martes, 19 de marzo de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





               AIRONE


Nella palude calda confitto al limo,
caro agli insetti, in me dolora
un airone morto.

Io mi divoro in luce e suono;
battuto in echi squallidi
da tempo a tempo geme un soffio
dimenticato.

Pietá, ch’io non sia
senza voci e figure
nella memoria un giorno.  


Salvarote Quasimodo

lunes, 18 de marzo de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







CRUMPCRUMP-CRUMP


«Una bomba pesada estalló en los arrozales, entre mi sección y la línea arbolada. Detrás de nosotros, un grupo de marines corría en la posición agachada que adoptan los hombres cuando se encuentran bajo el fuego. Varios llevaban radios y las elevadas antenas ondulantes eran un blanco evidente. Con toda la fuerza de mis pulmones, les grité que se separaran. Siguieron avanzando en grupo apretado y uno de mis marines dijo:
      --Son los del batallón del cuartel. Los mequetrefes ni siquiera saben resguardarse de la lluvia.
Volví a vociferar en su dirección pero no me oyeron o no quisieron oírme, sencillamente. Estaba a punto de gritarles por tercera vez cuando fueron tragados por nubes y humo de tierra pulverizada; las bombas producían su crumpcrump-crump y los cuerpos caían o salían volando en medio de la de humo. Debilitado por la distancia, el grito de “¡Sanitario! “¡Sanitario!” surcó el arrozal. Era el grupo del batallón del cuartel general y prácticamente había sido borrado del mapa. El jefe de operaciones, un sargento mayor con tres guerras a sus espaldas, estaba tendido en el barro con una de las piernas arrancadas. El oficial de artillería estaba malherido en la cara y en la cabeza. En conjunto, el cuartel general perdió ocho oficiales y buen número de soldados. Sólo el coronel Hatch escapó sin heridas graves.»

Philip Caputo.
Un rumor de guerra.
Inédita Editores.

viernes, 15 de marzo de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


EL PENULTIMO VIAJE DE LOS HERMANOS JEE


“El terraplén se había hundido hacia la izquierda; la locomotora volcó por allí, encorvando el raíl sobre que gravitaba; pero, como marchaba al mismo tiempo que caía, se encontró con el raíl siguiente, que atravesó la caldera de parte a parte. Unido esto a que el Ingeniero inglés Alfredo Jee, que hacía de maquinista, tuvo tiempo antes de morir de quitar alguna fuerza a la máquina, dio por resultado que la locomotora encalló en las rocas que hay al pie del terraplén, por su parte menos elevada, y se paró, no sin haber dado dos vueltas enteras en el aire y el ténder una. Nuestro vagón se balanceaba sobre el abismo... ¡Un paso más, y cae también! El siguiente estaba descarrilado; el otro sobre los raíles, y el coche de primera tan perfectamente colocado sobre la vía, que las autoridades y personas de edad que lo ocupaban, no se enteraron desde luego de nuestro peligro, sino que creyeron que nos habíamos parado. Los que iban en la máquina y en el ténder rodaron por la pendiente movediza del terraplén. ¡Ni ellos mismos saben cómo! Los más afortunados quedaron en pie, y huyeron de la mole que se les venía encima. Los hermanos Jee, que iban delante de todos, cayeron mal, o no tuvieron tiempo de huir, y quedaron debajo de la locomotora, el uno, Alfredo, muerto en el acto, abrasado por toda la lumbre y por el agua hirviente de la máquina, y cogido por una rueda en medio del pecho; y el otro, Morlando, preso entre las piernas de su hermano y una peña, tendido boca abajo, con la cabeza y el pecho fuera de la máquina, pero recibiendo desde la cintura hasta los pies, y especialmente en la pierna derecha, el agua hirviendo de la caldera y el calor del hierro y de los carbones hechos ascuas. Contusos, ligeramente heridos o quemados, estaban otros muchos; pero ninguno de gravedad. Nuestro dolor al ver muerto al eminente ingeniero Alfredo Jee, y en tan grave situación a su hermano; nuestro asombro al encontrarnos vivos; nuestro reconocimiento a Dios que nos había librado; el terror del pueblo que nos cercaba; los penosos cinco cuartos de hora que se tardó en sacar a Morlando Jee de debajo de la máquina, son cosas que no acertaría a describir…”


Pedro Antonio de Alarcón. 
Viajes por España.

martes, 12 de marzo de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






BADEN


«Si la comida de Baden fuese tradicionalmente pobre y escasa, los hoteleros podrían ahorrar dos tercios de sus gastos y tener igualmente llenos sus establecimientos, porque la gente no viene aquí por la comida, sino obligada por las contracciones de su nervio ciático. Pero supongamos, a título de prueba, que en Baden se viviera de modo racional, luchando contra el ácido úrico y la esclerosis no sólo con baños, sino también con abstinencia y ayunos; ¿cuál sería la probable consecuencia? Los bañistas recobrarían la salud, y al cabo de poco tiempo no quedaría en el país ningún caso de ciática, la cual, como todas las formas de la naturaleza, tiene derecho a existir y a durar. Los baños serían superfluos y los hoteles tendrían que desaparecer. E incluso aunque no se diera importancia a este último perjuicio o pudiera convertirse en ventaja, la falta de gota y ciática en el plano mundial, el despilfarro de los magníficos manantiales no significaría ninguna mejora para el mundo, sino todo lo contrario.»


Hermann Hesse.
En el balneario.
Editorial Bruguera.

lunes, 11 de marzo de 2019

OBITER DICTUM






.“Otra prueba de que el Quijote, libro excepcionalmente vivo, no puede considerarse propiamente una novela es el hecho de que sea una obra de la que se habla constantemente, pero que la gente lee muy poco. Al igual que la Biblia, el Quijote es un libro que todo el mundo tiene en su biblioteca, pero que nadie abre casi nunca. Y ese fenómeno se explica perfectamente, porque, si se toma como cualquier otra novela, resulta ilegible. Las mujeres —las mayores lectoras de novelas propiamente dichas— apenas lo miran, porque se les cae de las manos. Y es porque secretamente, instintivamente, les repugna: a causa de su áspera masculinidad esencial, de su miseria incurable, de su ascetismo adusto, de su ironía cruel, de su absoluta falta de ternura y suavidad femeninas, de la falta total de confort —y de ese hedor a campo pelado, a bosque salvaje, a hostal en ruinas, a cama de madera carcomida, a ropa sucia y a cocina apagada... No creo que ni siquiera en España una mujer de cada cien mil haya leído el Quijote, ni que a las que por azar lo leyeron les hayan quedado ganas de volverlo a hacer.”

Gaziel.

viernes, 8 de marzo de 2019

OBITER DICTUM






«Miss Stein era muy voluminosa, pero no alta, de arquitectura maciza como una labriega. Tenía unos ojos hermosos y unas facciones rudas, que eran de judía alemana, pero hubieran podido muy bien ser friulanas, y yo tenía la impresión de ver a una campesina del norte de Italia cuando la miraba con sus ropas y su cara expresiva y su fascinador, copioso y vivido cabello de inmigrante, peinado en un moño alto que seguramente no había cambiado desde que era una muchacha. Miss Stein hablaba sin parar y al principio de nuestra amistad no hablaba más que de personas y de lugares.»

Ernest Hemingway.

jueves, 7 de marzo de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






A LA UNA MI FORTUNA A LAS DOS TU RELOJ


Estuve toda la noche parado frente a tu puerta
Esperando que salieran tus sueños
A la una salió una galería de espejos
A las dos salió una alcoba llena de agua
A las tres salió un hotel en llamas
A las cuatro salimos tú y yo haciendo el amor
A las cinco salió un hombre con una pistola
A las seis se oyó un disparo y despertaste
A las siete saliste apurada de tu casa
A las ocho nos encontramos en el Hotel Valdivia
A las nueve los multiplicamos en los espejos
A las diez nos tendimos en la cama de agua
A las once hicimos el amor hasta el exterminio
Ahora son las doce del día
Y tengo entre mis brazos al cuerpo de todos mis delitos


 Óscar Hahn.

domingo, 3 de marzo de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




CONSTANTINOPLA


     No existe ciudad que pueda comparársela en grandeza. Londres o París son más enormes, pero el viajero se convence de esto porque así lo dicen los libros, no porque lo vean sus ojos. Es imposible encontrar en ellas una calle o una plaza que proporcione la sensación exacta de la grandeza de la ciudad. Constantinopla, en cambio, puede abarcarse de un solo golpe de vista. Basta colocarse en mitad del Cuerno de Oro sobre un caique, ligero y movedizo como una piragua, o en el Gran Puente, para admirar toda la importancia de la metrópoli musulmana. Ninguna ciudad del mundo, al decir de viajeros famosos, tiene tal aspecto de inmensidad. Su vecindario es de millón y medio de seres, pero cualquiera puede atribuirle cuatro ó cinco millones. Á lo largo del Cuerno de Oro, en ambas riberas, el caserío ondula apretado sobre las colinas. En primer término se ven dos ciudades, siguiendo las tortuosidades de las orillas, y sobre éstas aparecen otras, en alturas que se alejan, y más allá continúa el caserío hasta esfumarse en el horizonte, azuleando como las montañas remotas. Y cuando la vista, cansada de esa inmensidad de edificios, se vuelve hacia la extensión de agua azul, ve al través de un bosque de mástiles una ribera que cierra el horizonte, la de Asia, y en ella nuevas agrupaciones urbanas, que cubren llanuras, escalan montañas y son también Constantinopla. La torre de Galata, pesada y enorme, mira desde lo alto de su península al viejo Stambul, erizado de minaretes, sutiles y blancos como la plegaria del buen creyente, y en cuya cima tiembla la flecha como una llama de oro. Las grandes mezquitas son amontonamientos de plomizas cúpulas que ascienden en torno de la cúpula central, rematada por una media luna que arde bajo los rayos del sol.”



Vicente Blasco Ibáñez. 
Oriente. 
Sempere y Compañía Editores.

sábado, 2 de marzo de 2019

OBITER DICTUM






«Quizá en este punto debamos tratar un asunto que molesta a la mayoría de los americanos. Nada en la Unión Soviética escapa a la mirada de escayola, bronce, óleo o bordado del ojo de Stalin. Su retrato no solo está expuesto en todos los museos, sino que también se exhibe en todas las salas de todos los museos. Su estatua se levanta al frente de todos los edificios públicos. Su busto está delante de todos los aeropuertos, estaciones de ferrocarril, estaciones de autobús, en todas las aulas, y a menudo su retrato está detrás de su busto. En los parques está sentado en un banco de yeso, discutiendo problemas con Lenin. Los estudiantes en los colegios bordan su retrato con aguja e hilo. Las tiendas venden millones y millones de caras suyas, y todas las casas tienen al menos un retrato. Seguramente el pintado, el modelado, el fundido, el forjado y el bordado de Stalin es una de las grandes industrias de la Unión Soviética. Está en todas partes, lo ve todo.»

John Steinbeck.

miércoles, 27 de febrero de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS




LA MALA MÚSICA

"El día siguiente vino de hazia el Oriente una gran canoa con veinte y cuatro hombres, todos mancebos e muy ataviados de armas, arcos y frechas y tablachinas, y ellos, como dixe, todos mancebos de muy linda disposición y no negros, salvo más blancos que otros que aya visto en las Indias, y de muy lindo gesto y fermosos cuerpos, y los cabellos llanos y largos, cortados a la guisa de Castilla. Traían la cabeza atada con un pañuelo de algodón texido a labores y colores, los cuales creía yo que era almaiçares, y otro destos pañuelos traían ceñido y se cobijavan con él en lugar de pañetes. Cuando llegó esta canoa, habló de muy lexos, e yo ni otro ninguno no les entendimos, salvo que yo le mandé fazer señas que se allegasen, y en esto se pasó más de dos oras y, si se llegavan un poco, luego se desviavan. Yo les fazía mostrar bacines y otras cosas que relucían, por enamorarlos por que viniesen, y a cabo de un rato se allegaron más que fasta entonces no avían.
E yo deseava mucho aver lengua y no tenía ya cosa que me pareciese que era de mostrarles para que viniesen, salvo que hize subir un tamborino en el castillo de popa que tañesen e unos mancebos que danzasen, creyendo que se allegarían a ver la fiesta. Y, luego que vieron tañer y danzar, todos dexaron los remos y echaron mano a los arcos y los encordaron, y embrazaron su tablachina y començaron a tirarnos flechas. Cesó luego el tañer y danzar y mandé sacar unas ballestas, y ellos dexáronme y fueron a más andar a otra caravela, y de golpe se fueron debaxo la popa de ella, y el piloto entró con ellos y dio un sayo y un bonete a un hombre principal que le pareció de ellos, y quedó concertado que le iría a hablar en la playa, adonde ellos luego fueron con la canoa esperándole. Y él, como no quiso ir sin mi licencia, y como ellos le vieron venir a la nao con la barca, tornaron a entrar en la canoa y se fueron, y nunca más los vide ni a otros en esta isla."

Cristobal Colón. 
Tercer viaje.

OBITER DICTUM






«Perseguir imposibles es locura; imposible es que los 

ruines dejen de hacer ruindades.»


Marco Aurelio.»

lunes, 25 de febrero de 2019

OBITER DICTUM






«España está hoy entregada al furor y los excesos de dos locuras. Sin embargo es indiscutible, no sólo para nosotros sino para cualquiera que conozca España que todos esos excesos no pueden ser ordenados ni admitidos alegremente por los dirigentes, en uno y otro campo. Sin embargo, a pesar de que los cometan una minoría de feroces energúmenos que, tanto de un lado como del otro, imponen sus instintos criminales, es cierto que son los dirigentes de las dos fuerzas combatientes quienes fatalmente habrán de asumir su responsabilidad.»

Clara Campoamor.