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domingo, 28 de mayo de 2023

OBITER DICTUM


 


«Yo cerraría todos los zoos y los parques. O, en última instancia, los destinaría como hogar para los genocidas, los asesinos en serie, los pederastas y los violadores. Y cobraría las visitas guiadas destinando el dinero recaudado a organizaciones humanitarias.»


Javier Reverte.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

OBITER DICTUM

 





«Pareció quebrarse el cielo cuando salimos de Santa Maria del Popolo y arrancó algo parecido al Diluvio Universal. Sin duda, alguien andaba por ahí arriba enfadado con los hombres, o al menos conmigo, a causa de mi tendencia natural a lo irreverente. Le compré un paraguas plegable a un indio de las decenas que salían por todas partes vendiendo paraguas a la gente a 7 euros la pieza. Son los mismos que, cuando hace sol, venden sombrillas, y si aprieta la sed, ofrecen agua fría, y si abundan las parejas de enamorados, ponen en la mano de ellas una rosa roja, esperando que el novio se moje y suelte la guita. ¡Qué hombre enamorado no daría una rosa a una mujer en Roma! Incluso, ¿qué mujer se negaría a aceptarla, pese a que a la mayor parte de las mujeres le importan un bledo las flores? No se sabe a ciencia cierta de la existencia de mujeres románticas; eso es cosa de hombres. Pero en el caso de los indios, sobrevivir es un oficio noble.»


Javier Reverte.


viernes, 1 de enero de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 



UN ARTISTA


«Es hora de comer, tengo hambre y en Via Veneto un camarero me ofrece el menú del día a un precio de 24,90 euros. La terraza, acristalada, es bonita y los platos apetitosos: gnocchi a la boloñesa y una saltimbocca (ternera) con salsa de no sé qué. Almuerzo con gusto. Y cuando llega la cuenta, son 50 euros, el doble de lo previsto. Reclamo, naturalmente. Pero el camarero, un tal Mauricio, es un verdadero artista de la vieja escuela de la comedia del arte, una suerte de intrigante con rostro de arlequín. Su réplica merece compensar al timo que me ha dado: —Verá, signore, yo soy un empleado, no el responsable de los precios. Pero sucede que Via Veneto es un lugar especial. Y lo que tiene de más en la factura es un impuesto por comer en Via Veneto, admitido por el municipio. ¿Y por qué no se lo informamos a los clientes? Imagine: si a alguien que viene del extranjero o de un lugar de la profunda Italia, de provincias, y le decimos que hay que sumar un impuesto por comer en Via Veneto, lo probable es que se ofenda porque piensa que le consideramos un pobre. El nuestro es un trabajo difícil. Imagine otra situación: aquí viene mucha gente vestida informalmente, morenos y bajos, incluso negros como el carbón que luego resultan ser miembros de la familia real saudí. ¿Podemos ofenderles diciéndoles que en Via Veneto hay un impuesto por estar en Via Veneto? Yo no sé si usted es un jeque árabe. Y si lo es, se molestaría, naturalmente, porque a los jeques árabes no les importa nada el dinero. Ya le digo: trabajar aquí es muy delicado. No imagina lo que sufrimos los camareros. 

Le dejo una propina de 5 euros. A los artistas hay que cuidarles.»


Javier Reverte.

Un otoño romano.

Plaza & Janes Editores.


sábado, 31 de octubre de 2020

OBITER DICTUM

 



«Recuerdo que un día de verano, quizá allá por el año 1985, fui a visitar en su casa de Itzea a don Julio Caro Baroja, llevado por el entonces amigo mío Luis Pancorbo, con quien el sobrino de don Pío tenía cierta relación. Don Julio andaba esa época cabreado en grado sumo con los abertzales vascos y no se cortaba un pelo en ponerles a parir en cualquier momento: 

    —Dedican todas sus energías a exaltar la patria vasca y a decir barbaridades en sus discursos…, como Mussolini. Sólo que Mussolini los pronunciaba en la Piazza Venezia y estos en medio de las vacas, los borricos y las mulas… Ellos mismos son mulas…, mulas que ergotizan.»


Javier Reverte.