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sábado, 21 de octubre de 2017

ALLÁ EN LAS INDIAS






LO QUE SIENTEN DEL ÁNIMA


       “Bien pensaban estos mexicanos que las ánimas eran inmortales, y que penaban o gozaban según vivieron, y toda su religión a esto se encaminaba; pero donde más claramente lo mostraban, era en los mortuorios. Tenían que había nueve lugares en la tierra donde iban a morar los difuntos: uno junto al Sol, y que los hombres buenos, los muertos en batalla y sacrificados iban a la casa del Sol, y que los malos se quedaban acá en la tierra; y repartíanse deesta manera: los niños y mal paridos iban a un lugar, los que morían de vejez o enfermedad iban a otro, los que morían súbita y arrebatadamente iban a otro, los muertos de heridas y mal pegajoso iban a otro, los ahogados a otro; los justiciados por delitos, como eran hurto y adulterio, a otro; los que mataban a sus padres, hijos y mujeres, tenían casa por sí. También estaban por su cabo los que mataban al señor y a sacerdote alguno.
       La gente menuda comúnmente se enterraba. Los señores y ricos hombres se quemaban, y quemados, los sepultaban. En las mortajas había gran diferencia, y más vestidos iban muertos que anduvieron vivos. Amortajaban las mujeres de otra manera que a los hombres, ni que a los niños. Al que moría por adúltero vestían como al dios de la lujuria, dicho Tlazolteutl; al ahogado, como a Tlaloc, dios del agua; al borracho, como a Ometochtli, dios del vino; al soldado, como a Uitcilopuchtli; y finalmente, a cada oficial daban el traje del ídolo de aquel oficio."


Francisco López de Gomara. 
Historia de la conquista de México.