jueves, 15 de marzo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL SABOR DE UN PAISAJE

«Esta idea, que estimo básica para percibir la mutación que se iba a operar en la perspectiva de la guerra, tal vez la reciban con ira o con desprecio, o con odio, o con desdén, quienes manejan aquellos intereses e ideologías, a pesar de lo cual no he dejado de escribirla porque soy español y porque sé de las nobles reacciones de mi pueblo al que creo conocer: pude estudiarlo y comprenderlo a lo largo de una vida vulgar, pero fecunda: en los colegios donde comencé mi educación, en los cuartos de banderas, en las minas, en las fábricas, en los clubes aristocráticos y en las mansiones señoriales, en los cenáculos literarios, en las sacristías, en las logias, en las iglesias y en los mercados, donde viven, bullendo o dormitando, las clases sociales, hombres, mujeres, niños, viejos, artistas, pensadores y labriegos. En todos esos lugares he estado, he hablado con mis compatriotas de tú a tú, los he escuchado y he convivido con ellos y, lo que es lo mismo, he podido saborear y captar el ambiente y el panorama sin conformarme con observarlo como se pueden contemplar una película o un paisaje; y todo eso he podido hacerlo libre y dignamente, sin ser amo ni siervo, clérigo ni masón, marxista ni falangista, es decir, sin ser otra cosa que lo que somos muchos españoles, celosos defensores de la independencia nacional, gentes de fe y patriotas sin alharacas. Porque así he conocido a mi pueblo, he podido admirarlo y tener fe en él y en sus obras. »

Vicente Rojo.
Así fue la defensa de Madrid.
Ediciones Era.

miércoles, 14 de marzo de 2012

OBITER DICTUM







Cuando la señorita Polaire llegó a Nueva York, contratada por un empresario norteamericano, su indignación fue algo espantosa al verse anunciada como la mujer más fea del mundo.

       — ¡Qué quiere usted! —le dijo el empresario—. Si fuese usted más bonita que fea, la hubiésemos anunciado como la mujer más bonita del mundo; pero siendo usted más fea que bonita, hemos tenido que anunciarla como lo hemos hecho. Además, aquí hay todas las temporadas 10 o 12 mujeres, cada una de las cuales es la más bonita del mundo. Las mujeres más bonitas del mundo dan cada vez menos resultado. Ahora vamos a ensayar las más feas…


Julio Camba

domingo, 11 de marzo de 2012

OBITER DICTUM






      “En una de estas visitas oficiales sobrevino un incidente que caracteriza muy bien el rigor de la etiqueta inda y merece ser notado. Se hallaba el virrey en casa del Maharajá de Jutpore, y como faltaba tema de conversación, preguntó aquél al príncipe si tenía varios hijos; pero el anciano rajput, considerando aquella pregunta tan sencilla como una inconveniencia, no contestó. La costumbre inda exige, en efecto, que no se hable de la familia en los actos oficiales. Para salir del apuro, el ministro indio se aventuró a decir que el rey tenía veintidós hijos; pero al oírlo el rajá, exclamó con acento de cólera: «¡Más de ciento!» El ministro debió explicar entonces, que por respeto no había hecho mención sino de los hijos legítimos, y que el número total pasaba efectivamente de ciento. Este detalle basta para que se comprenda hasta qué punto se deben conocer las costumbres para ser buen diplomático en la India.”


Louis Rousselet

miércoles, 7 de marzo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



BADAJOZ EN PARÍS


“Jamás fue nombrada en Paris y en toda la Francia, ciudad alguna del mundo, desde 1909 a 1914, hasta el día precisamente de la declaración de la guerra, como lo fue la ciudad española de Badajoz, capital de la región extremeña.
¡Badayoz!¡Badayoz! se oía en todas las bocas: imposible era dar un paso por todo el territorio francés durante dicho tiempo sin escuchar Badayoz a cada instante.
Y sin embargo, Badajoz no era célebre en el suelo francés por su industria, su comercio, sus artes, ni por sus productos. Lo era por el  nombre que dio a uno de sus caballos el banquero español don Ivo Bosch , recientemente muerto en Barcelona, como daba nombres de capitales de provincias españolas a todos los caballos de su cuadra de carreras. Algunos salieron notables, pero ninguno como Badajoz; otros medianos y otros malos. Por desgracia yo llegué a París cuando solo corrían Córdoba, Huelva, León y algunos otros, todos de última clase, a los efectos de que se trata, por lo que buen dinero me costó mi amor patrio jugando a caballos con nombres españoles y montados por jockeys vistiendo los colores nacionales españoles. Badajoz era un caballo endeblucho, de escasas siete cuartas, corto y de mala estampa, que apenas dio muestras de lo que luego fue en sus primeras carreras, por lo que su dueño, dudando de su valer, lo sacó a correr en un premio a reclamer, que es una carrera de venta, en la que pueden ser reclamados por cualquiera los caballos que en ella corran , pagando el precio que su dueño le fija y el importe del premio, que economiza la Sociedad del hipódromo en que se verifica la carrera, y fue reclamado, creyendo su dueño haber hecho un magnífico negocio, habiendo ganado con Badajoz cinco o seis mil francos.
Apenas en poder de su nuevo dueño empezó Badajoz a ganar carrera sobre carrera, gracias a la mejor preparación que se le diera, llenando de oro las cajas de aquel. Pasó luego a las cuadras del rico americano Vanderbilt, quien pagó por él una cantidad fabulosa, y de ella a las del barón Edmond de Rothschild, quien pagó por Badajoz más de un millón de francos.
Corría en todos los hipódromos una, dos y tres veces por semana, sin que jamás perdiera una sola carrera; puede calcularse que en los cuatro o cinco años que duró su vida de carreras, ganaría en premios más de diez millones de francos.
Se le jugaba en contra en la esperanza de que alguna vez perdiera para obtener una gran ganancia, por lo cual los que jugaban a su favor nunca dejaron de obtener utilidades de alguna consideración.
Llegó el día de la guerra; una de las primeras órdenes que se dictaron fue la de la requisa general de caballos, pero con objeto de conservar las razas, se hicieron algunas excepciones. Esfuerzos inauditos  se hicieron, e influencias poderosas se interpusieron para que Badajoz estuviese comprendido en una de las excepciones. Todo fue inútil. Hasta se pretendió, por su nombre, pasarlo por español y como perteneciente a la Embajada española. Nuestro embajador entonces, marqués de Villaurrutia, no se prestó a esta superchería, y como Badajoz  estaba comprendido en la ley general tuvo que ir a la guerra; la única gracia que se le hizo, por su gran historia, fue ponerlo en manos del famoso jockey Allec Carter, que también fue movilizado el primer día de la guerra, y ambos cayeron gloriosamente muertos en el campo de la gran batalla de la Marne el 4 de Septiembre de 1914.”
¡Pobre Badajoz!”


Genaro Cavestany. Memorias de un viejo. Imprenta Sempere.

sábado, 3 de marzo de 2012

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




EN LA AURORA NEGRA


Se aferran al desánimo imaginario o sediento que ocupa
el atardecer de mi vida
para devorar todo
lo que no llegaré
a poseer jamás.
Y aunque
tampoco lo soñé,
los senderos cabalgados
durante años, son el espejo
que soporto y acepto
como una enfermedad
inevitable crecida en los uniformes que me arrastran.


                                                             Adelina Aller

jueves, 1 de marzo de 2012

ALLÁ EN LAS INDIAS






POR CAMINO EMBARRADO

Ansí como salimos de Cholula con gran concierto, como lo teníamos de costumbre, los corredores de campo a caballo descubriendo la tierra, e peones muy sueltos juntamente con ellos para si algún mal paso o embarazo hobiese ayudasen los unos a los otros, e nuestros tiros muy a punto, e escopeteros e ballesteros e los de a caballo de tres en tres, para que se ayudasen, y todos los más soldados en gran concierto. No sé yo para qué lo traigo a la memoria, sino que en las cosas de la guerra por fuerza hemos de hacer relación dello, para que se vea cuál andábamos, la barba siempre sobre el hombro, e ansí caminando llegamos aquel día a unos ranchos questán en una como serrezuela, ques poblazón de Guaxocingo, que me parece que se dicen los ranchos de Iscalpán, cuatro leguas de Cholula. E allí vinieron luego los caciques y papas de los pueblos de Guaxocingo, questaba cerca, e eran amigos e confederados de los tascaltecas, y también vinieron otros poblezuelos questán poblados a las haldas del volcán que confinan con ellos, e trujeron bastimento y un presente de joyas de oro de poca valía, y dijeron a Cortés que rescibiese aquello y no mirase a lo poco que era, sino la voluntad con que se lo daban, y le aconsejaron que no fuese a Méjico, que era una ciudad muy fuerte y de muchos guerreros, y que correríamos mucho peligro, e que mirase que, ya que íbamos, que subido aquel puerto, que había dos caminos muy anchos, y aquel uno iba a un pueblo que se dice Chalco, y el otro a Tamanalco, que era otro pueblo, y entramos subjetos a Méjico; quel un camino estaba muy barrido e limpio para que vamos por él, e que el otro camino le tenían ciego e cortados muchos árboles muy gruesos y grandes pinos por que no puedan ir caballos ni pudiésemos pasar adelante, e que abajado un poco de la sierra, por el camino que tenían limpio, creyendo que había de ir por él, tenían cortados un pedazo de la sierra, e había allí mamparos e albarradas, e que han estado en el paso ciertos escuadrones de mejicanos para nos matar, e que nos aconsejaban que no fuésemos por el que estaba limpio, sino por donde estaban los árboles atravesados, e que ellos nos darán mucha gente que lo desembaracen, e pues que iban con nosotros los tascaltecas, que todos nos quitarían los árboles, e que aquel camino salía Tamanalco. E Cortés les rescibió el presente con mucho amor, y les dijo que les agradescía el aviso que le daban, e con el ayuda de Dios que no dejará de seguir su camino, e que irá por donde le aconsejaban. E luego otro día bien de mañana comenzamos a caminar, e ya hallamos los caminos ni más ni menos que los de Guaxocingo dijeron, e allí reparamos un poco y aun nos dio qué pensar en lo de los escuadrones mejicanos y en la sierra cortada donde estaban las albarradas de que nos avisaron. E Cortés mandó llamar a los embajadores del gran Montezuma que iban en nuestra compañía y le preguntó que cómo estaban aquellos dos caminos de aquella manera: el uno muy limpio e barrido, y el otro lleno de árboles cortados nuevamente. Y respondieron que porque vamos por el limpio, que sale a una ciudad que se dice Chalco, donde nos harán buen rescibimiento, ques de su señor Montezuma, y quel otro camino, que le pusieron aquellos árboles y lo cegaron por que no fuésemos por él, que hay malos pasos e se rodea algo para ir a Méjico, que sale a otro pueblo que no es tan grande como Chalco. Entonces dijo Cortes que quería ir por el que estaba embarrado.


Bernal Díaz del Castillo. 
Historia verdadera de la conquista...

miércoles, 29 de febrero de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






ROSAS Y VINO PARA UN POETA


“Flores anónimas y arrancadas, flores mojadas en vino, lapiceros de colores. Los nietos enredando entre sus pies, José Hierro se ponía a pintar en mitad de una comida, después de una cena, en un viaje. Él, tan locuaz, se quedaba hermético, no participaba en la conspiración general y pintaba rápido, nervioso, inspirado, porque también los aficionados tienen inspiración. A mí me hizo la portada de mi primer libro, Tamouré, pegando papeles de colores, rectángulos de luz.
Desde los primeros momentos se veía que ponía más inspiración en la pintura que en el dibujo. De todo hacía un color. Dijo Eugenio d'Ors que el dibujo es la honradez de la pintura. Pepe, Pepe Hierro vivía la honradez de ambas cosas, pero se emocionaba más, le temblaban más las manos inventando colores, creando colores inéditos con unas migas de pan, con una lágrima de vino, con todo aquello que él convertía en impresionismo abstracto o figurativo, manchando mucho la mesa donde trabajaba. Cada vez era más dado a aislarse en su pintura, que le permitía desbocar una pasión secreta y, de paso, distanciarse correctamente de la conversación general, cargada de tópicos, de pedantería y de versos. A sus pies, la bombona del oxígeno que de pronto se colgaba al hombro, como un ala de salud, para marcharse.
José Hierro fue crítico de arte. Más de una vez recorrí con él las galerías de Madrid, al caer la tarde. Tomaba unas notas en un cuaderno para luego, en casa, escribir la crónica de cada exposición. Hierro era un crítico claro, riguroso, rápido, honrado, con ideas muy concretas sobre la pintura. Pero más que por sus críticas veía yo por sus creaciones la tendencia a crear una vaguedad de caras sonrosadas, de cabellos con perfume de vino, de improvisaciones que eran hallazgos. Nunca me atreví a pedirle nada. La plástica, sin duda, era su segunda vocación. Quizá dedicó más versos a la música o hizo siempre versos musicales que resonaban en su pecho, pero la pintura era el sello ingenuo que nos dejaba una personalidad tan complicada como la de Hierro.
Cuando conocí a Lines comprendí aquel amor: aquella cabeza era lo que él hubiera querido pintar, una luz rubia que venía del hermoso pelo y una sonrisa pálida siempre y para todos.
Pasaba el tiempo, le hicieron académico, todos los días le daban algún premio, tenía la prisa de vivir y de fumar, iba con su ala de oxígeno volando España y posándose en las más altas almenas de la lírica. Una conferencia suya era una conversación, un relato, una representación, una sorpresa. Algunas tardes vino a buscarme a casa para irnos en un coche a Segovia, a Ávila, a Cuenca, para dar nuestras conferencias. Pepe hablaba de todo y yo hablaba de él. Nada más entrar en mi huerto se ponía a dar botes con una pelota o una fruta. Cuando trabajó en la radio, lo primero que hacía, al llegar por la mañana, era quitarse la chaqueta y hacer el pino durante un rato. Nunca supe qué es lo que escribía en la radio. Lo del pino tenía bastante desconcertados a los otros redactores.
Partíamos en el coche hacia la provincia inmediata. Había un chofer, estaba Lines, estaba Pepe, dormido y delirante, y estaba yo. Conocía los hoteles, conocía las posadas, entraba y pedía vino, se ponía y se quitaba la bombona de oxígeno, un día le llamaron por teléfono al coche para decir que le habían dado el Premio Miguel Hernández de poesía. Dio las gracias, colgó y seguimos hablando de otra cosa. Conocía los ambientes, los campos, conocía España, después de los primeros vinos se ponía a dibujar en un rincón, hasta la hora de la cena.
En mitad de una conferencia donde yo estaba leyendo algo sobre él, me quitó el libro de las manos, lo cerró y lo guardó. No soportaba que se hablase tanto de José Hierro. Pero era igual, porque yo seguí hablando de él, ya sin libro, y tuvo que aguantarse. Cenaba bien, pero exquisito, sabio, selectivo, alternando los manjares rurales con los lujosos pescados de gran hotel y los vinos, el vino blanco, el vino tinto, el chinchón del pueblo, le gustaba comer pero estaba delgado, cuando salíamos del hotel, ya la pequeña ciudad cerrada y dormida, preguntaba a gritos por la casa de prostitución, sólo para alborotar. Luego volvíamos en el coche a Madrid:
—Me verás bebido, pero nunca borracho.
Cuando le hospitalizaron definitivamente yo iba a verle algunas tardes.
Compartía la habitación con un señor del Seguro. A lo mejor él también era del Seguro. Dibujaba sentado en la cama, cumplía encargos que le habían hecho como pintor, sacaba de debajo de la almohada un artículo mío, recortado del periódico, que le había gustado.
—Qué bueno es esto, por qué no escribes versos, cabrón. Eres un poeta exquisito pero te gusta ir de hombre terrible.
Esto me lo dijo muchas veces, pero yo nunca quise decirle que escribía prosa porque la prosa se cobra y el verso no. Incluso él tenía que ayudarse de la prosa. Había un cielo muy alto, un clima muy claro, pero yo veía que eran las últimas tardes del amigo, del poeta. Le dejaba unas flores para que pintase y me iba. Se venía conmigo, en pijama y descalzo, hasta el ascensor. Recuerdo la última tarde, que fue como otras, pero yo salí del hospital con la pesadumbre de la muerte invadiendo un sol excesivo. Luego, en el tanatorio, tuve la cabeza frágil de Lines en mi pecho.”


Francisco Umbral. Días felices en Argüelles. Editorial Planeta.






martes, 28 de febrero de 2012

OBITER DICTUM




La vida en Rio Janeiro, más cara que en ninguna capital de Europa, es muy poco agradable. El espíritu de sociabilidad, lejos de irse desarrollando, no parece sino que se recoge: faltan las reuniones, los bailes, los clubs, las recepciones, todos los medios, en fin, que se conocen en Europa para verse, conocerse, hablar, discutir.


Gorgonio Petano

sábado, 25 de febrero de 2012

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





          THE FEARFUL


This man makes a pseudonym
And crawls behind it like a worm.

This woman on the telephone
Says she is a man, not a woman.

The mask increases, eats the worm,
Stripes for mouth and eyes and nose,

The voice of the woman hollows—
More and more like a dead one,

Worms in the glottal stops.
She hates

The thought of a baby—
Stealer of cells, stealer of beauty—

She would rather be dead than fat,
Dead and perfect, like Nefertit,

Hearing the fierce mask magnify
The silver limbo of each eye

Where the child can never swim,
Where there is only him and him.


                                  Sylvia Plath.

martes, 21 de febrero de 2012

OBITER DICTUM





“Para el lector nato la lectura es como una segunda vida, una existencia paralela que corre al lado de la cotidiana sólo en apariencia más real que aquella. Tiene todos los accidentes y características que señalan nuestro paso por la tierra: nacimiento, primeras sorpresas, entusiasmos que en el momento nos parecen perdurables, amores a primera vista, rechazos injustificados, decepciones, amargas enseñanzas, mundos enteros que se abren al apetito de nuestros sueños, amistades difíciles y antipatías incomprensibles, maduras revisiones, reencuentros decepcionantes, rectificaciones aleccionadoras, amistades para toda la vida, arduos intentos de establecer una relación y que terminan en tristes distanciamientos: dos o tres títulos al pie de nuestro lecho de agonía, últimas palabras que nos llegan al oído dichas por alguien que, en ese instante, nos revela quizás un secreto celosamente guardado. Así vive el lector su relación con los libros, así la disfruta y así la padece hora tras hora, día tras día, año tras año. Si las cosas no suceden de esta manera, sencillamente es que estamos ante una falsa vocación, ante un fariseo de los muchos que en este terreno existen o, simplemente, ante alguien que buscó otros caminos de conocimiento, otras secretas rutas para alimentar sus sueños, otra manera de encontrar las respuestas, efímeras o intermitentes como vanos espejismos ya destinadas a calmar la sed que no se sacia.”

Álvaro Mutis