viernes, 16 de mayo de 2014

OBITER DICTUM




“Si los primeros jacobinos habían sido lentos al poner en acción sus teorías educativas, pronto reconocieron la significación del lenguaje como base de la nacionalidad, y trataron de obligar a todos los habitantes de Francia a que utilizaran la lengua francesa. Mantenían que el éxito de un gobierno por “el pueblo”, y de la acción colectiva de la nación, dependían no sólo de cierta uniformidad de hábitos y costumbres, sino también, y más, de la identidad de ideas e ideales, que podía lograrse por medio de discursos, la imprenta, y otros instrumentos de educación, con tal que emplearan uno y el mismo lenguaje. Ante el hecho histórico de que Francia no era una unidad lingüística –de que, por añadidura, a los dialectos muy distintos de las diferentes partes del país, se hablaban lenguas “extranjeras” en el Oeste, por los bretones; en el Sur, por los provenzales, vascos y corsos; en el Norte, por los flamencos, y en el Noroeste, por los alemanes alsacianos—, resolvieron baldonar y suprimir los dialectos y las lenguas extranjeras y forzar a todos los ciudadanos franceses a que aprendiesen y utilizaran la lengua francesa.”


Carleton Hayes.

miércoles, 14 de mayo de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





SOULAS EN LINDOS


            “Ártemis surge con frecuencia, en la actualidad, en el folclore del campesinado, y mientras escribo recuerdo que no lejos de aquí, más allá de las grises pendientes pétreas de Profeta, en el camino que ondula hacia arriba a través de la clemente tierra boscosa alfombrada de cisto blanco y rojo, de anémonas y de grandes peonías, está todavía el emplazamiento de un pequeño monasterio llamado Artamiti, en donde, a juzgar por una inscripción hallada en los alrededores, se levantó otrora un antiguo templo. Ella, como Atenea, era hija de Zeus, y el puritanismo sin amor de la una concuerda a la perfección con las cualidades de su hermanastra, la dadora del fructífero olivo.
         Pero si Rodas perdió a su Señora de Fileremo, ganó en cambio a otro santo local cuya fama crece día tras día y que está en camino de reemplazarla en la veneración general. Todavía no ha surgido una literatura en torno a esta nueva figura, ni un aparato crítico; la propia iglesia ortodoxa parece un tanto intrigada en cuanto al lugar que le corresponde; por lo menos, hagiógrafo alguno ha presentado una explicación de la forma en que Saúl, un fatigado apóstol Pablo, logró conquistar un altar en las bajas colinas que rodean Soroni.
         San Soulas (como se llama en demótico fue, se cree, un miembro del grupo que, encabezado por Pablo, naufragó en las costas de Rodas, durante el viaje a Palestina. En Lindos todavía se señala una pequeña caverna como el lugar en que el grupo pisó tierra. Durante su breve estancia en Rodas, Pablo caminaba kilómetros enteros todos los días, explicando las Escrituras a quien quisiera escucharlo. Sus discípulos seguían su ejemplo, y entre ellos Saúl, quien debió de ser un buen caminador para llegar a Soroni, que en modo alguno se encuentra cerca de Lindos. Sea como fuere, allí encontró un antiguo altar con un manantial de agua caliente… aunque por desgracia la leyenda no ha conservado el nombre del dios tutelar primitivo. Los aldeanos de las vecindades le parecieron necesitados de testimonios, ya que todos ellos eran paganos de la peor ralea; intentó la abjuración, la exhortación y la peroración, sin éxito alguno. Los aldeanos se aferraban a su locura. Habló hasta enronquecer, pero ellos lo observaban con el impasible escepticismo que todos experimentaríamos si un hombrecito velludo, extranjero, barbudo, mal vestido, de pies polvorientos y divertida pronunciación tratase de deshacer en una sola tarde lo que había llevado siglos de piadosos hechizos crear, un complejo de creencias consoladoras, tan caseras como una pulgarada de sal. Saúl no supo qué hacer para enfrentarse a aquellos campesinos obstinados y semianalfabetos. Muy en contra de su voluntad, se vio obligado a recurrir a un milagro. Había por allí mucha gente con llagas. Curó a uno en el acto sumergiéndolo en la fuente.
         --¿Puede vuestro dios hacer esto? –preguntó.
         Los aldeanos entendieron el razonamiento y se pasaron en masa a la verdadera fe.
         Esta historia no me agrada; en primer lugar me parece que las creencias campesinas han tornado confuso el cuadro. Me parece que el propio san Pablo tiene que ser el protagonista de esta creencia ampliamente difundida, porque se llamaba Saúl, o en su forma griega antigua, Saulo. Hay muy pocas dudas de que la fuente de agua caliente ya era famosa por sus curaciones. Además, el tipo más común de llaga en el Egeo parece ser causado por una sustancia parásita contenida en la bolsita que hay en la raíz de las esponjas; es un tipo bastante corriente de dolencia entre los pescadores de esponjas y sólo puede curarse lavando las llagas con algún astringente suave. La fuente pudo haber sido famosa por esas curaciones mucho antes de que san Pablo apareciese en escena. En este contexto debemos recordar quizá que Heracles era el patrono común de las fuentes termales y que su nombre está vinculado al de Lindos desde la más remota antigüedad; según la leyenda antigua, él, como Pablo, llegó a Lindos un día, hambriento después de un largo viaje. Lo acompañaba su hijo Hilo. Pidió comida para éste a un agricultor que pasaba, pero sólo recibió maldiciones. Por lo tanto se apoderó de uno de los bueyes con que el hombre araba y lo devoró con Hilo, mientras el enfurecido dueño del animal los miraba desde lejos y los maldecía. Se dice que éste es el origen de la extraña forma del culto a Heracles que en alguna época se practicó en Lindos. Mientras se ofrecían los sacrificios, el sacerdote oficiante lanzaba juramentos y obscenidades contra el nombre del héroe, no al azar, sino de acuerdo con un orden ritual prefijado. En apariencia no existía nada similar en toda Grecia, y el dicho “como los de Lindos durante sus sacrificios” se hizo proverbial para designar a todos los que usaban lenguaje profano en los lugares sagrados.”



Lawrence Durrel. Reflexiones sobre una Venus Marina. Ediciones Peninsula.

domingo, 11 de mayo de 2014

OBITER DICTUM




“Nada de esto resulta absolutamente inconcebible, pero entre los cargos se incluía otra acusación que vale la pena examinar en detalle. Se refiere a cierto demonio privado de Lady Alice, que se aparecía a veces disfrazado de gato, a veces con la forma de un perro lanudo negro y otras como un hombre negro. Lady Alice lo recibía como su íncubo y le permitía copular con ella. A cambio de ello el íncubo le proporcionaba riquezas: todas sus considerables propiedades habían sido adquiridas con su ayuda. El demonio era conocido por los otros miembros del grupo. Lo llamaban Hijo del Arte, o Robin, Hijo del Arte; Y afirmaban que estaba entre los demonios más pobres del infierno.”


Norman Cohn.

domingo, 4 de mayo de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE








EN HYDERABAD


“Ya no hay vegetación; ya no existen las grandes palmas. La tierra no es ya roja; casi hace frío… Estas son las sorpresas del primer despertar en Nizam, después de haber viajado toda la noche, después de haber dejado ayer la región, tan verde aún de Pondichérry y de Madrás. Llegamos, esta mañana, a la meseta central de la India, en medio de estepas de piedra. Todo ha cambiado, excepto el croajar de los eternos cuervos.
Landas abrasadas, grisáceas llanuras, alternan con campos de mijo, vastos como pequeños mares. En lugar de los soberbios cocoteros, algunos raros áloes, algunas datileras raquíticas agostadas por la sequía, se alzan alrededor de las aldeas, que, también, han cambiado de aspecto para adquirir un falso tinte árabe. El Islam ha impreso aquí su huella sobre las cosas. El Islam, que, por otra parte, se complace siempre en las regiones tristes, en el deslumbramiento de los desiertos.
Cambio, también, de indumentos.. Los hombres no llevan ya desnudo el torso, sino cubierto con blancas telas; no ostentan ya largas cabelleras, sino que envuelven su cabeza en turbantes.
La sequedad aumenta de hora en hora, a medida que nos hundimos en la monotonía de las planicies. Los arrozales, cuyos surcos se ven trazados aún, están destruidos como por el fuego. Los campos de mijo, aunque más resistentes, amarillean en su mayor parte, condenados sin esperanza. En los que viven aún, hay por doquier vigilantes subidos sobre armadijos de ramas para cazar las ratas y los pájaros, que lo devorarían todo. Pobre humanidad, acechada por el hambre, obstinándose en defender algunos granos contra el exasperado apetito de los animales.
Después del frío de la noche, el sol, despiadado, derrama sobre la tierra un calor de horno. El cielo se extiende limpio y azul como un zafiro inmenso.
El paisaje se hace verdaderamente extraño al fin de la jornada. Sobre el infinito de los mijos sollamados, de las junglas quemadas, hay montones de monstruosas piedras obscuras, especie de bloques erráticos de pulidos contornos, de fantásticas siluetas que parecen haber sido amontonadas en busca siempre de algo atrevido e inestable; éstas en pie todas; aquéllas, inclinadas y sin apoyo, de modo que sus aguzamientos, tan altos a veces como montañas, resulten siempre de la más completa inverosimilitud.
Al ponerse el sol, Hyderabad aparece en fin, muy blanca, envuelta en blanca polvareda, y muy musulmana, con sus techumbres en terraza y sus ligeros alminares. Los árboles del contorno se deshojan, resecos y agonizantes, produciendo una impresión anormal de estación avanzada; una tristeza de otoño en la tórrida tarde. El riachuelo que corre al pie está lejos de secarse. Sus aguas se deslizan tan bajas, que se las ve apenas. Y grupos de elefantes, grisáceos como el fango de las orillas, descienden lentamente al fondo, para tratar de beber y de bañarse.
Expira el día con un rojo incendio de todo el Occidente, tras la ciudad cuyas alburas se extinguen en un azul ceniciento; y los murciélagos gigantes se dispersan en silencio por el cielo demasiado hermoso.”

Pierre Loti. La India. Editorial Cervantes.

viernes, 2 de mayo de 2014

OBITER DICTUM



«La venta de la revista de las JONS había dado motivo al primer incidente serio, delante de la Universidad en la calle de San Bernardo. Un grupo de nuestra gente se enfrentó a los vendedores, y cuando pensábamos en el clásico cambio de puñetazos, uno de los jonsistas, antiguo pistolero de la FAI, comenzó a disparar para proteger la rápida huida de sus camaradas. José Tuñón, hermano de Mateo y yo que íbamos armados, contestamos con unos cuantos disparos y en cuestión de segundos quedó la calle limpia de gente, sin que por fortuna hubiera ninguna víctima. Había empezado en la Universidad «la dialéctica de las pistolas.»


Manuel Tagüeña.


miércoles, 30 de abril de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




GOZAR DEL MOMENTO



«Mi actual opinión es que echar menos lo pasado a nada conduce, como no sea a los cuidados y a la tristeza que enflaquecen el cuerpo y acaban con la inteligencia, y que desazonarse por lo que ya no existe es ganas de fatigarse y atormentarse. Por eso los filósofos dicen que, supuesto que el hombre no encuentra placer en lo pasado y además ignora lo por venir, no le queda más que gozar del momento en que se halla, u obrar como pueda con vistas a su futura vida. Porque si Dios ha de darnos un buen fin, no nos aflijamos por lo pasado ni nos hagamos viejos antes de tiempo; si, en cambio, lo que ha de venir es peor que lo que tenemos, justo es que gocemos de nuestras horas, que por fiestas las tengamos y que hagamos obras que nos procuren el beneplácito divino, y si hemos de permanecer siempre como ahora estamos, sin mudanza alguna, cosa que no es nada segura, lo mejor y más consolador es que el alma se resigne a ese estado que sabe ha de durar siempre.»



Abd Allãh Nãsir.

«Memorias».


lunes, 28 de abril de 2014

OBITER DICTUM






“Yo he andado por Francia desde que mi padre me llevó allí cuando era un muchacho, y París era la única capital extranjera que conocía. A mi padre le debo el haber sido un viajero y no un turista. La distinción no es esnobismo; en realidad, tiene que ver más con la época que con la educación, pues gran parte del problema del hombre moderno es que le educan para aprender lenguas extranjeras y malinterpretar a los extranjeros. El viajero ve lo que ve; el turista ve lo que ha ido a ver. Un auténtico viajero, en una narración épica primitiva o en un cuento popular, no simulaba que le gustara una hermosa princesa por su hermosura. Lo mismo puede decirse de un marinero pobre, de un vagabundo, en suma de un viajero. No necesita formarse una opinión de los periódicos parisinos, pero si quisiera tenerla, probablemente los leería. El turista nunca. El turista nunca los lee, los llama periodicuchos y sabe tanto de ellos como el chiffonnier que los recoge con el pincho.”

G. K. Chesterton.

viernes, 25 de abril de 2014

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




        THE ALIEN


A petal drifted loose
From a great magnolia bloom,
Your face hung in the gloom,
Floating, white and close.

We seemed alone: but another
Bent o'er you with lips of flame,
Unknown, without a name,
Hated, and yet my brother.

Your one short moan of pain
Was an exorcising spell:
The devil flew back to hell;
We were alone again.


   Aldous Huxley

martes, 22 de abril de 2014

OBITER DICTUM






«—¿Y Marlene? —le pregunté.
—Aún no está decidida. Los directivos de la UFA son tan necios que todavía no creen en el éxito de mi película y tampoco en el de ella; ni siquiera se han aprovechado de la opción que tenían en favor de la Dietrich.
Le conté a Von Sternberg que ya me había sucedido algo parecido con Greta Garbo. Cuando en 1925 fui a ver en Berlín la película Bajo la máscara del placer con Asta Nielsen, Werner Krauss y Greta Garbo, quedé tan fascinada por esta mujer, que llevé al cine a Fanck y a Sokal para que la vieran. Estaba entusiasmada con su exquisita belleza y convencida de que llegaría a ser famosa en todo el mundo, pero ni Fanck ni Sokal le vieron nada especial. »

Leni Riefenstahl.

lunes, 21 de abril de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EN UN TREN NOCTURNO


“…Había conseguido escapar del Instituto Geográfico Militar donde trabajaba, que se hallaba casi en la frontera con Austria. En Venecia había encontrado refugio en casa de un viejo sastre, una especie de Gepeto, el señor Calzavara, que me había ofrecido un cuartito en el desván.
         En aquel tiempo, sobre todo para alguien que venía de las montañas donde yo trabajaba, existía una verdadera fiebre por los jerséis con ciervos corriendo unos tras otros (una moda que ha vuelto en estos años, porque veo muchas camisetas llenas de dibujos). El problema era que yo no tenía ni una lira. Algún dinerillo ahorrado sí, porque algo nos daban en el Instituto Geográfico Militar. Pero se me ocurrió una idea genial: deshice todos los jerséis que me había dado mi madre. Entonces había unas camisetas interiores que estaban hechas con lo que se llamaba “lana marquiana” y que picaban cuando te las ponías; al cabo de dos o tres días empezaban a perder la rigidez, pero recién puestas eran como una piel de cabra. Como decía, las deshice todas, y enrollé la lana en ovillos. Y no sé cómo, me enteré de que en Bassano del Grappa había hilanderías donde quizá me harían un jersey con ciervos.
         Una cosa de locos. ¡Sólo a los diecinueve años se pueden tener ideas semejantes, con los riesgos de entonces, los alemanes, los fascistas, vamos, un verdadero infierno! En resumidas cuentas, que un buen día me fui para allá con mis ovillos.
         En Mestre, al atardecer, casi anochecido ya, tomé un tren que iban en dirección a Bassano del Grappa. Como había peligro de que se produjeran ataques aéreos, los trenes viajaban con las luces apagadas. Recuerdo aquel tren lleno hasta los topes de gente, toda apretujada, donde no se veía ni jota. En determinado momento sentí una presencia femenina, una mujer que hablaba, tal con unos amigos, tal vez iban al campo en busca de comida, no sé. El hecho es que pasado un rato, pese a la falta de espacio, yo que he sido siempre un fumador empedernido encontré el modo de encender un cigarrillo. Y al hacerlo, como es natural, iluminé mi rostro; pero, un tanto cegado por esta luz, no vi a quién tenía enfrente de mí. Y aquella mujer se acercó, nos rozamos y luego nos dimos un beso.
         Fue algo de una emoción fulgurante. ¡Tan misterioso!
         Yo no puede ver quién era, ni si era joven o vieja. No lo sé, no llegué a verla. Porque recuerdo que en la primera estación, todavía a oscuras, aquel grupo de personas bajó y… Y nunca he sabido a quién besé. Que era una mujer, seguro. Pero si era guapa o fea, no lo sé. En cualquier caso, aquel beso fue muy hermoso. Dio a aquel viaje absurdo un sentido casi romántico.
A pesar de los años que han pasado, aquel momento sigue aquí; la verdad es que es uno de los recuerdos más intensos de mi vida. La memoria es extraña, ¿eh?”



Marcello Mastroianni. Sí, ya me acuerdo… Ediciones B.