“No contesta nunca, la que siempre contestaba. Intento creer que
mejor que esté muerta. Consuela pensar que ahora que está muerta ya no es judía
y no podrán hacerle más maldades ni asustarla. En su cementerio, ya no es una
judía con los ojos a la defensiva, carnalmente denegadores de culpabilidad, una
judía con la boca entreabierta por una oscura estupefacción heredada de miedo y
espera. Los ojos de los judíos vivos siempre tienen miedo. Es nuestra especialidad
de la casa, la desdicha. Ya saben ustedes, en los restaurantes de lujo tienen
la tarta de la casa. Lo nuestro es la desdicha de la casa, especialidad de la
casa, al por mayor y al por menor. Otro consuelo es que no me verá morir.”
domingo, 15 de abril de 2012
viernes, 13 de abril de 2012
jueves, 12 de abril de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
VAGABUNDO
"Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa
ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme
mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el
remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con
unos años más se aliviaría mi fiebre y ahora que tengo cincuenta y ocho tal vez
la senilidad realice la tarea. No ha habido ningún remedio eficaz. Cuatro
ásperos pitidos de la sirena de un barco aún me erizan el pelo de la nuca y
ponen mis pies en movimiento. El sonido de un reactor, un motor calentándose,
hasta el toc-toc de unos cascos herrados en el pavimento producen el viejo
estremecimiento, la boca seca y la mirada perdida, las palmas ardientes y una
agitación del estomago bajo la caja torácica. En otras palabras, no mejoro; en
otras palabras más, el que ha sido vagabundo alguna vez, lo será siempre. Me
temo que se trata de una cosa incurable. Expongo esto no para instruir a otros
sino para informarme yo mismo.
Cuando el virus del desasosiego empieza a
tomar posesión de un hombre rebelde, y el camino que lleva lejos de aquí parece
ancho y recto y agradable, la víctima debe hallar en primer lugar en sí misma
una razón buena y suficiente para irse. Esto al vagabundo efectivo no le es
difícil. Tiene incorporado un huerto de razones donde elegir. Luego debe
planear su viaje en el tiempo y en el espacio, elegir una dirección y un
destino. Y debe por último realizar el viaje. Cómo ir, qué llevar, cuánto
tiempo estar. Esta parte del proceso es invariable e inmortal. La explico sólo
para que los recién llegados al vagabundeo no crean, como adolescentes con un
pecado recién urdido, que lo inventaron ellos.
Después de trazar el plan, disponer el equipo
e iniciar un viaje, interviene y se hace cargo un factor. Cada viaje, safari, o
explotación, es una propiedad, temperamento, individualidad, carácter único. Un
viaje es una persona en sí; no hay dos iguales. Y los planes, las salvaguardas,
el control y la coerción son todos infructuosos. Descubrimos tras años de lucha
que no hacemos un viaje: es el viaje el que nos hace a nosotros. Guías,
programas, reservas, cosas obligadas e inevitables, naufragan y se hunden ante
la personalidad del viaje. Sólo cuando admite esto puede el vagabundo de pura
cepa relajarse y asumirlo. Sólo entonces se disipan las frustraciones. En esto
un viaje es como el matrimonio. La forma segura de equivocarse es pensar que lo
controlas. Me siento mejor ahora, después de haber dicho esto, aunque sólo los
que lo han experimentado lo entenderán."
John Steinbeck.
Viajes con Charley.
Ediciones Península.
Viajes con Charley.
Ediciones Península.
I
martes, 10 de abril de 2012
lunes, 9 de abril de 2012
OBITER DICTUM
En Nueva York, en los años
cuarenta, cuando era muy amigo de Juan Negrín, hijo del que fuera presidente de
Gobierno de la República, y de su esposa, la actriz Rosita Díaz, entre los tres
tuvimos la idea de poner un bar que se llamaría «El Cañonazo» y que sería
escandalosamente caro, el más caro del mundo. En él no se encontrarían más que
bebidas exquisitas, increíblemente refinadas, llegadas de las cinco partes del
mundo.
Sería un bar íntimo, muy
confortable, de un gusto sublime, por supuesto, con una decena de mesas a lo
sumo. En la puerta, para justificar el nombre, habría una vieja bombarda,
provista de mecha y pólvora negra, que se dispararía a cualquier hora del día o
de la noche, cada vez que un cliente hubiera gastado mil dólares.
Este proyecto, atractivo
pero poco democrático, no llegó a ser puesto en práctica. Ahí queda la idea.
Resulta interesante imaginar al modesto empleado de la casa de al lado que se
despierta a las cuatro de la madrugada al oír el cañonazo y le dice a su mujer:
«¡Otro sinvergüenza que se ha gastado mil dólares!»
Luis Buñuel.
sábado, 7 de abril de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL
MORO, EL PERRO, EL COCHE, EL NOVIO Y EL TRANVÍA
Habíamos salido de
Tánger, en automóvil camino de Tetuán. Era una de esas mañanas mogrebinas, luminosas
y azules en las que, como observaron exactamente los españoles que viven en Marruecos,
«hace frío y, sin embargo, pica el sol». Poco antes de llegar a las quebraduras
trágicas del Fondak, divisamos un pastor moro sentado al borde de la ruta. El
perro que lo acompañaba, al vernos, salió al comedio del camino y empezó a
ladrar. El motorista, presintiendo una desgracia, oprimió la bocina y la voz
del metal despertó los ecos del valle. Pero el temerario animal no se apartaba
y el coche lo mató. Un movimiento de compasión nos obligó a echar pie a tierra.
Únicamente el moro no se movió; tranquilamente, desde el sitio en que se
hallaba, miraba el cadáver. ¿Sentía lo ocurrido?... Probablemente no. De todos
modos era inútil preguntárselo, y reanudamos el viaje. Momentos después
volvimos la cabeza para mirar al extraño dúo que formaban en la serenidad
infinita del campo el cadáver del perro, en medio del camino, y el moro sentado;
los dos quietos, a cuál más. ¡Oh! ¿Quién sabrá nunca lo que sucede en el alma
de un moro?..,.
No hace mucho tiempo,
en una calle céntrica de Madrid, dos novios se despedían: «Ella» subió a un
tranvía; «El» quedose embelesado contemplándola, olvidado del lugar en que
estaba, sin acordarse tampoco de que, para mirarla tenía toda la vida...; y de
pronto otro tranvía, que avanzaba en sentido opuesto, le tiró contra el suelo, despedazándole
bajo sus ruedas. Estas cabriolas del Azar —la Muerte gusta de patinar sobre los
idilios— las sentimos bien las gentes de Europa, tan fáciles a cegar de dolor
como de alegría. Los moros no; un moro se habría despedido de su mujer y no
hubiera vuelto la cabeza.
Eduardo Zamacois. De Córdoba a Alcazarquivir.
Casa Editorial Maucci
viernes, 6 de abril de 2012
miércoles, 4 de abril de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL ARTE DE LA INTERPRETACION: MEYERHOLD
Lo detuvieron al cabo de
unos días. El expediente Meyerhold contiene esta carta que escribió a Mólotov
en la cárcel:
Los investigadores empezaron a emplear la fuerza
conmigo, un enfermo de sesenta y cinco años. Me tendieron boca abajo y me golpearon
en la planta de los pies y en la espalda con una correa de goma […] Unos días
después, cuando tenía las piernas plagadas de hemorragias internas, volvieron a
golpearme con la correa encima de las moraduras, y el dolor era tan fuerte como
si he hubieran derramado agua hirviendo en las zonas sensibilizadas. Aullaba y
lloraba de dolor […] no podía dejar de llorar. Con la cara contra el suelo averigüé
que podía sacudirme, retorcerme y gemir como un perro cuando el amo lo castiga […]
Cuando caía en el jergón y me dormía, después de un interrogatorio de dieciocho
horas, para sufrir otro a continuación tras una hora de sueño, me despertaban
mis propios quejidos, y porque sufría convulsiones, como enfermo de tifus en
las últimas etapas de la enfermedad.
Cuando es eso lo que nos
despierta, sabemos que nos han politizado el sueño. El interrogador, añadía, le
orinaba en la boca. Meyerhold escribió esta carta el 13 de enero de 1940,
después de confesar todo lo que quisieron que confesase (que espiaba para los
británicos y para los japoneses, entre otras cosas). Stalin necesitaba
confesiones; siguió de cerca el desarrollo de algunos interrogatorios (que
duraban meses e incluso años) y no dormía tranquilo hasta que obtenía una. Así
pues, también su sueño estaba politizado.
Unos días después de la detención de Meyerhold, su mujer la
joven actriz Zinaida Raij, apareció muerta en su casa. Le habían asestado
diecisiete cuchilladas. Los vecinos habían oído los gritos: pensaron que estaba
ensayando.
[…]
Meyerhold fue fusilado el 2 de febrero de 1940.
Martin
Amis. Koba el Temible. Anagrama
martes, 3 de abril de 2012
lunes, 2 de abril de 2012
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
LETZTER ABEND
(AUS DEM BESITZE FRAU NONNAS)
Und Nacht und fernes Fahren; denn der Train
des ganzen Heeres zog am Park vorüber.
Er aber hob den Blick vom Clavecín
Und spielte noch und sah zu ihr hinüber
Beinah wie man in einen Spiegle schaut:
So sehr erfüllt von seinen jungen Züngen
Und wissend, wie sie seien Trauuer trügen
Schön und verführender bei jedem Lautl.
Doch plötzlich wars, als ob sich das verwische;
Sie stand wie mühsam in der Fensternische
Und hielt des Herzens drángendes Geklopf,
Sein Spiel gab nach. Von draußen wehte Frische.
Und seltsam fremd stand auf dem Spiegeltische
Der schwarze Tschako mit dem Totenkopf.
Rainer María Rilke.
domingo, 1 de abril de 2012
viernes, 30 de marzo de 2012
OBITER DICTUM
“Las grandes producciones a las que afectó
este mal babélico fueron, entre otras, Tener y no tener, El retrato de Dorian
Gray y El filo de la navaja. Tengo que decir que Humphrey Bogart, doblado por
un actor mexicano, era tan falso y falaz como doblado en España. Todo este
doblaje para América se hizo en Nueva York. No hubiera sido mejor en Hollywood.
Afortunadamente el público, de Buenos Aires a La Habana , rechazó el doblaje
y reclamó la vuelta del subtítulo y también del familiar sonido original. Nadie
en América creía que Humphrey Bogart nació hablando español. De este travesti
verbal atesoro un momento de Tener y no tener en el que el pseudo Bogart
rechazaba los avances de Marcel Dalio con la frase “Besos no, francés, por
favor”. Es de una comicidad irreal que Bogart nunca soñó.”
Guillermo Cabrera Infante.
miércoles, 28 de marzo de 2012
lunes, 26 de marzo de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
Del palacio maravilloso que hay en Cambalú y de la asombrosa hermosura de aquel lugar.
“Durante tres meses, a saber, diciembre, enero y febrero, el rey
Cublay reside sin interrupción en la ciudad regia, en la cual se alza el
palacio real, que es de esta traza. En primer lugar su circunferencia abarca
cuatro millas, de suerte que cada uno de sus cuatro lados mide una milla. La
muralla del palacio es de gran grosor, y de diez pasos de altura; su fachada
exterior está pintada por todas partes de blanco y rojo. En cada esquina de la
muralla se levanta un palacio grande y hermoso; igualmente hay otro palacio en
el centro de cada fachada de las murallas principales, de manera que hay en
todo el contorno ocho palacios. En éstos se guarda el aparato y las armas de
guerra, a saber, arcos, flechas, aljabas, espuelas, sillas, frenos, cuerdas de
arco y demás pertrechos pertinentes al combate; en cada palacio se conservan
sólo armas de una clase. La fachada del palacio que mira al mediodía tiene
cinco puertas, de las cuales la central es mayor que las demás y no se abre
jamás, salvo para la entrada o la salida del soberano, pues nadie puede cruzar
por ella excepto el rey; pero tiene dos puertas menores laterales por las que
pasan los que acompañan al monarca. Las tres restantes fachadas están provistas
de una única puerta en su centro, por la que puede entrar libremente
quienquiera. Detrás de los palacios susodichos situados en la fachada, corre a
la distancia oportuna otro muro a la manera del anterior que contiene
igualmente ocho palacios, en los que se guardan otros aprestos y enseres
preciosos y joyas del gran rey. En el centro del espacio interior se encuentra
el palacio real; carece de terraza, pero su pavimento sobresale diez palmos del
suelo del exterior. Su techo es muy alto y está primorosamente pintado. Las
paredes de las salas y de las habitaciones están todas recubiertas de oro y de
plata y en ellas se encuentran hermosas pinturas y cuadros con historias de
batallas. Gracias a estos adornos y pinturas el palacio resplandece sobremanera.
En la sala mayor se sientan a la mesa al mismo tiempo alrededor de seis mil
hombres. Detrás de las murallas susodichas y entre los mencionados palacios se
extienden amenos jardines, cubiertos de praderas y arbustos silvestres de
sabrosísimos frutos. Pueblan los vergeles muchos animales salvajes, a saber,
ciervos blancos, los bichos en los que se encuentra el almizcle, de los cuales
se ha hablado en el libro primero, cabras, gamos, veros y otros muchos animales
a maravilla. En la parte de la sala que da al aquilón se extiende junto al
palacio un estanque en el que se crían muchos y exquisitos peces, que se llevan
allí de otras partes; de éstos puede elegir el rey según le plazca. Al estanque
lo atraviesa un rió, a cuya entrada y salida están puestas rejas de hierro,
para que los peces no puedan escapar. Fuera del palacio y a una legua se eleva
un montecillo de cien pasos de altura y de una milla de circunferencia,
sembrado de árboles cuya hoja siempre verdea. Dondequiera que sepa el rey que
hay un árbol hermoso, hace que se le traslade allí con sus raíces a lomo de
elefantes, incluso desde regiones remotas, y ordena que se plante en el jardín;
por tanto, crecen en él árboles hermosos sobremanera. Todo el monte es ameno y
cubierto de hierba verde; y como todas las cosas son allí verdes, por eso se
llama Monte Verde. Remata su cumbre un palacio pintado de verde. En ese
montecillo se recrea a menudo el Gran Kan en sus ratos de holganza. Junto al
palacio susodicho construyó el rey Cublay otro palacio semejante a él en todo,
en el que habita Themur, el que ha de reinar a su muerte, que dispone de una
corte regia muy magnífica; y tiene bulas imperiales y sello imperial, pero no
con tanta plenitud de poderes como el Gran Kan.”
Marco Polo. El libro
de… Alianza Editorial.
viernes, 23 de marzo de 2012
miércoles, 21 de marzo de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL EGO GRIS
"Tengo una pésima opinión de mí mismo. No me
gusto nada. Me considero capaz de hacer, en cualquier momento, el más abyecto
desatino, la más indignante tontería. Tengo grandes dudas sobre mi moralidad
intrínseca. Mis defensas –sobre todo las defensas que provienen de la vanidad,
del amor propio—son paupérrimas. Soy un hombre ligero –pero no soy un
presumido--. Ligero, muchísimo. No pasa día que no formule las correspondientes
mentiras, que no articule las correspondientes frases gratuitas –cheques sin
provisión--, que no hable con la mayor frivolidad y por el gusto de mero
capricho. Hay gente que sabe justificar sus propias mentiras. Todo lo que
hacen, lo consideran absolutamente necesario. ¡Felices ellos! Yo digo una
falsedad pero no lo hago a conciencia. Se me nota en seguida en la cara. No sé
disimular, no tengo confianza en mí mismo. Y es precisamente porque no tengo
confianza en mí mismo por lo que los otros tampoco me la prestan. No llego a
inspirar confianza –éste es el hecho--. Cuando algunos de mis amigos han
aplicado su agudeza a la observación de mi manera de ser, han dado un
diagnóstico inquietante. Márius Aguilar ha escrito que yo soy una especie de
ruso del Mediterráneo. ¡Para un espíritu tan latino, tan cyranesco como el de él,
es una nota bastante triste! Josep María de Sagarra dice –me lo ha dicho a mí
mismo—que soy un hombre falso. No sé en qué estima me tiene el doctor
Borralleras. Me mira, me vuelve a mirar, me remira y, sospecho que no da en el
busilis. Ahora bien: yo no quiero tener contra todo el mundo. No tengo ninguna
condición para el heroísmo. Pero una cosa me parece muy cierta: es
absolutamente urgente que me presente de otra manera –por lo menos con otro
traje."
Josep Pla. El cuaderno gris.
Ediciones Destino. 1994.
lunes, 19 de marzo de 2012
sábado, 17 de marzo de 2012
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
AS PALAVRAS INTERDITAS
Os
navios existem, e existe o teu rosto
encostado
ao rosto dos navios.
Sem
nenhum destino flutuam nas cidades,
partem
no vento, regressam nos rios.
Na areia
branca, onde o tempo começa,
uma
criança passa de costas para o mar.
Anoitece.
Não há dúvida, anoitece.
É
preciso partir, é preciso ficar.
Os
hospitais cobrem-se de cinza.
Ondas de
sombra quebram nas esquinas.
Amo-te...
E entram pela janela
as
primeiras luzes das colinas.
As
palavras que te envio são interditas
até, meu
amor, pelo halo das searas;
se
alguma regressasse, nem já reconhecia
o teu
nome nas suas curvas claras.
Dói-me
esta água, este ar que se respira,
dói-me
esta solidão de pedra escura,
estas
mãos nocturnas onde aperto
os meus
dias quebrados na cintura.
E a
noite cresce apaixonadamente.
Nas suas
margens nuas, desoladas,
cada
homem tem apenas para dar
um
horizonte de cidades bombardeadas.
Eugenio de Andrade
viernes, 16 de marzo de 2012
jueves, 15 de marzo de 2012
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL
SABOR DE UN PAISAJE
«Esta idea, que estimo básica para percibir la mutación que se
iba a operar en la perspectiva de la guerra, tal vez la reciban con ira o con
desprecio, o con odio, o con desdén, quienes manejan aquellos intereses e
ideologías, a pesar de lo cual no he dejado de escribirla porque soy español y
porque sé de las nobles reacciones de mi pueblo al que creo conocer: pude
estudiarlo y comprenderlo a lo largo de una vida vulgar, pero fecunda: en los
colegios donde comencé mi educación, en los cuartos de banderas, en las minas,
en las fábricas, en los clubes aristocráticos y en las mansiones señoriales, en
los cenáculos literarios, en las sacristías, en las logias, en las iglesias y
en los mercados, donde viven, bullendo o dormitando, las clases sociales,
hombres, mujeres, niños, viejos, artistas, pensadores y labriegos. En todos
esos lugares he estado, he hablado con mis compatriotas de tú a tú, los he
escuchado y he convivido con ellos y, lo que es lo mismo, he podido saborear y
captar el ambiente y el panorama sin conformarme con observarlo como se pueden
contemplar una película o un paisaje; y todo eso he podido hacerlo libre y
dignamente, sin ser amo ni siervo, clérigo ni masón, marxista ni falangista, es
decir, sin ser otra cosa que lo que somos muchos españoles, celosos defensores
de la independencia nacional, gentes de fe y patriotas sin alharacas. Porque
así he conocido a mi pueblo, he podido admirarlo y tener fe en él y en sus
obras. »
Vicente
Rojo.
Así
fue la defensa de Madrid.
Ediciones
Era.
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