martes, 15 de diciembre de 2015

OBITER DICTUM





La Sevilla clásica, la que Bizet y Albéniz llevaron al pentágrama, se ha extinguido suavemente en la dulzura, del recuerdo, tal que un aroma que se fue poco a poco. La Sevilla actual madruga, trabaja, habla de operaciones bursátiles y pide un puesto en la batalla mercantil del mundo. En la famosa calle de las Sierpes la gente ya no se detiene, como antes, sino que camina; los sevillanos de hoy no necesitan, como los sevillanos de ayer, detenerse para hablar. Los toros se van, y con ellos declinan los mantones filipinos, y la majeza de los hombres, y el alborozo de los bailes andaluces, y la ruidosa alegría de las tartanas...

La capa ha desaparecido.


Eduardo Zamacois

sábado, 12 de diciembre de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




             GARÚA


¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
¡Parece un pozo de sombras la noche
y yo en la sombra camino muy lento.!
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón...

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.

¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra...
Garúa... tristeza...
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.

Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.


Enríque Cadícamo

miércoles, 9 de diciembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL ALQUIMISTA

         “En definitiva, el alquimista occidental en su laboratorio, lo mismo que sus colegas chinos o indios, operaba sobre sí mismo, sobre su vida fisio-psicológica tanto como sobre su experiencia moral y espiritual. Los textos están de acuerdo en ensalzar las virtudes y cualidades del alquimista: deber ser sano, humilde, paciente, casto; debe tener el espíritu libre y en armonía con la obra; debe ser inteligente y sabio; debe al mismo tiempo obrar, meditar, orar, etc. Vemos por todo ello que no se trata aquí únicamente de operaciones de laboratorio. El alquimista se compromete por entero en su obra. Pero estas cualidades y virtudes no pueden entenderse en una acepción puramente moral. Ejercen la misma función en el alquimista que la paciencia, la inteligencia, la ecuanimidad, etc., en el sadhana tántrico o en el noviciado que precedía a la iniciación en los Misterios. Es decir, que ninguna virtud ni ninguna erudición podían dispensar de la experiencia de iniciación, que era la única capaz de operar la ruptura de nivel implicada en la «transmutación».”


Mircea Eliade. 
Herreros y alquimistas. 
Alianza Editorial.

domingo, 6 de diciembre de 2015

OBITER DICTUM






«Yo, en mi calidad de secretario de la delegación chilena, había sido invitado para llenar un hueco en la mesa, como se acostumbra en la diplomacia con los secretarios de embajada, cuyas variadas funciones pueden ser de jurista, de redactor de discursos o sesudos informes, de traductor, de cicerone, de comensal número catorce cuando una excusa intempestiva deja una mesa con fatídicos trece asientos, de correveidile, de alcahuete, de chófer y de mozo de cuerda…»

Jorge Edwards.

viernes, 4 de diciembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






AL FINAL


«Tuve catorce meses la pierna escayolada. Pilar pasaba sus angustias porque conocía, y me las ocultaba, las que tenía el médico que me atendía, quien ante el casi nulo progreso de encallamiento de la fractura, temía que llegase el momento de tener que amputar la pierna. Afortunadamente, en el último trimestre se formó suficiente callo en las fracturas, permitiendo quitarme, esta vez para siempre, el largo enyesado, apareciéndome una pierna como una estaca de igual grosor desde el comienzo al final.
Después vino el período de rehabilitación, muy largo también, con ejercicios, corrientes eléctricas, hidroterapia y ensayos con andaderas de ruedas. Las muletas las deseché enseguida, por peligrosas y producir grandes dolores en el nervio axilar. Y yo empeñando en que tenía que andar muy erecto; como si nada hubiera ocurrido. Creo que lo logre finalmente. Pero hube de dejar el trabajo de representante de ICI de México y acogerme, a los sesenta y ocho años de edad, al subsidio de vejez que concedía el Seguro Social.
Todo lo que tenía de bueno el Seguro Social en atenciones médicas para los derechohabientes que se encontraban en el trance que pasé, lo tenía casi de nula eficacia en lo que se refería a las pensiones para los jubilados. El costo de la vida subía constantemente y las pensiones aparecían inamovibles. En treinta y ocho años, el Seguro Social introdujo dos modificaciones a la tabla de pensiones a pagar al derechohabiente: una del 34% y otra del 2%. En ese lapso de tiempo, un pollo que costaba un peso pasó a costar 20, y el alquiler del departamento, de 70 pesos había subido a 1.400 pesos mensuales.
Pilar acudió al quite, como dicen en su Madrid de origen, y se dedicó a dar clases de tejido de punto, tricot y crochet, para lo que parecía estar magníficamente dotada, con lo que algo ganaba para sumarlo a las escasas reservas de que disponíamos, cada día más mermadas por la inflación.
En adelante, deberé contemplar el paso de los días, en la estricta soledad y el nada hacer de quien, apartado del trabajo creador, ha de dedicarse a contar el tiempo, el segundo empujando al minuto y el minuto a la hora. Y así hasta la muerte.»


Juan García Oliver. El eco de los pasos.

martes, 1 de diciembre de 2015

OBITER DICTUM





Yo, que últimamente me he recogido en mi casa decidido en cuanto de mi voluntad dependa a pasar en reposo y solo la poca vida que me queda, pareciome no poder prestar beneficio mayor a mi espíritu que dejarlo en plena libertad, abandonado a sus propias fuerzas, que se detuviese donde tuviera por conveniente, con lo cual esperaba que pudiera en lo sucesivo adquirir mayor madurez mas yo creo que, como

Variam semper dant otia mentem...

ocurre precisamente lo contrario. Cuando el caballo escapa solo, toma cien veces más carrera que cuando el jinete lo —conduce; mi espíritu ocioso engendra tantas quimeras, tantos monstruos fantásticos, sin darse tregua ni reposo, sin orden ni concierto, que para poder contemplar a mi gusto la ineptitud y singularidad de los mismos, he comenzado a poneros por escrito, esperando con el tiempo que se avergüence al contemplar imaginaciones tales.


Michel de Montaigne

lunes, 30 de noviembre de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






FANTASÍA ICONOGRÁFICA


             La calva prematura
brilla sobre la frente amplia y severa;
bajo la piel de pálida tersura
se trasluce la fina calavera.
             Mentón agudo y pómulos marcados
por trazos de un punzón adamantino;
y de insólita púrpura manchados
los labios que soñara un florentino.
             Mientras la boca sonreír parece,
los ojos perspicaces
que un ceño pensativo empequeñece,
miran y ven, profundos y tenaces.
             Tiene sobre la mesa un libro viejo
donde posa la mano distraída.
al fondo de la cuadra, en el espejo,
una tarde dorada está dormida.
             Montañas de violeta
y grisientos breñales,
la tierra que ama el santo y el poeta,
los buitres y las águilas caudales.
             Del abierto balcón al blanco muro
va una franja de sol anaranjada
que inflama el aire, en el ambiente oscuro
que envuelve la armadura arrinconada.

Antonio Machado.


domingo, 29 de noviembre de 2015

ALLÁ EN LAS INDIAS






EL NOMBRE DE PERÚ


«Pues hemos de tratar  del Perú, será bien digamos  aquí como se dedujo este nombre, no lo teniendo los indios en su lenguaje; para lo cual es de saber que, habiendo descubierto  la Mar  del Sur Vasco  Núñez  de Balboa, caballero natural de Jerez de Badajoz, año de mil y quinientos y trece, que fue el primer español que la descubrió y vio, y habiéndole dado los Reyes Católicos título de Adelantado de aquella mar con la conquista y gobierno de los reinos que por ella descubriese,  en los pocos  años  que después  de esta merced vivió (hasta que su propio suegro, el gobernador Pedro  Arias de Ávila, en lugar de muchas mercedes  que había merecido y se le debían por sus hazañas, le cortó la cabeza), tuvo este caballero cuidado de descubrir y saber qué tierra era y cómo se llamaba la que corre de Panamá adelante hacia el sur. Para este efecto hizo tres o cuatro navíos, los cuales, mientras él aderezaba las cosas necesarias para su descubrimiento y conquista, enviaba cada uno de por sí en diversos tiempos del año a descubrir aquella costa. Los navíos, habiendo hecho las diligencias que podían, volvían con la relación de muchas tierras que hay por aquella ribera.
Un navío de éstos subió más que los otros y pasó la línea equinoccial a la parte del sur, y cerca de ella, navegando costa a costa, como se navegaba entonces por aquel viaje, vio en indio que a la boca de un río, de muchos que por toda aquella tierra entran en la mar, estaba pescando. Los españoles del navío, con todo el recato posible, echaron en tierra, lejos de donde el indio estaba, cuatro españoles, grandes corredores y  nadadores, para que no se les fuese por tierra ni por agua. Hecha esta diligencia, pasaron con el navío por delante del indio, para que pusiese ojos en él y se descuidase de la celada que le dejaban armada. El indio, viendo en  la mar una cosa tan extraña, nunca jamás vista en aquella costa, como era navegar un navío a todas velas, se admiró grandemente y quedó pasmado y abobado, imaginando qué pudiese ser aquello que en la mar veía delante de sí. Y tanto se embebeció y enajenó en este pensamiento, que primero lo tuvieron abrazado los que le iban a prender que él los sintiese llegar, y así lo llevaron al navío con mucha fiesta y regocijo de todos ellos.
Los españoles, habiéndole acariciado porque perdiese el miedo que de verlos con barbas y en diferente traje que el suyo había cobrado, le preguntaron por señas y por palabras qué tierra era aquélla y cómo se llamaba. El indio, por los ademanes y meneos que con manos y rostro le hacían (como a un mudo) , entendía que le preguntaban mas no entendía lo que le preguntaban y a lo que entendió qué era el preguntarle, respondió a prisa (antes que le hiciesen algún mal) y nombre su propio nombre, diciendo Berú, y añadió otro y dijo Pelú. Quiso decir: "Si me preguntáis cómo me llamo, yo me digo Berú, y si me preguntáis dónde estaba, digo que estaba en el río". Porque es de saber que el nombre Pelú en el lenguaje de aquella provincia es nombre apelativo y significa río en común, como luego veremos en un autor grave.»

Inca Garcilaso de la Vega. 
Comentarios Reales.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

OBITER DICTUM






“Así fue como hallamos alrededor de media docena de cuevas cubiertas de pinturas encima de Ain Dua, aproximadamente a la altura a la que debió de estar anteriormente el nivel del agua del lago. Algunas figuras se encontraban en un estado excelente; no obstante, pudimos comprobar enseguida que eran antiquísimas. Las figuras humanas están pintadas con pigmento marrón oscuro, y los cabellos son de color amarillo rojizo. En la mano llevan un arco corto, uno de cuyos extremos tiene un gancho; sobre el hombro portan una aljaba sujeta a una correa blanca. Están adornadas con cinturones blancos y lazos iguales en brazos y piernas y llevan en el pelo plumas blancas. Los animales son exclusivamente bóvidos con cuatro formas distintas de cuernos. Sólo en una gruta había una cebra o un onagro, y las figuras de dos bóvidos raros de aquella raza ancestral, el Bos africanus, casi extinguida ya en el Egipto de los faraones.”


Ladislaus Almasy.

lunes, 23 de noviembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




DOS AMIGOS


       “Cuando salí del cuartel, al año, nos fuimos en busca de trabajo a Quincemil, con un amigo de Pomacanchi. Porque todo el mundo se iba a Quincemil y volvía con mucho dinero.
       --Hay oro en el río para sacar con la mano –decían.
       Y todos se iban. Y también yo y mi amigo nos alistamos. Así partimos para Urcos. Cuando llegamos a Ccatcca, se hizo de noche y nos alojamos en la casa de un conocido de mi amigo. Nos dormimos. Pero el dueño de la casa había sabido andar de noche, por ganados; era ladrón, y trajeron, a eso de la media noche, una vaca y entre todos sus hijos y su mujer, degollaron en wayka. En una olla grande, pusieron agua para el caldo, y así empezaron a sacar trozos de carne, uno para caldo, otro para kanka. Al poco rato, la kanka empezó a oler por toda la casa y nosotros alojados en un rinconcito, sobre dos cueritos, haciéndonos los dormidos, sin movernos. Comieron toda la noche, pura carne.
       Ya cuando estaba por amanecer nos invitaron un poquito de caldo. Y como no durmieron todita la noche, comiendo carne, tampoco nos dejaron dormir a nosotros; después de tomar caldo, nos habíamos dormidos todos, hasta de día. Mientras, los dueños del ganado, junto con las autoridades: Gobernador, Teniente y otros acompañantes, habían seguido las huellas del ganado hasta la casa de nuestro amigo. Como los dueños habían dado parte y vinieron con otros acompañantes, entraron a la casa. Y ya cuando estaban buscando y ante el ladrido de los perros, despertamos. Encontraron carne en las ollas. Seguían buscando y encontraron carne trozada que habían ocultado en la cancha, en unos costales, enterrada con guano. También a nosotros nos encontró el Gobernador de Ocongate, y nos dijo:
       --A ver, ustedes.
       --No papay, somos alojados, estamos de viaje a Marcapata.
       El Gobernador llamó al teniente:
       --A ver, teniente, a estos ladrones.
       Así nos tomaron presos.
       Pero el amigo de la casa no había robado sólo una vaca, sino tres. Cargados de carne en hartas llamas nos trajeron a la cárcel de Urcos. Aquí después de estar encerrados tres días en el calabozo, nos sacaron para prestar nuestra declaración. Nuestro amigo declaró:
       --Sí, papay, señor Juez, empujado por mis pecados para hacer comer a mis hijitos, robé esas vacas.
       Escribieron todo lo que hablaba el amigo en el papel y el juez dijo:
       --Esos alojados pasen: Gregorio ¨Condori, prestar declaración…
       Primero me preguntó a mí:
       --Tu hijo, ¿has visto lo que trajo las vacas o han traído contigo más? Avisa, hijo para ti no habrá pena. Entonces, ¿juntos han vaqueado esas vacas?, avisa sin miedo.
       --No señor, no nos hemos metido a eso nosotros. Éramos alojados. Cómo íbamos a robar esa noche si sólo éramos alojados. Claro, el dueño de la casa caminaba esa noche, pero no hemos visto que degolló la vaca esa noche.
       En ese rato, yo pensé para mí: ya estamos perjudicados cuatro días de viaje. Avisaré lo que comieron carne toda la noche.
       --Sí, señor, han comido toda la noche.
       Y el Juez.
       --¿Comieron toda la noche?
       --Sí, señor han comido toda la noche.
       --Y a ustedes ¿no les invitaron siquiera un poquito para comer?
       --No nos dieron nada para comer.
       --¿Cómo? Avisa, entonces, si han robado con ustedes más. Avisa toda la verdad, yo no te voy a castigar.
       --No, papay.
       --Entonces, nada les invitó.
       --Nada, papay.
       Así preguntaba. Pero después volvía a preguntar:
       --Y cómo ¿nada les ha invitado? ¿Ni siquiera un poquito?
       Entonces, como tanto preguntaba, yo le dije:
       --Sí, nos invitó sólo caldito, pero no su carne; sólo su caldito.
       Y el Juez decía:
       --No, hijo; ahora, de eso vas a ir a la cárcel. Ese caldo vale, era sustancia de la vaca. La carne no vale sin el caldo, en el caldo está la sustancia. De eso vas a ir a la cárcel. Si estabas comiendo carne robada has debido avisar a la justicia; ésa es tu culpa: no haber avisado.”



Wayka: trabajo en común.
Kanka: carne asada en la brasa del fogón.


Gregorio Condori. De nosotros los runas. Ediciones Alfaguara.

domingo, 22 de noviembre de 2015

OBITER DICTUM






«El anochecer nos sorprendió en los bulevares. Nos asombraron las huestes de prostitutas. Muchas eran jóvenes y algunas bonitas. En los cafés el ambiente era de orgía costara lo que costara. «Porque mañana moriremos». Encontramos ingleses y canadienses que aseguraban estar corriendo la última juerga de su vida. Le escribí a Arthur que los hombres parecían encontrar una extraña y siniestra alegría en la certeza de la muerte. »

John Dos Passos.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






EPITAFIO


Nacque;
Fu sempre solo
tra tanta gente;
In molte parole
Tacque;
Indi mori, s´accomiatò dal Sole.


                Tommaso Landolfi

lunes, 16 de noviembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




SEMPRE COM FOME


“Pobres-diabos sempre com fome — ou com fome de almoço, ou com fome de celebridade, ou com fome das sobremesas da vida. Quem os ouve, e os não conhece, julga estar escutando os mestres de Napoleão e os instrutores de Shakespeare.

Há os que vencem no amor, há os que vencem na política, há os que vencem na arte. Os primeiros têm a vantagem da narrativa, pois se pode vencer largamente no amor sem haver conhecimento célebre do que sucedeu. É certo que, ao ouvir contar a qualquer desses indivíduos as suas Maratonas sexuais, uma vaga suspeita nos invade, pela altura do sétimo desfloramento. Os que são amantes de senhoras de título, ou muito conhecidas (são, aliás, quase todos), fazem um tal gasto de condessas que uma estatística das suas conquistas não deixaria sérias e comedidas nem as bisavós dos títulos presentes.


Outros especializam no conflito físico, e mataram os campeões de box da Europa numa noite de pândega, á esquina do Chiado. Uns são influentes junto de todos os ministros de todos os ministérios, e estes são aqueles de que menos há que duvidar, pois não repugna.

Uns são grandes sádicos, outros são grandes pederastas, outros confessam, com uma tristeza de voz alta, que são brutais com mulheres. Trouxeram-nas ali, a chicote, pelos caminhos da vida. No fim ficam a dever o café.

Há os poetas, há os (...)”


Fernando Pessoa. Livro do desassossego. Editora Brasiliense.