lunes, 18 de julio de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Para no tener miedo nos tocamos
con miedo. Ya se han ido los mayores.
Nos han dejado solos… Buscadores
de amor, ciegos de amor, nos tropezamos.

Este pozo es el mar, y en él fletamos
barcos, jugando todo el santo día.
Madre dijo que no demoraría.
Crédulos, insistentes, la llamamos.

Pero las madres nunca vuelven. Pura
se oscurece la tarde; cobra altura
Tu estrella, madre, y resplandece, y quema.

Aguardemos sin más el desagravio.
Y, mientras anhelante espera el labio,
naufraga hacia la muerte mi poema.

José García Nieto.

viernes, 15 de julio de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







REBELDE


Caronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman o lloren,
y bajo tus miradas de siniestro patriarca
las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,

Yo iré como una alondra cantando por el río
y llevaré a tu barca mi perfume salvaje,
e irradiaré en las ondas del arroyo sombrío
como una azul linterna que alumbrara en el viaje.

Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.

Y extenuada de sombra, de valor y de frío,
cuando quieras dejarme a la orilla del río
me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.


                    Juana de Ibarbourou

miércoles, 13 de julio de 2011

OBITER DICTUM



«Desgraciadamente para España, había otras circunstancias desfavorables en 1931. La lucha política desarrollada en el país exclusivamente sobre la forma de gobierno, monárquica o republicana, creó la falsa ilusión de que la llegada del nuevo régimen iba a resolver por sí sola todos los problemas, no sólo políticos, sino económicos. La realidad es que hacía años que la libertad política había dejado de estar identificada con la forma republicana, ya que existían monarquías donde se respetaban todos los derechos humanos y, en cambio, no pocas repúblicas brutalmente dictatoriales. Sólo el aislamiento y atraso de nuestro país podía explicar que se planteara ese dilema anacrónico. Antes de 1931, habían sucedido ya muchas transformaciones en el mundo. Ya no era la libertad política la única premisa necesaria para el desarrollo de los pueblos. »


Manuel Tagüeña.


lunes, 11 de julio de 2011

OBITER DICTUM




La mayor parte de las personas no actúa de un modo coherente. En determinadas circunstancias una persona actúa inteligentemente, y en otras circunstancias esta misma persona puede comportarse como una incauta. La única excepción importante a la regla la representan las personas estúpidas que, normalmente, muestran la máxima tendencia a una total coherencia en cualquier campo de actuación."


Carlo M. Cipolla.

jueves, 7 de julio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE









LOS BAÚLES EN EL DESVÁN


            “En el enjambre gris de hoteles por donde pasó nuestra historia errante, algunos nombres descuellan con el agridulce recuerdo de ciertas horas amargas o de risa, vividas en ellos. ¿Cómo olvidaros, hoteles de la Paix y de France, en Paris; Hotel Jura, en Berna; Hotel de Inglaterra en Milán; Hotel Central, en Buenos Aires; Hotel Pasaje, de la La Habana; Hotel Félix Portland, de New York?
            Da pena, mucha pena, considerar que algún día este existir ambulante forzosamente ha de concluir, y que al retirarnos al hogar donde esperamos acabar nuestra vida, una noche en que nos retiremos tarde de la calle, la persona que rija los destinos de la casa ha de decirnos, acaso con cierta acritud:
            --Tienes que corregirte: aquí no estás en una fonda…
            Lo que equivale a significarnos que allí hay horas de comer y de dormir, y que aquel orden es algo sagrado que no debe alterarse.
            Ya nuestros baúles descansan vacíos en la penumbra de algún desván; “ya no estamos en una fonda”… ¡Es verdad!... ¡Qué lástima, tener que despedirnos de tantas cosas bellas, por ser transitorias!...”


Eduardo Zamacois. 
La alegría de andar
Renacimiento.

martes, 5 de julio de 2011

OBITER DICTUM






«En cuanto a mí, ya que no era lo bastante valiente para suicidarme, la única posibilidad que tenía de sobrevivir consistía en escapar de Polonia. No era necesaria una especial clarividencia para prever el infierno que se avecinaba. Sólo aquellos que vivían totalmente hipnotizados por ridículos eslóganes eran incapaces de ver lo que se nos venía encima. No faltaban demagogos o simplemente necios que incitaban a las masas judías a luchar subiéndose a las barricadas junto a los polacos gentiles, con la promesa de que, tras su victoria sobre el fascismo, aquéllos y éstos se sentirían para siempre hermanos en Polonia»


Isaac Bashevis Singer.

sábado, 2 de julio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL CANÍBAL AUSTRIACO





“En octubre de 1918, un cabo alemán perdió la vista temporalmente como consecuencia de un ataque británico con gas mostaza, cerca de Comines. Mientras estuvo ingresado en un hospital de Pomerania, la derrota y la revolución asolaron Alemania. Hijo de un oscuro funcionario de aduanas austriaco, de joven había soñado con llegar a ser un gran artista pero, al negársele el acceso a la Academia de Arte de Viena, vivió en la pobreza en esa capital y después en Munich. En ocasiones como pintor de paredes y a menudo como trabajador eventual, sufrió privaciones físicas que hicieron crecer en él un resentimiento violento, aunque oculto, por el éxito que le mundo le había negado. Pero estos infortunios no lo condujeron a las filas comunistas sino que, por una honrosa inversión, le hicieron acariciar todavía más una sensación anormal de lealtad racial y una admiración ferviente y mística por Alemania y el pueblo alemán. Se presentó a filas enguanto estalló la guerra y prestó servicio durante cuatro años en un regimiento bávaro en el frente occidental. Éstos fueron los comienzos de Adolf Hitler.
Durante el invierno de 1918 que pasó en el hospital, ciego e indefenso, su propio fracaso personal pareció fundirse con el desastre de todo el pueblo alemán. El impacto de la derrota, el desmoronamiento de la ley y el orden y el triunfo de los franceses produjeron en este cabo convaleciente una agonía que consumió su ser y que engendró esas fuerzas del espíritu portentosas e inconmensurables que pueden significar la salvación o la condena de la humanidad. La caída de Alemania le parecía inexplicable por procesos naturales. En algún lugar había habido una traición gigantesca y monstruosa. Solitario y encerrado en sí mismo, el humilde soldado reflexionaba y especulaba sobre las posibles causas de la catástrofe, con su escasa experiencia personal como  única guía. En Viena se había relacionado con grupos ultranacionalistas alemanes y había oído hablar de las actividades siniestras y destructivas de una raza de enemigos y explotadores del mundo nórdico: los judíos. Su ira patriótica se fundió con su envidia de los ricos y los triunfadores en un solo odio arrollador.
Cuando finalmente, como a un paciente cualquiera, le dieron el alta del hospital, llevando todavía el uniforme por el que sentía un orgullo casi pueril, ¡qué espectáculo vieron sus ojos recién destapados! ¡Qué temibles son las convulsiones de la derrota! A su alrededor, en un ambiente de desesperación y frenesí, brillaban las peculiaridades de la revolución roja. Los vehículos blindados recorrían como una exhalación las calles de Munich repartiendo panfletos o balas entre los caminantes fugitivos. Sus propios camaradas, con desafiantes brazaletes rojos sobre el uniforme, gritaban eslóganes furiosos contra todo lo que a él le importaba en la vida. Como en un sueño, todo se aclaró de repente. Alemania había sido apuñalada por la espalda y destrozada por los judíos, por los especuladores y los intrigantes que había detrás del frente, por los malditos bolcheviques con su conspiración internacional de intelectuales judíos. Radiante ante él vio su deber: salvar a Alemania de esta calamidad, vengarla y conducir a la raza superior hacia el destino que la aguardaba.
Los oficiales de su regimiento, muy preocupados por el espíritu sedicioso y revolucionario de sus hombres, se sintieron satisfechos al dar con uno, al menos, que parecía comprender la raíz de la situación. El cabo Hitler quería seguir movilizado y encontró empleo como “oficial de educación política” o agente. De esta forma, reunía información sobre motines y propósitos subversivos. Entonces, el oficial de seguridad para el que trabajaba le dijo que asistiera a los mítines de los partidos políticos locales de todo tipo. Una noche de septiembre de 1919 el cabo fue al mitin de Partido de los Trabajadores Alemanes que se celebraba en una cervecería de Munich, donde escuchó decir por primera vez lo que él opinaba en secreto acerca de los judíos, los especuladores, los “criminales de noviembre” que habían empujado a Alemania al abismo. El 16 de septiembre se afilió a este partido y poco después, combinándolo con su trabajo militar, se dedicó a hacerle propaganda. En febrero de 1920 se celebró en Munich el primer mitin masivo del Partido de los Trabajadores Alemanes, en el que destacó el propio Adolf Hitler que esbozó en veinticinco puntos el programa del partido. Se había convertido en político. Había comenzado su campaña de salvación nacional. Fue desmovilizado en abril y se entregó de lleno a la expansión del partido. A mediados del año siguiente había desbancado a los líderes originales y, gracias a su pasión y su genio, obligó al público hipnotiza a aceptar su control personal. Ya era “el führer” Compraron un periódico de poca difusión, el Voelkischer Beobachter, que se convirtió en órgano del partido.”

Winston S. Churchill. La Segunda Guerra Mundial. La Esfera de los Libros.

viernes, 1 de julio de 2011

ALLÁ EN LAS INDIAS




SOBRE EL GOBIERNO DE LOS INDIOS


        “Primeramente en el tiempo antiguo en el Perú no había reino, ni señor a quien todos obedeciesen; mas eran behetrías y comunidades, como lo es hoy día el reino de Chile, y ha sido cuasi todo lo que han conquistado españoles en aquellas Indias Occidentales, excepto el reino de Méjico; para lo cual es de saber que se han hallado tres géneros de gobierno y vida en los indios. El primero y principal y mejor ha sido de reino o monarquía, como fue el de los Ingas y el de Motezuma, aunque éstos eran en mucha parte tiránicos. El segundo es de behetrías o comunidades, donde se gobiernan por consejo de muchos, y son como concejos. Estos en tiempo de guerra eligen un capitán, a quien toda una nación o provincia obedece. En tiempo de paz cada pueblo o congregación se rige por sí, y si tiene algunos principalejos, a quien respeta el vulgo; y cuando mucho, júntanse algunos de éstos en negocios que les parecen de importancia, a ver lo que les conviene.
        El tercer género de gobierno es totalmente bárbaro y son indios sin ley, ni rey, ni asiento, sino que andan a manadas como fieras y salvajes. Cuanto yo he podido comprender, los primeros moradores de estas Indias fueron de este género, como lo son hoy día gran parte de los Brasiles y los Chiriguanás, y Chunchos, y Iscaycingas y Pilcozones, y la mayor parte de algunos principales de ellos, se hizo el otro gobierno de comunidades y behetrías, donde hay alguna más orden y asiento, como son hoy día los de Arauco y Tucapel en Chile, y lo eran en el nuevo reino de Granada los Moscas, y en la Nueva España algunos Otomites; y en todos los tales se halla menos fiereza y más razón.


José de Acosta. Historia natural y moral de las Indias.

lunes, 27 de junio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



UMA OLHADA


“O sócio capitalista aqui da firma, sempre doente em parte incerta, quis, não sei por que capricho de que intervalo de doença, ter um retrato do conjunto do pessoal do escritório. E assim, antes de ontem, alinhamos todos, por indicação do fotógrafo alegre, contra a barreira branca suja que divide, com madeira frágil, o escritório geral do gabinete do patrão Vasques. Ao centro o mesmo Vasques; nas duas alas, numa distribuição primeiro definida, depois indefinida, de categorias, as outras almas humanas que aqui se reúnem em corpo todos os dias para pequenos fins cujo último intuito só o segredo dos Deuses conhece.

Hoje quando cheguei ao escritório, um pouco tarde, e, em verdade, esquecido já do acontecimento estático da fotografia duas vezes tirada, encontrei o Moreira, inesperadamente matutino, e um dos caixeiros de praça, debruçados rebuçadamente sobre umas coisas enegrecidas, que reconheci logo, em sobressalto, como as primeiras provas das fotografias. Eram, afinal, duas só de uma, daquela que ficara melhor.

Sofri a verdade ao vêr-me ali, porque, como é de supor, foi a mim mesmo que primeiro busquei. Nunca tive uma idéia nobre da minha presença física, mas nunca a senti tão nula como em comparação com as outras caras, tão minhas conhecidas, naquele alinhamento de quotidianos. Pareço um jesuíta frusto. A minha cara magra e inexpressiva nem tem inteligência, nem intensidade, nem qualquer coisa, seja o que for, que a alce da maré morta das outras caras. Da maré morta, não. Há ali rostos verdadeiramente expressivos. O patrão Vasques está tal qual é — o largo rosto prazenteiro e duro, o olhar firme, o bigode rígido completando. A energia, a esperteza, do homem — afinal tão banais, e tantas vezes repetidas por tantos milhares de homens em todo o mundo — são todavia escritas naquela fotografia como num passaporte psicológico. Os dois caixeiros viajantes estão admira veis; o caixeiro de praça está bem, mas ficou quase por trás de um ombro do Moreira. E o Moreira! O meu chefe Moreira, essência da monotonia e da continuidade, está muito mais gente do que eu! Até o moço — reparo sem poder reprimir um sentimento que busco supor que não é inveja — tem uma certeza de cara, uma expressão direta que dista sorrisos do meu apagamento nulo de esfinge de papelaria.

O que quer isto dizer? Que verdade é esta que uma película não erra? Que certeza é esta que uma lente fria documenta? Quem sou, para que seja assim? Contudo... E o insulto do conjunto?

—''Você ficou muito bem", diz de repente o Moreira. E depois, virando-se para o caixeiro de praça, "É mesmo a carinha dele, hein?". E o caixeiro de praça concordou com uma alegria amiga que atirou para o lixo.”


Fernando Pessoa. Livro do desassossego Editora Brasiliense.

jueves, 23 de junio de 2011

ALLÁ EN LAS INDIAS





PEDRO DE LA RENTERIA


“En este tiempo ya los religiosos de Santo Domingo habían considerado la triste vida y aspérrimo cautiverio que la gente natural desta isla padecía, y cómo se consumían, sin hacer caso dello los españoles que los poseían más que si fueran unos animales sin provecho, después de muertos solamente pesándoles de que se les muriesen, por la falta que en las minas del oro y en las otras granjerías les hacían; no por eso en los que les quedaban usaban de más compasión ni blandura, cerca del rigor y aspereza con que oprimir y fatigar y consumirlos solían. Y en todo esto había entre los españoles más y menos, porque unos eran crudelísimos, sin piedad ni misericordia, sólo teniendo respecto a hacerse ricos con la sangre de aquellos míseros; otros, menos crueles, y otros, es de creer que les debía doler la miseria y angustia dellos; pero todos, unos y otros, la salud y vidas y salvación de los tristes, tácita o expresamente, a sus intereses solos, particulares y temporales, posponían. No me acuerdo conocer hombre piadoso para con los indios, que se sirviesen dellos, sino sólo uno, que se llamó Pedro de la Rentería, del cual abajo, si place a Dios, habrá bien que decir.”


Bartolomé de las Casas. 
Crónica de las Indias.

lunes, 20 de junio de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






     GRIETA MATINAL

Cala tu miseria,
sondéala, conoce sus más escondidas cavernas.
Aceita los engranajes de tu miseria,
ponla en tu camino, ábrete paso con ella
y en cada puerta golpea
con los blancos cartílagos de tu miseria.
Compárala con la de otras gentes
y mide bien el asombro de sus diferencias,
la singular agudeza de sus bordes.
Ampárate en los suaves ángulos de tu miseria.
Ten presente a cada hora
que su materia es tu materia,
el único puerto del que conoces cada rada,
cada boya, cada señal desde la cálida tierra
donde llegas a reinar como Crusoe
entre la muchedumbre de sombras
que te rozan y con las que tropiezas
sin entender su propósito ni su costumbre.
Cultiva tu miseria,
hazla perdurable,
aliméntate de su savia,
envuélvete en el manto tejido con sus más secretos hilos.
Aprende a reconocerla entre todas,
no permitas que sea familiar a los otros
ni que la prolonguen abusivamente los tuyos.
Que te sea como agua bautismal
brotada de las grandes cloacas municipales,
como los arroyos que nacen en los mataderos.
Que se confunda con tus entrañas, tu miseria;
que contenga desde ahora los capítulos de tu muerte,
los elementos de tu más certero abandono.
Nunca dejes de lado tu miseria,
así descanses a su vera
como junto al blanco cuerpo
del que se ha retirado el deseo.
Ten siempre lista tu miseria,
y no permitas que se evada por distracción o engaño.
Aprende a reconocerla hasta en sus más breves signos:
el encogerse de las finas hojas del carbonero,
el abrirse de las flores con la primera frescura de la tarde,
la soledad de una jaula de circo varada en el lodo
del camino, el hollín en los arrabales,
el vaso de latón que mide la sopa en los cuarteles,
la ropa desordenada de los ciegos,
las campanillas que agotan su llamado
en el solar sembrado de eucaliptos,
el yodo de las navegaciones.
No mezcles tu miseria en los asuntos de cada día.
Aprende a guardarla para las horas de tu solaz
y teje con ella la verdadera,
la sola materia perdurable
de tu episodio sobre la tierra.


Alvaro Mutis.

sábado, 18 de junio de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LOS RESIDENTES ÁRABES


"Muchas gentes me habían augurado un mal recibimiento por parte de los árabes, pero su acogida fue, por el contrario, de lo más cordial, y nunca podré elogiarla lo suficiente. ¡Qué diferencia tan notable entre la hospitalidad generosa, el sincero interés y la franca amistad que encontramos entre los individuos de aquella noble raza, y la parsimonia y el egoísmo feroz y brutal del salvaje africano! Era como encontrar corazones de cera después de haber tropezado con corazones de roca. Uno de ellos sobre todo, el llamado Snay-ben-Emir, era de la madera con que se hacen los amigos: generosos y discretos, lleno a la vez de valor y de prudencia, presto siempre a arriesgar su vida por conservar limpio el honor y, lo que es muy raro en Oriente, tan honrado como valiente.
El árabe que llega de la costa se cruza en Cazé con los que vuelven del lago Tanganica y del Ruvuia, y encuentra allí caminos frecuentados que se dirigen al norte, hacia los poderosos reinos de Caragüe, de Uñoro y de Uganda y que le conducen a las orillas del lago de Kerehué. El Rori y el Bena, el Sanga y el Senga, le envían desde el sur su marfil y sus esclavos, y los productos de las comarcas de Khokoro, de Fipa y del Marungu, así como los del valle de Rukua, vienen del Sudeste a cambiarse por sus telas, sus cuentas de vidrio y sus hilos metálicos.
Por último, los jefes de las caravanas tienen que detenerse aquí forzosamente, porque los cargadores, tanto los que han sido contratados en la costa como los que se contrataron en las orillas del lago, se dispersan en cuanto llegan a Cazé, poniendo al viajero o comerciante en la necesidad de reunir un nuevo grupo, operación siempre difícil, y mucho más cuando se aproxima la estación de la siembra.
Cazé no es una aldea, sino una colección separada de media docena de tembés o grandes edificios, de construcción oblonga, que tienen todos un patio central, grandes almacenes separados, barracas para los esclavos, y jardines. Finalmente, alrededor de esta especie de núcleo están agrupadas las chozas de los indígenas, acumulación de chiribitiles infectos que llevan el nombre de su fundador.
En 1852 fue cuando esta parte de la provincia de Ñañembé recibió los primeros colonos. En esa época fue cuando llegaron Snay-ben-Emir y Musa y encontraron la estación desierta. Estos árabes construyeron casas, abrieron pozos, y convirtieron este lugar deshabitado en una plaza comercial y populosa.
Sería difícil establecer el número de residentes árabes que hay en el Ñañembé, pues de la misma manera que los ingleses en sus posesiones de la India, estos comerciantes no hacen más que recorrer el país sin colonizarle. Su número, en consecuencia, está muy lejos de ser fijo, aunque generalmente no se cuentan más de veinticinco. Durante la estación de los viajes o cuando se juzga inminente una campaña, apenas hay tres o cuatro. Esto es para ellos algo bastante enojoso. Son demasiado fuertes para ceder sin combatir, pero no lo son, sin embargo, lo bastante para luchar con éxito.
A excepción de Musa, que nació en Kojah, ciudad de la India inglesa, todos estos comerciantes son árabes, naturales del Omán. Tienen aquí una existencia que, más que cómoda, podría calificarse de fastuosa. Sus casas, aunque de un solo piso, son bastante extensas y están sólidamente construidas; sus jardines son grandes y muy bien dispuestos; y reciben regularmente de Zanzíbar, no solamente cuanto es necesario para la vida, sino también un gran número de objetos de lujo. En torno a ellos vive una turba de esclavos perfectamente enseñados para el servicio y acostumbrados a los trabajos más necesarios. Usan asnos de Zanzíbar por cabalgaduras, y los menos ricos poseen rebaños de vacas y cameros.
Lo único que les falta es un gobierno, pues tienen bastante necesidad de un jefe inteligente y valeroso."

Richard Burton. Las Montañas de la Luna. Valdemar.