sábado, 6 de abril de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE









MEYERHOLD Y EL PARTIDO


«Pese a haber sido acortada en una hora después de su estreno, El revisor duró desde las ocho menos cuarto hasta las doce. La obra tenía tres partes, con un total de, si no me equivoco, dieciséis cuadros. Pese a haber ido preparado por los numerosos comentarios de Reich acerca de los efectos visuales de la obra, me conmovió su extravagancia. De hecho, lo más destacable de semejante producción no fue lo suntuoso de su vestuario sino su impactante escenografía . Salvo unas pocas excepciones, las escenas se desarrollaban sobre el espacio diminuto de un plano inclinado que, en cada cambio de acto, modificaba sus decorados y mobiliarios de estilo Imperio. El resultado de ello era un gran número de encantadores cuadros de género acordes con la orientación fundamental de la obra, que no era dramática, sino de análisis sociológico. Aquí se le ha dado gran importancia a esta versión por ser adaptación de una obra clásica del teatro revolucionario, pero se considera que los resultados son fallidos. El Partido se manifestó en contra de la producción, y hasta una opinión moderada del crítico teatral del Pravda fue rechazada por sus editores. Los aplausos que se escucharon en el teatro fueron escasos, pero es muy posible que esto tuviera más que ver con la consigna oficial que con la verdadera impresión causada en el público. La representación en sí fue un deleite para los ojos. Pero este fenómeno se halla relacionado, sin ninguna duda, con la cautela general aquí reinante a la hora de manifestar la opinión en público.»

Walter Benjamin.
Diario de Moscú.

Ediciones Godot.




viernes, 5 de abril de 2019

OBITER DICTUM





El anciano expremier es un tremendo apasionado de la cultura nacional galesa, a cuya revivificación ha contribuido tanto como el que más. Su casa campestre en el condado de Surrey resulta un verdadero relicario de la vieja civilización galesa. Habla siempre en galés con su familia y en galés ha hecho versos que le han valido el título de bardo. Sus versos están con frecuencia imbuidos por un espíritu cívico tan vivo y beligerante que en cualquier otro país se hubieran interpretado como rabiosamente nacionalistas, si no separatistas.


Augusto Assía

lunes, 1 de abril de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





    HORAS


El villorio
Un tren detenido sobre el llano

En cada charco
duermen estrellas sordas
Y el agua tiembla.
Cortinaje al viento

La noche cuelga en la arboleda

En el campanario florecido
Una gotera viva
Desangra las estrellas

De cuando en cuando
Las horas maduras
Caen sobre la vida.


                 Vicente Huidobro

sábado, 30 de marzo de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS



TRAS LA DERROTA


«Aquella noche de la victoria sobrevino tan grande helada, que muchos de los heridos murieron de frio; porque a solo Gómez de Tordoya, que no era muerto, y a Pedro Anzures, que estaba herido, se les pudieron dar tiendas porque aún no era llegado el carruaje. Otro día de mañana Vaca de Castro mando curar más de cuatrocientos heridos que había, e hizo enterrar los muertos y llevar los cuerpos de Pedro Álvarez y Gómez de Tordoya a sepultar a la villa de Guamanga, suntuosamente; y aquel mismo día hizo degollar algunos de los presos que habían sido en la muerte del Marqués; y cuando otro día fue a Guamanga, el capitán Diego de Rojas había degollado a Juan Tello y a otros capitanes. Y Vaca de Castro cometió la ejecución de la justicia de los demás al licenciado de la Gama, el cual ahorco y degolló cuarenta personas de los más culpados, y a otros desterró; y a todos los demás perdonó; por manera que serían justiciados hasta sesenta personas. Diose licencia a todos los vecinos que se fuesen a sus casas, y Vaca de Castro se fue al Cuzco, donde hizo nuevo proceso contra don Diego, y dende algunos días le degolló; y diego Méndez se soltó de la cárcel con otros dos de los presos, y se fueron con el Inca a aquellas montañas que llaman los Andes, que por la aspereza de la entrada son inexpugnables. El Inca los rescibio alegremente, mostrando mucho sentimiento de la muerte de don Diego, porque le era muy aficionado, y como tal le envió al camino, cuando supo que pasaba, muchas cotas de malla y coseletes y coracinas. Y otras armas de las que había tomado a la gente que venció y mato de los cristianos cuando iban en socorro de Gonzalo Pizarro y Juan Pizarro al Cuzco, enviados por el Marqués (como arriba hemos dicho); y siempre trajo indios disfrazados en el campo, que le avisasen del suceso de la batalla.


Agustín de Zárate. 
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

jueves, 28 de marzo de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





        EL LENGUAJE DEL CIELO



El cielo habla un lenguaje gris,
y callan la grave voz del vino,
la leve voz del té.
Los espejos se fatigan
de repetir el nombre de las cosas.
No dicen nada. No dicen: “un visitante”,
“las moscas”, “el libro sobre la mesa”.
No dicen nada los espejos.

Canción cantada para que nadie la oiga
es la esperanza de que esto cambie.
Niños que se acercan al ataúd del amigo muerto,
paso de ratas frente a la estufa en silencio,
el halo de humo pobre que hace rey al tejado,
o todo lo que desaparece de pronto
como el plateado salto del salmón sobre el río.

Una ráfaga apaga los ciruelos,
dispersa las cenizas de sus follajes,
arruga la vacía faz de las glicinas.
Todo lo que está aquí
parece estar verdaderamente en otro lugar.
Los jóvenes no pueden volver a casa
porque ningún padre los espera
y el amor no tiene lecho donde yacer.
El reloj murmura que es preciso dormir,
olvidar la luz de este día
que no era sino la noche sonámbula,
las manos de los pobres
a quienes no dimos nada.
“Hay que dormir”, murmura el reloj.
Y el sueño es la paletada de tierra que lo acalla.

Jorge Teillier.

miércoles, 27 de marzo de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






TRADUCCIÓN O MANDATO


Hermes era el enviado divino que llevaba los mensajes de los dioses a los hombres; en los pasajes homéricos suele ejecutar verbalmente el mensaje que se la ha confiado. Pero es frecuente, sobre todo en el uso profano, que el cometido del hermeneus consista en traducir lo manifestado de modo extraño o ininteligible al lenguaje inteligible por todos. Por eso la tarea de la traducción goza siempre de una cierta «libertad». Presupone la plena compresión de la lengua extranjera, pero aún más la comprensión del sentido auténtico de lo manifestado. El que quiera hacerse entender como intérprete debe traducir el sentido expresado. La labor de la «hermenéutica» es siempre esa transferencia desde un mundo a otro, desde el mundo de los dioses al de los humanos, desde el mundo de una lengua extraña al mundo de la lengua propia (los traductores humanos sólo pueden traducir a su propia lengua). Pero dado que la tarea del traductor consiste en «cumplir» algo, el sentido del hermeneuein oscila entre la traducción y el mandato…

Hans George Gardamer. 
Verdad y método II. 
Ediciones Sígueme

sábado, 23 de marzo de 2019

OBITER DICTUM




      La vida en la capital del Austria tiene algo de la vida de una provincia: diríase que todo está allí reglamentado y que a hora fija y de antemano marcada todas las distracciones deben terminar. Los espectáculos comienzan muy pronto; a las diez de la noche todos los teatros y cafés están cerrados, y cada ciudadano se retira a su casa, lo mismo, exactamente lo mismo que en una ciudad de provincia, lo cual no es ciertamente muy agradable.

Gorgonio Petano 

martes, 19 de marzo de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





               AIRONE


Nella palude calda confitto al limo,
caro agli insetti, in me dolora
un airone morto.

Io mi divoro in luce e suono;
battuto in echi squallidi
da tempo a tempo geme un soffio
dimenticato.

Pietá, ch’io non sia
senza voci e figure
nella memoria un giorno.  


Salvarote Quasimodo

lunes, 18 de marzo de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







CRUMPCRUMP-CRUMP


«Una bomba pesada estalló en los arrozales, entre mi sección y la línea arbolada. Detrás de nosotros, un grupo de marines corría en la posición agachada que adoptan los hombres cuando se encuentran bajo el fuego. Varios llevaban radios y las elevadas antenas ondulantes eran un blanco evidente. Con toda la fuerza de mis pulmones, les grité que se separaran. Siguieron avanzando en grupo apretado y uno de mis marines dijo:
      --Son los del batallón del cuartel. Los mequetrefes ni siquiera saben resguardarse de la lluvia.
Volví a vociferar en su dirección pero no me oyeron o no quisieron oírme, sencillamente. Estaba a punto de gritarles por tercera vez cuando fueron tragados por nubes y humo de tierra pulverizada; las bombas producían su crumpcrump-crump y los cuerpos caían o salían volando en medio de la de humo. Debilitado por la distancia, el grito de “¡Sanitario! “¡Sanitario!” surcó el arrozal. Era el grupo del batallón del cuartel general y prácticamente había sido borrado del mapa. El jefe de operaciones, un sargento mayor con tres guerras a sus espaldas, estaba tendido en el barro con una de las piernas arrancadas. El oficial de artillería estaba malherido en la cara y en la cabeza. En conjunto, el cuartel general perdió ocho oficiales y buen número de soldados. Sólo el coronel Hatch escapó sin heridas graves.»

Philip Caputo.
Un rumor de guerra.
Inédita Editores.

viernes, 15 de marzo de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


EL PENULTIMO VIAJE DE LOS HERMANOS JEE


“El terraplén se había hundido hacia la izquierda; la locomotora volcó por allí, encorvando el raíl sobre que gravitaba; pero, como marchaba al mismo tiempo que caía, se encontró con el raíl siguiente, que atravesó la caldera de parte a parte. Unido esto a que el Ingeniero inglés Alfredo Jee, que hacía de maquinista, tuvo tiempo antes de morir de quitar alguna fuerza a la máquina, dio por resultado que la locomotora encalló en las rocas que hay al pie del terraplén, por su parte menos elevada, y se paró, no sin haber dado dos vueltas enteras en el aire y el ténder una. Nuestro vagón se balanceaba sobre el abismo... ¡Un paso más, y cae también! El siguiente estaba descarrilado; el otro sobre los raíles, y el coche de primera tan perfectamente colocado sobre la vía, que las autoridades y personas de edad que lo ocupaban, no se enteraron desde luego de nuestro peligro, sino que creyeron que nos habíamos parado. Los que iban en la máquina y en el ténder rodaron por la pendiente movediza del terraplén. ¡Ni ellos mismos saben cómo! Los más afortunados quedaron en pie, y huyeron de la mole que se les venía encima. Los hermanos Jee, que iban delante de todos, cayeron mal, o no tuvieron tiempo de huir, y quedaron debajo de la locomotora, el uno, Alfredo, muerto en el acto, abrasado por toda la lumbre y por el agua hirviente de la máquina, y cogido por una rueda en medio del pecho; y el otro, Morlando, preso entre las piernas de su hermano y una peña, tendido boca abajo, con la cabeza y el pecho fuera de la máquina, pero recibiendo desde la cintura hasta los pies, y especialmente en la pierna derecha, el agua hirviendo de la caldera y el calor del hierro y de los carbones hechos ascuas. Contusos, ligeramente heridos o quemados, estaban otros muchos; pero ninguno de gravedad. Nuestro dolor al ver muerto al eminente ingeniero Alfredo Jee, y en tan grave situación a su hermano; nuestro asombro al encontrarnos vivos; nuestro reconocimiento a Dios que nos había librado; el terror del pueblo que nos cercaba; los penosos cinco cuartos de hora que se tardó en sacar a Morlando Jee de debajo de la máquina, son cosas que no acertaría a describir…”


Pedro Antonio de Alarcón. 
Viajes por España.