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sábado, 12 de septiembre de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




LITERATURA COMO CONDENA


En los años siguientes a la caída de Napoleón el público mostraba una sed insaciable de novelas, la crítica seguía siendo de un nivel bajo, los editores se preocupaban más por la cantidad que por la calidad y los pocos novelistas que existían eran en su mayor parte unos pobres diablos cuya única alternativa para no morirse de hambre era producir sin cesar nuevas obras. Lamothe hizo bastante dinero, que gastó tan rápidamente como lo ganó, e incluso más rápido, pero a costa de transformarse en la quintaesencia del escritorcillo. Al final de su vida comentaba amargamente sobre su destino: «A pesar de la fuerza de temperamento y la energía mental que el Creador me concediera, no podía continuar así… cincuenta años de labor constante, comenzando cada día entre las tres y las cuatro de la mañana, hasta las dos de la tarde, una labor sobrehumana y agotadora que extinguió mi imaginación y, además, mis energías». En términos de volumen su trabajo fue en realidad prodigioso: unas cuatrocientas obras en prosa y en verso, que representan cerca de mil quinientos volúmenes manuscritos.

Norman Cohn.
Los demonios familiares de Europa.

Alianza Editorial.