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jueves, 10 de mayo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





WAIGUOREN


“La categoría de «amigo extranjero» o «invitado extranjero» es en China una categoría interesante, por más que antinatural. Los funcionarios tratan al extranjero como si fuera un panda valioso propenso a las travesuras. Bajo ningún concepto debe sufrir el animal daño alguno; aunque hay que vigilarlo todo el tiempo de modo que no vea demasiado, no actúe demasiado por su cuenta ni influya en la conducta de los habitantes locales. «Tenemos amigos en todo el mundo», anuncian las banderas colgadas en las fachadas de los hoteles, pero a los funcionarios les inquieta que haya demasiados contactos entre chinos y no chinos.
Las relaciones entre chinos y extranjeros causan horror; en especial, si la mujer es china. De vez en cuando esta actitud desencadena diatribas en la prensa oficial, pero nada es comparable a la xenofobia de la Revolución Cultural, durante la cual se prohibió a Beethoven y las multitudes apaleaban a los diplomáticos.
En cuanto a los propios chinos, existe un sentimiento de cordialidad y curiosidad hacia el extranjero, lo cual es sorprendente dada la xenofobia del pasado chino y el estigma que antes acarreaba el contacto con los waiguoren (hombres de fuera). Lo cierto es que la palabra china para designar el país es sencillamente «tierra del centro», una señal de su suposición de centralidad en el orden de las cosas. A menudo notamos el atento examen de ropas y conducta a que nos somete algún recién conocido; la impresión es la de ser considerado no sólo extranjero, sino también, en cierto sentido, extraño. La gente junto a la que uno pasa por la calle se detiene para contemplar boquiabierta la ropa y los rasgos; a veces incluso nos siguen con la vista volviendo la cabeza, por lo tanto, chocan con bicicletas o árboles. Cuando ven a un extranjero, los niños gritan: «¡waiguoren, waiguoren!»; o «¡waibin, waibin!» (invitado extranjero) si son lo bastante mayores como para combinar la etiqueta y la excitación.”


Vikram Seth. Desde el lago del cielo. Ediciones B.