viernes, 21 de abril de 2017

OBITER DICTUM






“Lamento tener que decirle que los libros en la actualidad son considerados una especie en extinción. Por libros también quiero decir las condiciones de la lectura que posibilitan la literatura y sus efectos en el espíritu. Pronto, nos dicen, tendremos en “pantallas-libros” cualquier “texto” a nuestra disposición, y se podrá cambiar su apariencia, formularle preguntas, “interactuar” con él. Cuando los libros se conviertan en “textos” con los que “interactuamos” siguiendo criterios utilitarios, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisada regida por la publicidad. Éste es el glorioso futuro que se está creando, y que nos prometen, como algo más “democrático”. Por supuesto, ello implica nada menos que la muerte de la introspección… y del libro. Esta vez no habrá necesidad de una gran conflagración.

         Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, créame que no me satisface quejarme. Pero ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura misma– que a usted?

         Todo lo que quiero decir es que lo echamos de menos. Yo lo echo de menos. Su influencia decisiva continúa. La época en que ahora estamos entrando, este siglo XXI, pondrá a prueba al espíritu de maneras nuevas. Pero, se lo aseguro, algunos no vamos a abandonar la Gran Biblioteca.

         Y usted seguirá siendo nuestro patrono y nuestro héroe.”



Susan Sontang.

lunes, 17 de abril de 2017

OBITER DICTUM






Ginebra, 6 de mayo de 1986

Queridos amigos de la agencia E.F.E:


                           Les envío estas líneas para que las publiquen donde quieran. Lo hago para terminar de una vez por todas con el asedio de los periodistas y con las llamadas y las preguntas de las que estoy cansado.

                           Soy un hombre libre. He resuelto quedarme en Ginebra, porque Ginebra corresponde a los años más felices de mi vida. Mi Buenos Aires sigue siendo el de las guitarras, el de las milongas, el de los aljibes, el de los patios. Nada de eso existe ahora. Es una gran ciudad como tantas otras. En Ginebra me siento misteriosamente feliz. Eso nada tiene que ver con el culto de mis mayores y con el esencial amor a la patria. Me parece extraño que alguien no comprenda y respete esta decisión de un hombre que ha tomado, como cierto personaje de Wells, la determinación de ser, un hombre invisible,

                           Con todo aprecio se despide de ustedes


Jorge Luis Borges

miércoles, 12 de abril de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL YIDDISH Y LAS AMIGAS


        «El estado en que se encontraba la lengua yiddish, y por ende su literatura, era tal que difícilmente podía deteriorarse aún más. La editorial Kleckin, con la cual yo había estado relacionado, se había declarado en quiebra, cesando todas sus operaciones. El periódico vespertino Radio ya no se interesaba por mis servicios. Los mismos colegas que sólo uno o dos años antes me reprochaban el que trabajase para la prensa burguesa, también conocida como prensa amarilla, y colaborara de ese modo en la difusión del opio entre las masas, ahora estaban dispuestos a ofrecer el kitsch que ellos producían, a mitad o incluso la cuarta parte del precio. La decepción del comunismo había llevado a muchos radicales a adoptar las tesis sionistas. En aquel momento, mi única fuente de ingresos era un periódico yiddish de París, que según todos los indicios tenía los días contados. Los cheques que me llegaban de París se retrasaban cada vez más. No sólo me era imposible seguir conservando dos habitaciones separadas, debido a mis dos amigas, sino que incluso tenía problemas para pagar una sola.»


Isaac Bashevis Singer. Amor y exilio. Ediciones B.

domingo, 9 de abril de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                     CAVERNA


Es verdad que los muertos tampoco duran
Ni siquiera la muerte permanece
Todo vuelve a ser polvo

Pero la cueva preservó su entierro

Aquí están alineados
cada uno con su ofrenda
los huesos dueños de una historia secreta

Aquí sabemos a qué sabe la muerte
Aquí sabemos lo que sabe la muerte
La piedra le dio vida a esta muerte
La piedra se hizo lava de muerte

Todo está muerto
En esta cueva ni siquiera vive la muerte


José Emilio Pacheco.

viernes, 7 de abril de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                      CAFÉ


      OS DOUS camareiros d’o espello
esmaltan o ar
pol-as bandas.

      Bañamos n-a sua auga de xabón
o suor d’as mañáns infladas
      o vapor que pita ámoras
      trai unha fríxida
      rafega trasmeridián
      O pianista matina resolver
o rompecabezas d’un tango jazzband
      o sonroxo d’un aplauso dormido
desculpas-se chamando ó camareiro.

      ESCOITEI voces novas
de par d’o meu sono
      e arrecadein-as ó despertar.

      Os meus xionllos cegos
adeprenderon unha oración

      Os reloxes sin senso
cordializaron o seu ritmo

      Botei a miña voz esquencida
n-os brazos abertos d’o alén

      Pol-os camiños desfechados
atopei o retorno
      Mais non retornóu ningúen


Manuel Antonio

miércoles, 5 de abril de 2017

OBITER DICTUM






“El sentimiento de los espectadores crea la comedia, y aborta al autor dramático. ¿Quiénes son espectadores de las comedias? Padres honrados y tenderos, niñas idiotas, viejas con postizos, algún pollo majadero, y un forastero. Los mismos que juegan la lotería en las tertulias de la clase media. Por eso los autores de comedias, desde Moratín hasta Benavente, parecen nacidos bajo una mesa camilla. Son fetos abortados en una tertulia casera. En sus comedias están todas las lágrimas de la baja y burguesa sensibilidad madrileña. Son los hijos de una sensibilidad y de un ingenio, que se estremece como ante un enigma alejandrino, cuando el bizarro capitán que agita la bolsa de la lotería, canta guiñando un ojo: “Los dos patitos”. En fin, cuente conmigo, si algo puedo hacer en pro de ese intento.”


Ramón María del Valle-Inclán.

domingo, 2 de abril de 2017

OBITER DICTUM











En la ciudad gaditana del Puerto de Santa María, a la derecha de un camino, bordeado de chumberas, que caminaba hasta salir al mar, llevando a cuestas el nombre de un viejo matador de toros —Mazzantini—, había un melancólico lugar de retamas blancas y amarillas llamado la Arboleda Perdida.

Rafael Alberti

sábado, 1 de abril de 2017

OBITER DICTUM






21 de mayo

Maurice se llevó la pistola de la mesita de noche, so pretexto de limpiarla. Papá, que esta noche se encuentra bien, dice:
        --Eso ha dicho, pero miente. Tiene miedo de que me mate. Pero si yo quisiera matarme, no usaría una herramienta con la que lo único que haces es desfigurarte.
        --¡¿Quiere no hablar de eso?! –dice Marinette.
        --Cogería directamente la escopeta.
        --Mejor harías cogiendo una lavativa --le digo.


Jules Renard

miércoles, 29 de marzo de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



DIOSES ROMANOS


            “No cabe duda de que las festividades religiosas, subvencionadas por las finanzas públicas, gozaban del clamor popular; pero Gaston Boissier peca de excesivo optimismo cuando ensalza la piedad de los romanos. Entre los festejos que más gustaban a las gentes sencillas, es evidente que estaban las fiestas religiosas, porque “eran alegres, bulliciosas y parecían pertenecerles”. Pero no deberíamos hacernos ilusiones sobre los sentimientos que les despertaban tales festividades. Por su afición a las borracheras y a los bailes que, con motivo de la fiesta de Anna Perenna, se realizaban todos los años en la orilla del Tíber, no debemos deducir que sintieran una sincera e iluminada adoración esta antigua diosa latina; sería tan imprudente como medir el alcance y la profundidad del catolicismo de París por la afluencia de parisinos al Réveillon. Sin embargo, no faltan indicios de la constancia con que la burguesía romana siguió cumpliendo en los tiempos del Imperio sus deberes hacia las divinidades reconocidas por el Estado. Por ejemplo, un “conservador” como Juvenal, que dice despreciar las supersticiones extranjeras, en un primer momento aparece profundamente unido a la religión nacional y, con el tiempo, parece seguir amándola de una forma sincera, ya que su sátira XII comienza con la bella descripción de uno de sus sacrificios en la Triada Capitolina:

Más dulce que el aniversario de mi nacimiento me es, Corvinus, este día en que el altar de hierba espera con aire de fiesta a los animales prometidos a los dioses. Llevo a la Reina un cordero blanco como la nieve; otro, de vellón semejante, le ofreceré a la diosa que en los combates se cubre con la máscara de la Gorgona líbica. Más allá, reservada a Júpiter Tarpeyo, una víctima impetuosa tiende y sacude su cuerda y agita su testuz amenazante, becerro ya bravo, maduro para los templos y para el altar, al que habrá de regar un vino puro, criatura que ya se avergüenza de mamar de la ubre materna y con su cornamenta incipiente hostiga el tronco de los árboles. Si gozara de una fortuna tan grande como mi amor, traería al sacrificio un toro más grande que Hispulla, pues quiero festejar el regreso de un amigo que aún tiembla por los terribles peligros que ha debido correr y está asombrado de permanecer con vida…

            Pero releamos atentamente estos exquisitos versos. No es a los dioses a quienes dirige su profundo fervor: los dedica a ensalzar el paisaje campestre donde se prepara la ofrenda, a los animales domésticos que va a inmolar y cuya belleza aprecia como propietario y poeta y, sobre todo, al amigo cuyo inesperado regreso quiere festejar, ofreciéndole en esta clara y apetecible descripción el humo del festín al que ha sido invitado en señal de júbilo. Sin embargo, las divinidades que ocupan el fondo oscuro de este retrato quedan relegadas a segundo plano, bien por medio de una mediocre perífrasis, como Minerva, bien a través de una cualificación ritual, como Juno Reina, o utilizando un epíteto puramente geográfico, como en el caso de Júpiter, cuyo templo sobre el Capitolio dominaba, como todo el mundo sabe, la Roca Tarpeya. Es posible, incluso, que Juvenal tuviera dificultades para describir a sus dioses; puede que sus rasgos se le hubieran borrado y no fueran para él mas que entidades que relegaba a la mitología, pues “no es cierto que haya en ningún lugar unos manes y un reino subterráneo, ni una barca de Caronte, ni ranas negras en la sima de Estigia, ni que una sola barca sea suficiente para transbordar tantos miles de muertos; ya ni los niños lo eran, excepto aquellos que aún no tienen edad para pagar su entrada a los Baños…”.
         Juvenal no era el único en mostrar escepticismo. Éste se había apoderado de la gente sencilla hasta tal punto que aquellos que aún tenían fe deploraban la indiferencia que mostraba la mayoría de los ciudadanos hacia unos dioses que, por falta de trabajo, se habían convertido en “holgazanes” –pedes lanatos--. Las grandes damas –stolatae—ya “no se preocupan más de Júpiter que de un mal espíritu”; los más importantes y más conformistas contemporáneos de Juvenal tampoco les prestan mayor atención. Si bien “practicaban” tanto como él, grandes hombres como Tácito o Plinio el Joven no “creían” mucho más. Tácito, pretor con Domiciano y cónsul y procónsul de Asia con Trajano, hubo de oficiar muchas ceremonias de politeísmo oficial; por otra parte, su aversión a los judíos no era menor que la que mostraba Juvenal. Pero esto sólo pone de manifiesto su teórica ortodoxia, ya que no es la creencia judía en un “Dios eterno y supremo, irrepresentable e inmortal” lo que parece abominar. Y en su Germania deja traslucir su admiración por esa tribu bárbara que se niega a encarcelar a sus dioses en el interior de unas murallas y a representarlos bajo forma humana por temor a ultrajar su grandeza, que prefiere consagrar su culto en los bosques y montes de su territorio, “identificando esas misteriosas soledades donde acuden a adorarlos sin verles con la idea misma de la divinidad”. Esta simpatía inconfesada por las creencias de ambos pueblos es lo que nos revela en Tácito a un pagano descreído.”


Jérôme Carcopino. La vida cotidiana en Roma… Ediciones Temas de Hoy.