viernes, 23 de marzo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA









[…]
7

madre, madre,

nada nos une ahora, más que tu muerte,
tu inmensa fotografía como una noche en el pecho,
el único retrato tuyo que tengo ahora es esta oscuridad,
tu única voz es el silencio de tantas voces juntas,

es preciso que ahora tu blancura acompañe a las flores
         cortadas,
ningún otro corazón de dormir hay en mí que tus ojos
         ausentes,
tus labios deshabitados que no tienen que ver con el aire,
tu amor sentado en el sitio en que nada recuerda ni sabe,
ahora mis palabras se han enrojecido en su esfuerzo de
         alzar el vuelo,
pero nada puede moverse en este sitio donde yo te
respondo como si tú me estuvieras llamando,
nadie puede infringir las reglas de esta mesa de juego a
la que estamos sentados,
a solas como el mar que rodea al naufragio
         hemos de contemplarnos tú y yo,
nada nos une ahora, sólo ese silencio,
         único cordón umbilical tendido sobre la noche
como un alimento imposible,
y por allí me desatas para otro silencio,
en las afueras de estas palabras,
nada nos tiene ahora reunidos, nada nos separa ahora,
ni mi edad ni ninguna otra distancia,
         y tampoco soy el niño que tú quisiste,
no pactamos ni convenimos nada,
nuestras melancolías gemelas no caminaban tomadas
         de la mano,
pero desde lejos algunas veces se volvían a mirarse
y entonces sonreían,

ahora un poco de flores para mí
                  de las que te llevan,
también en mí hay algo tuyo a lo que deberían llevarle
         flores
                   ese algo es el niño que fui,
ya nada nos une a los tres,
                   a ti, a mí, a ese niño,
[…]

José Carlos Becerra

miércoles, 21 de marzo de 2018

OTRA BALSA EN AQUERONTE

















PERA PALAS


Verse uno a sí mismo en un espejo de diez pies de altura y marco dorado del «Pera Palas» de Estambul es conocer un instante de gloria, la alegría de ver su propia cara en un retrato de príncipe. La decoración del fondo es una suntuosidad decadente, un acre de mullida alfombra, negros paneles y escultura rococó en las paredes y en el techo en el que unos cupidos sonríen pacientemente y van desconchándose a pedacitos. En lo alto penden complicadas arañas de luces, y pasadas las columnas de mármol del salón de baile y las palmeras de cerámica, hay el bar de caoba en el que lucen unas copias excelentes de pinturas francesas mediocres. Este palacio, que desde el exterior, no parece más imponente que el «Charlestown Savings Bank» de Boston, es regentado por unos hombrecillos vestidos de oscuro que parece como si perteneciesen a varias generaciones de la misma familia y cada uno de ellos muestra una sonrisa cortés bajo su bigote y da respuestas francesas a preguntas inglesas. Afortunadamente, el hotel es una fundación caritativa, conforme a los deseos del difunto propietario, un filántropo turco: los beneficios de los gastos principescos, cualquier voluptuoso exceso, pasan a mejorar la suerte de turcos menesterosos.

Paul Theroux.
El Gran Bazar del Ferrocarril.

Plaza & Janes.

domingo, 18 de marzo de 2018

OBITER DICTUM






“Será capaz de obtener el apoyo de todos los dóciles y crédulos, que no tienen firmes convicciones propias, sino que están dispuestos a aceptar un sistema de valores confeccionado si se machaca en sus orejas con suficiente fuerza y frecuencia. Serán los de ideas vagas e imperfectamente formadas, los fácilmente modelables, los de pasiones y emociones prontas a levantarse, quienes engrosarán las filas del partido totalitario.”


Friedich A. Hayek

miércoles, 14 de marzo de 2018

OTRA BALSA EN AQUERONTE





EN MEDIO DE UN TIFÓN


       «Probablemente el logro del que me siento más orgulloso, mi vivencia más intensa, ocurrió cuando tenía diecisiete años. Estaba a bordo de una goleta de tres palos frente a las costas de Japón. Y en medio de un tifón. Toda la tripulación había estado en cubierta durante la mayor parte de la noche. A las siete de la mañana me hicieron salir de la litera para que me hiciera cargo del timón. No llevábamos izado ni un palmo de trapo. Navegábamos a palo seco, pero seguíamos avanzando a buena velocidad. La distancia entre olas debía de ser de aproximadamente un octavo de milla, pero el viento batía con fuerza sus crestas llenando el aire con tales rociones que era imposible poder ver más de dos olas a la vez. La goleta era prácticamente ingobernable, escoraba constantemente a estribor y a babor, viraba y cabeceaba hacia cualquier rumbo entre el sudeste y el sudoeste, y crujía cuando las olas la levantaban bruscamente amenazando con volcarla. Si hubiese llegado a volcar se habría perdió irremediablemente junto con las vidas de todos los que íbamos a bordo.
       Me puse a la caña. El contramaestre me observó durante un rato. Dudaba de mí por mi juventud: creía que quizá no tuviese la fuerza ni los nervios necesarios; pero cuando me vio gobernar la goleta entre unas cuantas olas se dio por satisfecho y bajó a desayunar. De repente, todos estaban abajo desayunando. Si hubiésemos volcado, ninguno de ellos habría podido llegar jamás a cubierta. Durante cuarenta minutos estuve a solas con la rueda del timón, dominando la salvaje navegación de la goleta y con las vidas de veintidós hombres en mis manos. En una ocasión me entró una gran ola por popa. La venir a tiempo y, medio ahogado por las toneladas de agua que me caían encima, logré mantener el rumbo y enfilar correctamente la proa. Al cabo de una hora, empapado y extenuado, me relevaron. Pero, ¡lo había conseguido! Con mis propias manos había conseguido dominar el timón y conducir cien toneladas de madera y acero a través del viento y de millones de toneladas de agua.
       Mi satisfacción radicaba en que yo lo había hecho, no en que veintidós hombres supiesen que yo lo había hecho. Un año más tarde, la mitad de aquellos hombres había muerto…»


Jack London. 
El crucero del Snark. 
Editorial Juventud.

sábado, 10 de marzo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Todo el dolor derramado
                       sobre el paisaje.
La tarde transparente
                       como un agua
se ha mirado en tus ojos.
             Lejos
              la noche arrodillada
                              trenza tinieblas
                              ante su espejo.
Mi corazón es un plenilunio de tristeza.


Norah Lange

martes, 6 de marzo de 2018

OBITER DICTUM






«Si queremos entender la política exterior inglesa, no hay que preguntarse nunca si Inglaterra hará esto o aquello pensando en el bien de la humanidad, o de Europa, o de un pueblo oprimido, o de un derecho burlado, o de una causa justa. Inglaterra siempre hará o dejará de hacer algo según convenga, o según le parezca que conviene, a su estricto interés del momento; y, dado que ese interés varía, como el viento del mar, la política exterior británica salta con increíble presteza, casi cínica, de un cuadrante a otro, y al parecer también cambia de manera continua, y se contradice a sí misma, y ahora dice blanco y luego negro, desconcertando y defraudando a todo el mundo. De ahí su fama de pérfida. Pero, en el fondo, no hay más firme, continua e inmutable, porque, bajo esos cambios de piel que desorientan y perjudican a los demás, ella siempre va recorriendo su propio camino, y ningún otro más que el suyo.»


Gaziel

lunes, 5 de marzo de 2018

OBITER DICTUM






 Ahí están los dos viejos amigos, ante mí, sin tener nada que decirse, como tantas veces, bastándose con su amistad, con un silencio zumbante de conversaciones remotas. He ahí una amistad cumplida. El vivo es el que asiste al mutismo del otro. El muerto es sólo un amigo enfadado: así he visto siempre a los muertos.
      
Francisco Umbral.

viernes, 2 de marzo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






A Carlos Mérida
I

Ensayé la palabra, su medida,
el espacio que ocupa. La tomé
de los labios, la puse con cuidado
en tu mano. Que no se escape. ¡Empuña!
Cuenta hasta dos (lo más difícil).
Ábrela ahora: una
estrella en tu mano.

II

Yo concluía las noches con un sueño. Yo
conjuraba a alguien en un sitio secreto. Yo
contaba unos números. Y alguien,
que no sospechas, nacía entre la sombra,
no formaba su cuerpo con lo oscuro; sino que
de aire limpio, separado, se construía. Yo 
contaba unos números.
Alguien, horadando la sombra, nacía
como un ángel de vidrio, como niño vacío.
Se hacía un hueco vivo. Yo
seguía contando.
Se acercaba a mis labios. Amorosamente
se adhería a mi carne. La más exacta
piel, la más exacta, me envolvía. Yo
seguía contando. Repetía,
ahora con su voz las mismas cifras.
Y como cada noche nacía con forma diferente,
para no equivocarme, yo coloqué a este ángel
en un sitio secreto; y le puse su número.


Ernesto Mejía Sánchez

lunes, 26 de febrero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL SUEÑO DEL FRANCOTIRADOR


       “Al caer la noche, un foco que había sido instalado en el edificio más alto de Madrid, el cine Capítol, se puso en funcionamiento. Barría los tejados con un doble rayo de luz que parecía casi sólido en medio del cielo sombrío. En vista de que ninguna fuerza obrera organizada había hecho acto de presencia en la calle, el Gobierno había decidido declarar la guerra a los francotiradores.
       Si se ve desde la altura adecuada, la característica más importante de Madrid se halla en sus tejados planos. Capas y capas de tejados se elevan una por encima de otra, y su continuidad solo se ve interrumpida por las innumerables ventanas de los áticos y, de vez en cuando, por un piso adicional; las enredaderas, que a su debido tiempo se llenan de flores rojas y púrpuras, trepan por ellos. El mar de tejas, virado por el sol y atenuado por la suciedad hasta alcanzar un encantador término medio entre el negro y el amarillo, al que hay que añadir los desvaídos matices dorados, es una de las vistas más atractivas de España. Este tejado tan especial se conoce como «azotea». Y ha desempeñado un papel considerable en el tipo de guerra que se desarrolla en suelo español.
       La azotea es el sueño de todo francotirador. La facilidad que ofrece para una bien planificada guerra de guerrillas, combinada con siglos de práctica, ha producido una técnica especial de ataque. Uno de los periódicos calculó que unos diez mil francotiradores habían disparado desde las azoteas durante las primeras noches de la insurrección. Y a pesar de que los francotiradores, en la mayoría de los casos, no eran más que chiquillos armados con revólveres belgas de muy mala calidad, cuyas balas se volvían casi inofensivas al llegar al suelo, su actividad constituía una pesadilla para las autoridades militares.”


Norman Lewis. 
Una tumba en Sevilla. 
Ediciones Península.

sábado, 24 de febrero de 2018

OBITER DICTUM






Entrar en una comunidad pluralista es, a la vez, un adquirir y un conceder. Los extranjeros que no están dispuestos a conceder nada a cambio de lo que obtienen, que se proponen permanecer como «extraños» a la comunidad en la que entran hasta el punto de negar, al menos en parte, sus principios mismos, son extranjeros que inevitablemente suscitan reacciones de rechazo, de miedo y de hostilidad. El dicho inglés es que la comida gratis no existe. ¿Debe y puede existir una ciudadanía gratuita, concedida a cambio de nada? Desde mi punto de vista, no. El ciudadano «contra», el contraciudadano es inaceptable.

Giovanni Sartori.

jueves, 22 de febrero de 2018

OBITER DICTUM






«Los gratos recuerdos son arrancados de cuajo de mi mente. Los muros de las casas, cortados por la hirviente metralla, desfilan humeantes a nuestro lento paso. Camas rotas y colchones desgarrados con sus entrañas muertas al aire; asas de cántaros, cacerolas y zapatos se mezclan en macabra democracia con la carne de sus amos. Pedazos de cuerpo se ven estampados por doquier. Otros, en los muros, resaltan como altorrelieves luzbelianos. La masa de lo que era el cuerpo de una anciana pende del marco de una puerta. Sus ojos reflejan aún el espanto. Más adelante, la pierna de un niño con su alpargata solitaria, descansa en el lomo descarnado de un marrano.»

Francisco Tarazona.