lunes, 3 de noviembre de 2014
domingo, 2 de noviembre de 2014
OBITER DICTUM
Su Excelencia me
examina unos instantes y avanza apausado, con lentitud ensayada y efectista; al
llegar a mí me ofrece su diestra pulida y pequeña, y con una languidez al par
amable y fatigada —el ademán de alguien que va cansándose de ser demasiado indulgente,
demasiado bueno— me autoriza a sentarme. Obedezco. Yo ocupo un sillón. Su
Excelencia se ha instalado a mi izquierda, en la sombra, sobre un diván. Su
sitio es superior al mío; es un lugar "estratégico", desde el cual me
observa y escruta mejor que yo a él, puesto que yo estoy en la luz; y un
segundo vuelvo a acordarme de aquellos cancerberos que —según aseguran— desde
las habitaciones y pasillos contiguos al salón apuntan con sus revólveres a los
visitantes. Mas apenas pienso en ello, cuando la visión siniestra se va...
Eduardo
Zamacois
sábado, 1 de noviembre de 2014
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
GHETTO
Denso es el aire aquí. Y tibio. Lo respiro
entre casas que quiebran su fachada en el agua.
Un gato mansamente se me enreda en las piernas
y me retiene inmóvil delante de Yahveh.
María
Victoria Atencia
ALLÁ EN LAS INDIAS
LOS CHAPAPOYAS
”Antes de llegar a esta provincia
de Caxamalca, sale un camino que también fue mandado hacer por los reyes Ingas,
por el cual se iba a las provincias de los chachapoyas. Y pues en la comarca de
ellas está poblada la ciudad de la Frontera, será necesario contar su
fundación, de donde pasaré a tratar lo de Guánuco. Tengo entendido y sabido por
muy cierto, que antes que los españoles ganasen ni entrasen en este reino del
Perú, los Ingas señores naturales que fueron de él tuvieron grandes guerras y
conquistas. Y los indios chachapoyanos fueron por ellos conquistados aunque
primero por defender su libertad y vivir con tranquilidad y sosiego pelearon de
tal manera, que se dice poder tanto que el Inga huyó feamente. Mas como la
potencia de los Ingas fuese tanta, y los chachapoyas tuviesen pocos favores, hubieron
de quedar por siervos del que quería ser de todos monarca. Y así después que
tuvieron sobre sí el mando real del Inga, fueron muchos al Cuzco por su
mandado, adonde les dio tierras para labrar, y lugares para casas, no muy lejos
de un collado que está pegado a la ciudad llamada Carmenga. Y porque del todo
no estaban pacíficas las provincias de la serranía confinantes a los
chachapoyas, los Ingas mandaron con ellos y con algunos orejones del Cuzco
hacer frontera y guarnición, para tenerlo todo seguro. Y por esta causa tenían
gran proveimiento de armas de todas las que ellos usan, para estar apercibidos
a lo que sucediese. Son estos indios naturales de las chachapoyas los más
blancos y agraciados de todos cuantos yo he visto en las Indias que he andado,
y sus mujeres fueron tan hermosas, que por sólo su gentileza muchas de ellas
merecieron serlo de los Ingas, y ser llevadas a los templos del Sol. Y así
vemos hoy día que las indias que han quedado de este linaje son en extremo
hermosas, porque son blancas y muchas muy dispuestas. Andan vestidas ellas y
sus maridos con ropa de lana, y por las cabezas usan ponerse sus llautos, que
son la señal que traen para ser conocidos en toda parte. Después que fueron
sujetados por los Ingas, tomaron de ellos leyes y costumbres con que vivían, y
adoraban al sol, y a otros dioses, como los demás y allí debían hablar con el
demonio, y enterrar sus difuntos como ellos, y les imitaban en otras
costumbres.”
Pedro de
Cieza de León. Crónica del Perú.
viernes, 31 de octubre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
MEXICO
1901
1º DE ENERO.
“En el preciso instante en que
cohetes, dianas, repiques de templos y silbatos de máquinas atruenan los aires
saludando a este primer año del siglo XX; cuando vibra todavía la campanada
última de las doce de la noche que ha muerto, mi mujer y mi hermana hanse
prosternado a rezar las viejas plegarias de las casas católicas, que desde niño
uno, viene escuchando en las fechas memorables y sacras… Las beso a las dos, y
me llego a la cama de mi hijo, que, sin dársele un ardite dentro de sus
diecisiete meses de vida el que los siglos vayan y vengan, duerme apacible y
filosóficamente. Cuidando de no despertarlo, bésolo también, y lo bendigo,
convencido de que las bendiciones o maldiciones de los padres, alcanzan a los
hijos...
¡Cuánto bien le deseo; cómo
anhelaría acumular sobre su rubia cabecita, dicha, dicha, siempre dicha, la que
a muy duras penas disfrutan los afortunados de veras!
¡Dios sólo sabe lo que será de
este pedazo de mi alma!
Yo apetezco que, así sufra
mucho, sea ante todo ca
ballero, caballero a toda costa, aun a
costa de la muerte. Pero no caballero del cuño corriente, no; caballero a la
antigua, a la antiquísima, de los que ya nada más van quedando borrosos y vagos
en el recuerdo de los descendientes de las familias linajudas, y en los cuadros
vetustos de los museos y catedrales. Que
su propia conciencia ¡lo único insobornable! sea su juez y su guía; y que el día que se considere
irrevocablemente honorable y honrado, cuando
crezca y llegue a hombre, si yo estoy muerto, piense en mí, y mis
flaquezas, a él en fortalezas se le tornen, y escarmiente en mis penalidades, y
no incurra en mis defectos e imperfecciones; y en compensación de lo que yo he
sufrido y luchado, él luche y sufra lo menos posible. Si estoy vivo para
entonces, que me pague estos besos que a modo de aguinaldo y de préstamo
deposito en su frente inmaculada de ángel que ignora el pecado, las pasiones y
los vicios, con réditos de réditos, como deudor de una inmensa deuda usuraria y
sin saldo... Luego, me acuesto; y a obscuras me río de lo que anhelaba desde
muchacho alcanzar esta vigésima centuria. ¡Ya sucedió! ¿Y qué?... pues, nada;
.lo mismo que cualquiera otra noche de cualquier mes y de cualquier año. ¡La
transición ha sido meramente subjetiva!”
Federico Gamboa. Mi
diario. Eusebio Gómez, editor.
jueves, 30 de octubre de 2014
miércoles, 29 de octubre de 2014
OBITER DICTUM
“Desde
el más grande de los libros, la
Odisea , la literatura
es un viaje por la vida. La literatura moderna no es un viaje por mar, sino a
través del polvo y la desolación, como el de don Quijote; a través del
desierto, hacia una Tierra Prometida en la que, como Moisés, no llegaremos
nunca a poner un pie. Ninguna religión, ninguna filosofía o política que
proclame haber llegado ya a la Tierra Prometida o estar próxima a llegar, con
todos sus seguidores detrás, puede enrolar en sus filas a la literatura. La
literatura, el arte, indican sin embargo el camino hacia la Tierra Prometida ,
la dirección adecuada. Es comprensible que se expulse a los poetas de la República , como
inmigrantes furtivos y clandestinos. Pero estos vagabundos, como los nómadas
del desierto, son guías que indican las pistas para atravesarlo.”
Claudio Magris.
martes, 28 de octubre de 2014
domingo, 26 de octubre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN HELICÓPTERO
“Un ataque en helicóptero a una zona de
aterrizaje crítica crea tensiones emocionales mucho más intensas que un ataque
terrestre. Ello se debe al espacio cerrado, al ruido, a la velocidad y, sobre
todo, a la sensación desamparo total. Provoca cierta excitación la primera vez
pero después es una de las aventuras más desagradables que ofrece la guerra
moderna. En tierra, un infante tiene cierto control sobre su destino, o al
menos la ilusión de que lo posee. En un helicóptero que se encuentra bajo el
fuego ni siquiera tiene esa ilusión. Enfrentado a las indiferentes fuerzas de
la gravedad, la balística y la tecnología, es impulsado simultáneamente en
varias direcciones por un amplio espectro de emociones extremas y
contradictorias. Lo acosa la claustrofobia; es insoportable la sensación de
estar atrapado y ser impotente en una máquina pero ha de sobrellevarla. Al
hacerlo, comienza a sentir una ciega ira por las fuerzas que le han vuelto
impotente, pero tiene que controlar su ira hasta salir del helicóptero y estar
en terreno firme otra vez. Ansía estar en tierra firme pero su deseo se ve
contrarrestado por el peligro que sabe le acecha allí. Al mismo tiempo se
siente atraído por el peligro, ya que sabe que sólo puede superar su temor sobreponiéndose
a él. Entonces su ira ciega comienza a centrarse en los hombres que son la
fuente del peligro… y de su miedo. Se concentra en su interior y mediante algún
proceso químico se transforma en feroz resolución de luchar hasta que cese el
peligro. Pero esa resolución, que en algunas ocasiones se denomina coraje, no
puede separarse del temor que la ha despertado. Su magnitud es igual que la
magnitud del temor. En realidad, se trata de una poderosa necesidad de no tener
más miedo, de liberarse del temor eliminado la fuente que lo produce. Esta
enconada lucha interior de emociones contrapuestas produce una tensión casi
sexual en su intensidad. Es demasiado dolorosa para soportarla mucho tiempo. En
lo único que puede pensar un soldado es en el momento de escapar a su impotente
confinamiento y de liberar esa tensión. Todas las demás consideraciones –-lo
propio o impropio de lo que está haciendo, las posibilidades de triunfo o de
derrota en la batalla, el propósito o despropósito de la misma—se vuelven tan
absurdas como para ser menos que insignificantes. Nada importa excepto el
instante crítico y final de lanzarse a la violenta catarsis que anhela y teme.”
Philip
Caputo.
Un rumor de guerra.
Inédita Editores.
Un rumor de guerra.
Inédita Editores.
viernes, 24 de octubre de 2014
miércoles, 22 de octubre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CARRUAJE A ZAMORA
“Zamora conserva, a semejanza de Toledo, un extraño carácter de
Edad Media. No han abandonado aún sus habitantes el sayo, la caperuza y las
abarcas del villano antiguo, ni sus lindas mujeres salen a la calle sin la
característica mantilla sayagüesa, de vivos y ricos colores. Cuando digo que
las zamoranas son lindas, no hago poesía, sino que consigno una gran verdad;
blancas, pelinegras, con ojos de azabache y sonrosadas mejillas, forman un tipo
en que el Norte y el Mediodía se han combinado harmoniosamente y lucen a
competencia. Realza su gentileza la mantilla que he citado, que cubre desde la
cabeza hasta los muslos, y en la cual se embozan con soltura; una sarta de
cuentas de vidrio asoma por debajo de los poblados rodetes de trenzas negras,
peinado sencillo del país; una saya corta, oscura, ciñe el airoso cuerpo, y un
pulido zapato y una media azul en las solteras, negra en las casadas y viudas,
completa este pintoresco traje.
Como el tren no saldrá hasta las ocho de la noche, tenemos tiempo
de ver con detención Zamora. En consecuencia, henos aquí, después de haber
almorzado y reparado el desorden que dos largos días de carruaje ocasionan en
la toilette, recorriendo la vieja ciudad en todos sentidos, no sin que los
chicos abran tamaña boca al ver que nos paramos ante algún vetusto edificio, y
nos tomen por franceses, ingleses o cómicos, cosas que por lo visto tienen para
ellos muchos puntos de contacto.
Hay ciudades que se condensan en un hecho, en un recuerdo, en un
nombre. Toledo en Carlos V, La
Coruña en María Pita, Valencia en el Cid, Zamora en doña
Urraca. Hay el arco de doña Urraca, el alcázar de doña Urraca, el busto de doña
Urraca. En cuanto a Vellido Dolfos, por un castigo digno del Dante, no ha
quedado del traidor ni aun la memoria, y trabajo me costó que me indicasen el
emplazamiento del portillo en donde clavó al Rey don Sancho el famoso venablo.
En vano busqué también una tumba, una inscripción que conmemorase a
los Ordóñez de Lara, esos épicos campeones de Zamora, que sostuvieron aquel
terrible reto que alcanzaba «a las aguas, a las piedras, a los aires, a los
muertos y a los que habían de nacer». Sus huesos dormirán en algún polvoriento
rincón de alguna iglesia, y las arañas hilarán sus redes con paciente tenacidad
sobre su olvidada tumba.
En cambio no me costó trabajo hallar el antiguo palacio del obispo
Acuña, aquel prelado díscolo y guerreador que manejaba la espada con tan gentil
talante como llevaba la mitra, y a quien el Alcaide Ronquillo colgó de los
hierros de su prisión por haberse puesto al frente de las Comunidades de
Castilla. He aquí también la gótica fachada de la Inquisición , y el palacio
del Conde de Puñonrostro, que el pueblo, poeta por instinto, llama de las
Golondrinas, sin duda porque estas inocentes avecillas hacen sus nidos en las
bocas de los monstruos de piedra que guarnecen la fachada.
La catedral, fuera de la magnífica cornisa del más puro
Renacimiento, que adorna interiormente el frontis y de la sillería del coro,
cuyas esculturas son de gran mérito, no ofrece nada de notable. Rezaremos un
credo al señor de las Injurias cuya milagrosa imagen se venera allí, y vamos a
ver las orillas del río y el puente.
El puente,
moderno, no me detuvo mucho, y después de haber saludado la cabeza esculpida en
piedra que el pueblo llama «el retrato de doña Urraca» y que corona un arco
antiquísimo, creo haber llenado a conciencia el deber del viajero, de verlo
todo y a destajo.
Solo me falta apuntar una tradición.
Hay en Zamora una fuente que se llama de las Llamas, en donde dicen
que hubo en otro tiempo un volcán, que en un día dado, creo que el de la Natividad del Señor, se
trocó a ruegos del pueblo afligido, en la fuente de agua pura y fresca que
vemos hoy.
Si viene algún sabio geólogo a decirme que el terreno de Zamora no
es plutónico y que por consecuencia, la formación volcánica es imposible, etc.,
etc., le agradeceré la buena intención, pero le daré el consejo de que no se
dedique en su vida a la poesía.
¡Las ocho ya! el ómnibus de la estación va a salir, tomémosle a
toda prisa, o arriesgamos quedarnos un día más con doña Urraca y el obispo
Acuña.
Henos aquí ya en marcha para Burgos, instalados en un cómodo wagon,
en compañía de una porción de caballeros que no se han visto en su vida, pero
que con la genial franqueza española empiezan a charlar.
¿De qué hablaban?, dirá alguien. ¿De qué pueden hablar ocho
españoles reunidos, sino de política?
Imitando el ejemplo del mayoral, los viajeros cortaron un sayo a la
gloriosa, que no había más que pedir; se enzarzó la discusión sobre la cuestión
reformista, y a un pobre ídem que se atrevió a emitir su opinión le trataron (y
pienso que no sin motivo) de mal español, filibustero, y otras lindezas; y a
todo esto el sueño se apoderó de mí, y me dormí sirviéndome de arrullo las
palabras libertad, Congreso, Castelar, Antillas, pronunciamientos, masas
inconscientes, etc., para no despertar sino cuando gritaron con una voz
bastante ronca:
—¡Burgos! ¡veinte minutos!
Y saltando a toda prisa del wagon, nos lanzamos a recoger el
equipaje.
Emilia Pardo Bazán.
Apuntes de un viaje.
Real Academia Galega.
Apuntes de un viaje.
Real Academia Galega.
lunes, 20 de octubre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
OBITER DICTUM
Unos amigos nos
dejan, otros los suceden; nuestras relaciones varían: siempre hay un tiempo en
el que no poseíamos nada de lo que poseemos, un tiempo en el que no tenemos
nada de lo que tuvimos. El hombre no tiene una sola y única vida; tiene varias
puestas una tras otra, y ésta es su miseria.
François-René
de Chateaubriand
viernes, 17 de octubre de 2014
miércoles, 15 de octubre de 2014
OBITER DICTUM
“Pero a estas
alturas tenemos el derecho a preguntarnos si la importancia de los arquetipos
para la conciencia del hombre arcaico y la incapacidad de la memoria popular
para retener lo que no sean arquetipos no nos revelan algo más que la
resistencia de la espiritualidad tradicional frente a la historia; si no nos
revela la caducidad, o en todo caso el carácter secundario, de la
individualidad humana en cuanto tal, individualidad cuya espontaneidad creadora
constituye, en último análisis, la autenticidad y la irreversibilidad de la
historia. En todo caso es notable que, por un lado, la memoria popular se
niegue a conservar los elementos personales, «históricos»”, de la biografía de
un héroe, mientras que, por el otro, las experiencias místicas superiores
implican una elevación del Dios personal al Dios transpersonal.”
Mircea Eliade.
martes, 14 de octubre de 2014
lunes, 13 de octubre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CICERÓN
LIBRO V
XLV. Cuanto
más se agravaba cada día la fiereza del asedio, principalmente por ser muy
pocos los defensores, estando gran parte de los soldados postrados de las
heridas tanto más se repetían correos a César, de los cuales algunos eran
cogidos y muertos a fuerza de tormentos a vista de los nuestros. Había en
nuestro cuartel un hidalgo llamado Verticón, que había desertado al primer
encuentro, y dado a Cicerón pruebas de su lealtad. Éste tal persuade a un su
esclavo, prometiéndole la libertad y grandes galardones, que lleve una carta a
César. Él la acomoda en su lanza, y como galo, atravesando por entre los galos
sin la menor sospecha, la pone al fin en manos de César, por donde vino a saber
el peligro de Cicerón y de su legión.
XLVI. Recibida esta carta a las once del día, despacha luego
aviso al cuestor Marco Craso que tenía sus cuarteles en los belovacos, a
distancia de veinticinco millas, mandándole que se ponga en camino a medianoche
con su legión y venga a toda priesa. Pártese Craso al aviso. Envía otro al legado
cayo Fabio, que conduzca la suya a la frontera de Artois, por donde pensaba él
hacer su marcha. Escribe a Labieno, que, si puede buenamente, se acerque con su
legión a los nervios. No le pareció aguardar lo restante del ejército, por
hallarse más distante. Saca de los cuarteles inmediatos hasta cuatrocientos
caballos.
XLVII. A las tres de la mañana supo de los batidores la
venida de Craso. Este día caminó veinte millas. Da el gobierno de Samarobriva
con una legión a Craso, porque allí quedaba todo el bagaje, los rehenes, las
escrituras públicas, y todo el trigo acopiado para el invierno. Fabio, conforme
a la orden recibida, sin detenerse mucho, sale al encuentro en el camino. Labieno,
entendida la muerte de Sabino y el destrozo de sus cohortes, viéndose rodeado
de todas las tropas trevirenses, temeroso de que si salía como huyendo de los
cuarteles, no podía sostener la carga del enemigo, especialmente sabiendo que
se mostraba orgulloso con la recién ganada victoria, responde a César,
representando el gran riesgo que correrá la legión si se movía. Escríbele por
menor lo acaecido en los eburones, y añade que a tres millas de su cuartel
estaban acampados los trevirenses con toda la infantería y caballería.
XLVIII. César, pareciéndole bien esta resolución, dado que de
tres legiones con que contaba se veía reducido a dos, sin embargo, en la
presteza ponía todo el buen éxito. Entra, pues, a marchas forzadas por tierras
de los nervios. Aquí le informan los prisioneros del estado de Cicerón y del
aprieto en que se halla. Sin perder tiempo, con grandes promesas persuade a uno
de la caballería galicana que lleve a Cicerón una carta. Iba ésta escrita en
griego, con el fin de que, si la interceptaban los enemigos, no pudiesen
entender nuestros designios; previénele, que si no puede dársela en su mano, la
tire dentro del campo atada con la coleta de un dardo. El contenido era: «que
presto le vería con sus legiones», animándole a perseverar en su primera
constancia. El galo, temiendo ser descubierto, tira el dardo según la
instrucción. Éste, por desgracia, quedó clavado en un cubo, sin advertirlo los
nuestros por dos días. Al tercero reparó en él un soldado, que lo alcanzó, y
tajo a Cicerón, quien después de leída, la publicó a todos, llenándolos de
grandísimo consuelo. En eso se divisaban ya las humaredas a los lejos, con que
se aseguraron totalmente de la cercanía de las legiones.
Julio Cesar. La guerra de las Galias. Ediciones Orbis.
jueves, 9 de octubre de 2014
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LA REVOLUCIÓN QUE LLEGA
«El
Pravda del día 17 de diciembre, sin información completa aún, se
expresaba en estos términos: “Los pequeños detalles que tenemos
sobre los acontecimientos españoles permiten deducir, no obstante,
que éstos tienen el carácter de un movimiento revolucionario de
alcance mundial y son de una importancia capital para la suerte del
movimiento obrero español. Los acontecimientos que se han producido
en el seno del Ejército español no son comparables a los antiguos
motines de oficiales. Se han desarrollado bajo la contraseña de
“Abajo la Monarquía”; y por otra parte, y es la más importante,
se han producido simultáneamente con huelgas cuya importancia era
hasta el presente desconocida en la España fascista en cuanto a su
amplitud y alcance. Las señales precursoras nos hacen creer que el
proletariado revolucionario español, recobrando ya sus fuerzas
después de un régimen de terror de seis años, bajo la
dictadura fascista, y aprobando cada vez más el programa del partido
comunista español, ha comprendido que éste es el que debe jugar un
papel preponderante en el desarrollo de la revolución que llega”.»
Emilio Mola.Obras completas.Librería Santarén.
miércoles, 8 de octubre de 2014
OBITER DICTUM
“Un sábado por la noche, en
verano, durante uno de esos crepúsculos de julio, es cuando hay que ver a los
negros, de cabeza pequeña, reluciente y ensortijada como una mora, tomando el
fresco a la puerta de sus casas, en Lennox Avenue, discutiendo, disputando,
jugando a los dados, su juego favorito; coqueteando con frases complicadas y
ojos sencillos…”
Paul
Morand.
martes, 7 de octubre de 2014
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