miércoles, 19 de agosto de 2015
lunes, 17 de agosto de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
NAGA PANCHAMI
“Allí
están alineados dos o trescientos sapwallahs o encantadores de serpientes, cada
uno de los cuales tiene ante sí una cesta en la cual se agitan unos veinte
reptiles de la especie cobra-capello. Los piadosos indos llevan cuernos o
grandes tazones llenos de leche, al que son muy aficionados estos animales; y
bien pronto está rodeado por un círculo de cobras, que con la cabeza sumergida
en el líquido, permanecen completamente inmóviles; el encantador retira de vez
cuando a una para que otra ocupe su puesto, y es curioso observar entonces el
furor del reptil, que se infla y golpea todo cuanto hay a su alrededor. Los
curiosos se agolpan en torno de los encantadores; aquellos reptiles, aquellos
hombres medio desnudos o cubiertos de oropeles que juegan con los reptiles sin
temor algunos, producen un efecto muy original. La ceremonia dura todo el día;
dos o tres mil cobras se han hartado de beber leche; a la mañana siguiente, los
encantadores abandonan la isla, y al llegar al bosque, sueltan caritativamente
su colección de reptiles, que se diseminan en todas direcciones.”
Louis Rousselet. Viaje a la India de
los Rajas. Anjana Ediciones.
sábado, 15 de agosto de 2015
viernes, 14 de agosto de 2015
ALLÁ EN LAS INDIAS
EN TIERRA DE AMAZONAS
“Después que los compañeros estuvieron reformados algún
tanto de el hambre y trabajo pasado, estando para trabajar, el Capitán, viendo
que era necesario proveer lo de adelante, mandó llamar a todos sus compañeros,
y les tornó a decir que ya veían que con el barco que llevábamos e canoas, si
Dios fuese servido de nos aportar a la mar, no podíamos en ellos salir a salvamento
y por esto era necesario procurar con diligencia de hacer otro bergantín que
fuese de más porte para que pudiésemos navegar, y aunque no había entre
nosotros maestro que supiese de tal oficio, porque lo que más dificultoso
hallábamos era el hacer los clavos; y en este tiempo los indios no dejaban de
acudir y venir al Capitán y le traer de comer muy largo y con tanta orden como
si toda su vida hubieran servido; y venían con sus joyas y patenas de oro y
jamás el Capitán consintió tomar nada, ni aun solamente mirarlo porque los
indios no entendiesen que lo teníamos en algo, y mientras más en esto nos
descuidábamos, más oro se echaba a cuesta.
Aquí nos dieron
noticia de las amazonas y de la riqueza que abajo hay, y el que la dio fue un
indio señor llamado Aparia, viejo que decía haber estado en aquella tierra, y
también nos dio noticia de otro señor que estaban apartado del río, metido en
la tierra adentro, el cual decía poseer muy gran riqueza de oro: este señor se
llama Ica; nunca le vimos, porque, como digo, se nos quedó desviado del río.”
Gaspar
del Carvajal.
Relación del nuevo descubrimiento del Rio Grande por el capitán Francisco de Orellana.
Relación del nuevo descubrimiento del Rio Grande por el capitán Francisco de Orellana.
jueves, 13 de agosto de 2015
OBITER DICTUM
En su deseo de
formarse un sentimiento artístico, los americanos llegan a idear cosas
estupendas. Así el Evening Post, que
pasa por ser el periódico más serio, mejor pensado y mejor escrito de los
Estados Unidos, se lamentaba días atrás de la poca difusión que ha alcanzado la
poesía entre el público americano, y decía: «Es lástima que no se haya
inventado ninguna máquina para difundir las obras poéticas. Si nuestros
inventores pudiesen encontrar algo que fuera, con relación a la poesía, lo que
es el fonógrafo con relación a la música, la cultura poética del pueblo
adelantaría de un modo prodigioso…».
Julio
Camba
miércoles, 12 de agosto de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
LA MORT DES AMANTS
Nous aurons des lits
pleins d’odeurs légères,
Des divans profonds
comme des tombeaux,
Et d’ètranges fleurs
sur des étagères,
Écloses pour nous
sous des cieux plus beaux.
Usant à l’envi leurs
chaleurs dernières,
Nos deux coeurs
seront deux vastes flambeaux,
Qui réfléchiront
leurs doubles lumières
Dans nos deux
esprits, ces miroirs jumeaux.
Un soir fait de rose
et de bleu mystique,
Nous échangerons un
éclair unique,
Comme un long
sanglot, tout chargé d’adieux;
Et plus tard un Ange,
entr’ouvrant les portes,
Viendra ranimer,
fidèle et joyeux,
Les miroirs ternis et
les flammes mortes.
Charles Baudelaire
martes, 11 de agosto de 2015
lunes, 10 de agosto de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
SERMONES
“Hoy, domingo, estuve en la iglesia donde
se me bautizó. El párroco ofreció un largo sermón lleno de palabras bíblicas.
En el centro de las consideraciones, plenas de unción, estaban las palabras del
apóstol Pablo: “Yo no sé lo que hago, porque no hago lo que quiero, sino lo que
detesto. Así lo veo yo, que quiero hacer el bien, pero la ley me impone que lo
único que me quede a disposición sea lo malo. Que se compadezca el señor de
quien él quiera y permita ser empedernido a quien él quiera. Oh, yo hombre
desdichado, ¿quién me librara de este cuerpo mortal”.
Después
del servicio divino que durante un largo rato me cayó como una pesadilla
horrorosa, me fui solo a la ciudad. Y me eché a mí mismo un sermón.
Comencé
con las palabras de Schiller: “Sé como tu quieras, inefable en el más allá
–sólo mi yo mismo me permanece fiel--. Sé como tú quieras, cuando yo me lleve
solo a mí mismo al otro lado. Las cosas exteriores son sólo una apariencia del
hombre. Yo soy mi cielo y mi infierno. La prerrogativa más noble de la
naturaleza humana es determinar por sí mismo para hacer lo mejor por el amor de
lo mejor. Los hombres nobles pagan con aquello que ellos son”.
Continué
mi sermón con palabras del maestro Eckhart: “El hombre justo no sirve a Dios ni
a las criaturas. Permanece tan firme en la justicia que, por el contrario, no
toma en consideración las penas del infierno ni las alegrías del cielo. El
hombre justo toma tan en serio la justicia que si Dios no fuese justo no daría
ni un comino por él. El hombre no debe temer a Dios. Dios es un Dios del
presente. No hay que buscarlo o pensarlo fuera de sí, sino tomarlo como mi
propio yo y que está en mí.
La
verdad es, por lo tanto, noble, y ¡si Dios quiere hacer caso omiso de la
verdad, yo querría aferrarme a la verdad y dejar a Dios!”
También
las palabras dichas por sabios de nuestro tiempo permito que ejerzan su impulso
sobre mí: Esta es la sabiduría de los valientes: Quien quiera huir de la culpa,
huye de la vida. Pero aquél que expía sus culpas por toda la vida y encuentra
en ella la eternidad, aquél será nuevo en ella. No es la salvación del mundo la
que nos hace falta, no: ¡sino que salvemos al mundo! Así y sólo así vence la
vida más allá de la muerte. Sólo con un fortalecimiento de la bondad, de lo
noble en nosotros, por nuestras propias acciones, por un buen ejemplo a seguir
en forma irresistible, puede llegar a ser nuestro propio yo la ayuda: liberarse
a sí mismo y decidirse. Toda salvación, toda justificación, son anticipadas gracias
a que nosotros seremos solamente por la voluntad. El castigo es la
consecuencia: sólo hay un verdadero castigo del pecado, y este castigo será
ejecutado por el propio culpable sobre sí mismo de forma inevitable y al
unísono con sus decisiones: el ser peor. También la penitencia es consecuencia:
solamente hay una expiación, y ella también es recompensa, involuntaria, pero
insalvablemente ejecutada por el culpable en sí mismo: el llegar a ser más
noble. De sus acciones y trabajos finalmente sale –hacia
arriba o hacia abajo--, --para mejor o para peor--, como resultado, el propio
ser humano. Sólo tenemos una realidad: actuar. Tenemos sólo un hecho: la
acción”.”
Otto Rahn. La corte
de Lucifer. Ediciones Internacionales Rigal.
domingo, 9 de agosto de 2015
viernes, 7 de agosto de 2015
OBITER DICTUM
Porque
el subjetivo es el único que
expresa el tiempo de la hipótesis y de
lo posible, lo no-real.”Si fuese a París esta noche, iría a la Comédie Française.”
Debe reconocerse que “Si fuera” es un subjuntivo. De hecho no voy a París, pero
podría ir. Si esta condición se diese, entonces, como expresa el condicional
que sigue, iría a la Comédie. El
subjuntivo inscribe mi pensamiento en lo virtual. Hay también un aspecto
fundamental en algunos ejercicios de lógica que yo denomino el condicional
contrafactual. “Si yo fuese un elefante, tendría colmillos.” Esta oración es
verdadera aunque yo no sea un elefante. Es preciso el subjuntivo para subrayar
esta potencialidad. El dominio del subjuntivo permite establecer en el discurso
una distinción entre lo que es virtual y lo que es real. En este sentido, la
desaparición del subjuntivo amenaza con diluir aún más esta diferencia. Quizás
exagero, pero me pregunto si esto no corresponde a nuestra tendencia, en la era
informática, a confundir cada vez más lo virtual con lo real.
Umberto Eco.
miércoles, 5 de agosto de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL VERSO Y LA
RENUNCIA
“Aquí apenas trataremos de Rimbaud. Sobre
el se ha dicho todo, y más todavía, por desgracia. Precisaremos, sin embargo,
porque esta precisión concierne a nuestro tema, que Rimbaud no fue el poeta de
la rebelión sino en su obra. Su vida, lejos de justificar el mito que suscitó,
ilustra solamente –una lectura objetiva de las cartas escritas en Harrar basta
para demostrarlo—un asentimiento al peor nihilismo. Rimbaud ha sido deificado por haber renunciado
a su genio, como si ese renunciamiento supusiera una virtud sobrehumana. Aunque
esto descalifica las coartadas de nuestros contemporáneos, hay que decir, por
el contrario, que sólo el genio supone una virtud, no la renuncia al genio. La
grandeza de Rimbaud no está en los primeros gritos de Charleville ni en las
transacciones comerciales de Harrar. Se revela en el instante en que, dando a
la rebelión el lenguaje más extrañamente justo que haya recibido nunca, dice a
la vez su triunfo y su angustia, la vida ausente del mundo y el mundo
inevitable, el grito hacia lo imposible y la realidad que se muestra áspera al
abrazo, el rechazo de la moral y la nostalgia irresistible del deber. En ese
momento en que, llevando en sí mismo la iluminación y el infierno, insultando y
saludando a la belleza, hace de una contradicción irreductible un canto doble y
alternado, es el poeta de la rebelión, y el más grande. No importa el orden en
que fueron concebidas sus dos grandes obras. De todas maneras, hubo demasiado
poco tiempo entre las dos concepciones, y todo artista sabe, con la certidumbre
absoluta que nace de la experiencia de una vida, que Rimbaud produjo la Saison y las Illuminations al
mismo tiempo. Aunque las haya escrito una después de otra, las sufrió en el
mismo momento. Esta contradicción que le mataba era su verdadero genio.
¿Pero
dónde está la virtud de quien se desvía de la contradicción y traiciona a su
genio antes de haberlo sufrido hasta el fin? El silencio de Rimbaud no es para
él una nueva manera de rebelarse. Por lo menos, ya no podemos afirmarlo después
de la publicación de las cartas de Harrar. Sin duda, su metamorfosis es
misteriosa. Pero hay también misterio en la trivialidad que sobreviene a esas
jóvenes brillantes a las que el casamiento transforma en máquinas de hacer
dinero y ganchillo, El mito construido alrededor de Rimbaud supone y afirma que
nada era ya posible después de la
Saison en enfer. ¿Pero qué es imposible para el poeta
coronado de dones, para el creador inagotable? Después de Moby Dick, El proceso,
Zaratustra y Los poseídos, ¿qué se puede imaginar? Sin embargo, después de ésas
siguen naciendo grandes obras que enseñan y corrigen, testimonian lo más altivo
que hay en el hombre y sólo terminan cuando muere el creador. ¿Quién no
lamentará esa obra más grande que la
Saison , de la que nos ha privado una renuncia?
¿Abisinia
es, por lo menos, un convento, y fue Cristo quien cerró la boca de Rimbaud?
Este Cristo sería entonces el que en nuestros días pone cátedra en las
ventanillas de los bancos, si se juzga por esas cartas en las que el poeta
maldito sólo habla de su dinero que quiere ver “bien colocado” y “rentando
regularmente”. Quien cantaba en los suplicios, quien había injuriado a Dios y
la belleza, quien se armaba contra la justicia y la esperanza, quien se oreaba
gloriosamente con el aire del crimen, lo único que quiere es unirse con alguien
que “tenga buen porvenir”. El mago, el vidente, el presidiario intratable sobre
el que vuelve a cerrarse siempre la prisión, el hombre-rey en la tierra sin
dioses, lleva constantemente ocho kilos de oro en un cinturón que le aprieta el
vientre y del que se queja que le produce disentería. ¿Es éste el héroe mítico
que se propone a tantos jóvenes que no escupen al mundo, pero que se morirían
de vergüenza sólo con pensar en el cinturón? Para mantener el mito hay que
ignorar esas cartas decisivas. Se comprende que hayan sido tan poco comentadas.
Son sacrílegas, como lo es a veces la verdad. Un poeta grande y admirable, el
más grande de su época, un oráculo fulgurante: tal es Rimbaud. Pero no es el
hombre-dios, el ejemplo bravío, el monje de la poesía que nos han querido
presentar. El hombre no recuperó su grandeza sino en el lecho del hospital, en
la hora del final difícil, en la que hasta la mediocridad del corazón se hace
conmovedora: “¡Qué desdichado soy! ¡Qué desdichado soy, pues!... ¡Y tengo en mi
poder dinero que ni siquiera puedo vigilar!” El gran grito de esas horas
miserables devuelve, por fortuna, a Rimbaud a esa parte de la medida común que
coincide involuntariamente con la grandeza: “¡No, no, ahora me rebelo contra la
muerte!” El Rimbaud joven resucita ente el abismo, y con él la rebelión de los
tiempos en que la imprecación contra la vida no era sino la desesperación de la
muerte. Entonces es cuando el traficante burgués se une con el adolescente
desgarrado que tanto hemos querido. Se une con él en el terror y el dolor
amargo donde se encuentran finalmente los hombres que no han sabido saludar a
la dicha. Sólo entonces comienza su pasión y su verdad.
Albert
Camus.
El hombre rebelde.
Editorial Losada.
martes, 4 de agosto de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
EL SOLITARIO
El solitario es sabio en
predicciones;
en sueños, en secretas palabras.
Es de arena el corazón del
solitario:
se humedece con la lluvia.
El solitario no padece recuerdos:
construye el pasado con el
futuro,
reloj de arena es su corazón.
El solitario ha creado el amor
a su imagen y semejanza.
El solitario no hace
comparaciones.
El solitario se echa con la
muerte
y se levanta viudo.
Por las noches se purifica.
En limpias, profundísimas aguas
se sumerge.
El solitario no conoce la
soledad:
el mundo lo acompaña.
Ernesto Mejía Sánchez
lunes, 3 de agosto de 2015
domingo, 2 de agosto de 2015
sábado, 1 de agosto de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
CULTURA DEL PALIMPSESTO
Todo aquí es
palimpsesto,
pasión del
palimpsesto:
a la deriva,
borrar lo poco hecho,
empezar de la nada,
afirmar la deriva,
mirarse entre la nada
acrecentada,
velar lo venenoso,
matar lo saludable,
escribir delirantes
historias para náufragos.
Cuidado:
no se pierde sin
castigo el pasado,
no se pisa en el aire.
Ida
Vitale.
viernes, 31 de julio de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN EL DAVID ARANGO
«Hubo
fiesta oficial la primera noche, con orquesta y cena de gala, pero me escapé a
la cubierta, contemplé por última vez las luces del mundo que me disponía a
olvidar sin dolor y lloré a gusto hasta el amanecer. Hoy me atrevo a decir que
por lo único que quisiera volver a ser niño es para gozar otra vez de aquel
viaje. Tuve que hacerlo de ida y vuelta varias veces durante los cuatro años
que me faltaban del bachillerato y otros dos de la universidad, y cada vez aprendí
más de la vida que en la escuela, y mejor que en la escuela. Por la época en
que las aguas tenían caudal suficiente, el viaje de subida duraba cinco días de
Barranquila a Puerto Salgar, de donde se hacía una jornada en tren hasta
Bogotá. En tiempos de sequía, que eran los más entretenidos para navegar si no
se tenía prisa, podía durar hasta tres semanas.
Los buques tenían nombres fáciles e inmediatos: Atlántico,
Medellín, Capitán de Caro, David Arango.Sus capitanes, como los de Conrad, eran
autoritarios y de buena índole, comían como bárbaros y no sabían dormir solos
en sus camarotes de reyes. Los viajes eran lentos y sorprendentes. Los
pasajeros nos sentábamos en las terrazas todo el día para ver los pueblos
olvidados, los caimanes tumbados con las fauces abiertas a la espera de las
mariposas incautas, las bandadas de garzas que alzaban el vuelo por el susto de
la estela del buque, el averío de patos de las ciénagas interiores, los
manatíes que cantaban en los playones mientras amamantaban a sus crías. Durante
todo el viaje uno despertaba al amanecer aturdido por la bullaranga de los
micos y las cotorras. A menudo, la tufarada nauseabunda de una vaca ahogada interrumpía
la siesta, inmóvil en el hilo del agua con un gallinazo solitario parado en el
vientre.
Ahora es raro que uno conozca a alguien en los aviones. En los
buques fluviales los estudiantes terminábamos por parecer una sola familia,
pues nos poníamos de acuerdo todos los años para coincidir en el viaje. A veces
el buque encallaba hasta quince días en un banco de arena. Nadie se preocupaba,
pues la fiesta seguía, y una carta del capitán sellada con el escudo de su
anillo servía de excusa para llegar tarde al colegio.»
Gabriel Garcia Márquez. Vivir para contarla. Mondadori.
miércoles, 29 de julio de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
RELIEVE HOMÉRICO
Y si habla mal de España, es español.
JOAQUÍN
MARÍA BARTRINA
“En cierta ocasión me preguntó un sujeto
cuál era el escritor español del siglo XIX que prefería yo entre todos, y
aunque la pregunta es demasiado española, quiero decir simplista, porque casi
nunca es posible contestar a cuestiones de primero y último, le contesté, sin
embargo, diciendo: Sarmiento. Y al ver su gesto interrogativo, hube de añadir: Domingo
Faustino Sarmiento, un argentino que murió,
ya de edad, el 11 de setiembre de 1888. "¿Argentino? -exclamó mi
interlocutor-, entonces no era español".
Y hube de responderle: "Más español que ninguno de los españoles, a
pesar de lo mucho que habló mal de España muy
bien". Y tuve que informarle de quién era don Domingo Faustino
Sarmiento.
Le hablé de la vida fecunda y enérgica de
ese maestro de escuela nacido de una antigua familia colonial en San Juan, al
pie de los Andes, periodista en Chile, donde estuvo emigrado, peleando con la
pluma contra el tirano Rosas, y gran educador de su patria, en que de ese
vigoroso polígrafo, de sus obras educacionales y, sobre todo, del Facundo,
llegó a la Presidencia
de la República. Le
hablé de la copiosa labor de sus tres obras capitales, los Viajes, viajes por
Europa, África y América, en que nos narra el que en 1846 hizo a España, y es
relato el de este viaje que merece ser reproducido; los Recuerdos de provincia,
en que se leen las más sentidas y más vigorosas páginas que un hijo puede dedicar a la santa memoria de
su madre, y Civilización y barbarie, libro conocido comúnmente por el Facundo, y en que Sarmiento nos cuenta las
biografías del general Juan Facundo Quiroga, el Tigre de los Llanos, del
general ex-fraile dominico Félix Aldao, y del Chacha, tres caudillos de las
contiendas civiles de la
República Argentina en
el primer tercio del siglo pasado.
"¿Y no habla más que de cosas de
allá?" -me preguntó-. Y le respondí: "No habla más que de cosas de
allá, no habla más que de las luchas que enardecían a los ánimos de aquellos
entre quienes vivía; pero habla de tal modo, con tal pasión y tan soberana
elocuencia, con tan candente parcialidad, que son libros que pueden leerse en
cualquier país y en cualquier época. Es como en la Divina Comedia , en
que todo el calor y la soberana inspiración viene de que el Dante habla de sus
contemporáneos, de sujetos que, a no ser por el inmortal poeta, se habrían
anegado en la Historia ".
Bajo la pluma de Sarmiento, los
personajes todos de las luchas civiles de la Argentina a principios
del siglo XIX adquieren un relieve homérico. Sarmiento tenía lo que los
campesinos llaman ojo de caballo, engrandecía cuanto miraba. No hay sino leer las pinturas que en sus
Recuerdos de provincia hace del clérigo
don José Castro, el maestro de su madre, el santo cura Castro, que llevaba el
Evangelio en la mano y el Emilio, de Rousseau, escondido bajo la sotana; el
portentoso retrato de don Domingo de Oro, o
en Civilización y barbarie la de los tres caudillos que biografía, y en
todas sus obras, o poco menos, lo que dice del tirano don Juan Manuel Rosas.
Nadie contribuyó a agigantar la figura de ese prodigioso tirano, tan grande
para la leyenda como puedan serlo los más grandes del Renacimiento italiano,
como contribuyó a ello su más implacable enemigo: Sarmiento. En el Facundo,
Rosas adquiere por momentos la grandeza de un Satanás miltoniano, y se
comprende leyendo eso que Juan Bautista Alberdi -otro argentino que es de los
contados escritores en lengua castellana que pudo soportar dijera hablando del
tirano, cuyo nombre durante veinte años apenas dejó de figurar un momento en la prensa europea, estas
palabras: "Si se perdiesen los títulos
de Rosas a la nacionalidad argentina, yo contribuiría con un sacrificio
no pequeño al logro de su rescate".
Y cuenta que Alberdi fue otro de los enemigos de Rosas.
El mismo Alberdi, en sus Cartas
quillotanas, escritas desde Quillota, en
Chile, dijo de Sarmiento cuanto malo puede decirse de este incorregible
ególatra, de este hombre repleto de vida y de energía y desbordante de sí
mismo, que se pasó la mayor parte de su
vida hablando, como Byron, de sí, y que ha alumbrado las encendidas páginas de
sus escritos con la llama de un espíritu ardiente de vida.
Miguel de
Unamuno. Americanidad. Biblioteca
Ayacucho.
viernes, 24 de julio de 2015
OBITER DICTUM
“Cada dos o tres meses, iba a pasar unos días al oasis de
Gadames, nudo crucial de todas las pistas que convergen allí desde la costa,
Fezzán, Túnez y Argelia. He recorrido los trescientos kilómetros que separan
Nalut de Gadames, con todo tipo de transportes: aeroplano, automóvil, camión,
caravana, y tengo que reconocer que, aunque es el más incómodo, ninguna forma
de viajar iguala la belleza del paso lento del camello sobre una pista soleada.
El que, después de días y días de caravana, tiene la fortuna de asomarse al
balcón que forman las dunas de Bab, y contemplar desde la silla de un mehari el
oasis de Gadames envuelto en la luz de la puesta de Sol, difícilmente podrá
olvidar aquel momento.”
Alberto Denti de Pirajno.
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