miércoles, 20 de abril de 2011

OBITER DICTUM







Cuando a Salomón le fue ofrecida el agua de la inmortalidad, dudó, y contra el parecer de todos sus súbditos, que le pedían que la bebiese, el gran rey siguió el consejo de la paloma salvaje Butimar.
—No bebas —dijo la paloma al gran rey en el dulce lenguaje de los pájaros—. ¿Cómo puedes desear vivir cuando todos aquellos que te han amado, tus hijos, tus consejeros, tus amigos, estén en la lista de los muertos? ¿Por qué desear la eterna juventud cuando el rostro mismo de la Tierra se vaya arrugando con la edad, y los ojos parpadeantes de las mismas estrellas vayan siendo cerrados por los dedos negros de Azrael? Cuando tu vida sea un oasis en el inmenso desierto de la muerte, y cuanto te des cuenta de que tu existencia eterna solamente es la prueba de una ausencia eterna, ¿quisieras verdaderamente vivir? No vivirá nadie con quien puedas compartir un recuerdo de juventud. Solo, olvidando y olvidado, vivirás.


Alvaro Cunqueiro.


lunes, 18 de abril de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





AL SUR


“En los mares del hemisferio sur habitan estas y otras especies de aves, pero el albatros es la preeminente. Ya se ha señalado que en opinión de Wilson, si no todas, al menos el albatros vuela alrededor del mundo por aquellos tempestuoso mares empujado por los vientos del oeste y solo baja una vez al año para criar a islas como la de Kerguelen, la de St Paul, las Auckland y otras. De ser así, el descanso del que pueden disfrutar sobre las grandes olas que predominan por estas latitudes debe de resultar insuficiente si se juzga con el criterio que se aplica en el caso de aves más civilizadas. Aunque en otras regiones he visto ejemplares de aves marinas que parecían volar miles de millas sin separarse del barco ni un solo día, durante este viaje saqué la conclusión de que cada mañana aparecía un grupo distinto de aves y que tenía hambre cuando llegaba. Por la mañana volaban a popa y más cerca del barco, por supuesto, y se alimentaban de los restos que arrojábamos por la borda. Más tarde, una vez satisfecho el hambre, las aves se dispersaban, y las que continuaban volando a popa se mantenían a gran distancia. De ahí que capturáramos especímenes a primera hora de la mañana, y sólo uno después de mediodía.
El viento seguía siendo favorable, y no tardó en soplar con bastante fuerza. El viernes, 7 de octubre, navegamos a 7 y 8 nudos sólo con vela, lo cual estaba muy bien para el “Terra Brioso”, que era como llamábamos familiarmente a nuestro querido barco. Faltaban sólo 1.000 millas para llegar a Melbourne. El sábado por la noche estábamos listos para maniobrar con las drizas de juanete. Campbell relevó a la guardia a las cuatro de la mañana del domingo. El viento soplaba con fuerza y racheado, pero el barco seguía con los juanetes desplegados. Teníamos marejada de popa.
         A las seis y media ocurrió uno de esos incidentes de la vida en el mar que tiene interés aunque carezcan de importancia. De repente estalló sobre nosotros el primer turbión realmente violento de la travesía. Soltamos las drizas de juanete: cayó la verga de juanete de proa, pero la del juanete mayor se quedó atascada a medio camino. Después nos enteraríamos de que un matafiol que había salido disparado de la verga había obstruido el motón de la escota de la gavia alta. La verga de juanete estaba totalmente inclinada hacia estribor y se balanceaba de un lado a otro, la vela parecía que iba a salir volando de un momento a otro y hacía el mismo ruido que un cañón, y el mástil temblaba violentamente.
         Temíamos perder el mastelero, pero nada se podía hacer mientras el viento soplara con semejante furia. Campbell caminaba de un lado a otro del puente, en silencio y con una sonrisa en los labios. La guardia se agrupó alrededor de los flechastes, lista para subir a la arboladura, y Crean se ofreció a subir él solo para intentar desenganchar la verga, pero le fue negado el permiso. La situación que se había creado con el mastelero era sumamente delicada, pero no había nada que hacer.
         Cuando pasó la borrasca pudimos soltar y aferrar la vela, de suerte que al siguiente turbión fuerte ya estábamos preparados para bajar las gavias altas y no hubo ningún problema. Al final, los desperfectos fueron una vela rajada y un mastelero a punto de romperse.
         A la mañana siguiente se envergó el nuevo juanete pero en medio de la operación cayó la mayor granizada que jamás haya visto. Muchos pedazos de granizo tenían varios centímetros de diámetro y hacían daño aun cuando uno llevara prendas gruesas e impermeable. Al mismo tiempo se formaron varias trombas de agua. Los hombres subidos a la verga de juanete pasaron un rato espantoso. En cubierta algunos hombres hicieron bolas con el granizo como si de nieve se tratara.
         A partir de aquel momento seguimos nuestro rumbo perseguidos por una borrasca. El 12 de octubre, a primera hora de la mañana, avistamos el faro del cabo de Otway. Trabajando de firme en la sala de maquinas y con todo el velamen desplegado, a punto estuvimos de llegar a la embocadura de Port Phillip a mediodía, pero la marea estaba cambiando, y nos fue imposible pasar. Llegamos al puerto de Melbourne aquella misma noche, en medio de una profunda oscuridad y con fuerte viento.
         A Scott le aguardaba un telegrama:

Madeira. Me dirijo al sur.
AMUNDSEN.”


Apsley Cherry-Garrard. El peor viaje del mundo. Ediciones B.

viernes, 15 de abril de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






É UM LUGAR AO SUL


É um lugar ao sul, um lugar onde
a cal
amotinada desafia o olhar.

Onde viveste. Onde às vezes no sono
vives ainda. O nome prenhe de água
escorre-te da boca.

Por caminhos de cabras descias
à praia, o mar batia
naquelas pedras, naquelas sílabas.

Os olhos perdiam-se afogados
no clarão
do último ou do primeiro dia.

Era a perfeição.

Eugenio de Andrade

miércoles, 13 de abril de 2011

OBITER DICTUM






“La fonda en que nos albergamos era una verdadera fonda española, en la que nadie entendía una palabra de francés; tuvimos que hacer uso de nuestro castellano y estropearnos la garganta con la  abominable jota -sonido árabe y gutural que en nuestro idioma no existe--. Debo decir que nos entendían, bastante bien, gracias a la extremada inteligencia que distingue a este pueblo. Claro está que alguna vez nos traían una vela·cuando pedíamos agua, o chocolate en vez de tinta; pero aparte estas pequeñas equivocaciones, muy perdonables, todo marchó del mejor modo posible. La fonda estaba servida por un enjambre de maritornes desgreñadas que llevaban los nombres más bonitos del mundo: Casilda, Matilde, Balbina; en España todos los nombres son bonitos: Lola, Bibiana, Pepa, Hilaria, Carmen, Cipriana, sirven de rótulo a las criaturas menos poéticas que pueden verse. Una de estas mozas tenía el pelo de un rojo muy subido, color que es muy frecuente en  España, donde hay muchas rubias, y, sobre todo, muchas rojas, contra lo que comúnmente se cree.”


Theophile Gautier

martes, 12 de abril de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




LA SOMBRA DOLOROSA


Gemían los rebaños. Los caminos
llenábanse de lúgubres cortejos;
una congoja de holocaustos viejos
ahogaba los silencios campesinos.

Bajo el misterio de los velos finos,
evocabas los símbolos perplejos,
hierática, perdiéndote a lo lejos
con tus húmedos ojos mortecinos.

Mientras unidos por un mal hermano
me hablaban con suprema confidencia
los mudos apretones de tu mano,

manchó la soñadora transparencia
de la tarde infinita el tren lejano,
aullando de dolor hacia la ausencia.


Julio Herrera y Reissig

lunes, 11 de abril de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LOCO


       «Nuestras amistades no podían comprender qué nos impulsaba este viaje. No hacían más que proferir quejas y lamentos. Nada podía hacerles entender que lo que hacíamos era dejarnos llevar por la inercia; que para nosotros era más fácil sucumbir a la atracción del mar y surcarlo  en una pequeña embarcación que quedarnos en tierra firme, de la misma forma que para ellos era más sencillo quedarse en tierra que lanzarse a la mar. Es un estado mental provocado por un excesivo egocentrismo. No pueden salir de sí mismos. No pueden alejarse lo suficientemente de sí mismos como para darse cuenta de que su fluir quizá sea diferente al de los demás. Creen que sus deseos y preferencias forman un conjunto con el que han de medirlos los deseos y preferencias del resto de los seres. Esto es injusto. Y yo así se lo digo. Pero no pueden apartarse lo suficiente de sus propios y miserable egos como para llegar a oírme. Creen que estoy loco. Por lo tanto, les soy simpático. Es una situación que ya me es familiar. Todos tendemos a creer que algo debe fallar en la mente de aquellos que no están de acuerdo con nosotros.»


Jack London. El crucero del Snark. Editorial Juventud.

sábado, 9 de abril de 2011

OBITER DICTUM





Si he padecido lo bastante en esta vida para ser en la otra una sombra feliz, algún rayo escapado de los Campos Elíseos derramará sobre mis últimos cuadros una luz protectora: la vida me sienta mal; tal vez me vaya mejor la muerte.


François-René de Chateaubriand

martes, 5 de abril de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






TEORÍA Y ALUCINACIÓN DE DOUBLIN


I. TEORÍA

Un instante vacío
de acción puede poblarse solamente
de nostalgia o de vino.
Hay quien lo llena de palabras vivas,
de poesía (acción
de espectros, vino con remordimiento).

Cuando la vida se detiene,
se escribe lo pasado o lo imposible
para que los demás vivan aquello
que ya vivió (o que no vivió) el poeta.
Él no puede dar vino,
nostalgia a los demás: sólo palabras.
Si les pudiese dar acción...

La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar.
Hace vibrar árboles, ropas,
abrasa espigas, hojas secas,
acuna en su oleaje los objetos
que duermen en la playa.
La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar:
da apariencia de vida
a lo inmóvil, a lo paralizado.
Y el leño que arde,
las conchas que las olas traen o llevan,
el papel que arrebata el viento,
destellan una vida momentánea
entre dos inmovilidades.

Pero los que están vivos,
los henchidos de acción,
los palpitantes de nostalgia o vino,
esos... felices, bienaventurados,
porque no necesitan las palabras,
como el caballo corre, aunque no sople el viento,
y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar,
y el hombre llora, y canta,
proyecta y edifica, aun sin el fuego.


                                              José Hierro

domingo, 3 de abril de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




UN CIGARRILLO


“Imposible beber sin fumar. Yo empecé a fumar a los dieciséis años y aún no lo he dejado. Desde luego, pocas veces he fumado más de veinte cigarrillos al día. ¿Qué he fumado? De todo. Tabaco negro español. Hace unos veinte años, me acostumbré a los cigarrillos franceses: los «Gitanes» y, sobre todo, los «Celtiques» son los que más me gustan.
El tabaco, que casa admirablemente con el alcohol (si el alcohol es la reina, el tabaco es el rey), es un amable compañero con el que afrontar todos los acontecimientos de una vida. Es el amigo de los buenos y de los malos momentos. Se enciende un cigarrillo para celebrar una alegría y para ahogar una pena. Estando solo o acompañado.
El tabaco es un placer de todos los sentidos: de la vista (es bonito ver bajo el papel de plata los cigarrillos blancos, alineados como para la revista), del olfato, del tacto... Si me vendaran los ojos y me pusieran entre los labios un cigarrillo encendido, me negaría a fumar. Me gusta sentir el paquete en el bolsillo, abrirlo, palpar la consistencia del cigarrillo, notar el roce del papel en los labios, gustar el sabor del tabaco en la lengua, ver brotar la llama, arrimarla, llenarme de calor.
Un hombre llamado Dorronsoro, ingeniero español de origen vasco y republicano, exiliado en México al que conocía desde la Universidad, murió de un cáncer de los llamados «de fumador». Fui a verle al hospital en México. Tenía tubos por todas partes y llevaba una mascarilla de oxígeno que él se quitaba de vez en cuando, para dar una chupada a un cigarrillo, a escondidas. Fumó hasta las últimas horas de su vida, fiel al placer que le estaba matando.
Por tanto, respetables lectores, para terminar estas consideraciones sobre el alcohol y el tabaco, padres de firmes amistades y de fecundos ensueños, me permitiré darles un doble consejo: no beban ni fumen. Es malo para la salud.
Añadiré que el alcohol y el tabaco acompañan muy gratamente al acto del amor. Por regla general, el alcohol viene antes, y el tabaco, después.”


Luis Buñuel. Mi último suspiro. Random House Mondadori.

viernes, 1 de abril de 2011

ALLÁ EN LAS INDIAS






SOBRE COCOS Y COCOTEROS


        “Los cocos son el fruto de una especie de palma, de que sacan su pan, su vino, su aceite y su vinagre. Para procurarse el vino, hacen en la cúspide de la palma una incisión que penetra hasta la médula, por donde sale gota a gota un licor que se asemeja al mosto blanco, pero que es un tanto agrio. Recogen este licor en los tubos de una caña del grueso de una pierna, que se ata en el árbol y que se tiene cuidado de vaciar dos veces al día, mañana y tarde.
        El fruto de esta palmera es del tamaño de la cabeza de un hombre y aun algunas veces más grande; su corteza primera, que es verde, tiene dos dedos de espesor y está compuesta de filamentos de que se sirven para hacer las cuerdas que usan para sus embarcaciones. Encuéntrase, en seguida, una segunda corteza más dura y más consistente que la de la nuez, de la cual, quemándola, sacan un cierto polvo que utilizan. Hay en el interior una médula blanca, del espesor de un dedo, que se  come a guisa de pan, con la carne y el pescado. En  el centro de la nuez y en medio de esta médula existe un licor transparente, dulce y fortificante, y si después de haber vaciado este licor en un vaso, se le deja reposar, toma la consistencia de una manzana. Para procurarse el aceite se toma la nuez, dejando fermentar la médula con el licor, y haciéndolo hervir en seguida resulta un aceite
espeso como mantequilla.
        Para obtener el vinagre, se deja en reposo el líquido solo, el cual, estando expuesto al sol, se pone ácido y parecido al vinagre que se hace del vino blanco. Nosotros fabricábamos también un licor que se asemejaba a la leche de cabra, raspando la médula, remojándola en el mismo líquido y colándola en seguida. Los cocoteros se parecen a las palmeras que dan los dátiles, aunque sus troncos, sin poseer tan gran número de nudos, no son tampoco bien lisos.
        Una familia de diez personas puede mantenerse de dos cocoteros, practicando alternativamente cada semana las incisiones en el uno y dejando reposar al otro, a fin de que una sangría permanente del líquido no les haga perecer. Se nos ha dicho que un cocotero vive un siglo entero.”


Antonio Pigafetta. Primer viaje alrededor del globo. Fundación Civiliter.