miércoles, 23 de septiembre de 2015
lunes, 21 de septiembre de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL ULTIMO VIAJE DE CLEODEMO II
Considera Kratevas la serenidad
inapelable de Cleodemo y deja escrito que aún ocuparon otros dos días afinando
las astucias y el pulso que convenían a la utilización del arco de marfil, y dice
que, con el paso de las horas, eran en cada tiempo más perfectas la quietud y
claridad de las enseñanzas del ateniense.
Pero
Kratevas, desengañado, al separarse del filósofo volvía al sentimiento de
hurtarlo a la crueldad. Sabía que, tras
la hora de la segunda guardia, solía comer Cleodemo una escudilla de legumbre y
sésamo, al que se había aficionado en Asia, y quedarse después dormido, siempre
en el mismo lugar, bajo la rama horizontal de una higuera, hasta que la sombra
de ésta se apartaba de él y el sol le despertaba posándose en su rostro. Y a
esta hora del sexto día volvió, sabiendo que era la última vez a la casa de
Cleodemo. Le acompañaba un servidor que cargaba un cesto de palma tranzada,
cerrado con un disco de arcilla y bridas de cuero. Kratevas dice en su
escritura que se estremeció al pisar en el zaguán sombrío y fresco. Avanzó, sin
dar señal, bajo el sol de los patios interiores y halló abiertas las
habitaciones que había de atravesar para descender al pequeño jardín excavado a
media ladera sobre el mar. Cleodemo dormía bajo la higuera y respiraba
pacífico. Con ademanes en silencio, mandó Kratevas al criado que posara su
carga y le dejase solo con el durmiente. Dice luego, con pocas palabras, que
teniendo Cleodemo suelto el cinturón y descubierta la garganta, puso el cuévano
en su regazo, levantando el disco de arcilla en el mismo momento en que aquél
abría sus ojos. Se irguió el áspid y Kratevas recuerda la mirada roja entre las
escamas amarillas y el asombro azul en la de Cleodemo. Hubo un instante de inmovilidad
y, retirándose un paso, Kratevas excitó a la serpiente por medio de una
varilla, con lo cual salto repentina e hirió entre las venas yugulares,
desapareciendo después bajo las altas yerbas.
El
resto de esta experiencia aparece escrito en el códice de la siguiente manera:
“Supe
que Cleodemo no sufriría ya la tortura por más que no tardaría en llegar a él
la policía de Mitrídates y vi pasar por su rostro la sorpresa y la serenidad.
Había comprendido. Me saludó con las palabras de siempre y, mientras buscaba
acomodo para reposar la cabeza, me hizo ver que aún la luz no estaba inclinada
como convenía a la observación de los grados del desierto. Después me dio las
gracias. Yo me estuve quieto y silencioso; sabía que de la herida de esta serpiente
aún podrían librarle mezclando cuajo y salitre para envolver la garganta y
haciéndole masticar la hiel de una comadreja y la ruda que se hallase en su
estómago, pero ahora mi trabajo era callar.
Una
sola vez, Cleodemo dijo que tenía frío. Cerraba los párpados y la luz que había
dentro de sus ojos parecía distribuirse bajo la entera piel del rostro; pero
hacía por despertarse y, con articulación lenta y aún melodiosa, argumentaba
sobre el beneficio de librarse del fuego y, por haberme atrevido yo, excusar la
cobardía y la vergüenza, despreciar la piedad negra de Mitrídates.
Yo
estaba sentado a sus pies en la yerba y ya el sol se posaba sobre su rostro, lo
cual fue causa de suave ironía sobre que pronto no tendría necesidad de
despertarse. Después reparando en la proximidad de una nube, me advirtió sobre
la conveniencia de elevar dobles los números perfectos en aquellos días en que
no fuera posible la visión clara del desierto, pero rescatando en el arco una
octava hacia mayor o menor grado, según el sentido de los vientos, en cada uno
de los tres días siguientes al de la opacidad. Dicho esto, se quedó en silencio
mirándome solo a través de una delgada línea en la que aún se guardaban humedad
y sombra azul.
Oí un
ruido de vértebras y vi que su cabeza se erizaba antes de caer con seca dureza
sobre el pecho. Quizá la muerte no era todavía perfecta, pero ya se sentían los
pasos de la policía de Mitrídates. Por un portillo que yo sabía, dí en el
jardín de otro cortesano dormido también bajo la quietud de las ramas.”
Antonio Gamoneda.
Libro de los venenos.
Ediciones Siruela.
domingo, 20 de septiembre de 2015
sábado, 19 de septiembre de 2015
OBITER DICTUM
Y, en efecto; la mayor
parte del tiempo estaba serio y cejijunto; hablaba muy poco hasta con los otros
chicos; los cumplidos me daban fastidio; las caricias me causaban desprecio, y
al tumulto desenfrenado de los compañeros de la edad más bella, prefería la
soledad de los rincones más apartados de nuestra casa, pequeña, pobre y oscura.
Era, en fin, lo que las señoras de sombrero llaman un «niño tímido» y las
mujeres en cabeza «un sapo».
Giovanni Papini.
viernes, 18 de septiembre de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
NO TARDARÉ.
NO LLORES…
No tardaré. No llores.
Yo para ti he cogido
del áspero romero azules flores;
las aves en su nido;
cristales en las grutas;
las mariposas en su vuelo incierto;
y de los viejos árboles del huerto
las sazonadas frutas.
Y he aprendido las lánguidas
querellas
que cantan al bajar de la montaña
los grupos de doncellas; y la
conseja extraña
que, mientras silba ronco
el viento en la vetusta chimenea,
cuenta alrededor del encendido
tronco
el viejo de la aldea.
Porfirio
Barba.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
lunes, 14 de septiembre de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL SUEÑO DE FULLER
“Conocí a Samuel Fuller cuando viajé a Hollywood en
1970. Teníamos el mismo agente y coincidimos en una fiesta que dio éste en su
casa en un cañón. Conversamos brevemente, pero por azares de las distancias en
Los Ángeles y el transporte siempre precario, él y su mujer alemana se
ofrecieron a llevarme a mi hotel. Al conocerlo me sorprendió las escasa
estatura de Fuller, la ausencia de esa truculencia exhibida en sus fotos y aun
en su breve aparición en Pierrot le Fou, donde Godard le hizo un homenaje
visual después de haberle dedicado su Made in USA antes.
Fuller,
en la vida, era un viejito amable a quien cualquier director de reparto hubiera
asignado enseguida el papel de sabio europeo en una película de espionaje
atómico de los años cincuenta. Durante el largo trayecto en su auto, pudimos
conversar. Quise llevar la conversación, casi un interrogatorio, al terreno del
cine, a pesar de que sabía su renuencia a discutir el tema.
--¿Cuál
es el momento que mejor recuerda en el cine?
Después
de un silencio que me hizo creer que no me había oído, con el ruido del motor y
el aire vibrando en el cañón, me dijo:
--Cuando
descubrí el cadáver de Jeanne Eagles, siendo un periodista novato.
Me
pareció sorprendente y al mismo tiempo esperado. No sabía que Fuller había
encontrado el cadáver de la belleza del cine silente que murió víctima de las
drogas, pero era característico que Fuller escogiera no un recuerdo
cinematográfico sino periodístico. Dejé esperar un rato para preguntarle por
sus proyectos, que son siempre el único futuro posible en Hollywood.
--No
tengo ninguno. Pero le voy a decir cuál es mi sueño. Sé que le va a parecer
raro. Lo que quiero es ser dueño de un periódico y dirigirlo.
No me
pareció raro habiendo visto sus películas y sabiendo que el proyecto en que
había hundido todo su dinero años antes había sido una película sobre un hombre
para quien su sueño –y su pesadilla—fue fundar y dirigir un diario. Sin embargo
las mejores películas de Fuller, aun las que tienen que ver con periódicos y
periodistas, están bien lejos del periodismo, ya que parecen hechas no para
hoy, como los periódicos, sino para mañana. En ese futuro se inscriben. Es así
como he visto la mayor parte de ellas: no en el hoy de su estreno sino en el
mañana de cines de clásicos, en retrospectivas y, unión de lo inmediato con lo
perdurable, en la televisión. Samuel Fuller, finalmente, ha alcanzado la salida
del laberinto de hacer películas en la posteridad del cine.”
Guillermo Cabrera Infante. Cine
o sardina. Círculo de Lectores.
viernes, 11 de septiembre de 2015
jueves, 10 de septiembre de 2015
miércoles, 9 de septiembre de 2015
ALLÁ EN LAS INDIAS
EL AGUILAR Y EL GUERRERO
Y él dijo, aunque no bien pronunciado, que se decía
Jerónimo de Aguilar, y que era natural de Écija, y que tenía órdenes de
Evangelio, que había ocho años que se había perdido él y otros quince hombres y
dos mujeres que iban desde el Darién a las isla de Santo Domingo, cuando hobo
diferencias y pleitos de un Enciso y Valdivia, y dijo que llevaban diez mil
pesos de oro y los procesos de los unos contra los otros, y que el navío en que
iban dio en los Alacranes, que no pudo navegar, y que en el batel del mismo
navío se metieron él y sus compañeros y dos mujeres, creyendo tornar la isla de
Cuba o a Jamaica, y que los calachiones de aquella comarca
los repartieron entre sí, e que habían sacrificado a los ídolos muchos de sus
compañeros, y dellos se habían muerto de dolencia, y las mujeres que poco
tiempo pasado había que de trabajo también se murieron, porque las hacían
moler; e que a él que tenían para sacrificar, y una noche se huyó y se fue
aquel cacique con quien estaba; ya no habían quedado de todos sino él e un
Gonzalo Guerrero. Y dijo que le fue a llamar y no quiso venir, y dio muchas
gracias a dios por todo. Y le dijo Cortés que del sería bien mirado y
gratificado, y le pregunto por la tierra y pueblos. Y el Aguilar dijo que, como
le tenían esclavo, que no sabía sino servir de traer leña y agua y en cavar los
maizales, que no había salido sino hasta cuatro leguas, que le llevaron con una
carga, y que no la pudo llevar e cayó malo dello; e que ha entendido que hay
muchos pueblos. Y luego le preguntó por el Gonzalo Guerrero. Y dijo questaba
casado y tenía tres hijos, e que tenía labrada la cara y horadas las orejas y el
bozo de abajo, y que era hombre de la mar, de Palos, y que los indios le tienen
por esforzado; e que había poco más de un año que cuando vinieron a la punta de
Cotoche un capitán con tres navíos (parece ser que fueron cuando venimos los de
Francisco Hernández de Córdova) que él fue inventor que nos diesen la guerra
que nos dieron, a que vino él allí juntamente con un cacique de un gran pueblo,
según he ya dicho en lo de Francisco Hernández de Córdova. Y después que Cortés
lo oyó dijo: «En verdad que le querría haber a los manos, porque jamás será bueno.» Y
dejallo he y diré cómo los caciques de Cozumel, desque vieron al Aguilar que
hablaba su lengua, le daban muy bien de comer, y el Aguilar les aconsejaba que
siempre tuviesen acato y reverencia a la santa imagen de Nuestra Señora y la
cruz, y que conoscerían que por ello les venía mucho bien, y los caciques, por
consejo de Aguilar, demandaron una carta de favor a Cortés para que si viniesen
aquel puerto otros españoles, que fuesen bien tratados y no les hiciesen agravios;
la cual carta luego se la dio, y después de despedidos con muchos halagos y
ofrescimientos, nos hicimos a la vela para el río de Grijalba. Y desta manera
que he dicho se hubo Aguilar, y no de otra como lo escribe el coronista Gomara,
y no me maravillo, pues lo que dice es por nuevas. Y volvamos a nuestra
relación.
Bernal Díaz del Castillo.
Historia verdadera de la conquista...
Historia verdadera de la conquista...
lunes, 7 de septiembre de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
El
agua une sus vidrios, cubre los rombos negros. Sobre el azulejo van apareciendo
las sombras, los gestos, el rondel de las cúpulas.
Ya
repercuten
los oros, los rostros
visibles a cada golpe de agua.
En los jardines negros
entre
columnas húmedas,
los conos de las tumbas.
Severo
Sarduy.
domingo, 6 de septiembre de 2015
sábado, 5 de septiembre de 2015
OBITER DICTUM
Como poeta autentico
que soy y seré hasta mi muerte, no cesaré de darme golpes con las disciplinas
en espera del chorro de sangre verde o amarillo que necesariamente y por fe
habrá mi cuerpo de manar algún día. Todo menos quedarme quieto en la ventana
mirando el mismo paisaje. La luz del poeta es la contradicción.
Federico García
Lorca
viernes, 4 de septiembre de 2015
jueves, 3 de septiembre de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN MÉXICO
“Dillon, que era director del programa que se llamaba Max Factor
Hollywood, el mejor show de televisión que había en México, [vino a Los Globos]
y me dijo: “Mire, Valdés, yo estaría muy contento si usted dirigiera cuatro
semanas el show de Max Factor Hollywood. Necesitamos un individuo como usted,
un director que baile, que tenga sus propios números, que dirija su propia
orquesta, y creo que hemos encontrado en usted a la persona que necesitamos”. Firmé
cuatro semanas e hice veintiséis.
El show de Max Factor Hollywood me salvó.
Fue un programa que cambiaban cada dos o tres semanas […] pero yo estuve seis
meses. Además escribí el tema que se llamaba Rojo y oro, que cantó un cantante
que estuvo con la Sonora Matancera,
Nelson Pinedo, un colombiano que estaba en el show en ese momento y acompañaba
yo. Me lo pidió Dillon […] Yo tenía el número como instrumental, pero cuando
Pinedo estuvo le pusimos letra.”
“En abril de 1961 empecé a tener
problemas con los sindicatos mexicanos. […] No podía grabar. Tenía dos permisos
para grabar, uno como músico y el otro como artista, y era miembro del
sindicato de músicos, pero no me dejaron grabar. Fue después de Bahía de
Cochinos. Después de la revolución hubo una invasión a Bahía de Cochinos en
1961, y yo estaba contra [Castro]. Un periodista me preguntó qué pensaba de los
acontecimientos en Cuba, y yo dije que si Castro había llegado al poder por una
revolución se le podría destituir por una revolución también. Nunca me ha
gustado Castro y nunca me gustará. Entonces empezaron a atacar, no sólo a mí
sino a todos los que opinaban lo mismo, y tuvimos que irnos. Yo tenía una
tarjeta de miembro del sindicato de músicos que me permitía trabajar en México,
pero los músicos no querían trabajar conmigo.”
“El último mes [en México] ni pude
dirigir ni pude entrar en el estudio. […] Yo sabía que allí [en México] eran
muy antiamericanos, y lo dije. Por eso me tuve que ir de México. Los sindicatos
me hacían la vida imposible, y a Celia Cruz, y a otros tantos que no estábamos
de acuerdo con la revolución. Me decían que no podían obligar a los músicos
mexicanos a tocar conmigo, que yo no era mexicano. Y me fui.
[…] Déjame decir que uno de los mejores
públicos que he tenido en mi vida ha sido el mexicano, y no tenía nada tampoco
contra el Gobierno mexicano. Mi problema era con Venus Rey, el jefe del
sindicato mexicano de músicos. Empezó cuando yo iba a hacer una grabación para
Hispavox, que en México se llama Gamma. Los músicos no querían tocar conmigo y
tuvimos que poner otros en la grabación. Como no pudieron de esa manera,
buscaron la más mala. Tenían a veinticuatro músicos en la orquesta para el
programa de Max Factor Hollywood, que era todos los viernes a las nueve de la
noche en la televisión, y que era el mejor programa que había en México a esa
hora. Reunieron a cinco mil músicos mexicanos y todos votaron que debería ser
expulsado del país. Fue el sindicato de músicos el que organizó eso, con el
señor Venus Rey a la cabeza.”
Mats Lundahl. Bebo
de Cuba. RBA Libros.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
martes, 1 de septiembre de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
OLAS GRISES
Llueve
en el mar con un murmullo lento.
La
brisa gime tanto, que da pena.
El
día es largo y triste. El elemento
duerme
el sueño pesado de la arena.
Llueve.
La lluvia lánguida trasciende
Su
olor de flor helada y desabrida.
El
día es largo y triste. Uno comprende
Que
la muerte es así..., que así es la vida.
Sigue
lloviendo. El día es triste y largo.
En
el remoto gris se abisma el ser.
Llueve...
Y uno quisiera, sin embargo,
Que
no acabara nunca de llover.
Leopoldo
Lugones
lunes, 31 de agosto de 2015
OBITER DICTUM
Dejar de existir no significa nada, no puede
significar nada. ¿Para qué ocuparse de lo que sobrevive a una irrealidad, de una
apariencia que sucede a otra apariencia? La muerte no es efectivamente nada, o
todo lo más un simulacro de misterio, como la propia vida. Propaganda antimetafísica
de los cementerios.
E. M. Cioran.
sábado, 29 de agosto de 2015
miércoles, 26 de agosto de 2015
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