sábado, 16 de abril de 2016
viernes, 15 de abril de 2016
OBITER DICTUM
“Eran, sobre
todo, las noches de los sábados cuando las familias surgían al relajo absoluto,
cuando más feliz me hacía aquella panorámica de playas lejanas sobre las que
inventaba historias mientras el silencio más absoluto recorría los adoquines
adyacentes al gran tinglado del Mercado Central y sólo el chillido de las
ratas, huyendo por las alcantarillas perseguidas por gatos locos, estremecían
el aire quieto de esas noches recién inauguradas.”
José Antonio Labordeta.
miércoles, 13 de abril de 2016
lunes, 11 de abril de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN EL CUMPLEAÑOS DE MAX
“Un día, Max, cuyo único trabajo consistía en llevar con su automóvil
boletines informativos para la Oficina Británica de Prensa, me dijo que era su cumpleaños
y que iba a derrochar una pequeña fortuna invitando a todos sus amigos y conocidos
a comer y beber con él. La fiesta que nos dio tenía algo desesperanzador. A pesar
del champaña que corría a discreción, la abundancia extravagante de los platos,
las mujeres, la música y el baile, la fiesta no fue un éxito. Los ingleses, naturalmente,
se emborracharon en seguida, y con esa especie de subacuático encanto que les caracteriza,
se deslizaron en su coma habitual. La velada me hizo pensar en una noche que pasé
en un salón de baile londinense, en compañía de un hombre de Bagdad. Durante toda
la noche me estuvo hablando de seguros, de trajes de etiqueta, y de la manera de
llevarlos. Max, que no bebió a causa de su quebrantada salud, se dedicó a llenar
los vasos y a brillar en mil facetas y reflejos, como si fuera un salón iluminado
con tintineantes arañas de cristal. Para terminar agradablemente la fiesta, sugirió
ir en automóvil hasta cualquier olvidado lugar y destrozar los coches. Con ocasión
de otra fiesta de este género, había subido con su automóvil los escalones del hotel
«King George», ante el asombro de todos los amigos. Dejé la fiesta a las tres de
la mañana aproximadamente, borracho, pero sin sentirme alegre.”
Henry
Miller. El coloso de Marusi. Editorial Seix Barral.
sábado, 9 de abril de 2016
viernes, 8 de abril de 2016
OBITER DICTUM
«Heráclito tras haber
estudiado tanto la naturaleza de la conversión en ruego del universo murió
lleno de agua por dentro y embadurnado de boñiga. A Demócrito lo mataron los
piojos, otros piojos a Sócrates. ¿Qué quiere decir eso? Te embarcaste,
navegaste, arribaste. Desembarca. Si es a otra vida, nada está vacío de dioses,
tampoco allí. Si es en la insensibilidad, dejarás de soportar sufrimientos y
placeres, dejarás de ser esclavo para un recipiente tan inferior como superior
es la parte que manda comparada con la que sirve, porque mandan la inteligencia
y el espíritu divino mientras que son sirvientes la tierra y los despojos
sanguinolentos.»
Marco
Aurelio.
jueves, 7 de abril de 2016
miércoles, 6 de abril de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL PRÁCTICO
“En la mañana del octavo día vimos, lejos
aún, cinco o seis pequeñas velas al norte y al oeste. Eran los prácticos, en
sus pequeños y veloces yates, con los que se aventuran a veces hasta doscientas
y trescientas millas de Nueva York, corriendo un verdadero steeple-chase en busca de navíos que conducir
al puerto. Hay dos compañías rivales, felizmente, lo que explica esa solicitud.
En realidad, el puerto de Nueva York es tan conocido y está tan bien balizado,
que los capitanes no necesitan del auxilio del piloto para entrar con seguridad.
Pero, como en caso de un contraste, siempre posible, las compañías de seguros
no pagan si no se han tomado todas las precauciones, el personaje se hace indispensable.
Como el viento les era contrario, pasamos un buen rato observando las
habilísimas maniobras, las maravillosas bordadas que hacían para ganar terreno,
aproximándose al vapor. Por fin, uno de los yates, cuando su rival estaba sólo
a veinte brazas, logró tomar una amarra que se le echó por babor; el otro viró
de bordo en el acto, sin hacer la menor observación y puso la proa a un punto
negro que se divisaba en el horizonte, algún buque sin duda, que seguía nuestra
ruta. Un hombre, con toda la barba, pero sin bigote, de levita y sombrero alto,
grave y solemne, apareció en la cubierta del yate, con un diario en la mano. Es
el último número del New York Herald que han tomado antes de partir, para
obsequiar al capitán. El que olvida ese requisito está seguro de ser evitado
por el capitán en el próximo viaje, por medio de una simple maniobra, si el
número de su yate –pintado en la vela – se ve entre los candidatos probables.
La llegada del práctico es siempre un
acontecimiento a bordo; parece tener un aire de ciudad, cierto aspecto a tierra
que alegra el espíritu. Viene de entre los vivos, sabe lo que ha pasado en el
mundo, es la encarnación de esa esperanza de la llegada que en los últimos días
se hace áspera y violenta… Estábamos todos apiñados en la escalera. El práctico
saludó gravemente. ¿Qué hay de nuevo? –preguntó alguno. Garibaldi is dead. Así
tuve la primera noticia de la muerte del héroe de San Antonio. No sé qué me
hizo más impresión, si la noticia en sí misma o la manera como la recibí. En
1870, al subir a bordo el práctico que debía introducirnos en el puerto de
Southampton, nos dijo, al ser interrogado sobre las novedades: “Carlos Dickens
ha muerto”. A mi regreso, en 1871, supe también por un práctico, en un puerto
de tránsito, la muerte de Alejandro Dumas. Esas curiosas coincidencias me
impresionaron de una manera inexplicable, y desde entonces miro a los prácticos
como aves de mal agüero.
Ahora bien, ¿quién obtendría el New York
Herald, después del capitán? Cuestión grave. El lobo se encerró en su cuarto y
creo que, no sólo leyó hasta los avisos el muy miserable, sino que corrigió
hasta las faltas tipográficas. Cuando lo conseguimos, no encontramos nada capaz
de satisfacer nuestra curiosidad. Parece mentira que las cosas humanas marchen
de una manera tan monótona, que haya tan pocos choques de ferrocarriles, dada
la extensión de líneas férreas y tan raros crímenes horribles, dadas las
condiciones de nuestra amable especie.”
Miguel Cané. En viaje. Biblioteca Ayacucho.
lunes, 4 de abril de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
REMONTANDO DÍAS CUMPLIDOS
Bienvenida al fin
la comprensión
del alma
en desarrollo, el
demorado aprendizaje,
los cambios
accidentales,
el retorno
de lo dado y la
manifestación compleja
del poema terso
todavía en la boca
última y hábil
de este dueño
nombrado.
Rodolfo Godino.
domingo, 3 de abril de 2016
sábado, 2 de abril de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
DILIGENCIA DE CARMONA
II
Remolino en el camino,
siete bandoleros bajan,
por los alcores del Viso
con sus hembras a las ancas.
siete bandoleros bajan,
por los alcores del Viso
con sus hembras a las ancas.
Catites, rojos
pañuelos,
patillas de boca de hacha.
Ellas, navaja en la liga;
ellos, la faca en la faja;
ellas, la Arabia en los ojos;
ellos, el alma en la espalda.
patillas de boca de hacha.
Ellas, navaja en la liga;
ellos, la faca en la faja;
ellas, la Arabia en los ojos;
ellos, el alma en la espalda.
Por los alcores del
Viso
siete bandoleros bajan.
siete bandoleros bajan.
Fernando Villalón.
viernes, 1 de abril de 2016
jueves, 31 de marzo de 2016
lunes, 28 de marzo de 2016
domingo, 27 de marzo de 2016
OBITER DICTUM
“El
histérico cautiva ese objeto en una intriga refinada y su ego está en el
tercero por cuyo intermedio el sujeto goza de ese objeto en el cual se encarna
su pregunta. El obsesivo arrastra en la jaula de su narcisismo los objetos en
que su pregunta se repercute en la coartada multiplicada de figuras mortales y,
domesticando su alta voltereta, dirige su homenaje ambiguo hacia el palco donde
tiene él mismo su lugar, el del amo que no puede verse.”
Jacques
Lacan
viernes, 25 de marzo de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
DE LA VICTORIA A LA ESTUPIDEZ
“Las disposiciones económicas del Tratado eran
tan perversas y tan absurdas que
evidentemente resultaron fútiles. Condenaban a Alemania a pagar unas
indemnizaciones fabulosas. Estos dictados eran una manifestación de la ira de
los vencedores, pero también implicaban que sus pueblos no se daban cuenta de
que ninguna nación ni comunidad vencida puede pagar nunca un tributo que
compense los costes de la guerra moderna.
Las multitudes seguían sumidas en la ignorancia de los datos
económicos más elementales, y sus líderes, en su afán por conseguir sus votos,
no se atrevían a decepcionarlas. Los periódicos, como siempre, reflejaban y
destacaban las opiniones dominantes. Pocas voces se alzaron para explicar que
las indemnizaciones sólo se pueden pagar con servicios, o mediante el
transporte físico de mercancías en vagones que atraviesen las fronteras
terrestres, o por barcos que surquen los mares; o que cuando estos productos
lleguen a sus países de destino desplacen a la industria local, salvo en
sociedades muy primitivas o controladas con mucho rigor. En la práctica, como
ya han aprendido hasta los rusos, la única forma de expoliar a una nación
derrotada es llevarse los bienes muebles que interesen y una parte de sus
hombres, como esclavos temporales o permanentes. Pero las ganancias que se
obtienen de este modo no guardan ninguna relación con el coste de la guerra.
Ninguna de las personas que ocupaban altos cargos tuvo el tino, el ascendiente
o la imparcialidad frente a la locura general para explicarle al electorado
estas crudas verdades fundamentales; aunque tampoco nadie les hubiera creído.
Los aliados triunfantes siguieron afirmando que exprimirían a Alemania «como un
limón», lo cual tuvo gran influencia en la prosperidad del mundo y en el
talante de la raza alemana.
Sin embargo, en la práctica, estas disposiciones no se
cumplieron nunca. Al contrario, mientras que las potencias vencedoras se
apropiaron de alrededor de mil millones de libras esterlinas en bienes alemanes,
pocos años después le prestaron más de mil quinientos millones, sobre todo
Estados Unidos y Gran Bretaña, de modo que Alemania pudo reparar rápidamente
las ruinas de la guerra. Como esta aparente magnanimidad iba acompañada además
por el clamor mecánico de las poblaciones infelices y amargadas de los países
vencedores y la garantía de sus estadistas de que harán pagar a Alemania «hasta
el último céntimo», no cabía esperar ni gratitud ni buena voluntad.
La historia calificará todas estas operaciones de
demenciales, ya que contribuyeron a generar tanto la maldición marcial como la
«tormenta económica», de las que hablaremos más adelante. Toda una historia
lamentable de compleja estupidez en cuya confección se malgastaron muchos
esfuerzos y virtudes.”
Winston
S. Churchill. La Segunda Guerra Mundial. La Esfera de los Libros.
miércoles, 23 de marzo de 2016
OBITER DICTUM
“El Sol será mil veces más luminoso que
hoy. Visto desde la Tierra,
ocupará gran parte del cielo. La temperatura de nuestro planeta saltará a
varios miles de grados. Desaparecerá la vida, la Tierra se volatilizará. Eso
ocupará algunos cientos de millones de años. Nuestra estrella va a desintegrar
también a Mercurio, a Venus y quizás a Marte. Los planetas lejanos, como
Saturno y Júpiter, perderán su atmósfera de hidrógeno y helio y sólo
conservarán sus enormes núcleos rocosos, desnudos. Más tarde, el Sol, privado
de su fuente de energía nuclear, adquirirá el aspecto de una enana blanca del
tamaño de la Luna. Se
enfriará lentamente durante varios miles de millones de años y se convertirá en
enana negra, en cadáver estelar sin luz.”
Hubert Reeves.
lunes, 21 de marzo de 2016
domingo, 20 de marzo de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
MI HERMANO PEPE
--Nos
había unido esa fraternidad limpia en que éramos eso que se entera uno que es
de niño «hermanos».
--Es
mi hermano.
--Mi
hermano Pepe.
Pero
lo que más [nos] unió fue nuestra vida de colegiales en el San Isidoro de
Palencia. Allí fuimos tan desgraciados y huérfanos como se es en un colegio
interno. Huérfanos y con padres sanos y jóvenes.
Veía
yo en él que era un niño rubio dorado que quería vivir. Con sus ocho años era
ya un pajarillo que no quería más que pasearse alegremente por la vida,
presumiendo un poco y mirando a las muchachas.
Después
se decidió por la vida de diván, pipa y algo de bebida, y le fueron bien las
cosas.
Entró
en la masonería con un espíritu de guasa, de haber tropezado con una buena
protección, y eso le sirvió en la guerra española, logrando yo salvarlo gracias
a Neruda, que le concedió el camino de Chile.
En
Chile, y gracias a la masonería, entró en un Ministerio y pensaba jubilarse.
Cambió nuestro Dios verdadero, revelado, lógico, por ese Dios civil que ellos
llaman el Gran Arquitecto.
Que
su verdadero Dios le acoja, perdonándole la pobre máscara que se puso por
inocente y simple.
Ramón Gómez de la Serna.
Diario póstumo.
Plaza & Janés.
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