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martes, 30 de agosto de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



DIGNIDAD


«En el Hotel Pimodan de París, donde Baudelaire y un selecto grupo de amigos comen ocasionalmente haschisch pensando que desafían al Creador con catas de un paraíso artificial, el sentimiento predominante es desprecio por la clase media y horror ante los progresos de la industrialización, un rasgo romántico tan común como ver la autenticidad en el mundo de los sueños y oponerlo a la insulsa vigilia. Más original es el «medievalismo» del grupo, que se apoya en el monje dedicado a urdir eventos imaginarios durante los siglos oscuros europeos , porque trasladar esa actividad al presente les depara un modelo de fantasía «subversiva» del cual parte la «vanguardia», comprometida verbalmente desde entonces con la revolución y más en concreto con una capacidad para épater le bourgeois que hará de ella el más duradero y rentable de los ismos. Políticamente, como explica Baudelaire en sus Diarios íntimos, la subversión sabe que “solo hay tres seres dignos de respeto: el sacerdote, el guerrero y el poeta. Conocer, matar y crear. El resto de la humanidad puede ser gravado y explotado, pues nació para el establo, esto es, para practicar lo que llaman profesiones”.»

Antonio Escohotado.
Los enemigos del comercio II.
SLU Espasa Libros.

domingo, 21 de noviembre de 2021

OBITER DICTUM

 






«Así pasan los instantes, mientras sigo reclamando concreción, y esa hora final empieza a deshilacharse como una nube. Última hora es el prosaico ahora, la colcha es mi sábana, la ventana da a un espacio donde dialogan luto y reconciliación con la existencia. Sigo donde estaba, humillado por ceder al patetismo. Jesuíticos o sartrianos, los infiernos psicológicos escenifican propuestas de perdón a través del arrepentimiento. Lleno como estoy de miserias y rarezas, no puedo arrepentirme de elegir el amor que más se compadece, el que sabe esperar sin caución, el que sigue siendo amor siempre.»

Antonio Escohotado.





viernes, 19 de marzo de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



LA POBREZA


«Pero la virtud de ayudar al pobre no debería confundirse con una defensa de la pobreza como virtud, pues en vez de reducir la miseria promueve un engranaje —progresivamente corrupto— de organizaciones dedicadas a exprimir el evangelio victimista. ¿Hasta cuándo se seguirá considerando humanitario vituperar la riqueza, mientras prácticamente todos los humanos tratan de ser ricos? Sostener que viene de «explotar» la pobreza es parcialidad, cuando puede decirse —con el sesgo inverso— que sin ricos los pobres morirían mucho antes, y mucho más pobres. Nuestra prosperidad actual tiene su origen más bien en constituciones libres, que al asegurar iniciativa individual y derecho de propiedad crearon el marco para una sostenida división y subdivisión del trabajo. Dividir el trabajo es cooperación, frente a una alternativa jerárquica de castas y subcastas. A la vez que prolonga los procesos fabriles multiplica su productividad. En eso consiste la acumulación capitalista, si se compara con la sangría de recursos provocada por sistemas cuyo principio no es la eficiencia.»


Antonio Escohotado.

Sesenta semanas en el trópico.

Editorial Anagrama.


viernes, 20 de octubre de 2017

OBITER DICTUM





En efecto, usar liberalmente coca era un privilegio de la oligarquía, concediéndose como gracioso favor a soldados, campesinos y mensajeros. Mascar sin autorización constituía un crimen de lesa majestad. Se daba así el caso de que una parte considerable de la corvea o tributo de trabajo se centraba en producir los llamados panes de coca –consumidos en la Corte en enormes cantidades--, mientras al mismo tiempo el control de su consumo por el pueblo bajo consolidaba un sistema de prohibición, que hacia esas fechas ningún país (salvo China por lo que respecta a los aguardientes) había practicado con droga alguna. De ahí que los Incas representaran un vigoroso estímulo al cultivo de la planta y, al mismo tiempo, una de las primeras incursiones históricas del derecho penal en semejante materia.

Antonio Escohotado

martes, 30 de diciembre de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


 






AYAHUASCA

CAAPI

NISHI COBIN

NIXI PAE

NATEM

SHORI

UNÍ

YAGÉ


«El seminario usa hoy una mezcla que tiene más de un año, muy fermentada, que se supone más potente y es sin duda más desagradable de tomar. No me fío de brebajes rancios, y bebo 80 ml, un quinto menos que anteayer. El ambiente es algo amenazador, ya que por primera vez llovizna, hay bochorno y padecemos una invasión de saltamontes, escarabajos y mosquitos. El suelo y la tela mosquitera que rodea nuestra maloca están literalmente cuajados de estos insectos. Nada de subida rápida. Paso largo tiempo sobre el colchón, recostado cómodamente gracias a dos almohadas. Como advertido por la ceremonia, un creciente lunar ha roto el celaje de nubes, realzando la grandeza del escenario. El círculo de nuestros colchones dibuja una especie de humilde Stonehenge, dispuesto para captar el curso de las horas. Poco a poco la plata de los perfiles va dando paso a una experiencia visceral, con imágenes espaciadas y tenues, leve náusea y movimientos del aparato digestivo. El aire sigue inmóvil, plagado de mosquitos; sudo mucho. Surge una mujer inquietante, de edad indefinida, que comienza con gestos provocativos y pasa en rápida sucesión a ponerse una lavativa, vomitar sangre, hincharse hasta estallar en mil fragmentos y reaparecer como un montón  de huesos, que inspeccionados algo más de cerca son en su mayoría de conejo. El estallido tiñe todo de rojo, color que persiste al abrir los ojos como un barniz. Vuelvo a cerrarlos y la masacre sigue ahí, tranquilamente. Es satisfactorio no volver la cara, observar el osario con la distancia que proporciona estar viajando de huesos, que inspeccionados algo más de cerca son en su mayoría de conejo. El estallido tiñe todo de rojo, color que persiste al abrir los ojos como un barniz. Vuelvo a cerrarlos y la masacre sigue ahí, tranquilamente. Es satisfactorio no volver la cara, observar el osario con la distancia que proporciona estar viajando.»


Antonio Escohotado.

Sesenta semanas en el trópico.

Editorial Anagrama.


domingo, 7 de abril de 2013

OBITER DICTUM






Las atrocidades cometidas por Pizarro y sus sucesores han llevado a idealizar la era incaica como un monumento de paz, justicia social y racionalidad política, olvidando que ese estado murió de su propia medicina, y que los españoles tuvieron --desde el principio y hasta el extermino del último Inca— no solo a varios sino a muchos aliados entre los pueblos oprimidos por la estirpe de Manco Capac.


Antonio Escohotado

lunes, 28 de marzo de 2011

OTRA BALSA EN EL QUERONTE






EL OPIO EN ROMA


       Acostumbrados a la situación contemporánea, tendemos a considerar normal que la adulteración acompañe a ciertos fármacos, y a encolerizarnos cuando acompaña a otros (los legales), como sucede a menudo hoy con aguardientes y vinos comprados a granel que luego se introducen en botellas para parecer productos selectos. Pero al opio le acontecía en Roma precisamente esto segundo, pues siendo perfectamente legal --«indiferente» para el derecho, en los términos de la Lex Cornelia—su demanda excedía con mucho la oferta. A la pluralidad de puntos de venta y al gran número de usuarios se añadía, además, el hecho de ser una mercancía de precio controlado, con la cual los emperadores no permitían especular. Esto se debía probablemente a razones humanitarias, ya que una brusca subida de los precios dejaría a parte considerable de los ciudadanos sin recursos para adquirir un bien considerado de primera necesidad, como la harina o la lana. La política de control pudo deberse también al propósito de evitar una seria fuga de capitales hacia Asia Menor, donde se encontraban las mayores plantaciones y el producto más estimado.
       Sin embargo, gran parte de Asia Menor era romana, y la legalidad del producto permitía un saneado impuesto sobre las ventas. A mediados del siglo I Plinio el Viejo, que suele mencionar los precios de todas las drogas caras, no hace ninguna referencia a tal cosa en relación con el opio. Al iniciarse el IV, concretamente en el año 301, el edicto de Diocleciano sobre precios fija el del modius castrense de opio –con capacidad para 17,5 litros—en 150 denarios, cuantía que sigue siendo extremadamente módica si se compara con los 80 denarios que cuesta entonces el kilo de hachís.


Antonio Escohotado. 
Historia de las drogas. 
Alianza Editorial.