jueves, 24 de noviembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
UNA DE ROMANOS
“Nuestro
Estado es una dictadura democrática popular dirigida por la clase obrera y
basada en la alianza obrero-campesina. ¿Para qué esta dictadura? Su primera
función es reprimir dentro del país, a las clases y elementos reaccionarios, a
los explotadores que oponen resistencia a la revolución socialista y a los que
sabotean nuestra construcción socialista; es decir, resolver las
contradicciones internas entre nosotros y el enemigo. Por ejemplo, entra en el
radio de acción de nuestra dictadura arrestar y condenar a cierto número de
elementos contrarrevolucionarios, y privar por un tiempo determinado de
derechos electorales y libertad de expresión a los terratenientes y
capitalistas burocráticos. Para mantener el orden público y defender los
intereses de las masas populares, es necesario igualmente ejercer la dictadura
sobre los ladrones, bandas de malhechores y otros elementos perniciosos que
alteran seriamente el orden público. La segunda función de esta dictadura es
defender a nuestro país de la subversión y posible agresión de los enemigos
exteriores. En este caso, la dictadura toma sobre sí la tarea de resolver la
contradicción externa entre nosotros y el enemigo. El objetivo de la dictadura
es proteger a todo el pueblo para que pueda dedicarse al trabajo pacífico y
transformar a China en un país socialista con una industria, una agricultura,
una ciencia y una cultura modernas.”
Mao Zedong.
Obras Completas.
martes, 22 de noviembre de 2011
OBITER DICTUM
«Me pregunto si con el tiempo me voy a encontrar con que
aun la media taza que me tomo a la hora del almuerzo no me deja dormir. J. R.
está tan afectado mentalmente con la situación de España que me tiene muy
preocupada. Anoche, creyendo que yo dormía, se puso a hablarle a España como un
triste enamorado. Una de estas noches me voy a incorporar y a contestarle. Si
nos hubiéramos quedado en España se hubiera vuelto loco en tres meses. »
Zenobia Camprubí.
lunes, 21 de noviembre de 2011
jueves, 17 de noviembre de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
DESPRENDIMIENTO
Dulzura
de sentirse cada vez más lejano.
Más
lejano y más vago...
Sin saber
si es porque las cosas se van yendo
o es uno
el que se va.
Dulzura del
olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla...
Dulzura
de sentirse limpio de toda cosa.
Dulzura
de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta,
alumbrando
en silencio...
En
silencio,
¡Dios
mío!...
Dulce María Loynaz
miércoles, 16 de noviembre de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN PARIS
“El pobre recién venido, habituado a la
quietud de las calles de sus ciudades americanas, anda aquí los primeros días
con el Jesús en la boca, corriendo a cada paso riesgo de ser aplastado por uno
de los mil carruajes que pasan como exhalaciones, por delante, por detrás, por
los costados. Oye un ruido en pos de sí, y echa a correr, seguro de echarse
sobre un ómnibus que le sale al encuentro; escapa de éste y se estrellará
contra un fiacre si el cochero no lograra apenas detener sus apestados caballos
por temor de pagar dos mil francos que vale cada individuo reventado en París.
El parisiense marcha impasible en medio de este hervidero de carruajes que
hacen el ruido de una cascada; mide las distancias con el oído, y tan certero
es su tino, que se para instantáneamente a una pulgada del vuelo de la rueda
que va a pasar, y continúa su marcha sin mirar nunca de costado, sin perder un
segundo de tiempo.
Por primera vez en mi vida he gozado de
aquella dicha inefable, de que sólo se ven muestras en la radiante y franca
fisonomía de los niños. Je flâne, yo
ando como un espíritu, como un elemento, como un cuerpo sin alma en esta
soledad de París. Ando lelo; paréceme que no camino, que no voy sino que me
dejo ir, que floto sobre el asfalto de las aceras de los bulevares. Sólo aquí
puede un hombre ingenuo pararse y abrir un palmo de boca contemplando la Casa Dorada , los Baños
Chinescos, o el Café Cardinal. Sólo aquí puedo a mis anchas extasiarme ante las
litografías, grabados, libros y monadas expuestas a la calle en un almacén;
recorrerlas una a una, conocerlas desde lejos, irme, volver al otro día para
saludar la otra estampita que acaba de aparecer. Conozco ya todos los talleres
de artistas de bulevar; la casa de Aubert en la plaza de la Bolsa , donde hay exhibición
permanente de caricaturas; todos los pasajes donde se venden esos petits riens
que hacen la gloria de las artes parisienses. Y luego las estatuitas de Susse y
bronces por doquier, y los almacenes de nouveautés, entre ellos uno que acaba
de abrirse en la calle Vivienne, con doscientos
dependientes para el despacho, y dos mil picos de gas para la
iluminación.
Por otra parte, es cosa tan santa y
respetable en París el flâner; es ésta una función tan
privilegiada, que nadie osa interrumpir a otro. El flâneur tiene derecho de meter sus narices por todas partes. El
propietario lo conoce en su mirar medio estúpido, en su sonrisa en la que se burla
de él, y disculpa su propia temeridad al mismo tiempo. Si Ud. se para delante
de una grieta de la muralla y la mira con atención no falta un aficionado que se detiene a ver qué está usted mirando;
sobreviene un tercero, y si hay ocho reunidos, todos los pasantes se detienen,
hay obstrucción en la calle, atropamiento. ¿Este es, en efecto, el pueblo que
ha hecho las revoluciones de 1789 y 1830? ¡Imposible! Y, sin embargo, ello es
real: hago todas las tardes sucesivamente dos, tres grupos para asegurarme de
que esto es constante, invariable, característico, maquinal en el parisiense.”
lunes, 14 de noviembre de 2011
sábado, 12 de noviembre de 2011
OBITER DICTUM
No logro recordar quién fue el
primero que me habló del hundimiento del Titanic. Sin embargo nuestra
institutriz lloró durante el desayuno, jamás la había visto llorar antes, y
Edith, la criada, vino al cuarto de los niños, donde no la veíamos nunca, y
lloró con ella. Me enteré de lo del iceberg, de lo espantoso de que se ahogaran
tantas personas, pero lo que más me impresionó fue el que la orquesta siguiera
tocando hasta que el barco se hundió. Quise saber qué habían tocado y me
contestaron con una impertinencia. Entendí que había preguntado algo impropio,
y me puse a llorar con ellas. Llorábamos los tres a la vez cuando mi madre
llamó a Edith desde abajo; probablemente se acababa de enterar en aquel
momento. Entonces bajamos la institutriz y yo y encontramos a mi madre y a
Edith llorando juntas.
Elías
Canetti.
viernes, 11 de noviembre de 2011
miércoles, 9 de noviembre de 2011
ALLÁ EN LAS INDIAS
CARTA
DEL PADRE DEL AUTOR
Carta de Don Martín Guaman
Mallqui de Ayala, hijo y nieto de los grandes señores y reyes que fueron
antiguamente y Capitán General y señor del reino, y capacapo, que es príncipe y
señor de la provincia de los Lucanas Andamarcas, y Circamarcas, y Soras, y de
la ciudad de Guamanga y de su jurisdicción de Santa Catalina de Chupas,
Príncipe de los Chinchaysuyos, y segunda persona del Inga de este reino del
Perú a la Real Majestad del rey don Felipe nuestro señor el segundo, dice así:
Sacra Católica Real Majestad.
Entre las cosas que esta gran provincia de estos reinos ha procedido útiles y
provechosos al servicio de Dios y de Vuestra Majestad, me ha parecido hacer
estima del ingenio y curiosidad por la gran habilidad del dicho mi hijo
legítimo don Felipe Guaman Poma de Ayala, cápac, que es príncipe, y gobernador
mayor de los indios, y demás caciques y principales y señor de ellos y
administrador de toda islas dichas / comunidades y sapsi, y teniente general
del corregidor de la dicha vuestra provincia de los Lucanas, reino del Perú, el
cual habrá como veinte años poco o más o menos que ha escrito unas historias de
nuestros antepasados abuelos, y mis padres y señores reyes que fueron antes del
Inga, y después que fue desde Uariuiracocharuna, y de los caciques principales
Capac Apoconas, Curacacona, Allicaccona, Camachicoccuna, Çinchicona, y todo el
gobierno de los Ingas hasta su fin y acabamiento y dicha conquista de éstos
vuestros reinos, y después como se alzaron contra vuestra Corona Real y de
todas las dichas ciudades y villas, aldeas y provincias, y corregimientos y
pueblos, y las dichas vuestras minas, y la vida de vuestros corregidores, y de
los dichos padres y curas de las dichas doctrinas, y de vuestros encomenderos
de los indios y de españoles y de los dichos tambos y puentes y caminos, y de
los dichos mineros, y de los dichos caciques principales y de indios
particulares y de sus ritos que usaban antiguamente, y de su cristiandad y
policía y otras curiosidades de estos reinos por relaciones y testigos de vista
que se tomó de las cuatro partes de estos reinos, de los dichos indios muy
viejos, de edad de ciento y cincuenta años / y de cada parte cuatro indios
testigos de vista, y que el estilo es fácil, y grave, y sustancial, y
provechoso a la Santa Fe Católica, y la dicha historia es muy verdadera como
conviene al sujeto y personas de quienes trata y que además del Servicio de
Vuestra Majestad que resultará [de] imprimirse la dicha historia comenzándose a
celebrar y hacer inmortal la memoria y nombre de los grandes señores
antepasados, nuestros abuelos, como lo merecieron sus hazañas, deseando que
todo esto se consiga; humildemente suplico a Vuestra Majestad sea servido
favorecer y hacer merced al dicho mi hijo don Felipe de Ayala y para todos mis
nietos, para que su pretensión vaya adelante que es lo que pretendo, de que a
Vuestra Majestad Nuestro Señor guarde y prospere por muchos y muy felices años
con acrecentamiento de más reinos y señoríos, como su menor y humilde vasallo
deseo. De La Concepción de Guayllapampa de Apcara, provincia de los Lucanas y
Soras, jurisdicción de la ciudad de Guamanga, a quince del mes de mayo de mil
quinientos ochenta y siete años. Sacra Católica Real Majestad. Beso los reales
pies y manos a Vuestra Majestad su humilde vasallo.
Don Martín de Ayala.
Felipe
Guaman Poma de Ayala. Nueva Corónica y Buen Gobierno.
lunes, 7 de noviembre de 2011
sábado, 5 de noviembre de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
XVI
Pedicabo ego uos et irrumabo,
Aureli pathice et cinaede Furi,
qui me ex uersiculis meis putastis,
quod sunt molliculi, parum pudicum.
nam castum esse decet pium poetam 5
ipsum, uersiculos nihil necesse est;
qui tunc denique habent salem ac leporem,
si sunt molliculi ac parum pudici
et quod pruriat incitare possunt,
non dico pueris, sed his pilosis, 10
qui duros nequeunt mouere lumbos.
uos, quod milia multa basiorum
legistis, male me marem putatis?
pedicabo ego uos et
irrumabo.
Catulo
viernes, 4 de noviembre de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CATHOLICUS
“Nada excita más nuestra repugnancia que el
canibalismo; nada destruye con tanta seguridad una sociedad; nada, podríamos
argüir, endurece y degrada tanto el espíritu de quienes lo practican. Sin
embargo, nosotros mismos causamos parecida impresión en los budistas y los
vegetarianos. Consumimos los cuerpos de criaturas que sienten iguales apetitos,
iguales pasiones y poseen los mismos órganos que nosotros; comemos bebés que,
sencillamente, no son los nuestros, y el matadero se llena cada día de gritos
de sufrimiento y terror. Hacemos distingos, es cierto, pero la repugnancia que
muchos pueblos experimentan cuando se trata de comer carne de perro, el animal
con que mantenemos una relación más estrecha, demuestra sobre qué bases tan
precarias descansa nuestro distingo. El cerdo es el elemento principal de la
alimentación animal en las islas, y muchas veces, con la mente estimulada por
el ambiente caníbal, he observado su carácter y el modo en que muere. Muchos
isleños viven con sus puercos como nosotros con nuestros perros; unos y otros
se acercan al hogar con la misma libertad; el cerdo de las islas es un ser
activo, emprendedor y lleno de buen sentido. Él mismo quita la cáscara a los cocos
y, según me han contado, los lanza a rodar bajo el sol para que se abran; es el
terror de los pastores. La señora Stevenson atisbó cómo uno se escondía en el
bosque con un cordero entre los dientes; yo vi a otro que, al creer
erróneamente que nuestra goleta se hundía, atravesó un charco a nado tras
dirigirse a la barandilla y escapar. Nos habían enseñado de niños que los
cerdos no sabían nadar; vi a uno saltar por la borda, nadar quinientos metros
hasta alcanzar la orilla y volver a la casa de su antiguo dueño. Una vez en
Tautira, fui propietario de una piara. Al principio, en la porqueriza reinaba
una paz completa; una cerdita que padecía de cólico había venido a nosotros en
busca de socorro, lanzando lamentos infantiles; también teníamos un hermoso
jabalí negro, al que bautizamos con el nombre de Catholicus, por ser un regalo
especial que nos hicieron los católicos del pueblo, y que pronto dio pruebas de
valor y afabilidad; no toleraba que ninguna otra bestia, perro o cerdo, se
acercase a él a la hora de comer, pero demostraba hacia los hombres una gran
parte de aquella ternura servil tan común en los animales inferiores, y que
quizá le hacía acreedor al nombre que le habíamos dado. Un día, al visitar la
pocilga, quedé estupefacto cuando Catholicus retrocedió con gritos de terror al
ver que yo me aproximaba, y si mucho me sorprendió el cambio, no me sorprendió
menos la causa, cuando de ella me enteré. Por la mañana habían matado a un
gorrino; Catholicus había presenciado el sacrificio; había comprendido que
vivía en un matadero, y a partir de aquel momento su confianza y su alegría de
vivir desaparecieron para siempre. Lo conservamos mucho tiempo, pero ya no
soportaba la presencia de ninguna criatura de dos piernas, y nosotros mismo, en
tales circunstancias, ya no podíamos sostener su mirada sin sentirnos
perplejos. Más tarde asistí, por lo menos con el oído, a ese acto de matanza;
creo que, en realidad, hubiera logrado aguantar los gritos de sufrimiento de la
victima, pero la ejecución se realizó mal, y su expresión de terror era
contagiosa; aquel humilde corazón latía al mismo ritmo que el nuestro. Sobre
estos “lamentables cimientos” descansa la vida de los europeos, y, sin embargo,
la raza europea es una de las menos crueles. Lo que rodea a esta clase de
crímenes, la brutalidades preparatorias de su ejecución permanecen disimuladas;
una extrema sensibilidad reina en la superficie, y las damas se sentirían
indispuestas si oyesen los chillidos de la décima parte de cuanto exigen diariamente
de su carnicero. Sin duda, algunas me maldecirán por la falta de cortesía de
este párrafo. Lo mismo ocurre con los caníbales de las islas. No son crueles;
excepto por esta costumbre, constituyen una raza de una dulzura extrema;
resulta menos cruel cortar la carne de un hombre después de muerto que
oprimirle mientras vive; además, trataban a las futuras víctimas de su apetito
con bondad y las ejecutaban rápidamente y sin inflingirles sufrimientos. En los
medios refinados de las islas, sin duda se consideraba de mal gusto hablar de
lo que era feo en la práctica.”
Robert L.
Stevenson. En los mares del sur.
Ediciones B.
jueves, 3 de noviembre de 2011
miércoles, 2 de noviembre de 2011
OBITER DICTUM
“Entre las numerosas
manifestaciones que he recibido, figura una carta entusiasta hacia España
emanada de todas las grandes concentraciones de fuerzas vivas de Shanghai. Esto
ha hecho madurar en mí un proyecto ya muy antiguo, muy anterior al conflicto
sino-japonés e independiente de las circunstancias hoy tan favorables para su
desarrollo, y es el de mandar a China una Misión de gente bien documentada y
conocedora de aquel terreno para crear una corriente comercial, tomando como
base, en mi opinión indispensable, el establecimiento de un Banco hispanochino,
que bien pudiera ser una hijuela del de Comercio Exterior. Si conseguimos crear
esta corriente comercial, ello nos permitiría apoyar sobre ella una línea de
vapores que reanudase nuestras relaciones con las Filipinas de tan alto interés
moral. Ya ve Vd. cómo en estos asuntos siempre va entrelazada la razón moral
con la material.”
Salvador de Madariaga.
martes, 1 de noviembre de 2011
lunes, 31 de octubre de 2011
viernes, 28 de octubre de 2011
OBITER DICTUM
“Camaradas, no se ha visto
jamás en la historia que una clase dominante, en su conjunto, tenga condiciones
de existencia inferiores a las de ciertos elementos y estratos de la clase
dominada y supeditada. La historia ha reservado esta inaudita contradicción al
proletariado; en esta contradicción residen los mayores peligros para la
dictadura del proletariado, particularmente en los países donde el capitalismo
no ha alcanzado un gran desarrollo y no ha logrado unificar las fuerzas
productivas. Y es de esta contradicción, que por otra parte aparece también
bajo ciertos aspectos en algunos países capitalistas en los que el proletariado
ha alcanzado objetivamente una elevada función social, de donde nacen el
reformismo y el sindicalismo, el espíritu corporativo y las estratificaciones
de la aristocracia obrera. Y sin embargo, el proletariado no puede convertirse
en clase dominante si no supera con el sacrificio de los intereses corporativos
esta contradicción, no puede mantener su hegemonía y su dictadura si, pese a
haberse transformado en clase dominante, no sacrifica sus intereses inmediatos
a los intereses generales y permanentes de la clase.”
Antonio
Gramsci
miércoles, 26 de octubre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
ANTIGUO AMOR
Hoy en la calle sola,
cayendo a plomo el sol en las veletas,
comprendí que la vida
a veces abre heridas que no cierra.
cayendo a plomo el sol en las veletas,
comprendí que la vida
a veces abre heridas que no cierra.
Venía de lo suyo.
Yo iba a lo mío por la misma acera.
Pero hacía tantos años,
tantos recuerdos que dejé de verla,
que fue verla y sentirme
como alfileres dentro de las venas,
como una mano que oprimiera el cuello
y me pusiera la saliva seca.
Yo iba a lo mío por la misma acera.
Pero hacía tantos años,
tantos recuerdos que dejé de verla,
que fue verla y sentirme
como alfileres dentro de las venas,
como una mano que oprimiera el cuello
y me pusiera la saliva seca.
Fue subirme a la boca
una palabra tonta, una cualquiera,
fue hacer un gesto absurdo con la mano
mientras pasaba, amor antiguo, ella.
una palabra tonta, una cualquiera,
fue hacer un gesto absurdo con la mano
mientras pasaba, amor antiguo, ella.
No fue buscarla. No.
No fue decirla, ni quererla.
Venía de lo suyo
y cruzó por lo mío, viva, muerta.
No fue decirla, ni quererla.
Venía de lo suyo
y cruzó por lo mío, viva, muerta.
Antonio Murciano.
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