lunes, 5 de agosto de 2019
viernes, 2 de agosto de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LOS DÍAS FELICES
«Las clases lo son de verdad. En la primera viajan
comerciantes, fabricantes de sombreros y cuellos, primeras figuras del arte y
monjas. Son gente extraña: tienen nacionalidad turca, solo hablan inglés, viven
en México y representan a empresas francesas con pasaportes paraguayos y
argentinos. Son los colonizadores de hoy, la flor y nata de lo peorcito de
México. Siguiendo con la tradición de los acompañantes y los herederos de
Colón, que expoliaban a los indios, hacen que las personas de piel roja se
deslomen en las plantaciones habaneras a cambio de unas corbatas rojas que
hacen que los negros comulguen con la civilización europea. Se mantienen
separados. Solo van a las cubiertas de segunda y tercera clase a buscar chicas
guapas. La segunda clase está ocupada por los agentes comerciales que van de
viaje de negocios, los que se están iniciando en el arte y los intelectuales
que desgastan las teclas de las Remington. Siempre que consiguen volverse
invisibles a los ojos de los contramaestres, se cuelan disimuladamente en las
cubiertas de primera clase. Entran y se quedan plantados en medio, como si
dijeran: «Mirad, ¿cuál es la diferencia entre nosotros? Tengo los mismos
cuellos y los mismos puños». Pero enseguida los descubren y les piden que se
marchen a su cubierta, incluso con cortesía. La tercera clase es el relleno de
las bodegas. Se trata de la gente de las odesas de todo el mundo, que viaja en
busca de trabajo: boxeadores, agentes secretos, negros. No intentan colarse en
las otras clases. Les preguntan con sombría envidia a los pasajeros que bajan a
su cubierta: «¿Viene de jugar a los naipes, a la préférence?». De esa zona sube
un olor fuerte, mezcla de sudor, botas y hedor acre de los pañales que se están
secando, y también el crujido de las hamacas y las camas desplegables de las
que está plagada la cubierta, los chillidos endemoniados de los críos y los
susurros de las madres que los tranquilizan igual que las madres rusas: «Ea,
ea, mi amor, pobrecito mío».»
Vladímir Maiakovski.
América.
Gallo Nero.
América.
Gallo Nero.
jueves, 1 de agosto de 2019
OBITER DICTUM
«—En nuestros países
siempre había un poeta —me dijo Fidel— que no había tenido nada que ver con la
Revolución y que más tarde se subía al carro desde afuera, y componía el himno
nacional.
El comentario
revelaba una concepción bastante singular del rol de los poetas. Puede que
Fidel pensara en alguno de sus poetas oficiales, que habían volado desde las
universidades de Estados Unidos y desde otros exilios igualmente cómodos a
ocupar los cargos directivos de los organismos de la cultura. Después, ante la
menor sugerencia soplada desde arriba, redactaban cartas de un revolucionarismo
furibundo en contra de colegas que el Poder había resuelto condenar al
purgatorio o al infierno. Me pareció que el menosprecio de Fidel se extendía
por igual a poetas oficiales y poetas marginales, aun cuando su régimen
entregaba algunas migajas en premio a la incondicionalidad de los primeros, en
tanto que arrinconaba a los otros en sus covachas despapeladas y sórdidas,
condenándolos al desarreglo nervioso, a la maledicencia estéril.»
Jorge Edwards
miércoles, 31 de julio de 2019
lunes, 29 de julio de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
AMOR SÁDICO
Ya no te amaba, sin dejar por
eso
de amar la sombra de tu amor
distante.
Ya no te amaba, y sin embargo,
el beso
de la repulsión nos unió un
instante...
Agrio placer y bárbaro embeleso
crispó mi faz, me demudó el
semblante,
ya no te amaba, y me turbé, no
obstante,
como una virgen en un bosque
espeso.
Y ya perdida para siempre, al
verte
anochecer en el eterno luto,
mudo el amor, el corazón inerte,
huraño, atroz, inexorable,
hirsuto,
jamás viví como en aquella
muerte,
nunca te amé como en aquel
minuto!
Julio Herrera y Reissig
domingo, 28 de julio de 2019
sábado, 27 de julio de 2019
viernes, 26 de julio de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL AGUA Y EL FUEGO
«En una ocasión, para entablar
conversación con ellos sobre esto, se puso a contar los hechos más antiguos de
esta ciudad, la historia de Foroneo, del que se dice que es el primer hombre, y
de Níobe y narró cómo Deucalión y Pirras sobrevivieron después del diluvio e
hizo la genealogía de sus descendientes y quiso calcular el tiempo transcurrido
desde entonces recordando cuántos años había vivido cada uno. En ese instante,
un sacerdote muy anciano exclamó: “¡Ay!, Solón, Solón, ¡los griegos seréis
siempre niños!, ¡no existe el griego viejo!” Al escuchar esto, Solón le preguntó:
“¿Por qué lo dices?” “Todos”, replicó aquél, “tenéis almas de jóvenes, sin
creencias antiguas transmitidas por una larga tradición y carecéis de conocimientos
encanecidos por el tiempo. Esto se debe a que tuvieron y tendrán lugar muchas
destrucciones de hombres, las más grandes por fuego y agua, pero también otras
menores provocadas por otras innumerables causas. Tomemos un ejemplo, lo que se
cuenta entre vosotros de que una vez Faetón, el hijo del Sol montó en el carro
de su padre y, por no ser capaz de marchar por el sendero paterno, quemó lo que
estaba sobre la tierra y murió alcanzado por un rayo. La historia, aunque
relatada como una leyenda, se refiere, en realidad, a una desviación de los
cuerpos que en el cielo giran alrededor de la tierra y a la destrucción, a
grandes intervalos, de lo que cubre la superficie terrestre por un gran fuego…”»
Solón
Critias
Platón
miércoles, 24 de julio de 2019
OBITER DICTUM
«Yo di en exhibir heridas, mías las más, en pliegos impresos,
y, aunque se da como axioma cierto que: «Un libro lo leen pocos, lo compran
menos, y lo critican muchos», el que yo hice, por suerte mía, lo han leido
bastantes, lo han comprado más, y lo han elogiado algunos.»
Vicente García Valero.
martes, 23 de julio de 2019
domingo, 21 de julio de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
He sido una
sencilla profesora de química.
En una ciudad
luminosa del sureste.
Después de las
clases contemplaba el ancho mar.
Los dilatados,
infinitos horizontes.
Y los torpedos
grises de guerras dormidas.
He quemado mis
largas horas en la lumbre
de símbolos y
fórmulas. Junto a crisoles
de arcilla al
rojo vivo hasta encontrar la plata.
No he
descubierto nada.
No tengo ningún
premio.
A Congresos no
asistí.
Medallas y
diplomas
nunca me fueron
dados.
Minúscula
sapiencia para tan grandes sueños.
Pequeñez agobiante
para inquietudes tantas.
Y rebelde ha
surgido, como agua en desierto,
el manantial
jugoso, intenso, apasionado,
-dulce herencia
entrañable- que tiene la riqueza
de llenar de
poesía tan honda desolación.
María Cegarra
sábado, 20 de julio de 2019
viernes, 19 de julio de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
INADAPTADOS
“En lo que respecta a Berkeley Cole y Denys
Finch-Hatton mi casa era un local comunista. Se sentían orgullosos de que todo lo
que en ella había fuera suyo y traían cosas que creían que le faltaba. Consiguieron
que la casa tuviera una elevada categoría en vino y en tabaco, y me traían
libros y discos de gramófono de Europa. Berkeley llegaba con su automóvil
cargado de pavos, huevos y naranjas de su propia granja en el monte Kenia. Los
dos querían que me convirtiera en una experta en vinos como ellos y gastaban
mucho tiempo e ideas en la tarea. Les gustaba mucho mi cristalería y mi
porcelana danesas, y solían montar en la mesa del comedor una alta y
resplandeciente pirámide con toda la cristalería, una pieza sobre otra; les
gustaba verla.
Berkeley,
cuando estaba en la granja, se bebía una botella de champán cada mañana a las
once. Una vez, cuando se estaba despidiendo de mí y me daba las gracias por el
tiempo pasado en la granja, añadió que había un único borrón en el cuadro, y
era que habíamos utilizado copas toscas y vulgares para nuestro vino que
tomábamos bajo los árboles.
-- Ya
lo sé, Berkeley –le dije--, pero es que tengo muy pocas copas buenas y los
criados pueden romperlas al traerlas hasta tan lejos.
Me
miró gravemente, su mano en la mía.
--Pero,
querida –dijo--, ha sido tan triste.
A
partir de entonces hizo llevar mis mejores copas al bosque.
Había
algo muy curioso en Berkeley y Denys –sus amigos en Inglaterra sintieron mucho
que emigraran y en la colonia eran muy queridos y admirados—y es que, a pesar
de todo, eran unos inadaptados. No es que la sociedad los hubiera echado ni que
los hubieran expulsado de lugar alguno en el mundo, sino que era una cuestión
de tiempo, no pertenecían a su siglo. No podía haberlos producido otra nación
que Inglaterra, pero eran ejemplos de atavismo, la suya era una Inglaterra
primigenia, que ya no existía. En aquella época no tenían hogar, viajaban de un
lado para otro y con el tiempo llegaron hasta la granja. De eso no se daban
cuenta. Tenían un sentimiento de culpabilidad por haberse ido de Inglaterra
como si sólo hubiera sido por aburrimiento, esquivando un deber que sus amigos
seguían cumpliendo. Denys, cuando hablaba de sus años jóvenes –aunque seguía
siendo joven--, del futuro y de los consejos que le daban sus amigos en
Inglaterra, citaba al Jacques de Shakespeare:
Si alguna vez ocurre
que
cualquier hombre se convierte en asno,
dejando
su riqueza y comodidades
para
agradar a su terca voluntad…
Pero se equivocaba sobre sí mismo, como también
Berkeley y también, quizá Jacques. Se creían desertores que alguna vez tendrían
que pagar por su obstinación, pero en realidad eran exiliados que soportaban su
exilio con buen humor.”
Isak Dinesen.
Lejos de África.
Ediciones Alfaguara.
Lejos de África.
Ediciones Alfaguara.
jueves, 18 de julio de 2019
OBITER DICTUM
"No hay taller de
obreras, casa de vecindad, ni compañía de comediantes —y cito estas personas y lugares,
por considerarlos los más favorables a los mil enredijos de la murmuración— donde
la chismografía halle un terreno mejor preparado que a bordo. Abonada por la
vida en común, la irritación de los apetitos contenidos, y la ociosidad, los
grandes trasatlánticos son campos admirablemente preparados para toda laya de
acechanzas, invenciones y cizañas, graves o pequeñas. En el obligado reposo de
tantos días, la calumnia teje fácilmente, entre cuchicheos y risas, sus
arabescos infernales. La gente se aburre y para matar su fastidio habla; acaso no
hemos creído lo que acaban de contarnos, pero lo repetimos, y con el suave
veneno que hay en cada boca humana, los hechos se hinchan y desfiguran. A bordo
se dice todo cuanto ha sucedido, y también todo lo que no ha sucedido ni puede
suceder."
Eduardo Zamacois.
miércoles, 17 de julio de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
A
FLOR DE PIEL
« Al traspasar las puertas de Simancas quedé horrorizado. Era la
primera vez en mi vida que veía tanta sangre. Los pasillos en donde yacían los
heridos estaban resbaladizos. Una superficie de excremento mezclado con sangre
cubría los pequeños espacios que quedaban para pisar. Yo me sentía pálido. Me
miraba las manos, y, de pronto, mi cabeza empezó a debilitarse. Llamé a una
enfermera y me cogió del brazo. Me dio vergüenza. Mientras me buscaba una silla
para sentarme tuve que dejarme caer sobre una rodilla y apoyé una mano en uno
de aquellos cuerpos. Ya estaba frío. Pasó un médico y le pregunté por Eloy, No sabía
nada de él, ni quién era.
—Es un piloto —le dije.
—Búsquelo; no tengo tiempo de acompañarle —me contestó.
Empecé a buscar a Eloy, La angustia había desaparecido. Ya me
sentía mejor. La enfermera me señaló un cuerpo joven. Estaba desnudo. Unos
pequeños agujeros se le notaban en la piel. Eran balazos. Estaba vuelto, con la
cara hacia abajo. Me acerqué a él. Tenía miedo de que fuera Eloy. Le cogí del
hombro y traté de volver el cuerpo. Se me resbaló, pero alcancé a verle algo de
la cara. Mi corazón empezó a latir con rapidez. La enfermera me ayudó a sujetar
al hombre. Entre los dos pudimos poner el cuerpo mirando hacia arriba. Los ojos
de Eloy estaban abiertos. Su boca, entreabierta, dejaba ver los dientecillos
medio salidos. En medio del pecho le había explotado una bala, y el corazón lo
tenía a flor de piel.»
Francisco
Tarazona.
Yo
fui piloto de caza rojo.
Editorial
San Martin.
martes, 16 de julio de 2019
lunes, 15 de julio de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL ANIVERSARIO
"Bien
pudiera ser que aquel discurso estuviera lleno de fruslerías; desde siempre
tuve buen olfato para ello; pero lo que hirió hasta lo más profundo mis puros
sentimientos fue aquella gran consideración por un escritor del que ni siquiera
mi madre conocía las obras. Cuando le conté lo que había pasado se quedó
atónita y dijo: «No sé, al final tendré que leer algo de él».
La vez
siguiente que fui al Círculo de Lectores de Hottingen pedí Los campesinos de Seldwyla, todavía con bastantes reservas mías. La
señorita de la ventanilla sonrió, y un señor que había ido a recoger algo me
corrigió como si yo fuera un analfabeto: «La
gente de Seldwyla», y no faltó mucho para que me dijera: «¿Ya sabes leer?».
Me avergoncé mucho y en lo sucesivo me propuse ser más cuidadoso con Keller. No
imaginaba entonces con cuánto goce leería un día «Enrique el Verde»; y cuando de vuelta a Viena como estudiante, volví
a enfrascarme en Gogol, sólo pude reconocer en la literatura alemana que yo
conocía, un relato de la misma talla: «Los
tres fabricantes de peines amantes de la justicia», de Keller.
Si tuviera
la suerte de seguir vivo en el año dos mil diecinueve, y el honor de estar
presente en la celebración de su segundo centenario en la Iglesia del
Predicador y de homenajearle con un discurso, encontraría elogios muy distintos
para él, que doblegarían hasta al ignorante orgullo de un chico de catorce
años."
Elías Canetti.
La lengua absuelta.
Alianza Editorial.
domingo, 14 de julio de 2019
sábado, 13 de julio de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
BLUES DE LOS PEQUEÑOS DESHOLLINADORES
¿Te acuerdas de los
turcos vendedores de
madapolán
y de los muñecos de
trapo quemados en la
noche de San Juan?
¿Te acuerdas de los
pequeños deshollinadores
y de los negros
candomberos
y de mí que en las
tardes de lluvia
detrás de los vidrios
miraba el paisaje
caído en la zanja?
¿Te acuerdas del muro
del día escalado, ardido
mordido como una
fruta?
¿Te acuerdas de María
Celeste?
Pues hoy María Celeste
es una
prostituta.
¿Te acuerdas de la
tienda fresca, violeta, rosa
y el torcido y verde
farol?
¿Te acuerdas de Juan
el Broncero?
Pues Juan el Broncero
es hoy
un ladrón.
¿Te acuerdas de los
pequeños deshollinadores
oscuros, oscuros?
Pues hoy los pequeños
deshollinadores son hombres
maduros
que chillan en las
cantinas,
escupen polvo en las
negras fábricas
y aguardan las putas
fugaces
en los baldíos y las
esquinas.
Raúl
González Tuñón
viernes, 12 de julio de 2019
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