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miércoles, 16 de abril de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN SIRIA


“Siria no es un país unificado ya sea en razas, religiones o costumbres, y sus habitantes, muchos de ellos enfrentados entre sí, sólo tienen un punto de cohesión que son las manifestaciones.
         La agitación popular proporciona un entretenimiento que no puede compararse con nada de lo que conllevan los días festivos. Implica un tumulto temporal al abrigo del cual se pueden realizar muchas cosas. Los universitarios, olfateando la bronca, toman partido indiscriminadamente. Después de todo, tienen que divertirse mientras aún son jóvenes. Las mujeres, escudándose en su sexo, disfrutan con la conmoción. Hay muchas cosas atractivas para la mente femenina que se pueden llevar a cabo cuando la atención de sus hombres está desviada. En cuanto a los hombres, cualquier ocasión es buena para distraerlos de sus labores diarias y les viene bien ejercitar sus órganos vocales.
         --¡Abajo el mandato! –gritan los estudiantes, y la policía desaparece discretamente. Ansiosamente, observan a los manifestantes desde una cierta distancia. Después de todo, resultaría entretenido unirse a la diversión, pero deben tener cuidado. La multitud mantenía un cierto orden y unos cuantos gritos honrados no hacían daño a nadie. Además, sería embarazoso tener que arrestar a un primo o a un cuñado. Es molesto porque en casa las mujeres no acaban de entender el funcionamiento del gobierno y los vecinos tienden aponerse despectivos.
         Cuando entré en Damasco me encontré con una escena similar. Más gente se unía a los manifestantes. Rápidamente se cerraron las tiendas y los tenderos se apresuraron a unirse a la manifestación. La multitud frente a las oficinas gubernamentales era considerable.
--¿Por qué se manifiestan? –le pregunté a un hombre que aullaba como un chacal.
Me miró inexpresivamente, se encogió de hombros y siguió chillando más fuerte. Me volví a otro manifestante, intentando enterarme.
--Oh –dijo en respuesta a mi pregunta--, han arrestado a un nabi y es una cuestión religiosa.
--No era un nabi –interrumpió el chacal, haciendo una pausa en sus aullidos--. Se dice que el Alto Comisionado ha rechazado injustamente una petición de los sacerdotes alauitas.
--Nada de eso –protestó su vecino con vehemencia--, esta manifestación es para demostrar a las autoridades nuestro desagrado por la nueva escala de impuestos.
--Abajo los tiranos! –chillaban los estudiantes, y su demostración se cargaba con más veneno cuando pensaban en sus profesores dispuestos a atormentar a los jóvenes de la nación con innecesarias ecuaciones de variadas incógnitas.
Todo ello bajo una temperatura de 40 grados a la sombra. Al cabo de un rato, se produjo una conmoción entre los que se hallaban más cerca del edificio y pronto corrió la voz de que la manifestación carecía de sentido. Todo había sido un error. No habían arrestado a un nabi, los sacerdotes no se habían ofendido y todo lo que ocurría es que habían detenido a un ladrón muy buscado en las montañas.
Con tristeza, la multitud comenzó a dispersarse. Los estudiantes abatidos pensaron en los problemas que les quedaban por resolver; los hombres regresaron lenta y desconsoladamente a sus trabajos; las tiendas abrieron de nuevo y las mujeres bajaron decorosamente sus párpados.
En las dependencias del gobierno, las máquinas de escribir volvieron a teclear y Damasco retornó a su soñolienta y pacífica canción de cuna oriental.”


Sirdar Ikbal Ali Shah. Solo en las noches de Arabia. Editorial Sufi.