sábado, 20 de abril de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





CAI CHUVA DO CÉU CINZENTO


Cai chuva do céu cinzento
Que não tem razão de ser.
Até o meu pensamento
Tem chuva nele a escorrer.

Tenho uma grande tristeza
Acrescentada à que sinto.
Quero dizer-ma mas pesa
O quanto comigo minto.

Porque verdadeiramente
Não sei se estou triste ou não,
E a chuva cai levemente
(Porque Verlaine consente)
Dentro do meu coração.


Fernando Pessoa.

miércoles, 17 de abril de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN CONCORD


Después de escardar o quizá de leer y escribir por la mañana, solía bañarme de nuevo en la laguna, nadando durante cierto tiempo a través de una de sus caletas, y lavaba de mi cuerpo el polvo del trabajo o suavizaba la reciente arruga que me había provocado el estudio y, por la tarde, gozaba de absoluta libertad. Todos los días, o cada dos, caminaba hasta la aldea para oír algo de la charla que allí existe incesantemente, circulando ya de boca en boca, ya de diario en diario, y que, tomada en dosis homeopáticas, era realmente tan refrescante en su curso como el susurro de las hojas o el croar de las ranas. Como yo paseaba por los bosques para ver las aves y ardillas, así también paseaba por la aldea para ver los hombres y muchachos; en lugar del viento entre los pinos, oía el crujido de los carros. A cierto lado de mi casa había una colonia de ratas almizcleras en los prados del río; bajo el soto de olmos y plátanos, en dirección opuesta, encontrábase una aldea de hombres ocupados, tan curiosos para mí como si hubieran sido perros salvajes, sentado cada cual en la boca de su madriguera, o corriendo hacia un vecino para charlar. Frecuentemente, fui allá a observar sus costumbres. La aldea me parecía un gran salón de noticias; y para alimentarla, como anteriormente en la casa Redding y Compañía de la State Street, aquéllos guardaban sobre un lado nueces y uvas, o sal y harina y otras vituallas. Algunos tienen tan pronunciado apetito por el primer artículo, es decir, las noticias, y órganos digestivos tan robustos que sin vacilar, siempre pueden sentarse en avenidas públicas, y estarse barbotando y cuchicheando a través de ellas como los vientos Etesios, o como si inhalaran éter, produciendo ellos solamente hormigueo e insensibilidad al dolor, de otra manera el escuchar  sería doloroso, sin afectar la conciencia. Cuando deambulaba a través de la aldea rara vez dejé de ver una fila de tales dignas personas ya fuese sentadas tomando el sol sobre una escalera, los cuerpos inclinados hacia adelante y los ojos siguiendo la recta del camino, y ello, de vez en cuando, con voluptuosa expresión, ya con las manos al bolsillo, apoyándose contra un granero, semejantes a cariátides, como para apuntalarlo. Ellas, que se encontraban frecuentemente en la calle, oían todo lo que el viento les llevaba. Esos son los molinos más groseros, en los que toda charla se digiere o fracciona primero rudamente, antes de que se vacíe en tolvas más finas y delicadas dentro de las casas. Observé que los lugares vitales de la aldea eran el almacén, el bar, el correo y el banco; y, como una parte necesaria del mecanismo, guardaban una campana, un cañón, y una bomba de incendios en lugares adecuados; y las casas estaban arregladas de manera que formaban la mayor parte del género humano en callejuelas, enfrentándose unas a otras, de manera que todo viajero tenía que correr las baquetas y que todo hombre, mujer y niño podía darle un vergajazo.



Henry D. Thoreau. 
Walden, la vida en los bosques. 
Espasa-Calpe.

sábado, 13 de abril de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





             “La Cepa, fogonazo en serrín y sepia, instante con aroma a vino dulce, renace al abrir un libro viejo por una página marcada por un papelillo de fumar.  Flotan los recuerdos como plumas de plomo en mis fosas nasales. Unas estanterías de madera literaria saciadas con el murmullo de conversaciones eléctricas nos cobijaba de la lluvia permanente y salada. Los techos altos cargados de humos azules, dragones alados, afirmaciones salvajes y equivocadas, versos deshojados y tardes de risas y aguardiente. De aquel cuadro relegado al trastero de las momias enjutas nada respira, nada, y casi nada permanece. A los amigos allí no llorados se los llevó un día la vida cercenada, el invierno imparable, la carcoma siempre incansable y el hastío bien cargado de sombras imposibles. Entonces los bares tenían un alma húmeda y nocturna, mirada femenina, dulce y mohosa. Hoy, en mis santorales, por desgracia, ya invisibles para ojos adolescentes, el olor de la bruma que repta desde la dársena claramente sueña con mundos que no me esperan.”


 Baldomero Dreira




martes, 9 de abril de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS




SOBRE EL MATRIMONIO



«Cosa cierta es y averiguada que la firmeza del matrimonio consiste en el libre consentimiento de la mujer y el varón, y éste en todas las nasciones ha sido y es, porque es cierto que también entre los infieles hay verdadero matrimonio; y porque el consentimiento de las voluntades, en el cual tiene su fuerza, por diversos modos y maneras le declararon las nasciones, según sus rictos y costumbres, no poco hará al propósito de nuestra historia, aunque me alargue algo, tractar los rictos y ceremonias con que los moradores desta tierra hacían sus casamientos, para lo cual es de saber que entre los mexicanos, el que era principal y quería casar su hijo o hija, lo comunicaba primero con sus parientes y amigos, y tomado el parescer dellos, los casamenteros preguntaban qué docte tendría la novia y qué hacienda el novio, lo cual sabido, se tractaba con cuántas gallinas y cántaros de miel se habían de celebrar las bodas. Concertado, y venidos los novios, se asentaban en una estera, asidos de las manos, añudando la manta del novio con la ropa de la novia, en la cual ceremonia principalmente consistía el matrimonio. Hecho esto, el padre del novio, y si no el pariente más cercano, daba de comer con sus propias manos a la novia, sin que ella tocase con las suyas la comida, la cual había de ser guisada en casa del mismo padre del novio; luego, por consiguiente, la madre de la novia o la parienta más cercana, daba de comer al novio. Acabada desta suerte la comida y de estar todos bien borrachos, que era lo que más solemnizaba la fiesta, los convidados se iban a sus casas, y los novios, en los cuatro días siguientes, no entendían en otra cosa que en bañarse una vez por la mañana y otra a media noche, y el quinto día se juntaban, y si la novia no estaba doncella, quexábase el novio a sus padres como a personas que debieran guardarla, los cuales tornaban a llamar los convidados al sexto día, y de los cestillos en que ponen el pan, horadaban uno por el suelo y poníanle entre los otros para servir el pan en la comida, la cual acabada, el que se hallaba con el cestillo en la mano y el pan en las faldas, entendía luego el negocio, y, haciendo que se espantaba lo echaba de sí juntamente con el pan. Luego, todos a una, levantándose, reprehendían a la novia por la mala cuenta que de sí había dado, y así, enojados, se despedían. Por esto muchas veces los novios repudiaban y desechaban sus mujeres. Al contrario, si en la tornaboda todos los cestillos estaban sanos, los convidados acabada la comida, se levantaban, daban la norabuena a los novios y especialmente el más anciano hacía una larga plática a la novia alabándola de buena y de la buena cuenta que había dado de sí, y entre otras cosas le decía que en buen signo y estrella había nascido, y que el sol la había guardado, y que con muy gran razón la había de querer su marido; que los dioses la guardasen y hiciesen bien casada. Acabado este razonamiento, que duraba gran rato, muy contentos se volvían los convidados a su casa.»


Francisco Cervantes de Salazar. 
La Crónica de la Nueva España.

sábado, 6 de abril de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE









MEYERHOLD Y EL PARTIDO


«Pese a haber sido acortada en una hora después de su estreno, El revisor duró desde las ocho menos cuarto hasta las doce. La obra tenía tres partes, con un total de, si no me equivoco, dieciséis cuadros. Pese a haber ido preparado por los numerosos comentarios de Reich acerca de los efectos visuales de la obra, me conmovió su extravagancia. De hecho, lo más destacable de semejante producción no fue lo suntuoso de su vestuario sino su impactante escenografía . Salvo unas pocas excepciones, las escenas se desarrollaban sobre el espacio diminuto de un plano inclinado que, en cada cambio de acto, modificaba sus decorados y mobiliarios de estilo Imperio. El resultado de ello era un gran número de encantadores cuadros de género acordes con la orientación fundamental de la obra, que no era dramática, sino de análisis sociológico. Aquí se le ha dado gran importancia a esta versión por ser adaptación de una obra clásica del teatro revolucionario, pero se considera que los resultados son fallidos. El Partido se manifestó en contra de la producción, y hasta una opinión moderada del crítico teatral del Pravda fue rechazada por sus editores. Los aplausos que se escucharon en el teatro fueron escasos, pero es muy posible que esto tuviera más que ver con la consigna oficial que con la verdadera impresión causada en el público. La representación en sí fue un deleite para los ojos. Pero este fenómeno se halla relacionado, sin ninguna duda, con la cautela general aquí reinante a la hora de manifestar la opinión en público.»

Walter Benjamin.
Diario de Moscú.

Ediciones Godot.




viernes, 5 de abril de 2019

OBITER DICTUM





El anciano expremier es un tremendo apasionado de la cultura nacional galesa, a cuya revivificación ha contribuido tanto como el que más. Su casa campestre en el condado de Surrey resulta un verdadero relicario de la vieja civilización galesa. Habla siempre en galés con su familia y en galés ha hecho versos que le han valido el título de bardo. Sus versos están con frecuencia imbuidos por un espíritu cívico tan vivo y beligerante que en cualquier otro país se hubieran interpretado como rabiosamente nacionalistas, si no separatistas.


Augusto Assía

lunes, 1 de abril de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





    HORAS


El villorio
Un tren detenido sobre el llano

En cada charco
duermen estrellas sordas
Y el agua tiembla.
Cortinaje al viento

La noche cuelga en la arboleda

En el campanario florecido
Una gotera viva
Desangra las estrellas

De cuando en cuando
Las horas maduras
Caen sobre la vida.


                 Vicente Huidobro

sábado, 30 de marzo de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS



TRAS LA DERROTA


«Aquella noche de la victoria sobrevino tan grande helada, que muchos de los heridos murieron de frio; porque a solo Gómez de Tordoya, que no era muerto, y a Pedro Anzures, que estaba herido, se les pudieron dar tiendas porque aún no era llegado el carruaje. Otro día de mañana Vaca de Castro mando curar más de cuatrocientos heridos que había, e hizo enterrar los muertos y llevar los cuerpos de Pedro Álvarez y Gómez de Tordoya a sepultar a la villa de Guamanga, suntuosamente; y aquel mismo día hizo degollar algunos de los presos que habían sido en la muerte del Marqués; y cuando otro día fue a Guamanga, el capitán Diego de Rojas había degollado a Juan Tello y a otros capitanes. Y Vaca de Castro cometió la ejecución de la justicia de los demás al licenciado de la Gama, el cual ahorco y degolló cuarenta personas de los más culpados, y a otros desterró; y a todos los demás perdonó; por manera que serían justiciados hasta sesenta personas. Diose licencia a todos los vecinos que se fuesen a sus casas, y Vaca de Castro se fue al Cuzco, donde hizo nuevo proceso contra don Diego, y dende algunos días le degolló; y diego Méndez se soltó de la cárcel con otros dos de los presos, y se fueron con el Inca a aquellas montañas que llaman los Andes, que por la aspereza de la entrada son inexpugnables. El Inca los rescibio alegremente, mostrando mucho sentimiento de la muerte de don Diego, porque le era muy aficionado, y como tal le envió al camino, cuando supo que pasaba, muchas cotas de malla y coseletes y coracinas. Y otras armas de las que había tomado a la gente que venció y mato de los cristianos cuando iban en socorro de Gonzalo Pizarro y Juan Pizarro al Cuzco, enviados por el Marqués (como arriba hemos dicho); y siempre trajo indios disfrazados en el campo, que le avisasen del suceso de la batalla.


Agustín de Zárate. 
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

jueves, 28 de marzo de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





        EL LENGUAJE DEL CIELO



El cielo habla un lenguaje gris,
y callan la grave voz del vino,
la leve voz del té.
Los espejos se fatigan
de repetir el nombre de las cosas.
No dicen nada. No dicen: “un visitante”,
“las moscas”, “el libro sobre la mesa”.
No dicen nada los espejos.

Canción cantada para que nadie la oiga
es la esperanza de que esto cambie.
Niños que se acercan al ataúd del amigo muerto,
paso de ratas frente a la estufa en silencio,
el halo de humo pobre que hace rey al tejado,
o todo lo que desaparece de pronto
como el plateado salto del salmón sobre el río.

Una ráfaga apaga los ciruelos,
dispersa las cenizas de sus follajes,
arruga la vacía faz de las glicinas.
Todo lo que está aquí
parece estar verdaderamente en otro lugar.
Los jóvenes no pueden volver a casa
porque ningún padre los espera
y el amor no tiene lecho donde yacer.
El reloj murmura que es preciso dormir,
olvidar la luz de este día
que no era sino la noche sonámbula,
las manos de los pobres
a quienes no dimos nada.
“Hay que dormir”, murmura el reloj.
Y el sueño es la paletada de tierra que lo acalla.

Jorge Teillier.

miércoles, 27 de marzo de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






TRADUCCIÓN O MANDATO


Hermes era el enviado divino que llevaba los mensajes de los dioses a los hombres; en los pasajes homéricos suele ejecutar verbalmente el mensaje que se la ha confiado. Pero es frecuente, sobre todo en el uso profano, que el cometido del hermeneus consista en traducir lo manifestado de modo extraño o ininteligible al lenguaje inteligible por todos. Por eso la tarea de la traducción goza siempre de una cierta «libertad». Presupone la plena compresión de la lengua extranjera, pero aún más la comprensión del sentido auténtico de lo manifestado. El que quiera hacerse entender como intérprete debe traducir el sentido expresado. La labor de la «hermenéutica» es siempre esa transferencia desde un mundo a otro, desde el mundo de los dioses al de los humanos, desde el mundo de una lengua extraña al mundo de la lengua propia (los traductores humanos sólo pueden traducir a su propia lengua). Pero dado que la tarea del traductor consiste en «cumplir» algo, el sentido del hermeneuein oscila entre la traducción y el mandato…

Hans George Gardamer. 
Verdad y método II. 
Ediciones Sígueme

sábado, 23 de marzo de 2019

OBITER DICTUM




      La vida en la capital del Austria tiene algo de la vida de una provincia: diríase que todo está allí reglamentado y que a hora fija y de antemano marcada todas las distracciones deben terminar. Los espectáculos comienzan muy pronto; a las diez de la noche todos los teatros y cafés están cerrados, y cada ciudadano se retira a su casa, lo mismo, exactamente lo mismo que en una ciudad de provincia, lo cual no es ciertamente muy agradable.

Gorgonio Petano