miércoles, 17 de agosto de 2016

OBITER DICTUM




Preséntase, por lo tanto, mi metafísica como la única que tiene punto de contacto con las ciencias físicas, punto a que concurren éstas con sus propios medios, de tal manera, que en realidad la incluyen, concordando con ella. No es que las ciencias empíricas se violenten y tuerzan según la metafísica, ni que se deduzca ésta por abstracción, presuponiendo a aquéllas a la manera que Schelling lo hace, descubriendo a priori lo que a posteriori ha aprendido; no es eso, sino que por sí mismas, sin previo acuerdo, coinciden en un punto. Y de aquí resulta que no se queda mi sistema, como todos los precedentes, flotando en el aire, por encima de toda realidad y de toda experiencia, sino que se asienta en el firme suelo de la efectividad, que es el de las ciencias físicas.”


Arthur Schopenhauer.

viernes, 12 de agosto de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





LA ULTIMA MORDIDA



Empezamos a rodar el material preparatorio en Tampico. Eran planos con el doble de Bogie y varias vistas de Tampico para fondos. Llevábamos una semana rodando en Tampico cuando, al bajar las escaleras del hotel donde se alojaba el equipo, me los encontré a todos sentados. Habían llegado órdenes de las autoridades de la Ciudad de México de interrumpir el rodaje inmediatamente. Al parecer el periódico de Tampico había publicado un artículo afirmando que habíamos tomado fotos que constituían un descrédito para México. Continuaba diciendo que la población mexicana había reaccionado con justa indignación y nos había amenazado, llegando a arrojar piedras contra el equipo. No había una palabra de verdad en nada de esto. Por el contrario, la gente de Tampico había sido sumamente amable, y del alcalde para abajo todos nos habían prestado su colaboración. Todo había sido tan armonioso que, ingenuos de nosotros, no podíamos entender qué ocurría. Pronto descubrimos que cuando se deseaba hacer algo en Tampico, el procedimiento habitual era visitar al director del periódico y pagarle una mordida . Nosotros no lo habíamos hecho. Puede que se nos hubiera hecho alguna insinuación, pero a nuestros relaciones públicas se les habían pasado por alto o no las habían tenido en cuenta. Ya habíamos hecho una gran inversión en la película. Puesto que pensábamos rodarla entera en México, la Warner Brothers hizo gestiones inmediatas a través del Departamento de Estado. Mientras tanto recibí una llamada de un viejo amigo, Miguel Covarrubias, preguntándome qué pasaba. Le dije que no había un ápice de verdad en las afirmaciones del periódico.
—Estaba seguro de eso —dijo él—, pero quería que me lo confirmaras. Diego y yo iremos a ver al Presidente.
Así que él y Diego Rivera —que también era un viejo amigo mío— fueron a ver al presidente de México, quien envió a un representante. Éste llevó a cabo una investigación y luego nos dio permiso para reanudar el rodaje. Este fue el comienzo de algo que se convirtió en un procedimiento habitual por parte del Gobierno mexicano. Que haya un representante del Gobierno cuando un equipo cinematográfico extranjero rueda exteriores es ahora una práctica común en todo el mundo. El director del periódico que escribió aquellas historias falsas sobre nosotros fue asesinado dos o tres semanas más tarde. No por lo que nos había hecho a nosotros, sin embargo. Un marido celoso le encontró en una cama que no era la suya.

John Huston.
A libro abierto.
Espasa-Calpe.

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




         QUIERO MIRAR ESTATUAS


Iremos por las calles que ya nos vieron antes;
el aire distraído para que nadie sepa
que la historia prosigue con capítulos nuevos.

Quiero mirar estatuas, balcones encendidos,
volver a la baranda del beso y de la noche.
Quiero decir tu nombre en calles solitarias
sintiendo la cintura frágil bajo el abrazo.

Otra vez como ayer con tu verso en el vino,
otra vez a tus ojos en igual frente a frente,
otra vez, otra y otra. Para siempre otra vez.


Concha Lagos.

miércoles, 10 de agosto de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EN EL SMOLNY


            “Avanzada la tarde del jueves, 29 (16) de noviembre, se abrió una reunión extraordinaria del Congreso. El ambiente era de fiesta, la sonrisa estaba en todas las caras… Las últimas cuestiones prácticas que quedaban pendientes en el Congreso fueron resueltas rápidamente y entonces tomó la palabra Natansón, de barba canosa, venerable líder los socialista-revolucionarios de izquierda. Con voz trémula y lágrimas en los ojos dio lectura de la información sobre la “alianza matrimonial” de los Soviets Campesinos con los Soviets de Obreros y Soldados. Cada vez que pronunciaba la palabra “alianza”, la sala estallaba en atronadores aplausos… Cuando Natansón concluyó, Ustínov anunció la llegada de una delegación del Smolny, acompañada de representantes de la Guardia Roja. Los recibieron con una grandiosa ovación. Por la tribuna desfilaron un obrero, un soldado y un marino, que saludaron al Congreso.
Luego habló Borís Reinstein, delegado del Partido Obrero Socialista Norteamericano. “El día del acuerdo entre el Congreso de los Soviets de Diputados Campesino y los Soviets de Diputados Obreros y Soldados es uno de los días más importantes de la revolución. Este día despertará un profundo eco en todo el mundo: en París, en Londres, al otro lado del Océano, en Nueva York. Esta alianza llenará de dicha el corazón de todos los trabajadores.
         La gran idea ha triunfado. El Oeste y América esperaban hace tiempo de Rusia, del proletariado ruso, algo extraordinario e impresionante… El proletariado mundial esperaba hace tiempo la revolución rusa, esperaba hace tiempo las grandes cosas que ha realizado…”
         Sverdlov, presidente del CEC, dirigió un saludo. Después los campesinos salieron a la calle con gritos de “¡Se acabó la guerra civil! ¡Viva la democracia unida!”
         Era ya de noche y en la nieve helada se reflejaban los pálidos destellos de la luna y las estrellas. A lo largo del canal habían formado en correcto orden de marcha los soldados del Regimiento de Pávlovsk. Su banda de música tocaba La Marsellesa. En medio de los estentóreos gritos de saludo de los soldados, los campesinos formaron en columna y desplegaron la enorme bandera roja del Comité Ejecutivo de los Soviets de Diputados Campesinos de toda Rusia que llevaba bordada en oro esta nueva inscripción:”¡Viva la unión de las masas trabajadoras revolucionarias! Detrás seguían otras banderas, las de los Soviets de distrito. En la de la fábrica Putílov estaba escrito: “¡Nos inclinamos ante esta bandera para crear la fraternidad de todos los pueblos!”
         No se sabe de dónde aparecieron antorchas, que alumbraron la noche con luz cárdena. Reflejándose mil veces en las facetas del hielo se alzaban sobre el gentío que avanzaba cantado por el malecón de Fontanka ante las miradas del numeroso público en atónito silencio.
         “¡Viva el Ejército revolucionario! ¡Viva la Guardia Roja! ¡Vivan los campesinos!”
         Esta inmensa procesión desfiló por toda la ciudad. Se le unían continuamente y desplegaban sobre ella nuevas banderas rojas bordadas en oro. Dos viejos campesinos, encorvados por el trabajo, iban del brazo con las caras resplandecientes de alegría.
         “Bueno –dijo uno--, ¡veremos quién nos quita ahora la tierra!...”
         Cerca del Smolny la Guardia Roja había formado a ambos lados de la calle, delirante de júbilo.
         “No me he cansado ni una pizca –dijo a su compañero el otro viejo campesino--. ¡He venido volando como si tuviera alas!...”
         En los peldaños del Smolny se agolpaban unos cien diputados obreros y campesinos con banderas; éstas negreaban sobre el fondo de la viva luz que salía de la casa. Como ola en tempestad bajaron corriendo la escalera, abrazando y besando a los campesinos. Y la procesión se encaminó a la puerta y, con gran bullicio, empezó a subir la escalera…
         En la inmensa sala blanca de sesiones la esperaba el CEC en pleno, todo el Soviet de Petrogrado y miles de espectadores. El ambiente era solemne: todos se percataban de la grandeza del histórico momento.
         Zinóviev dio lectura al acuerdo con el Congreso Campesino. Fue recibido con estruendoso júbilo, que se convirtió en verdadera tempestad cuando sonó la música en el pasillo y entraron en la sala las primeras filas de la manifestación. La presidencia se puso en pie, dio sitio a la presidencia campesina y la recibió con abrazos. Sobre el tablado, en la blanca pared encima del marco vacío del que habían cortado el retrato del zar, había dos banderas…
         Y se inauguró la solemne sesión. Después de unas palabras de saludo, pronunciadas por Sverdlov, subió a la tribuna María Spiridónova, delgada y pálida, con espejuelos, el cabello peinado hacia atrás, parecida a una maestra de Nueva Inglaterra, la mujer más popular e influyente en Rusia.
         “…Ante los obreros de Rusia se abren nuevos horizontes sin precedente en la historia… Hasta ahora todos los movimientos obreros terminaban siempre derrotados. Pero el actual movimiento es internacional y por eso es invencible. ¡No hay fuerza en el mundo capaz de apagar el fuego de la revolución! El mundo viejo sucumbe. Nace un mundo nuevo…”
         Luego habló Trostski, lleno de ardor:”¡Bienvenidos, camaradas campesinos! ¡No venís aquí como huéspedes, sino como dueños de esta casa en la que late el corazón de la revolución rusa! En esta sala está concentrada hoy la voluntad de millones de obreros… De hoy en adelante la tierra rusa no conoce más que un dueño: la unión de obreros, soldados y campesinos…”
         Habló con mordaz sarcasmo de los diplomáticos de los países aliados (Entente), que todavía menospreciaban la propuesta de Rusia de concluir el armisticio, aceptada ya por las potencias centrales.
         “Una nueva humanidad nace de esta guerra… Aquí en esta sala, juramos ante los trabajadores de todos los países permanecer en nuestro puesto revolucionario. Si somos derrotados, moriremos defendiendo nuestra bandera…”

John Reed. Diez días que estremecieron el mundo. Akal Editor.

domingo, 7 de agosto de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





UNO VUELVE A SUBIR LAS ESCALERAS...

Uno vuelve a subir las escaleras
de su casa perdida (ya no llevan
a ningún sitio), alguien nos llama
con una voz querida, familiar.
Pero ya no hace falta contestarle.
La voz sola nos llama, suficiente,
cual si nada pudiera hacerle daño,
en el pasillo inmenso. Una lluvia
que no puede mojarnos, no se cansa
de rodear un día preferido.
Uno toca la puerta de la casa
que le fue deparada a nuestras manos
mortales, como un tímido consuelo.


                      Fina García Marruz

viernes, 5 de agosto de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL OTRO VIAJE


“Pero, no es ya sólo el poeta el que se conmueve a la consideración de estos suplicios: son los pueblos civilizados: el Parlamento alemán va a discutir en breve un proyecto del Siglo monis, órgano de  las sociedades del monomonismo alemán.
Este proyecto es como sigue, a grandes líneas:
1. Toda persona atacada de enfermedad incurable, tiene derecho a la euthanasia (o sea la muerte bella, la muerte agradable, sin el menor dolor, la muerte que se parece a un manso dormirse después de la labor cumplida...).
2. El tribunal correspondiente recibirá la solicitud del enfermo y dará el derecho de morir.
3. Una comisión médica, a instancias del tribunal, examinará al enfermo. Si éste lo deseare, otros médicos podrán asistir a la consulta.
4. El acta del examen dirá si, según la convicción de los médicos expertos, la muerte es más probable que la curación, o, cuando menos, que un estado de alivio que permita la aptitud para el trabajo.
5. Si el examen establece la gran probabilidad de un desenlace mortal, el tribunal concederá al enfermo el derecho a la euthanasia; en caso contrario, no se admite la solicitud.
6. Cuando se mate a un enfermo sin dolor, a petición formal suya, categóricamente expresada, el autor de la muerte no podrá ser perseguido (siempre que el enfermo  haya obtenido el derecho a la euthanasia, y supuesto que la autopsia establezca que su enfermedad era incurable).
7. El que mate a un enfermo sin su voluntad formal y expresa, será castigado con reclusión.
8. Los párrafos uno y siete, pueden, llegado el caso, aplicarse a los valetudinarios y lisiados.
Comentando lo anterior, un escritor francés dice: «Nada es más fácil, al parecer, que dar el derecho de matarse a los incurables que a gritos piden la muerte. Es esto permitir una obra de misericordia, una obra pía. La idea parece, en efecto, simple y generosa. Su aplicación encuentra, sin embargo, numerosas y serias dificultades. El año pasado, el Congreso  de Washington tuvo que ocuparse de un proyecto análogo, y no lo votó. Su discusión provocó en la Prensa y en la opinión apasionadas controversias. La intervención de los médicos y de los jueces no facilita la fatal transición; ésta constituye, por el contrario, una formalidad complicada y peligrosa. La euthanasia exige tales garantías científicas y legales, es un acto de una importancia tan grande, que el aparato judicial no funcionará sino con una circunspección y una lentitud meticulosas. Suponed que se cometiese un error, y ya tenéis a la institución comprometida para siempre. Para ser eficaz, necesitaría ser rápida, y el procedimiento no tendría esta indispensable rapidez...». Es cierto, y lo es también que el hombre no ha llegado aún a un grado de cultura suficiente para resolver tamañas dificultades; pero deseemos, deseemos con toda nuestra alma, que en un día no lejano, los médicos, que tan rara vez curan, cumplan siquiera con el que debía ser su oficio por excelencia: suprimir el dolor, ya que los adelantos científicos les permiten lograr fácilmente esta supresión. Deseemos igualmente que los gobiernos civilizados faciliten tan santa tarea, llenándola, es claro, de las garantías  indispensables.
De esta manera, si la humanidad no llega a realizar la promesa de Metchnikof, de siglo y medio de vida, tras del cual vendría el fin fisiológico, cuando menos lograremos que se supriman la agonía, el horror, el gesto trágico de los últimos momentos, y podremos entrar a lo invisible con la serenidad antigua, con la majestad humana que conviene a los actos solemnes, con la placidez crepuscular de quien se duerme sin dolor en la blanda almohada del misterio, casi con la ufanía, que debe mostrar el que pasa bajo ese negro arco de triunfo de la muerte.”

Amado Nervo. Crónicas. Biblioteca Ayacucho.

lunes, 1 de agosto de 2016

OBITER DICTUM





“Si los lémures no hubieran sobrevivido ni podido alimentarse de bayas en sus agujeros mientras desaparecían los dinosaurios, no estaríamos aquí. No hay una intención oculta en esta historia. Pero el resultado es que aumenta la complejidad. Si existen planetas que se han desarrollado en las mismas condiciones que la Tierra, no es improbable que esos seres existan y que no se diferencien de nosotros más que un avestruz de un cocodrilo: cuatro miembros, dos ojos, un cerebro, sistemas locomotrices. Y hay una fuerte posibilidad de que estén en el mismo punto evolutivo que nosotros… No se puede afirma que exista una ley que impulsa a la complejidad. Pero comprobamos que alguna cosa se organiza y conduce a una inteligencia cada vez mayor y más desmaterializada. Quizás la historia de la evolución es el artefacto de una conciencia que adquiere conciencia de sí misma.”


Joël de Rosnay

viernes, 29 de julio de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS




HATO Y CABAÑA


         “Vivió Cortés en Santiago de Barucoa, que fue la primera población de aquella isla. Crió vacas, ovejas y yeguas; y así, fue el primero que allí tuvo hato y cabaña. Sacó gran cantidad de oro con sus indios, y en breve llegó a ser rico, y puso dos mil castellanos en compañía de Andrés de Duero, que trataba. Tuvo gracia y autoridad con Diego Velázquez para despachar negocios y entender en edificios, como fueron la casa de la fundación y un hospital. Llevó a Cuba Juan Xuárez, natural de Granada, tres o cuatro hermanas suyas y a su madre, que habían ido a Santo Domingo con la virreina doña María de Toledo, el año de IX, con pensamiento de casarse allá con hombres ricos, porque ellas eran pobres; y aun la una de ellas, que había por nombre Catalina, solía decir muy de veras cómo tenía de ser gran señora, o que lo soñase, o que se lo dijese algún astrólogo, aunque diz que su madre sabía muchas cosas. Eran las Xuárez bonicas; por lo cual, y por haber allí pocas españolas, las festejaban muchos, y Cortés a la Catalina, y en fin se casó con ella, aunque primero tuvo sobre ello algunas pendencias y estuvo preso, que no la quería él por mujer y ella le demandaba la palabra. Diego Velázquez favorecíala por amor de otra su hermana, que tenía ruin fama, y aun él era demasiado mujeril. Acusábanle Baltasar Bermúdez, Juan Xuárez, dos Antonios Velázquez y un Villegas para que se casase con ella; y como le querían mal, dijeron muchos males de él a Diego Velázquez acerca de los negocios que le encargaba, y que trataba con algunas personas cosas nuevas en secreto. Lo cual, aunque no era verdad, llevaba color de ello; porque muchos iban a su casa, y se quejaban del Diego Velázquez, porque o no les daba repartimiento de indios, o se lo diera pequeño. Diego Velázquez creyó esto, con el enojo que de él tenía porque no se casaba con la Catalina Xuárez, y le trató mal de palabras en presencia de muchos, y aun lo echó preso. Cortés, que se vio en el cepo, temió algún proceso con testigos falsos, como suele acontecer en aquellas partes. Quebró el pestillo del candado del cepo, tomó la espada y rodela del alcaide, abrió una ventana, descolgose por ella, y fuese a la iglesia.”


Francisco López de Gomara. 
Historia de la conquista de México.

lunes, 25 de julio de 2016

OBITER DICTUM





“Los dos pueblos, a pesar de convivir sin choques clamorosos, se desprecian cordialmente. Los bereberes encuentran a los árabes obtusos, ladrones y traidores, mientras los árabes dicen que los bereberes tienen la «la avaricia de los hebreos, el veneno de la víbora y la honestidad de una prostituta». Probablemente, tanto los unos como los otros tienden a exagerar los defectos de su vecino.”


Alberto Denti de Pirajno.

sábado, 23 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN PAZ DESCANSE


         “A los grandes del momento los fui conociendo en los cafés de Madrid. Antonio Buero Vallejo llegaba todas las tardes a las cuatro en punto a tomar su café y fumar su pipa. El poeta maldito del café le saludaba escondiendo la cabeza: «Aquí llega don Antonio Buero Vallejo que en paz descanse.» Buero era un hombre alto, delgado y triste, con estructura de presidiario, que es lo que había sido, y cara amarilla de condenado a muerte. Yo conversé bastante con él hasta que dejamos de hablarnos porque no le gustaban las críticas teatrales que yo publicaba sobre sus estrenos. Más que un dialogante, Buero era un monologante que se enrollaba interminablemente con los temas de su gusto, generalmente la Guerra Civil, el teatro de Ibsen y cosas así. Durante su estancia en la cárcel su compañero de celda le envidiaba la pipa y el tabaco de pipa, con su olor confortable. Buero le prometió que si le llamaban a él primero le dejaba en herencia la pipa y la bolsita de tabaco. Un día vinieron a llevarse a Buero y el compañero de celda se apropió gozoso de los enseres de fumar. Cuando estaba disfrutando su primera pipa, Buero volvió sonriente:
         —No eran más que unas preguntas de trámite. Lo de la muerte parece que va para largo, de modo que devuélveme el tabaco y la pipa.
        
         Y el otro tuvo que sacrificarse. Esta anécdota pudiera servir como símbolo del destino de Buero Vallejo, que se pasó la vida asustándonos con sus condenas y censuras, pero siempre volvía a reaparecer en el escenario con su nuevo estreno. Era un poco resentido y con razón.”


Francisco Umbral. 
Días felices en Argüelles. 
Editorial Planeta.




miércoles, 20 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





SOBRE EL RIDÍCULO


“Pienso que el ridículo es el elemento dinámico, creador e innovador de toda conciencia que se quiera viva y que experimente lo vivo. No conozco ninguna transfiguración de la humanidad, ningún salto audaz en la comprensión ni ningún descubrimiento pasional fecundo que no haya parecido ridículo a sus contemporáneos. Pero eso no es prueba suficiente, pues todo lo que supera el presente y el límite de la comprensión parece ridículo. Hay otro aspecto del ridículo y ése es el que me interesa: la disponibilidad, la vida eterna, la fecundidad eterna de un acto, de un pensamiento o de una actitud ridícula. El ridículo nos enseña siempre: cada uno lo puede asimilar e interpretar a su manera, se es libre de casar de él lo que se quiera y de hacer co él todo lo que uno desee. No sucede lo mismo con lo que es racional, justificado, verificado, reconocido. Se trata aquí de verdades o actitudes que no conciernen a la vida presta aparecer. Convierten al mundo en una plataforma estable. Nadie las discute, nadie duda de su veracidad. Pero están muertas. Su victoria es su lápida. Son adecuadas para las familias, las instituciones y la pedagogía.
            Uno puede leer un buen libro, uno de esos libros perfectamente escritos, perfectamente construidos, destacados por la crítica, aprobados por el público, coronados de premios. Un buen libro, es decir, un libro muerto. Es tan bueno que en nada conmueve nuestro marasmo ni nuestra mediocridad; por el contrario, se integra perfectamente en nuestros cortos ideales, en nuestros pequeños dramas, en nuestros vicios mezquinos, en nuestras pobres nostalgias. Eso es todo. En diez o en cien años ya nadie lo leerá.
            Todo lo que no es ridículo, es caduco. Si tuviera que definir lo efímero, diría que es todo lo que es perfecto, toda idea bien expresada y bien delimitada, todo que se muestra racional y comprobado. A menudo la mediocridad tiene como atributos «perfecto» y «definitivo».
            Los tomos de filosofía de un profesor francés de provincias están mucho mejor escritos, son muchos más racionales y serios que cualquier panfleto del siglo XIX que fecundó decenas de ideas y fue comentado en decenas de libros. Evitar el ridículo significa rechazar la única posibilidad de inmortalidad. El único contacto directo con la eternidad. Un libro que no sea ridículo, o una idea unánimemente aplaudida de entrada, ha renunciado, por el hecho mismo de su éxito, a toda potencialidad, a toda posibilidad de ser retomado y continuado.




Mircea Eliade. 
El vuelo mágico. 
Ediciones Siruela.