jueves, 21 de abril de 2011
miércoles, 20 de abril de 2011
OBITER DICTUM
Cuando a Salomón le
fue ofrecida el agua de la inmortalidad, dudó, y contra el parecer de todos sus
súbditos, que le pedían que la bebiese, el gran rey siguió el consejo de la
paloma salvaje Butimar.
—No bebas —dijo la paloma al gran rey en el dulce
lenguaje de los pájaros—. ¿Cómo puedes desear vivir cuando todos aquellos que
te han amado, tus hijos, tus consejeros, tus amigos, estén en la lista de los
muertos? ¿Por qué desear la eterna juventud cuando el rostro mismo de la Tierra
se vaya arrugando con la edad, y los ojos parpadeantes de las mismas estrellas
vayan siendo cerrados por los dedos negros de Azrael? Cuando tu vida sea un
oasis en el inmenso desierto de la muerte, y cuanto te des cuenta de que tu
existencia eterna solamente es la prueba de una ausencia eterna, ¿quisieras
verdaderamente vivir? No vivirá nadie con quien puedas compartir un recuerdo de
juventud. Solo, olvidando y olvidado, vivirás.
Alvaro
Cunqueiro.
lunes, 18 de abril de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
AL SUR
“En los mares del hemisferio sur habitan
estas y otras especies de aves, pero el albatros es la preeminente. Ya se ha
señalado que en opinión de Wilson, si no todas, al menos el albatros vuela
alrededor del mundo por aquellos tempestuoso mares empujado por los vientos del
oeste y solo baja una vez al año para criar a islas como la de Kerguelen, la de
St Paul, las Auckland y otras. De ser así, el descanso del que pueden disfrutar
sobre las grandes olas que predominan por estas latitudes debe de resultar
insuficiente si se juzga con el criterio que se aplica en el caso de aves más
civilizadas. Aunque en otras regiones he visto ejemplares de aves marinas que
parecían volar miles de millas sin separarse del barco ni un solo día, durante
este viaje saqué la conclusión de que cada mañana aparecía un grupo distinto de
aves y que tenía hambre cuando llegaba. Por la mañana volaban a popa y más
cerca del barco, por supuesto, y se alimentaban de los restos que arrojábamos
por la borda. Más tarde, una vez satisfecho el hambre, las aves se dispersaban,
y las que continuaban volando a popa se mantenían a gran distancia. De ahí que
capturáramos especímenes a primera hora de la mañana, y sólo uno después de
mediodía.
El viento seguía siendo favorable, y no
tardó en soplar con bastante fuerza. El viernes, 7 de octubre, navegamos a 7 y
8 nudos sólo con vela, lo cual estaba muy bien para el “Terra Brioso”, que era
como llamábamos familiarmente a nuestro querido barco. Faltaban sólo 1.000 millas para
llegar a Melbourne. El sábado por la noche estábamos listos para maniobrar con
las drizas de juanete. Campbell relevó a la guardia a las cuatro de la mañana
del domingo. El viento soplaba con fuerza y racheado, pero el barco seguía con
los juanetes desplegados. Teníamos marejada de popa.
A
las seis y media ocurrió uno de esos incidentes de la vida en el mar que tiene
interés aunque carezcan de importancia. De repente estalló sobre nosotros el
primer turbión realmente violento de la travesía. Soltamos las drizas de juanete:
cayó la verga de juanete de proa, pero la del juanete mayor se quedó atascada a
medio camino. Después nos enteraríamos de que un matafiol que había salido
disparado de la verga había obstruido el motón de la escota de la gavia alta.
La verga de juanete estaba totalmente inclinada hacia estribor y se balanceaba
de un lado a otro, la vela parecía que iba a salir volando de un momento a otro
y hacía el mismo ruido que un cañón, y el mástil temblaba violentamente.
Temíamos
perder el mastelero, pero nada se podía hacer mientras el viento soplara con
semejante furia. Campbell caminaba de un lado a otro del puente, en silencio y
con una sonrisa en los labios. La guardia se agrupó alrededor de los
flechastes, lista para subir a la arboladura, y Crean se ofreció a subir él
solo para intentar desenganchar la verga, pero le fue negado el permiso. La
situación que se había creado con el mastelero era sumamente delicada, pero no
había nada que hacer.
Cuando
pasó la borrasca pudimos soltar y aferrar la vela, de suerte que al siguiente
turbión fuerte ya estábamos preparados para bajar las gavias altas y no hubo
ningún problema. Al final, los desperfectos fueron una vela rajada y un
mastelero a punto de romperse.
A
la mañana siguiente se envergó el nuevo juanete pero en medio de la operación
cayó la mayor granizada que jamás haya visto. Muchos pedazos de granizo tenían
varios centímetros de diámetro y hacían daño aun cuando uno llevara prendas
gruesas e impermeable. Al mismo tiempo se formaron varias trombas de agua. Los hombres
subidos a la verga de juanete pasaron un rato espantoso. En cubierta algunos hombres
hicieron bolas con el granizo como si de nieve se tratara.
A
partir de aquel momento seguimos nuestro rumbo perseguidos por una borrasca. El
12 de octubre, a primera hora de la mañana, avistamos el faro del cabo de
Otway. Trabajando de firme en la sala de maquinas y con todo el velamen
desplegado, a punto estuvimos de llegar a la embocadura de Port Phillip a
mediodía, pero la marea estaba cambiando, y nos fue imposible pasar. Llegamos
al puerto de Melbourne aquella misma noche, en medio de una profunda oscuridad
y con fuerte viento.
A
Scott le aguardaba un telegrama:
Madeira.
Me dirijo al sur.
AMUNDSEN.”
Apsley Cherry-Garrard.
El peor viaje del mundo. Ediciones B.
sábado, 16 de abril de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
É UM LUGAR AO SUL
É um lugar ao sul, um lugar onde
a cal
amotinada desafia o olhar.
Onde viveste. Onde às vezes no sono
vives ainda. O nome prenhe de água
escorre-te da boca.
Por caminhos de cabras descias
à praia, o mar batia
naquelas pedras, naquelas sílabas.
Os olhos perdiam-se afogados
no clarão
do último ou do primeiro dia.
Era a perfeição.
Eugenio de Andrade
jueves, 14 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
OBITER DICTUM
“La fonda en que
nos albergamos era una verdadera fonda española, en la que nadie entendía una
palabra de francés; tuvimos que hacer uso de nuestro castellano y estropearnos
la garganta con la abominable jota -sonido
árabe y gutural que en nuestro idioma no existe--. Debo decir que nos entendían,
bastante bien, gracias a la extremada inteligencia que distingue a este pueblo.
Claro está que alguna vez nos traían una vela·cuando pedíamos agua, o chocolate
en vez de tinta; pero aparte estas pequeñas equivocaciones, muy perdonables,
todo marchó del mejor modo posible. La fonda estaba servida por un enjambre de
maritornes desgreñadas que llevaban los nombres más bonitos del mundo: Casilda,
Matilde, Balbina; en España todos los nombres son bonitos: Lola, Bibiana, Pepa,
Hilaria, Carmen, Cipriana, sirven de rótulo a las criaturas menos poéticas que
pueden verse. Una de estas mozas tenía el pelo de un rojo muy subido, color que
es muy frecuente en España, donde hay
muchas rubias, y, sobre todo, muchas rojas, contra lo que comúnmente se cree.”
Theophile
Gautier
martes, 12 de abril de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
LA
SOMBRA DOLOROSA
Gemían los rebaños.
Los caminos
llenábanse de lúgubres
cortejos;
una congoja de
holocaustos viejos
ahogaba los silencios
campesinos.
Bajo el misterio de
los velos finos,
evocabas los símbolos
perplejos,
hierática, perdiéndote
a lo lejos
con tus húmedos ojos
mortecinos.
Mientras unidos por un
mal hermano
me hablaban con
suprema confidencia
los mudos apretones de
tu mano,
manchó la soñadora
transparencia
de la tarde infinita
el tren lejano,
aullando de dolor
hacia la ausencia.
Julio
Herrera y Reissig
lunes, 11 de abril de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LOCO
«Nuestras
amistades no podían comprender qué nos impulsaba este viaje. No hacían más que
proferir quejas y lamentos. Nada podía hacerles entender que lo que hacíamos
era dejarnos llevar por la inercia; que para nosotros era más fácil sucumbir a
la atracción del mar y surcarlo en una
pequeña embarcación que quedarnos en tierra firme, de la misma forma que para
ellos era más sencillo quedarse en tierra que lanzarse a la mar. Es un estado
mental provocado por un excesivo egocentrismo. No pueden salir de sí mismos. No
pueden alejarse lo suficientemente de sí mismos como para darse cuenta de que
su fluir quizá sea diferente al de los demás. Creen que sus deseos y
preferencias forman un conjunto con el que han de medirlos los deseos y
preferencias del resto de los seres. Esto es injusto. Y yo así se lo digo. Pero
no pueden apartarse lo suficiente de sus propios y miserable egos como para
llegar a oírme. Creen que estoy loco. Por lo tanto, les soy simpático. Es una
situación que ya me es familiar. Todos tendemos a creer que algo debe fallar en
la mente de aquellos que no están de acuerdo con nosotros.»
Jack
London. El crucero del Snark. Editorial Juventud.
domingo, 10 de abril de 2011
sábado, 9 de abril de 2011
OBITER DICTUM
Si he padecido lo
bastante en esta vida para ser en la otra una sombra feliz, algún rayo escapado
de los Campos Elíseos derramará sobre mis últimos cuadros una luz protectora:
la vida me sienta mal; tal vez me vaya mejor la muerte.
François-René de Chateaubriand
viernes, 8 de abril de 2011
martes, 5 de abril de 2011
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
TEORÍA Y ALUCINACIÓN DE DOUBLIN
I.
TEORÍA
Un instante vacío
de acción puede
poblarse solamente
de
nostalgia o de vino.
Hay quien lo llena de
palabras vivas,
de poesía (acción
de espectros, vino con
remordimiento).
Cuando la vida se
detiene,
se escribe lo pasado o
lo imposible
para que los demás
vivan aquello
que ya vivió (o que no
vivió) el poeta.
Él no puede dar vino,
nostalgia a los demás:
sólo palabras.
Si les pudiese dar
acción...
La poesía es como el
viento,
o como el fuego, o
como el mar.
Hace vibrar árboles,
ropas,
abrasa espigas, hojas
secas,
acuna en su oleaje los
objetos
que duermen en la
playa.
La poesía es como el
viento,
o como el fuego, o
como el mar:
da apariencia de vida
a lo inmóvil, a lo
paralizado.
Y el leño que arde,
las conchas que las
olas traen o llevan,
el papel que arrebata
el viento,
destellan una vida
momentánea
entre dos
inmovilidades.
Pero los que están
vivos,
los henchidos de
acción,
los palpitantes de
nostalgia o vino,
esos... felices,
bienaventurados,
porque no necesitan
las palabras,
como el caballo corre,
aunque no sople el viento,
y vuela la gaviota,
aunque esté seco el mar,
y el hombre llora, y
canta,
proyecta y edifica,
aun sin el fuego.
José
Hierro
lunes, 4 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
UN CIGARRILLO
“Imposible beber sin fumar. Yo empecé a fumar a los dieciséis
años y aún no
lo he dejado. Desde luego, pocas veces he fumado
más
de veinte cigarrillos al día. ¿Qué he fumado?
De todo. Tabaco
negro español. Hace unos veinte años, me acostumbré a los cigarrillos franceses: los «Gitanes» y, sobre todo, los «Celtiques» son los que más me gustan.
El tabaco,
que casa admirablemente con el alcohol (si el alcohol es la reina, el tabaco es el rey), es un amable compañero con el que afrontar todos los acontecimientos de una vida. Es el amigo de los buenos y de los malos momentos. Se enciende
un cigarrillo para celebrar
una alegría y para ahogar una pena. Estando solo o acompañado.
El tabaco es un placer de todos los sentidos:
de la vista (es bonito ver bajo el papel
de plata los cigarrillos blancos, alineados como para la revista), del olfato, del tacto...
Si me vendaran
los ojos y me pusieran entre los labios
un cigarrillo encendido, me negaría a fumar. Me gusta sentir el paquete en el bolsillo, abrirlo, palpar la consistencia
del cigarrillo, notar el roce del
papel en los labios, gustar el sabor del tabaco en la lengua,
ver brotar la llama, arrimarla, llenarme
de calor.
Un hombre llamado Dorronsoro, ingeniero español de origen
vasco y republicano, exiliado en México al que conocía desde la Universidad , murió de un cáncer de los llamados «de fumador». Fui a verle al hospital en México. Tenía
tubos por todas partes
y llevaba una mascarilla
de oxígeno que él se
quitaba de vez en cuando,
para dar una chupada
a un cigarrillo, a escondidas. Fumó hasta
las últimas horas de su vida, fiel al placer que
le estaba matando.
Por tanto, respetables lectores, para terminar
estas consideraciones sobre el alcohol
y el tabaco,
padres de firmes amistades
y de fecundos ensueños, me permitiré
darles un doble
consejo: no beban ni fumen.
Es malo para
la salud.
Añadiré que el alcohol y el tabaco acompañan
muy gratamente al acto del amor. Por regla general, el alcohol viene antes, y el tabaco, después.”
Luis Buñuel. Mi último suspiro. Random House
Mondadori.
sábado, 2 de abril de 2011
viernes, 1 de abril de 2011
ALLÁ EN LAS INDIAS
SOBRE COCOS Y COCOTEROS
“Los cocos son
el fruto de una especie de palma, de que sacan su pan, su vino, su aceite y su vinagre.
Para procurarse el vino, hacen en la cúspide de la palma una incisión que
penetra hasta la médula, por donde sale gota a gota un licor que se asemeja al
mosto blanco, pero que es un tanto agrio. Recogen este licor en los tubos de
una caña del grueso de una pierna, que se ata en el árbol y que se tiene
cuidado de vaciar dos veces al día, mañana y tarde.
El
fruto de esta palmera es del tamaño de la cabeza de un hombre y aun algunas
veces más grande; su corteza primera, que es verde, tiene dos dedos de espesor
y está compuesta de filamentos de que se sirven para hacer las cuerdas que usan
para sus embarcaciones. Encuéntrase, en seguida, una segunda corteza más dura y
más consistente que la de la nuez, de la cual, quemándola, sacan un cierto
polvo que utilizan. Hay en el interior una médula blanca, del espesor de un
dedo, que se come a guisa de pan, con la
carne y el pescado. En el centro de la
nuez y en medio de esta médula existe un licor transparente, dulce y
fortificante, y si después de haber vaciado este licor en un vaso, se le deja
reposar, toma la consistencia de una manzana. Para procurarse el aceite se toma
la nuez, dejando fermentar la médula con el licor, y haciéndolo hervir en
seguida resulta un aceite
espeso como mantequilla.
Para
obtener el vinagre, se deja en reposo el líquido solo, el cual, estando
expuesto al sol, se pone ácido y parecido al vinagre que se hace del vino
blanco. Nosotros fabricábamos también un licor que se asemejaba a la leche de
cabra, raspando la médula, remojándola en el mismo líquido y colándola en
seguida. Los cocoteros se parecen a las palmeras que dan los dátiles, aunque
sus troncos, sin poseer tan gran número de nudos, no son tampoco bien lisos.
Una
familia de diez personas puede mantenerse de dos cocoteros, practicando alternativamente
cada semana las incisiones en el uno y dejando reposar al otro, a fin de que
una sangría permanente del líquido no les haga perecer. Se nos ha dicho que un
cocotero vive un siglo entero.”
Antonio Pigafetta. Primer viaje
alrededor del globo. Fundación Civiliter.
miércoles, 30 de marzo de 2011
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