Thomas Bernhard
domingo, 18 de agosto de 2019
OBITER DICTUM
viernes, 16 de agosto de 2019
miércoles, 14 de agosto de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
SEGUNDA LECCIÓN DEL PÁRAMO
Veo anegarse la llanura helada
en marea de sombra que creciente
al rojo sumidero del poniente
conduce la blancura amordazada
y a la noche cerrada
unas cuantas palabras que prudente
conseguí, menos sabio que paciente,
traigo como remedio de la nada.
Sólo para regalo de mis ojos
brillan y aroman y por un momento
chisporrotean en la llama huidiza;
después, con otros restos y despojos
de voluntad y de conocimiento,
perecen hechas brasas y ceniza.
Guillermo Carnero
lunes, 12 de agosto de 2019
domingo, 11 de agosto de 2019
sábado, 10 de agosto de 2019
ALLÁ EN LAS INDIAS
LOS YUNGAS
«Los señores naturales de
ellos fueron muy temidos antiguamente, y obedecidos por sus súbditos, y se
servían con gran aparato, según su usanza, trayendo consigo indios truhanes y
bailadores, que siempre los estaban festejando, y otros continuo tañían y cantaban.
Tenían muchas mujeres, procurando que fuesen las más hermosas que se pudiesen
hallar. Y cada señor en su valle tenía sus aposentos grandes con muchos pilares
de adobes, y grandes terrados y otro portales cubiertos con esteras. Y en el
circuito de esta casa había una plaza grande adonde se hacían sus bailes y
areytos. Y cuando el señor comía, se juntaban gran número de gente, los cuales
bebían de su brebaje hecho de maíz, o de otras raíces. En estos aposentos
estaban porteros que tenían cargo de guardar las puertas, y ver quien entraba o
salía por ellas. Todos andaban vestidos con sus camisetas de algodón y mantas
largas, y las mujeres lo mismo, salvo que la vestimenta de la mujer era grande
y ancha a manera de capuz, abierta por los lados, por donde sacaban los brazos.
Alguno de ellos tenían guerra unos con otros, y en partes nunca pudieron los
más de ellos aprender la lengua del Cuzco. Aunque hubo tres o cuatro linajes de
generaciones de estos yungas, todos ellos tenían unos ritos y usaban unas costumbres.
Gastaban muchos días y noches en sus banquetes y bebidas. Y cierto, cosa es
grande la cantidad de vino o chicha que estos indios beben, pues nunca dejan de
tener el vaso en la mano. Solían hospedar y tratar muy bien a los españoles que
pasaban por sus aposentos y recibirlos honradamente, ya no lo hacen así, porque
luego que los españoles rompieron la paz, y contendieron en guerra unos con
otros, por los malos tratamientos que les hacían fueron aborrecidos de los
indios, y también porque algunos de los gobernadores que han tenido les han
hecho entender algunas bajezas tan grandes que ya no se precian de hacer buen
tratamiento a los que pasan, pero presumen de tener por mozos a algunos de los
que solían ser señores. Y esto consiste y ha estado en el gobierno de los que
han venido a mandar, algunos de los cuales ha parecido grave la orden del
servicio de acá, y que es opresión y molestia a los naturales sustentarlos en
las costumbres antiguas que tenían, las cuales si las tuvieran, ni le
quebrantaban sus libertades, ni aun los dejaban de poner más cercanos a la
buena policía y conversión. Porque verdaderamente pocas naciones hubo en el
mundo a mi ver que tuvieron mejor gobierno que los Ingas. Salido del gobierno
yo no apruebo cosa alguna antes lloro las extorsiones y malos tratamientos, y
violentas muertes que los españoles han hecho en estos indios, obrados por su
crueldad, sin mirar su nobleza y la virtud tan grande de su nación. Pues todos
los más de estos valles están ya casi desiertos, habiendo sido en lo pasado tan
poblados como muchos saben.»
Pedro
de Cieza de León.
Crónica
del Perú.
viernes, 9 de agosto de 2019
jueves, 8 de agosto de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
LUCIFERS
Les étoiles des
lys ont éclairé la plaine...
Les pétales de
l'astre ont éclos dans la nuit ;
De
constellations de fleurs la route est pleine,
Et de moissons
de feux la voûte brille et luit.
Les anges ont
baissé leurs yeux sur les prairies,
Les hommes ont
levé leurs yeux vers les azurs ;
Et l'échange
s'est vu des blanches confréries
De l'étoile
éthérée et du pétale pur.
Les pétales se
sont envolés vers les voûtes...
Les étoiles se
sont éprises des humains...
Et des anges
aux cieux se sont trompés de routes,
Et des hommes
en bas ont trouvé leurs chemins.
Robert de
Montesquieu-Fézensac
miércoles, 7 de agosto de 2019
lunes, 5 de agosto de 2019
viernes, 2 de agosto de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LOS DÍAS FELICES
«Las clases lo son de verdad. En la primera viajan
comerciantes, fabricantes de sombreros y cuellos, primeras figuras del arte y
monjas. Son gente extraña: tienen nacionalidad turca, solo hablan inglés, viven
en México y representan a empresas francesas con pasaportes paraguayos y
argentinos. Son los colonizadores de hoy, la flor y nata de lo peorcito de
México. Siguiendo con la tradición de los acompañantes y los herederos de
Colón, que expoliaban a los indios, hacen que las personas de piel roja se
deslomen en las plantaciones habaneras a cambio de unas corbatas rojas que
hacen que los negros comulguen con la civilización europea. Se mantienen
separados. Solo van a las cubiertas de segunda y tercera clase a buscar chicas
guapas. La segunda clase está ocupada por los agentes comerciales que van de
viaje de negocios, los que se están iniciando en el arte y los intelectuales
que desgastan las teclas de las Remington. Siempre que consiguen volverse
invisibles a los ojos de los contramaestres, se cuelan disimuladamente en las
cubiertas de primera clase. Entran y se quedan plantados en medio, como si
dijeran: «Mirad, ¿cuál es la diferencia entre nosotros? Tengo los mismos
cuellos y los mismos puños». Pero enseguida los descubren y les piden que se
marchen a su cubierta, incluso con cortesía. La tercera clase es el relleno de
las bodegas. Se trata de la gente de las odesas de todo el mundo, que viaja en
busca de trabajo: boxeadores, agentes secretos, negros. No intentan colarse en
las otras clases. Les preguntan con sombría envidia a los pasajeros que bajan a
su cubierta: «¿Viene de jugar a los naipes, a la préférence?». De esa zona sube
un olor fuerte, mezcla de sudor, botas y hedor acre de los pañales que se están
secando, y también el crujido de las hamacas y las camas desplegables de las
que está plagada la cubierta, los chillidos endemoniados de los críos y los
susurros de las madres que los tranquilizan igual que las madres rusas: «Ea,
ea, mi amor, pobrecito mío».»
Vladímir Maiakovski.
América.
Gallo Nero.
América.
Gallo Nero.
jueves, 1 de agosto de 2019
OBITER DICTUM
«—En nuestros países
siempre había un poeta —me dijo Fidel— que no había tenido nada que ver con la
Revolución y que más tarde se subía al carro desde afuera, y componía el himno
nacional.
El comentario
revelaba una concepción bastante singular del rol de los poetas. Puede que
Fidel pensara en alguno de sus poetas oficiales, que habían volado desde las
universidades de Estados Unidos y desde otros exilios igualmente cómodos a
ocupar los cargos directivos de los organismos de la cultura. Después, ante la
menor sugerencia soplada desde arriba, redactaban cartas de un revolucionarismo
furibundo en contra de colegas que el Poder había resuelto condenar al
purgatorio o al infierno. Me pareció que el menosprecio de Fidel se extendía
por igual a poetas oficiales y poetas marginales, aun cuando su régimen
entregaba algunas migajas en premio a la incondicionalidad de los primeros, en
tanto que arrinconaba a los otros en sus covachas despapeladas y sórdidas,
condenándolos al desarreglo nervioso, a la maledicencia estéril.»
Jorge Edwards
miércoles, 31 de julio de 2019
lunes, 29 de julio de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
AMOR SÁDICO
Ya no te amaba, sin dejar por
eso
de amar la sombra de tu amor
distante.
Ya no te amaba, y sin embargo,
el beso
de la repulsión nos unió un
instante...
Agrio placer y bárbaro embeleso
crispó mi faz, me demudó el
semblante,
ya no te amaba, y me turbé, no
obstante,
como una virgen en un bosque
espeso.
Y ya perdida para siempre, al
verte
anochecer en el eterno luto,
mudo el amor, el corazón inerte,
huraño, atroz, inexorable,
hirsuto,
jamás viví como en aquella
muerte,
nunca te amé como en aquel
minuto!
Julio Herrera y Reissig
domingo, 28 de julio de 2019
sábado, 27 de julio de 2019
viernes, 26 de julio de 2019
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL AGUA Y EL FUEGO
«En una ocasión, para entablar
conversación con ellos sobre esto, se puso a contar los hechos más antiguos de
esta ciudad, la historia de Foroneo, del que se dice que es el primer hombre, y
de Níobe y narró cómo Deucalión y Pirras sobrevivieron después del diluvio e
hizo la genealogía de sus descendientes y quiso calcular el tiempo transcurrido
desde entonces recordando cuántos años había vivido cada uno. En ese instante,
un sacerdote muy anciano exclamó: “¡Ay!, Solón, Solón, ¡los griegos seréis
siempre niños!, ¡no existe el griego viejo!” Al escuchar esto, Solón le preguntó:
“¿Por qué lo dices?” “Todos”, replicó aquél, “tenéis almas de jóvenes, sin
creencias antiguas transmitidas por una larga tradición y carecéis de conocimientos
encanecidos por el tiempo. Esto se debe a que tuvieron y tendrán lugar muchas
destrucciones de hombres, las más grandes por fuego y agua, pero también otras
menores provocadas por otras innumerables causas. Tomemos un ejemplo, lo que se
cuenta entre vosotros de que una vez Faetón, el hijo del Sol montó en el carro
de su padre y, por no ser capaz de marchar por el sendero paterno, quemó lo que
estaba sobre la tierra y murió alcanzado por un rayo. La historia, aunque
relatada como una leyenda, se refiere, en realidad, a una desviación de los
cuerpos que en el cielo giran alrededor de la tierra y a la destrucción, a
grandes intervalos, de lo que cubre la superficie terrestre por un gran fuego…”»
Solón
Critias
Platón
miércoles, 24 de julio de 2019
OBITER DICTUM
«Yo di en exhibir heridas, mías las más, en pliegos impresos,
y, aunque se da como axioma cierto que: «Un libro lo leen pocos, lo compran
menos, y lo critican muchos», el que yo hice, por suerte mía, lo han leido
bastantes, lo han comprado más, y lo han elogiado algunos.»
Vicente García Valero.
martes, 23 de julio de 2019
domingo, 21 de julio de 2019
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
He sido una
sencilla profesora de química.
En una ciudad
luminosa del sureste.
Después de las
clases contemplaba el ancho mar.
Los dilatados,
infinitos horizontes.
Y los torpedos
grises de guerras dormidas.
He quemado mis
largas horas en la lumbre
de símbolos y
fórmulas. Junto a crisoles
de arcilla al
rojo vivo hasta encontrar la plata.
No he
descubierto nada.
No tengo ningún
premio.
A Congresos no
asistí.
Medallas y
diplomas
nunca me fueron
dados.
Minúscula
sapiencia para tan grandes sueños.
Pequeñez agobiante
para inquietudes tantas.
Y rebelde ha
surgido, como agua en desierto,
el manantial
jugoso, intenso, apasionado,
-dulce herencia
entrañable- que tiene la riqueza
de llenar de
poesía tan honda desolación.
María Cegarra
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