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jueves, 24 de septiembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LE LLAMABAN ADOLF O FÜHRER

«Por fin, después de que una orquesta de instrumentos de viento hubiera tocado una marcha tras otra apareció Hitler. La gente se levantó de un salto de sus asientos, y gritó como si todos estuvieran fuera de sí: «¡Heil, Heil, Heil!» durante unos minutos. Yo estaba sentada demasiado lejos para poder ver la cara de Hitler. Cuando cesaron las aclamaciones, Hitler habló: «Compañeros alemanes…», empezó diciendo.
En aquel instante tuve una visión casi apocalíptica que jamás pude olvidar. Para mí fue como si la superficie de la tierra se extendiese ante mí en una semiesfera, que de pronto se escindió por la mitad y arrojó un gigantesco chorro de agua, tan enorme que tocó el cielo y sacudió la tierra. Yo estaba paralizada; aunque no entendía gran cosa del discurso, me sentía fascinada. Un ruido de tambor atronaba los tímpanos de los oyentes y noté que estos sucumbían al magnetismo de aquel hombre.

Leni Riefenstahl.
Memorias.
Editorial Lumen. »