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sábado, 2 de octubre de 2021

OBITER DICTUM






Desde que se abandonó la construcción de naves aéreas más ligeras que el aire, el zepelín ha pasado a ser una curiosidad histórica, un monstruo anticuado como el dinosaurio. Representaba, lo mismo que el dinosaurio y por motivos similares, el último producto de una rama extinguida de la evolución: era demasiado voluminoso, vulnerable y lento. Pero era un monstruo de suprema belleza, ídolo y fetiche de una nación que se entrega fácilmente a la idolatría. Con su forma de pez dorado gigantesco, medía desde una punta hasta la otra doscientos cuarenta metros, dos veces la longitud máxima de un campo de fútbol. Tenía cuarenta metros de altura, como un edificio de doce plantas, o el campanario de una iglesia mediana. Su piel tersa y lustrosa de aluminio brillaba como la plata, y su tersura ininterrumpida hacía que desde lejos pareciera un animal vivo; una colosal y benévola Moby Dick del aire, que flotaba serenamente entre las nubes.

Arthur Koestler.