martes, 3 de abril de 2018

OBITER DICTUM






    «Nadie exigirá que pase lista á lo que contienen las demás vitrinas de los modistos supremos. Seis hay, por lo menos, que se imponen: Redfern, Doucet, Laferriére, Félix, Worth, y en pieles y abrigos, Storch; acaso en justicia también debiera nombrar á Raudnitz.»


Emilia Pardo Bazán.

lunes, 2 de abril de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





ARROGANTE, ESCÉPTICO Y FASCINANTE

En muy raras ocasiones surge entre nosotros un individuo cuyas virtudes sean tan manifiestas para todos, un ser humano con tal empatía hacia sus congéneres de la más variada condición, un sujeto con tanta capacidad para subordinar el amor propio a las necesidades ajenas, para acomodar su vida a la armonía de la comunidad circundante, que cuantos llegan a tratarlo le profesan amor y veneración sin límites. Dalton Trumbo no era esa clase de persona. A nadie que yo haya conocido se le puede aplicar con más justicia el adjetivo «fascinante», aunque un término de significado casi opuesto como «irritante» cuadrara igualmente en la descripción. Otro tanto sucede con un largo repertorio de epítetos que incluiría los siguientes: sabio, divertido, avaro, generoso, sarcástico, solícito, vanidoso, implacable, sinuoso, tierno, pugnaz, altruista, profético, infatigable, miope y soberbiamente lúcido. De costumbres irrevocablemente caseras, a Trumbo le gustaba escribir en la bañera con la pluma en una mano y un cigarrillo en la otra. Su distracción favorita era la polémica, actividad que ejercía mediante una voluminosa correspondencia con amigos y extraños o en épicas conversaciones donde sus contertulios, cuando Trumbo se lanzaba, perdían la noción del tiempo tanto como él. Tengo para mí que hay dos grandes variedades del temperamento humano: la primera, que engloba a la inmensa mayoría sin excluir a muchos sujetos de enorme talento o inteligencia, comprende a quienes tienden a aceptar la realidad tal cual es, observan las reglas establecidas y se someten a la opinión autorizada, sobre todo en campos ajenos a su especialidad o interés; la segunda, exigua en comparación pese a contener una buena cáfila de bellacos, genios, majaderos y enredadores, incluye a los intrínseca y (a menudo) arrogantemente escépticos, a los que desechan las sólidas credenciales del experto y se empeñan en probar cada aseveración por sí mismos sin importarles cuán limitados puedan ser sus atributos para ello. Trumbo pertenecía incuestionablemente al segundo grupo.

Ring Lardner Jr.
Me odiaría cada mañana.

Ediciones Barataria.

viernes, 30 de marzo de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





AZAÑA

25/11/37

El presidente de la República. En el curso de una audiencia a Companys, Comorera y otros dos ministros catalanes, se lanzó a una discusión sobre las perspectivas de la guerra, desarrollando el punto de vista de que es imposible poner fin al conflicto mediante una victoria militar y de que, en consecuencia, habrá que buscar la solución fuera del terreno militar. Ante la viva resistencia de Comorera, replicó hablando de la necesidad del trabajo de disgregración en la retaguardia enemiga, pero estaba claro desde el principio que las observaciones iban en otra dirección, la de la necesidad de un entendimiento con el enemigo (fuente de la información Comorera). Además del presidente hay otros síntomas más graves, que conocéis (fuentes que os aconsejo tomar con alguna reserva, por las razones que os explicaré). En general, la tendencia a considerar al presidente favorable al compromiso y comprometido en lograrlo está bastante extendida entre el personal dirigente de los diversos partidos. Comorera habló abiertamente de ello en la última reunión del CC del PSUC. Mariano Vázquez ha hablado de ello con Checa. Se sabe que el presidente mantiene vínculos sospechosos con el extranjero, y el ministro de Asuntos Exteriores le es totalmente afecto."


Palmiro Togliatti. 
Escritos sobre la guerra de España. 
Editorial Grijalbo.

lunes, 26 de marzo de 2018

ALLÁ EN LAS INDIAS






POBRES DE MIS HIJOS


       “Llegado a Mexico Tlilancalqui, prençipal, ante el rrey Monteçuma, hízole gran rresçibimiento, contóle por extenso de la manera que fue a beer al gran capitán Don Fernando Cortés y la rrespuesta que le dio, conforme a lo arriba rreferido, todo por estenço. Quedó cabizbaxo Monteçuma ymaginando lo que adelante se le siguió puntualmente. Agradesçió a Tlilantzin el trauaxo del camino. Después le propuso lo siguiente, díxole: "Ya sabéis, Tlilancalqui, que la boluntad que siempre os e tenido, conforme a las obras buenas que de mí abéis rresçibido, la quiero yo agora rresçibir de bos. Y es que ya los dioses se cansaron y nos dexaron poder de estraños, estos nros dioses, el tiempo y señor, Tloquee yn Nahuaque, nro señor, la noche, el ayre, a su albedrío, cuyos esclauos somos (Titlaacahuan), pues sea mucho de norabuena, bengan los que an benido. ¿Dónde podemos yr? Mirá, hijo, lo que más os encargo, que pobres de mis hijos, llamados Yhuiltemoc y Chimalpupuca y Acatlxoxouhqui y Acamapich y Neçahualtecolotl y Axayaca y Tlacahuepan. Mirá que quando yo sea muerto a manos de los que agora bienen, los mexicanos como malos y crueles, con este enojo, los an de matar, los escondáis y abriguéis y amparéis, porque, después de yo muerto, ¿qué mirami an de tener de ellos?, antes acaballos de matar. Y para esto, desde agora los pongo uro poder. Hazé cuenta son uros hijos o nietos, de esconderlos uros rrincones si escaparen o el uno o el otro o qualquiera de ellos. Abéislos de querer conforme a boluntad y querer que os é tenido. Porque, mirá, no dudéis ello a de ser así, que an de costar muchas muertes este señorío que an de tener en estos rreynos deste mundo, que lo tengo predestinado muchos días, y todo quanto me dexó dho el rrey Neçahualpilli a de ser a la letra porque jamás faltó de lo que dezía. Y mirá lo que os digo, que los rrigieren y gouernaren por mandado de ellos, que no es ni a de ser señorío, sino sujetos como esclauos.  Y si los dioses os dieren bida os acordaréis de lo que aquí os digo. Y si todabía escapare yo con la bida, ya no seré rrey sino tequitlato y en mí se bernán a consumir los señores, tronos, sillas, estrados que los antiguos rreyes bieron y gozaron, porque en mí, soi Monteçuma, se acabará todo". Acabada su rrazón, se paró cabizbaxo, derramando ynfinitas lágrimas salidas del coraçón, que ponía gran dolor y compasión.”


Hernando Alvarado Tezozómoc. 
Crónica Mexicana.

viernes, 23 de marzo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA









[…]
7

madre, madre,

nada nos une ahora, más que tu muerte,
tu inmensa fotografía como una noche en el pecho,
el único retrato tuyo que tengo ahora es esta oscuridad,
tu única voz es el silencio de tantas voces juntas,

es preciso que ahora tu blancura acompañe a las flores
         cortadas,
ningún otro corazón de dormir hay en mí que tus ojos
         ausentes,
tus labios deshabitados que no tienen que ver con el aire,
tu amor sentado en el sitio en que nada recuerda ni sabe,
ahora mis palabras se han enrojecido en su esfuerzo de
         alzar el vuelo,
pero nada puede moverse en este sitio donde yo te
respondo como si tú me estuvieras llamando,
nadie puede infringir las reglas de esta mesa de juego a
la que estamos sentados,
a solas como el mar que rodea al naufragio
         hemos de contemplarnos tú y yo,
nada nos une ahora, sólo ese silencio,
         único cordón umbilical tendido sobre la noche
como un alimento imposible,
y por allí me desatas para otro silencio,
en las afueras de estas palabras,
nada nos tiene ahora reunidos, nada nos separa ahora,
ni mi edad ni ninguna otra distancia,
         y tampoco soy el niño que tú quisiste,
no pactamos ni convenimos nada,
nuestras melancolías gemelas no caminaban tomadas
         de la mano,
pero desde lejos algunas veces se volvían a mirarse
y entonces sonreían,

ahora un poco de flores para mí
                  de las que te llevan,
también en mí hay algo tuyo a lo que deberían llevarle
         flores
                   ese algo es el niño que fui,
ya nada nos une a los tres,
                   a ti, a mí, a ese niño,
[…]

José Carlos Becerra

miércoles, 21 de marzo de 2018

OTRA BALSA EN AQUERONTE

















PERA PALAS


Verse uno a sí mismo en un espejo de diez pies de altura y marco dorado del «Pera Palas» de Estambul es conocer un instante de gloria, la alegría de ver su propia cara en un retrato de príncipe. La decoración del fondo es una suntuosidad decadente, un acre de mullida alfombra, negros paneles y escultura rococó en las paredes y en el techo en el que unos cupidos sonríen pacientemente y van desconchándose a pedacitos. En lo alto penden complicadas arañas de luces, y pasadas las columnas de mármol del salón de baile y las palmeras de cerámica, hay el bar de caoba en el que lucen unas copias excelentes de pinturas francesas mediocres. Este palacio, que desde el exterior, no parece más imponente que el «Charlestown Savings Bank» de Boston, es regentado por unos hombrecillos vestidos de oscuro que parece como si perteneciesen a varias generaciones de la misma familia y cada uno de ellos muestra una sonrisa cortés bajo su bigote y da respuestas francesas a preguntas inglesas. Afortunadamente, el hotel es una fundación caritativa, conforme a los deseos del difunto propietario, un filántropo turco: los beneficios de los gastos principescos, cualquier voluptuoso exceso, pasan a mejorar la suerte de turcos menesterosos.

Paul Theroux.
El Gran Bazar del Ferrocarril.

Plaza & Janes.

domingo, 18 de marzo de 2018

OBITER DICTUM






“Será capaz de obtener el apoyo de todos los dóciles y crédulos, que no tienen firmes convicciones propias, sino que están dispuestos a aceptar un sistema de valores confeccionado si se machaca en sus orejas con suficiente fuerza y frecuencia. Serán los de ideas vagas e imperfectamente formadas, los fácilmente modelables, los de pasiones y emociones prontas a levantarse, quienes engrosarán las filas del partido totalitario.”


Friedich A. Hayek

miércoles, 14 de marzo de 2018

OTRA BALSA EN AQUERONTE





EN MEDIO DE UN TIFÓN


       «Probablemente el logro del que me siento más orgulloso, mi vivencia más intensa, ocurrió cuando tenía diecisiete años. Estaba a bordo de una goleta de tres palos frente a las costas de Japón. Y en medio de un tifón. Toda la tripulación había estado en cubierta durante la mayor parte de la noche. A las siete de la mañana me hicieron salir de la litera para que me hiciera cargo del timón. No llevábamos izado ni un palmo de trapo. Navegábamos a palo seco, pero seguíamos avanzando a buena velocidad. La distancia entre olas debía de ser de aproximadamente un octavo de milla, pero el viento batía con fuerza sus crestas llenando el aire con tales rociones que era imposible poder ver más de dos olas a la vez. La goleta era prácticamente ingobernable, escoraba constantemente a estribor y a babor, viraba y cabeceaba hacia cualquier rumbo entre el sudeste y el sudoeste, y crujía cuando las olas la levantaban bruscamente amenazando con volcarla. Si hubiese llegado a volcar se habría perdió irremediablemente junto con las vidas de todos los que íbamos a bordo.
       Me puse a la caña. El contramaestre me observó durante un rato. Dudaba de mí por mi juventud: creía que quizá no tuviese la fuerza ni los nervios necesarios; pero cuando me vio gobernar la goleta entre unas cuantas olas se dio por satisfecho y bajó a desayunar. De repente, todos estaban abajo desayunando. Si hubiésemos volcado, ninguno de ellos habría podido llegar jamás a cubierta. Durante cuarenta minutos estuve a solas con la rueda del timón, dominando la salvaje navegación de la goleta y con las vidas de veintidós hombres en mis manos. En una ocasión me entró una gran ola por popa. La venir a tiempo y, medio ahogado por las toneladas de agua que me caían encima, logré mantener el rumbo y enfilar correctamente la proa. Al cabo de una hora, empapado y extenuado, me relevaron. Pero, ¡lo había conseguido! Con mis propias manos había conseguido dominar el timón y conducir cien toneladas de madera y acero a través del viento y de millones de toneladas de agua.
       Mi satisfacción radicaba en que yo lo había hecho, no en que veintidós hombres supiesen que yo lo había hecho. Un año más tarde, la mitad de aquellos hombres había muerto…»


Jack London. 
El crucero del Snark. 
Editorial Juventud.

sábado, 10 de marzo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Todo el dolor derramado
                       sobre el paisaje.
La tarde transparente
                       como un agua
se ha mirado en tus ojos.
             Lejos
              la noche arrodillada
                              trenza tinieblas
                              ante su espejo.
Mi corazón es un plenilunio de tristeza.


Norah Lange

martes, 6 de marzo de 2018

OBITER DICTUM






«Si queremos entender la política exterior inglesa, no hay que preguntarse nunca si Inglaterra hará esto o aquello pensando en el bien de la humanidad, o de Europa, o de un pueblo oprimido, o de un derecho burlado, o de una causa justa. Inglaterra siempre hará o dejará de hacer algo según convenga, o según le parezca que conviene, a su estricto interés del momento; y, dado que ese interés varía, como el viento del mar, la política exterior británica salta con increíble presteza, casi cínica, de un cuadrante a otro, y al parecer también cambia de manera continua, y se contradice a sí misma, y ahora dice blanco y luego negro, desconcertando y defraudando a todo el mundo. De ahí su fama de pérfida. Pero, en el fondo, no hay más firme, continua e inmutable, porque, bajo esos cambios de piel que desorientan y perjudican a los demás, ella siempre va recorriendo su propio camino, y ningún otro más que el suyo.»


Gaziel

lunes, 5 de marzo de 2018

OBITER DICTUM






 Ahí están los dos viejos amigos, ante mí, sin tener nada que decirse, como tantas veces, bastándose con su amistad, con un silencio zumbante de conversaciones remotas. He ahí una amistad cumplida. El vivo es el que asiste al mutismo del otro. El muerto es sólo un amigo enfadado: así he visto siempre a los muertos.
      
Francisco Umbral.