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lunes, 24 de octubre de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




SER Y PARECER


«La apropiación del ejército por parte de Napoleón certificó la toma del poder de este, y le permitió instaurar un régimen más eficazmente represivo que ninguno administrado por el rey. Sin embargo, la represión de Napoleón no pareció ser la traición que fue, porque el ejército, que era la última garantía del Imperio, siguió siendo, en el estilo y en el ethos, una criatura de la Revolución. A fin de cuentas, era antiborbónico, anticlerical, igualitario, receptivo al talento. Millares de jóvenes franceses podían intentar evitar servir bajo sus banderas. Pero mientras estas fueran tricolores, mientras proclamasen «libertad, igualdad y fraternidad», a los que aún les importaba podían consolarse con la creencia de que la Revolución vivía. El ejército, ese extraordinario organismo, que marchaba con un millón de piernas sincronizadas bajo una única voz, que se levantaba y comía y dormía según un horario, que practicaba la puntualidad, que se movía al unísono con el redoble del tambor, que hablaba un lenguaje particular de sumisión y mando, al que se debía más lealtad que a la familia o al lugar, y que, en suma, no parecía haber bajo los extensos cielos de Francia otra institución que hubiese sido en mayor grado, con sus guerreras blancas, a la vez el símbolo del poder de los reyes y su agente; y que, en cambio, vestido de azul, representaba las victorias de la Bastilla, las Tullerías, el Campo de Marte, y personificaba, aunque fuese de manera oculta, el principio de la soberanía popular.»


Inteligencia Militar.

John Keegan.

Turner Noema.