domingo, 15 de abril de 2012

OBITER DICTUM





“No contesta nunca, la que siempre contestaba. Intento creer que mejor que esté muerta. Consuela pensar que ahora que está muerta ya no es judía y no podrán hacerle más maldades ni asustarla. En su cementerio, ya no es una judía con los ojos a la defensiva, carnalmente denegadores de culpabilidad, una judía con la boca entreabierta por una oscura estupefacción heredada de miedo y espera. Los ojos de los judíos vivos siempre tienen miedo. Es nuestra especialidad de la casa, la desdicha. Ya saben ustedes, en los restaurantes de lujo tienen la tarta de la casa. Lo nuestro es la desdicha de la casa, especialidad de la casa, al por mayor y al por menor. Otro consuelo es que no me verá morir.”

Albert Cohen. 

jueves, 12 de abril de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






VAGABUNDO


"Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre y ahora que tengo cincuenta y ocho tal vez la senilidad realice la tarea. No ha habido ningún remedio eficaz. Cuatro ásperos pitidos de la sirena de un barco aún me erizan el pelo de la nuca y ponen mis pies en movimiento. El sonido de un reactor, un motor calentándose, hasta el toc-toc de unos cascos herrados en el pavimento producen el viejo estremecimiento, la boca seca y la mirada perdida, las palmas ardientes y una agitación del estomago bajo la caja torácica. En otras palabras, no mejoro; en otras palabras más, el que ha sido vagabundo alguna vez, lo será siempre. Me temo que se trata de una cosa incurable. Expongo esto no para instruir a otros sino para informarme yo mismo.
Cuando el virus del desasosiego empieza a tomar posesión de un hombre rebelde, y el camino que lleva lejos de aquí parece ancho y recto y agradable, la víctima debe hallar en primer lugar en sí misma una razón buena y suficiente para irse. Esto al vagabundo efectivo no le es difícil. Tiene incorporado un huerto de razones donde elegir. Luego debe planear su viaje en el tiempo y en el espacio, elegir una dirección y un destino. Y debe por último realizar el viaje. Cómo ir, qué llevar, cuánto tiempo estar. Esta parte del proceso es invariable e inmortal. La explico sólo para que los recién llegados al vagabundeo no crean, como adolescentes con un pecado recién urdido, que lo inventaron ellos.
Después de trazar el plan, disponer el equipo e iniciar un viaje, interviene y se hace cargo un factor. Cada viaje, safari, o explotación, es una propiedad, temperamento, individualidad, carácter único. Un viaje es una persona en sí; no hay dos iguales. Y los planes, las salvaguardas, el control y la coerción son todos infructuosos. Descubrimos tras años de lucha que no hacemos un viaje: es el viaje el que nos hace a nosotros. Guías, programas, reservas, cosas obligadas e inevitables, naufragan y se hunden ante la personalidad del viaje. Sólo cuando admite esto puede el vagabundo de pura cepa relajarse y asumirlo. Sólo entonces se disipan las frustraciones. En esto un viaje es como el matrimonio. La forma segura de equivocarse es pensar que lo controlas. Me siento mejor ahora, después de haber dicho esto, aunque sólo los que lo han experimentado lo entenderán."

John Steinbeck. 
Viajes con Charley. 
Ediciones Península.

I

lunes, 9 de abril de 2012

OBITER DICTUM





En Nueva York, en los años cuarenta, cuando era muy amigo de Juan Negrín, hijo del que fuera presidente de Gobierno de la República, y de su esposa, la actriz Rosita Díaz, entre los tres tuvimos la idea de poner un bar que se llamaría «El Cañonazo» y que sería escandalosamente caro, el más caro del mundo. En él no se encontrarían más que bebidas exquisitas, increíblemente refinadas, llegadas de las cinco partes del mundo.
Sería un bar íntimo, muy confortable, de un gusto sublime, por supuesto, con una decena de mesas a lo sumo. En la puerta, para justificar el nombre, habría una vieja bombarda, provista de mecha y pólvora negra, que se dispararía a cualquier hora del día o de la noche, cada vez que un cliente hubiera gastado mil dólares.
Este proyecto, atractivo pero poco democrático, no llegó a ser puesto en práctica. Ahí queda la idea. Resulta interesante imaginar al modesto empleado de la casa de al lado que se despierta a las cuatro de la madrugada al oír el cañonazo y le dice a su mujer: «¡Otro sinvergüenza que se ha gastado mil dólares!»


Luis Buñuel.



sábado, 7 de abril de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL MORO, EL PERRO, EL COCHE, EL NOVIO Y EL TRANVÍA

Habíamos salido de Tánger, en automóvil camino de Tetuán. Era una de esas mañanas mogrebinas, luminosas y azules en las que, como observaron exactamente los españoles que viven en Marruecos, «hace frío y, sin embargo, pica el sol». Poco antes de llegar a las quebraduras trágicas del Fondak, divisamos un pastor moro sentado al borde de la ruta. El perro que lo acompañaba, al vernos, salió al comedio del camino y empezó a ladrar. El motorista, presintiendo una desgracia, oprimió la bocina y la voz del metal despertó los ecos del valle. Pero el temerario animal no se apartaba y el coche lo mató. Un movimiento de compasión nos obligó a echar pie a tierra. Únicamente el moro no se movió; tranquilamente, desde el sitio en que se hallaba, miraba el cadáver. ¿Sentía lo ocurrido?... Probablemente no. De todos modos era inútil preguntárselo, y reanudamos el viaje. Momentos después volvimos la cabeza para mirar al extraño dúo que formaban en la serenidad infinita del campo el cadáver del perro, en medio del camino, y el moro sentado; los dos quietos, a cuál más. ¡Oh! ¿Quién sabrá nunca lo que sucede en el alma de un moro?..,.

No hace mucho tiempo, en una calle céntrica de Madrid, dos novios se despedían: «Ella» subió a un tranvía; «El» quedose embelesado contemplándola, olvidado del lugar en que estaba, sin acordarse tampoco de que, para mirarla tenía toda la vida...; y de pronto otro tranvía, que avanzaba en sentido opuesto, le tiró contra el suelo, despedazándole bajo sus ruedas. Estas cabriolas del Azar —la Muerte gusta de patinar sobre los idilios— las sentimos bien las gentes de Europa, tan fáciles a cegar de dolor como de alegría. Los moros no; un moro se habría despedido de su mujer y no hubiera vuelto la cabeza.


Eduardo Zamacois. De Córdoba a Alcazarquivir.
Casa Editorial Maucci

miércoles, 4 de abril de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



EL ARTE DE LA INTERPRETACION: MEYERHOLD



Lo detuvieron al cabo de unos días. El expediente Meyerhold contiene esta carta que escribió a Mólotov en la cárcel:

Los investigadores empezaron a emplear la fuerza conmigo, un enfermo de sesenta y cinco años. Me tendieron boca abajo y me golpearon en la planta de los pies y en la espalda con una correa de goma […] Unos días después, cuando tenía las piernas plagadas de hemorragias internas, volvieron a golpearme con la correa encima de las moraduras, y el dolor era tan fuerte como si he hubieran derramado agua hirviendo en las zonas sensibilizadas. Aullaba y lloraba de dolor […] no podía dejar de llorar. Con la cara contra el suelo averigüé que podía sacudirme, retorcerme y gemir como un perro cuando el amo lo castiga […] Cuando caía en el jergón y me dormía, después de un interrogatorio de dieciocho horas, para sufrir otro a continuación tras una hora de sueño, me despertaban mis propios quejidos, y porque sufría convulsiones, como enfermo de tifus en las últimas etapas de la enfermedad.

Cuando es eso lo que nos despierta, sabemos que nos han politizado el sueño. El interrogador, añadía, le orinaba en la boca. Meyerhold escribió esta carta el 13 de enero de 1940, después de confesar todo lo que quisieron que confesase (que espiaba para los británicos y para los japoneses, entre otras cosas). Stalin necesitaba confesiones; siguió de cerca el desarrollo de algunos interrogatorios (que duraban meses e incluso años) y no dormía tranquilo hasta que obtenía una. Así pues, también su sueño estaba politizado.
        Unos días después de la detención de Meyerhold, su mujer la joven actriz Zinaida Raij, apareció muerta en su casa. Le habían asestado diecisiete cuchilladas. Los vecinos habían oído los gritos: pensaron que estaba ensayando.
        […]
        Meyerhold fue fusilado el 2 de febrero de 1940.



Martin Amis. Koba el Temible. Anagrama

lunes, 2 de abril de 2012

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




LETZTER ABEND


(AUS DEM BESITZE FRAU NONNAS)

Und Nacht und fernes Fahren; denn der Train
des ganzen Heeres zog am Park vorüber.
Er aber hob den Blick vom Clavecín
Und spielte noch und sah zu ihr hinüber

Beinah wie man in einen Spiegle schaut:
So sehr erfüllt von seinen jungen Züngen
Und wissend, wie sie seien Trauuer trügen
Schön und verführender bei jedem Lautl.
 
Doch plötzlich wars, als ob sich das verwische;
Sie stand wie mühsam in der Fensternische
Und hielt des Herzens drángendes Geklopf,

Sein Spiel gab nach. Von draußen wehte Frische.
Und seltsam fremd stand auf dem Spiegeltische
Der schwarze Tschako mit dem Totenkopf.



Rainer María Rilke.

viernes, 30 de marzo de 2012

OBITER DICTUM







“Las grandes producciones a las que afectó este mal babélico fueron, entre otras, Tener y no tener, El retrato de Dorian Gray y El filo de la navaja. Tengo que decir que Humphrey Bogart, doblado por un actor mexicano, era tan falso y falaz como doblado en España. Todo este doblaje para América se hizo en Nueva York. No hubiera sido mejor en Hollywood. Afortunadamente el público, de Buenos Aires a La Habana, rechazó el doblaje y reclamó la vuelta del subtítulo y también del familiar sonido original. Nadie en América creía que Humphrey Bogart nació hablando español. De este travesti verbal atesoro un momento de Tener y no tener en el que el pseudo Bogart rechazaba los avances de Marcel Dalio con la frase “Besos no, francés, por favor”. Es de una comicidad irreal que Bogart nunca soñó.”


Guillermo Cabrera Infante.

lunes, 26 de marzo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






Del palacio maravilloso que hay en Cambalú y de la asombrosa hermosura de aquel lugar.


“Durante tres meses, a saber, diciembre, enero y febrero, el rey Cublay reside sin interrupción en la ciudad regia, en la cual se alza el palacio real, que es de esta traza. En primer lugar su circunferencia abarca cuatro millas, de suerte que cada uno de sus cuatro lados mide una milla. La muralla del palacio es de gran grosor, y de diez pasos de altura; su fachada exterior está pintada por todas partes de blanco y rojo. En cada esquina de la muralla se levanta un palacio grande y hermoso; igualmente hay otro palacio en el centro de cada fachada de las murallas principales, de manera que hay en todo el contorno ocho palacios. En éstos se guarda el aparato y las armas de guerra, a saber, arcos, flechas, aljabas, espuelas, sillas, frenos, cuerdas de arco y demás pertrechos pertinentes al combate; en cada palacio se conservan sólo armas de una clase. La fachada del palacio que mira al mediodía tiene cinco puertas, de las cuales la central es mayor que las demás y no se abre jamás, salvo para la entrada o la salida del soberano, pues nadie puede cruzar por ella excepto el rey; pero tiene dos puertas menores laterales por las que pasan los que acompañan al monarca. Las tres restantes fachadas están provistas de una única puerta en su centro, por la que puede entrar libremente quienquiera. Detrás de los palacios susodichos situados en la fachada, corre a la distancia oportuna otro muro a la manera del anterior que contiene igualmente ocho palacios, en los que se guardan otros aprestos y enseres preciosos y joyas del gran rey. En el centro del espacio interior se encuentra el palacio real; carece de terraza, pero su pavimento sobresale diez palmos del suelo del exterior. Su techo es muy alto y está primorosamente pintado. Las paredes de las salas y de las habitaciones están todas recubiertas de oro y de plata y en ellas se encuentran hermosas pinturas y cuadros con historias de batallas. Gracias a estos adornos y pinturas el palacio resplandece sobremanera. En la sala mayor se sientan a la mesa al mismo tiempo alrededor de seis mil hombres. Detrás de las murallas susodichas y entre los mencionados palacios se extienden amenos jardines, cubiertos de praderas y arbustos silvestres de sabrosísimos frutos. Pueblan los vergeles muchos animales salvajes, a saber, ciervos blancos, los bichos en los que se encuentra el almizcle, de los cuales se ha hablado en el libro primero, cabras, gamos, veros y otros muchos animales a maravilla. En la parte de la sala que da al aquilón se extiende junto al palacio un estanque en el que se crían muchos y exquisitos peces, que se llevan allí de otras partes; de éstos puede elegir el rey según le plazca. Al estanque lo atraviesa un rió, a cuya entrada y salida están puestas rejas de hierro, para que los peces no puedan escapar. Fuera del palacio y a una legua se eleva un montecillo de cien pasos de altura y de una milla de circunferencia, sembrado de árboles cuya hoja siempre verdea. Dondequiera que sepa el rey que hay un árbol hermoso, hace que se le traslade allí con sus raíces a lomo de elefantes, incluso desde regiones remotas, y ordena que se plante en el jardín; por tanto, crecen en él árboles hermosos sobremanera. Todo el monte es ameno y cubierto de hierba verde; y como todas las cosas son allí verdes, por eso se llama Monte Verde. Remata su cumbre un palacio pintado de verde. En ese montecillo se recrea a menudo el Gran Kan en sus ratos de holganza. Junto al palacio susodicho construyó el rey Cublay otro palacio semejante a él en todo, en el que habita Themur, el que ha de reinar a su muerte, que dispone de una corte regia muy magnífica; y tiene bulas imperiales y sello imperial, pero no con tanta plenitud de poderes como el Gran Kan.”


Marco Polo. El libro de… Alianza Editorial.

miércoles, 21 de marzo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL EGO GRIS


"Tengo una pésima opinión de mí mismo. No me gusto nada. Me considero capaz de hacer, en cualquier momento, el más abyecto desatino, la más indignante tontería. Tengo grandes dudas sobre mi moralidad intrínseca. Mis defensas –sobre todo las defensas que provienen de la vanidad, del amor propio—son paupérrimas. Soy un hombre ligero –pero no soy un presumido--. Ligero, muchísimo. No pasa día que no formule las correspondientes mentiras, que no articule las correspondientes frases gratuitas –cheques sin provisión--, que no hable con la mayor frivolidad y por el gusto de mero capricho. Hay gente que sabe justificar sus propias mentiras. Todo lo que hacen, lo consideran absolutamente necesario. ¡Felices ellos! Yo digo una falsedad pero no lo hago a conciencia. Se me nota en seguida en la cara. No sé disimular, no tengo confianza en mí mismo. Y es precisamente porque no tengo confianza en mí mismo por lo que los otros tampoco me la prestan. No llego a inspirar confianza –éste es el hecho--. Cuando algunos de mis amigos han aplicado su agudeza a la observación de mi manera de ser, han dado un diagnóstico inquietante. Márius Aguilar ha escrito que yo soy una especie de ruso del Mediterráneo. ¡Para un espíritu tan latino, tan cyranesco como el de él, es una nota bastante triste! Josep María de Sagarra dice –me lo ha dicho a mí mismo—que soy un hombre falso. No sé en qué estima me tiene el doctor Borralleras. Me mira, me vuelve a mirar, me remira y, sospecho que no da en el busilis. Ahora bien: yo no quiero tener contra todo el mundo. No tengo ninguna condición para el heroísmo. Pero una cosa me parece muy cierta: es absolutamente urgente que me presente de otra manera –por lo menos con otro traje."

Josep Pla. El cuaderno gris. Ediciones Destino. 1994.

sábado, 17 de marzo de 2012

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





AS PALAVRAS INTERDITAS


Os navios existem, e existe o teu rosto
encostado ao rosto dos navios.
Sem nenhum destino flutuam nas cidades,
partem no vento, regressam nos rios.

Na areia branca, onde o tempo começa,
uma criança passa de costas para o mar.
Anoitece. Não há dúvida, anoitece.
É preciso partir, é preciso ficar.

Os hospitais cobrem-se de cinza.
Ondas de sombra quebram nas esquinas.
Amo-te... E entram pela janela
as primeiras luzes das colinas.

As palavras que te envio são interditas
até, meu amor, pelo halo das searas;
se alguma regressasse, nem já reconhecia
o teu nome nas suas curvas claras.

Dói-me esta água, este ar que se respira,
dói-me esta solidão de pedra escura,
estas mãos nocturnas onde aperto
os meus dias quebrados na cintura.

E a noite cresce apaixonadamente.
Nas suas margens nuas, desoladas,
cada homem tem apenas para dar
um horizonte de cidades bombardeadas.


Eugenio de Andrade

jueves, 15 de marzo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL SABOR DE UN PAISAJE

«Esta idea, que estimo básica para percibir la mutación que se iba a operar en la perspectiva de la guerra, tal vez la reciban con ira o con desprecio, o con odio, o con desdén, quienes manejan aquellos intereses e ideologías, a pesar de lo cual no he dejado de escribirla porque soy español y porque sé de las nobles reacciones de mi pueblo al que creo conocer: pude estudiarlo y comprenderlo a lo largo de una vida vulgar, pero fecunda: en los colegios donde comencé mi educación, en los cuartos de banderas, en las minas, en las fábricas, en los clubes aristocráticos y en las mansiones señoriales, en los cenáculos literarios, en las sacristías, en las logias, en las iglesias y en los mercados, donde viven, bullendo o dormitando, las clases sociales, hombres, mujeres, niños, viejos, artistas, pensadores y labriegos. En todos esos lugares he estado, he hablado con mis compatriotas de tú a tú, los he escuchado y he convivido con ellos y, lo que es lo mismo, he podido saborear y captar el ambiente y el panorama sin conformarme con observarlo como se pueden contemplar una película o un paisaje; y todo eso he podido hacerlo libre y dignamente, sin ser amo ni siervo, clérigo ni masón, marxista ni falangista, es decir, sin ser otra cosa que lo que somos muchos españoles, celosos defensores de la independencia nacional, gentes de fe y patriotas sin alharacas. Porque así he conocido a mi pueblo, he podido admirarlo y tener fe en él y en sus obras. »

Vicente Rojo.
Así fue la defensa de Madrid.
Ediciones Era.