lunes, 26 de octubre de 2015
domingo, 25 de octubre de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
MUCHO TE QUISE Y CON DOLOR TE MIRO...
Mucho te quise y con dolor te miro
cuando aquí pasas con tu sueño a cuestas.
Mas para siempre, desde lejos, hondos
mis ojos te recuerdan.
Aquí en la tarde te contemplo
pasar hostil y sin clemencia.
Vas dura con tu sueño amargo y triste.
Ingrato sueño que el amor te veda.
Carlos Bousoño.
sábado, 24 de octubre de 2015
viernes, 23 de octubre de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
DOS CIUDADES
“Después de la egregia escritora de El
Cisne, de alguno que otro coruñés ilustre y de tal cual coruñesa guapa (que las
hay como soles, mejorando lo presente), lo más notable de La Coruña es la Torre de Hércules, edificada
en la época de los fenicios, un paseo con arboleda y hermosos jardines, y el
aspecto panorámico de la ciudad y sus inmediaciones, vistas desde el centro de
la bahía. La población urbana que tiende a formar como un semicírculo,
siguiendo la configuración de aquella parte de la costa, ofrece un golpe de
vista muy agradable a los viajeros marítimos. Sirve como de fondo a tan hermoso
cuadro una colina llena de huertos, de eras y de pequeños prados que se
hallaban a la sazón en toda la fuerza de su lozanía primaveral. Desde el buque
en donde yo estaba se veían por la tarde algunas familias merendando en aquellas
agrestes cercanías de la ciudad, y en los días de fiesta daban mayor variedad y
animación al paisaje los grandes grupos de aldeanas que pasaban sin cesar, con
sus vistosos y pintorescos trajes y sus canastas de frutas y flores, ya por la
carretera que hay en la falda de la colina, ya en pequeñas embarcaciones que
iban de un lado a otro del puerto, y en las que se amontonaban aquellas de tal
modo –formando una gran piña matizada de rojo, amarillo y verde, --que
semejaban desde lejos la nave y su contenido una enorme fuente de fresas
meciéndose entre las ondas de la bahía.
La
ciudad es agradable, aunque no precisamente bella. Hay cierta irregularidad en
su conjunto, cierta desproporción propia de las poblaciones que por algún
motivo adquieren más desarrollo del previsto en la época de su fundación. Para
satisfacer las crecientes necesidades del comercio, de la industria y del
aumento de población se ha ido formando una nueva ciudad al lado de la ciudad
vieja, que hoy figura como un barrio distinto de los demás, con su aspecto
sombrío, sus calles angostas, su arquitectura sólida y severa, sus escudos
nobiliarios, sus templos, sus oratorios, en fin, todo lo que representa y
constituye la tradición, enfrente de la ciudad moderna en donde alienta,
palpita y se manifiesta de mil diversos modos el espíritu innovador,
especulativo y revolucionario de la época presente.
La
hermosa calle Real, gala y orgullo de los coruñeses, sirve como de arteria para
el tránsito y la comunicación urbana desde La Coruña del pasado a La Coruña del porvenir…
Pero
es inútil que yo continúe describiendo esta ciudad. ¿Han leído ustedes La Tribuna , preciosa novela
naturalista, citada en el capítulo anterior? Pues aquella Marineda tan
admirablemente descrita en varios pasajes de dicha obra, es el fiel trasunto de
La Coruña.
Influido
por esa alucinación que suelen producir en el ánimo las descripciones
artísticas cuando están hechas con exactitud, vigor y riqueza de colorido, más
de una vez creí divisar en aquellos lugares la gallarda figura de Amparo,
protagonista de la citada obra, o alguno de sus personajes más característicos;
de igual modo que al contemplar las torres ennegrecidas y severas de Notre
Dame, de Paris, nos parece aun distinguir a través de sus aberturas la sombra
de la infeliz Esmeralda o la deforme figura de Cuasimodo.
Mis
principales paseos por La
Coruña fueron como un agradable repaso de La Tribuna , un estudio de
comparación entre la pintura y el original.”
Manuel Fernández Juncos.
De Puertorrico a Madrid.
Tipografía de José González.
De Puertorrico a Madrid.
Tipografía de José González.
miércoles, 21 de octubre de 2015
lunes, 19 de octubre de 2015
OBITER DICTUM
“Este
sistema económico puede funcionar con independencia del tipo de régimen
político, ya sea democrático, dictatorial o de otro tipo. El capitalismo puede presentar dos versiones en virtud de una decisión política: la liberal o la
socialista. En el caso del liberalismo, la inversión se realiza en el marco de
la propiedad privada, según la iniciativa de cada empresa individual; en el del
socialismo, la colectividad en su conjunto lleva a cabo las inversiones, según
un plan definido por la voluntad política. Por tanto, el socialismo no
constituye una forma de actividad económica diferente de la capitalista, sino
una versión social de la misma. Esto quiere decir que el fin del capitalismo
significará también el del socialismo, a pesar de la opinión de quienes
pretenden que el socialismo sucederá al capitalismo”.
Julien
Freund
domingo, 18 de octubre de 2015
sábado, 17 de octubre de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
AMOR
CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nada sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco
de Quevedo.
viernes, 16 de octubre de 2015
miércoles, 14 de octubre de 2015
OBITER DICTUM
GROUCHO: ¿Ha llegado el correo esta mañana?
MIS DIMPLE: Sí, hay una carta de la
empresa de máquinas de escribir. Dicen que no ha pagado todavía la máquina de
escribir.
GROUCHO: ¿Y por qué iba yo a pagar la máquina de
escribir? Usted es quien la usa.
MIS DIMPLE: Pero Mr. Flywheel, yo…
GROUCHO: No importa. Mande una carta a esos
miserables oportunistas. Veamos… Caballeros… Yo nunca pedí esa máquina de
escribir. (Pausa.) Si lo hice,
ustedes no la mandaron… Si la mandaron, yo no la recibí… Si la recibí, la pagué…
Y si no le hice, no lo haré. Con mis mejores deseos…
MIS DIMPLE: ¿Algo más, Mr. Flywheel?
GROUCHO: Sí… Amor y besos. Pero no se los
mande. Son para usted… Y, ahora… una carta a la Peerless Building
Supply Company. (Pomposamente.) Caballeros,
no aceptaré ni un centavo menos de cincuenta dólares por la instalación eléctrica
de mi oficina. En caso de no tener noticias suyas, daré por hecho que no desean
pagar más de doce dólares… Por tanto, y a fin de no perder más el tiempo,
aceptaré los doce dólares.
MIS DIMPLE: ¡Pero Mr. Flywheel! ¡No puede puede
usted vender la instalación de eléctrica! ¡Es propiedad del casero!
GROUCHO: Bueno, debería estar contento. Vendo
su instalación eléctrica para poder pagarle su alquiler… Oiga, dígale a Ravelli
que empaquete la araña del techo.
MIS DIMPLE:¿A Mr.
Ravelli? No ha llegado todavía.
GROUCHO: Bueno, pues cuando venga, será mejor
que le diga que se haga otro seguro de incendio. Le voy a bajar los humos
Groucho Marx.
martes, 13 de octubre de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
J'ai eu le
courage de regarder en arrière
Les cadavres de
mes jours
Marquent ma
route et je les pleure
Les uns
pourrissent dans les églises italiennes
Ou bien dans de
petits bois de citronniers
Qui fleurissent
et fructifient
En même temps et
en toute saison
D'autres jours
ont pleuré avant de mourir dans des tavernes
Où d'ardents
bouquets rouaient
Aux yeux d'une
mulâtresse qui inventait la poésie
Et les roses de
l'électricité s'ouvrent encore
Dans le jardin
de ma mémoire
Guillaume
Apollinaire.
lunes, 12 de octubre de 2015
viernes, 9 de octubre de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
SOBRE EVARISTO PEÑALVA
“Ahora no recuerdo cuándo lo conocí, yo no debía de
tener ni seis años, aunque creo que estaba a punto de cumplirlos cuando vi su
casa por primera vez. En el capítulo dedicado a “Algunas aventuras con pájaros”
describí mi primer largo paseo por la llanura, cuando mis hermanos me llevaron
a ver un río que pasaba a cierta distancia de casa y me maravilló la visión de
esa espléndida ave acuática, el flamenco. Cuando estábamos junto al borde de la
corriente, que, debido al desbordamiento del río, debía de tener en aquel punto
una anchura de unos doscientos metros, uno de mis hermanos mayores me señaló
una casa larga y baja, con techumbre de juncos, que estaba en la otra orilla, a
un kilómetro y medio de distancia, y me informó de que se trataba de la
estancia de don Evaristo Peñalva, uno de los principales propietarios de la
zona.
Es una de la imágenes de aquel día preñado de
aventuras que no se ha borrado de mi memoria, la casa de adobe, baja y
alargada, en medio de la llanura vacía y despejada; no muy lejos de ella,
crecían tres acacias viejas y retorcidas que daban la impresión de estar medio
muertas y, más allá, había un coral o terreno vallado para el ganado y pequeño
redil. Era una casa pobre y austera, de aspecto deprimente, sin sombra ni
jardín, y me atrevería a decir que incluso un niño inglés de sólo seis años
como era yo debió de sonreír con incredulidad al escuchar la afirmación de que
era la residencia de uno de los principales terratenientes de la región.
Luego,
como hemos visto, llegué a tener mi propio caballo; gracias a ello me libré del
temor que me inspiraban las vacas malintencionadas de cuernos largos y
puntiagudos, y empecé a pasar mucho tiempo en la llanura. Allí conocí a otros
niños a caballo que me llevaron a sus casas y me presentaron a sus familias. De
ese modo, llegue a visitar a aquella estancia de aspecto solitario, al otro
lado del río y a conocer a las
interesantes personas que la habitaban, incluyendo al propio don Evaristo, su amo
y señor. En aquellas fechas, era un hombre de edad mediana, estatura normal,
muy pálido de piel, pelo largo y negro, barba, nariz recta, frente despejada y
grandes ojos oscuros. Sus movimientos eran lentos y deliberados, llenos de
dignidad y de gravedad, hablaba y se comportaba de modo ceremonioso y, a pesar
de su aire altivo, tenía fama de tener un carácter amable y encantador y de
comportarse de forma amistosa con todo el mundo, incluso con los críos
pequeños, que suelen ser traviesos y un incordio para los mayores. Así, a pesar
de mi timidez y de ser un extraño en su casa, descubrí que no había nada que
temer de don Evaristo.
Espero
que el lector no olvide lo que sabe acerca de la vida doméstica de los
patriarcas de los tiempos antiguos y que no empiece a disgustarle don Evaristo
cuando diga que tenía seis esposas que vivían con él en la misma casa. La
primera mujer, la única con la había podido casarse por la iglesia, era de su
misma edad, tal vez un poco mayor, muy morena, y empezaba a tener algunas arrugas;
era madre de varios hijos ya crecidos y de algunas hijas casadas. Las otras
tenían distintas edades, las dos más jóvenes debían de rondarla treintena, eran
gemelas y ambas se llamaban Ascensión, porque habían nacido el día de la Ascensión. Aquellas
Ascensiones se parecían tanto entre sí que, en cierta ocasión, cuando fui algo
mayor, entré en la casa, me encontré con una de las hermanas y empecé a
contarle alguna cosa pero la llamaron y salió de la habitación. Al cabo de
poco, regresó, o eso creí yo. De modo que seguí contándole mi historia y, hasta
que no vi su aire intrigado y su gesto
de sorpresa, no me di cuenta de que le estaba hablando a la otra hermana.
¿Qué
opinión les merecía a sus vecinos el hombre de las seis esposas. Lo querían y
apreciaban más que a ningún otro de su posición. Cuando a alguien le preocupaba
alguna cosa o tenía problemas, o una herida o enfermedad embarazosa, siempre
acudía en busca del consejo, la ayuda y los remedios de don Evaristo, y si
padecía alguna enfermedad mortal mandaba llamar a don Evaristo para que le
redactara su testamento. Don Evaristo sabía leer y escribir y entre los gauchos
tenía fama de hombre cultivado. Lo apreciaban más que a cualquier médico. Recuerdo
que su cura para el herpes, una peligrosa dolencia frecuente en la región, era
considerada infalible. La enfermedad se manifestaba en forma de una erupción,
similar a la de la erisipela, que aparecía en medio de la espalda y se extendía
por la cintura hasta formar un círculo perfecto. “Si el círculo no se ha
cerrado aún, puedo curar la enfermedad”, decía don Evaristo. Mandaba a alguien
al río a buscar un sapo de buen tamaño, hacía que el paciente se desnudara y
tomaba la pluma y el tintero para escribir con letras mayúsculas sobre la piel
de la zona que quedaba entre los extremos de la región inflamada las palabras:
En el nombre del padre…, etcétera. Después cogía el sapo con la mano y lo frotaba
suavemente sobre la parte afectada; el sapo, irritado al verse tratado de aquel
modo, se hinchaba y exudaba por su verrugosa piel una secreción venenosa de
color lechoso. Eso era todo, ¡pero el enfermo se curaba!”
W.H. Hudson. Allá lejos y tiempo atrás. Acantilado.
miércoles, 7 de octubre de 2015
lunes, 5 de octubre de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
SOBRE
LA REVOLUCIÓN
“De nuevo una
llegada tranquila. No había taxis para llevarnos a la ciudad, pero sí viejos
coches de caballos. Poca gente por el paseo de Colón. Pero luego, al doblar la
esquina de las Ramblas (la arteria principal de Barcelona), nos hemos llevado
una sorpresa tremenda: ante nuestros ojos, la revolución. Era sobrecogedor.
Como si acabáramos de llegar a un continente distinto de todo lo que había
visto hasta ahora.
La primera
impresión: obreros armados con fusiles al hombro pero vestidos de paisano. Quizá
un treinta por ciento de los hombres que había en las Ramblas llevaba fusiles,
aunque no fueran policías ni militares uniformados. Armas, armas y más armas.
Eran, muy pocos los proletarios armados que vestían los nuevos y flamantes
uniformes azul marino de las milicias. Se les veía sentados en los bancos o
bien paseando por las aceras de las Ramblas, con sus fusiles sobre el hombro
derecho y, en muchos casos, con sus novias cogidas del brazo izquierdo. Salían
en grupos para patrullar los barrios periféricos; o estaban plantados como
guardias a la entrada de los hoteles, edificios de la administración y grandes
tiendas; o permanecían agazapados tras las pocas barricadas que quedan en pie,
perfectamente construidas con adoquines y sacos terreros (en su mayor parte ya
las han eliminado, y han reparado rápidamente el pavimento destruido); o
conduciendo a toda velocidad innumerables coches modernos que han expropiado y
pintado con letras blancas de las siglas de sus respectivos partidos: CNT-FAI,
UGT, PSUC, POUM, o con todas esas siglas a la vez, para manifestar su adhesión
al movimiento en general. Algunos de los coches llevaban simplemente las letras
UHP (¡Uníos, hermanos proletarios!), el eslogan que se hizo famoso en la
rebelión de Asturias de 1934. El hecho de que todos esos hombres armados se
pasearan, marcharan o fueran en coche con la ropa de calle hacía aún más
impresionante esta exhibición del poder que tienen los obreros de las fábricas.
Evidentemente, la cantidad de anarquistas, reconocibles por sus insignias rojas
y negras, era abrumadora. ¡Y ni un solo burgués! ¡Ya no había jovencitas bien
vestidas ni señoritos modernos por las Ramblas! Tan sólo obreros y obreras; ¡ni
siquiera se veían sombreros! La
Generalitat ha recomendado por radio a la gente que no los
lleve porque podría parecer «burgués» y causar mala impresión. Las Ramblas no
son menos pintorescas que antes pues están llenas de infinita variedad de
azules, rojos y negros de las insignias de los partidos, las corbatas, los
llamativos uniformes de las milicias. ¡Pero qué contraste con el brillante
colorido de las muchachas catalanas de clase alta de antaño!
La cantidad de
expropiaciones llevadas a cabo en pocos días desde el 19 de julio es casi increíble.
Las organizaciones obreras han requisado, con una o dos excepciones, todos los
grandes hoteles (pero no los han quemado, tal como informaban muchos
periódicos). Lo mismo ha pasado con la mayoría de las tiendas más importantes.
Muchos bancos están cerrados, mientras que otros tienen pintadas que los
proclaman bajo el control de la Generalitat.
Nos han dicho que casi todos los patronos han huido o han
sido asesinados y que los obreros se han hecho cargo de sus fábricas. Por todas
partes hay grandes carteles fijados en las fachadas de los edificios más
admirables que indican que han sido expropiados y explican que, o bien ahora
los gestiona la UGT ,
o bien una organización en concreto se ha apropiado del edificio para sus
tareas organizativas.”
Franz Borkenau.
El reñidero español.
Ediciones Peninsula.
sábado, 3 de octubre de 2015
ALLÁ EN LAS INDIAS
LA CAÍDA DE LOS TEPANECAS
“Oydo esto, Ytzcoatl dixo: "Sea mucho de norabuena.
Mandá a mis hermanos los mexicanos que se adereçen y aperçiban para este
efecto, pues estamos ya en este término que nos emos de bender los unos y los
otros en esta guerra. Hazé llamamiento a todos los prençipales mexicanos".
Aperçibidos a guisa de guerreros, llegan al lugar de la guardia en
Xoconochnopalyacac, y por caudillo dellos al do Tlacaelel, y trando en medio de
los tepanecas, lo más fuerte de ellos, con grande bozería y alboroto, que solos
los prençipales mexicanos y Tlacaelel con ellos, solos traron en campo con los
enemigos tepanecas, que los demás mexicanos no abían trado con ellos, que
estauan mirando lo que paraua. Y biendo que yban de huida a más andar los
tepanecas, llegauan ya haldas de los montes, llegaron los otros mexicanos dando
ánimo a los mayores y prençipales, diziéndoles: "Ea, balerosos mexicanos,
que ya no ay memoria de tepanecas ni serranos, sus aliados, ni ay ya pueblo de
Azcapuçalco, que todo es ya uro. Ya abéis terado buestro alto balor y señorío.
¿Qué podemos agora dezir?" Y así, boluieron a baxar los tepanecas y con
boz humilde y baxa se ofresçieron a la suxeçión y dominio mexicano y ser
basallos y serbilles como a señores, y ellos basallos, y harían todo lo esclauo
le fuese mandado, pues en justa guerra quedaron bençidos y suxetos de ellos.
Hernando Alvarado Tezozómoc.
Crónica Mexicana.
Crónica Mexicana.
viernes, 2 de octubre de 2015
jueves, 1 de octubre de 2015
miércoles, 30 de septiembre de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
ENTRE LIMA Y TEHERÁN
“Hay más profunda diferencia entre la vida social y
los aspectos urbanos de París y Londres, que entre Lima y Teherán. Parece
increíble que baste una hora y media de navegación, el espacio que un hombre
atraviesa a nado, para operar una transformación tan completa. Salir de una
calle de París para entrar diez horas después en una de Londres, observar el
aspecto, la fisonomía moral del Támesis, después de haber pasado un par de
horas estudiando el movimiento del Sena, da la sensación de haberse trasportado
en el hipogrifo de Ariosto a la región de los antípodas.
Nunca me ha fatigado la flânerie en las calles de
Londres; no hay libro más elocuente e instructivo sobre la organización
política y social del pueblo inglés. No intento hacer una descripción de lo que
en ellas he visto, sentido, porque las páginas se suceden a medida que los
recuerdos se agolpan, y tengo ya prisa por dejar la Europa y hundirme en las
regiones lejanas de los trópicos. Pero aún tengo presente aquella rápida
recorrida del British Museum, en que empleamos tres o cuatro horas con Emilio
Mitre, cuya ilustración excepcional e inteligencia elevada, hacen de él un
compañero admirable para excursiones. ¡Qué lucha aquélla, de uno contra otro,
pero casi siempre de ambos contra nosotros mismos! Metidos en Nínive y
Babilonia, el tiempo corría insensible, mientras el Egipto, a dos pasos, nos
miraba gravemente con los grandes ojos de sus esfinges de piedra o no parecía
oír piafar los caballos del Partenón en los mármoles de lord Elguin…”
Miguel Cané. En viaje.
Biblioteca Ayacucho.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
EL OTOÑO SE ACERCA
El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.
Ángel González.
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