—debe contener un mapa, y así hasta lo infinito… Antes, en el Museo del Prado, vi el conocido cuadro velazqueño de Las meninas: en el fondo aparece el propio Velázquez, ejecutando los retratos unidos de Felipe IV y de su mujer, que están fuera del lienzo pero a quienes repite un espejo. Ilustra el pecho del pintor la cruz de Santiago; es fama que el rey la pintó, para hacerlo caballero de esa orden… Recuerdo que las autoridades del Prado habían instalado enfrente un espejo, para continuar esas magias.


Al procedimiento pictórico de insertar un cuadro en un cuadro, corresponde en las letras el de interpolar una ficción en otra ficción. Cervantes incluyó en El Quijote una novela breve; Lucio Apuleyo intercaló famosamente en El asno de oro la fabula de Amor y de Psiquis: tales paréntesis, en razón misma de su naturaleza inequívoca, son tan banales como la circunstancia de que una persona, en la realidad, lea en voz alta o cante. Los dos planos –el verdadero y el ideal—no se mezclan. En cambio, el Libro de las mil y una noches duplica y reduplica hasta el vértigo la ramificación de un cuento central en cuentos adventicios, pero no trata de graduar esas realidades, y el efecto (que debió ser profundo) es superficial, como una alfombra persa. Es conocida la historia liminar de la serie: el desolado juramento del rey que cada noche se desposa con una virgen que hace decapitar en el alba, y la resolución de Shahrazad que lo distrae con maravillosas historias, hasta que encima de los dos han rodado mil y una noches y ella le muestra su hijo. La necesidad de completar mil y una secciones obligó a los copistas de la obra a interpolaciones de todas clases. Ninguna tan perturbadora como la de la noche DCII, mágica entre las noches. En esa noche extraña, él oye de boca de la reina su propia historia. Oye el principio de la historia que abarca a todas las demás, y también –de monstruoso modo—a sí misma. ¿Intuye claramente el lector la vasta posibilidad de esa interpolación, el curioso peligro? Que la reina persista, y el inmóvil rey oirá para siempre la trunca historia de las mil y una noches, ahora infinita y circular… En Las mil y una noches, Shahrazad refiere muchas historias; una de esas historias casi es la historia de Las mil y una noches.»


Jorge Luis Borges.

Textos cautivos.

Tusquets Editores.

jueves, 4 de enero de 2018

OBITER DICTUM





La impresión de la primera, especialmente cuando la veo ondular entre la mastelería mundial de algún gran puerto lejano, es alegre; pero pronto a este regocijo una emoción agridulce se mezcla y al cabo el sentimiento melancólico prevalece. Las banderas españolas me traen recuerdos de juventud, y por eso, sin yo advertirlo, me hacen suspirar: no por la patria precisamente, sino también por cuanto de mí se fué y ha de irse...


Eduardo Zamacois

martes, 2 de enero de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






         REGIONALISMO


Para que te exaltes, castellano,
hombre seco, hombre de tierra.
Para que me odies, catalán,
más fenicio que de Grecia;
y tú, manchego retardado,
cazurro de alma plebeya;
isleño cursi y rastacuero,
balear ladrón, hijo de chueta;
leonés rencoroso y zafio;
montañés vano, hombre de cera;
y tú, aragonés que llamas
a la bestialidad franqueza;
para que me mates, levantino,
simulador de arte y de belleza;
vasco hipócrita y ambicioso,
insúltame con tu pobre lengua;
asturiano traidor y falso;
gallego llorón, y sin vértebras;
murciano sucio, feo y torpe;
extremeño de las cavernas;
madrileño que de Real orden
eres tonto por dentro y por fuera.
Yo os desprecio, os maldigo y os odio,
gentes cobardes de mi tierra.
Y para ti, andaluz idiota,
¡culebra!, ¡culebra!, ¡culebra!

Francisco Vighi