miércoles, 15 de mayo de 2013
domingo, 12 de mayo de 2013
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
ALGÚN BAR
“Yo he pasado en los bares horas deliciosas. El bar es para mí un lugar
de meditación y recogimiento, sin el cual la vida es inconcebible. Costumbre antigua,
robustecida con los años. Al igual que san Simeón el Estilista que, desde lo alto
de su columna, hablaba con su Dios invisible, yo, en los bares, he pasado largos
ratos de ensueño, hablando rara vez con el camarero y casi siempre conmigo mismo,
invadido por cortejos de imágenes a cual más sorprendente. Ahora, con tantos años
como el siglo, apenas salgo de casa. Pero, a la hora sagrada del aperitivo, a solas
en el cuartito en el que guardo mis botellas, me gusta recordar los bares que
amé.
Ante todo, debo puntualizar que para mí no es lo mismo el bar que el
café. Por ejemplo, en París nunca pude encontrar un bar cómodo. Por el contrario,
es una ciudad abundante en admirables cafés. Dondequiera que uno se encuentre, de
Belleville a Auteuil, no debe temer que le falte una mesa a la que sentarse ni un
camarero para tomar nota. ¿Se podría imaginar París sin sus cafés, sus maravillosas
terrazas, o sin sus estancos? Sería como vivir en una ciudad devastada por una
explosión atómica.
Una gran parte de la actividad surrealista se desarrolló en el café
«Cyrano» de la place Blanche. A mí me gustaba también el «Sélect» de los Campos
Elíseos y fui invitado a la inauguración de «La Coupole » de Montparnasse. Allí
me citaron Man Ray y Aragon para preparar el estreno de Un chien andalou. No podría
citarlos todos. Sólo quiero decir que el café es charla, ir y venir y el trato,
bullicioso a veces, de las mujeres.
Por el contrario, el bar es un ejercicio de soledad.
Tiene que ser, ante todo, tranquilo, más bien oscuro y muy cómodo. Toda
clase de música, incluso música lejana, debe estar absolutamente desterrada (al
contrario de la infame costumbre que hoy se extiende por el mundo). Una docena de
mesas a lo sumo, a ser posible, con clientes habituales y poco comunicativos.
Me gusta, por ejemplo, el bar del «Hotel Plaza», de Madrid. Está instalado
en el sótano, lo cual es excelente, ya que hay que desconfiar de los paisajes. El
maître me conoce bien y me lleva inmediatamente a mi mesa favorita, junto a la pared.
La luz ambiente es discreta, pero las mesas están suficientemente iluminadas.
De Madrid me gustaba también mucho «Chicote», lleno de preciosos recuerdos.
Pero es más para ir con los amigos que para meditar en solitario.En el «Hotel del
Paular», al norte de Madrid, instalado en uno de los patios de un magnífico monasterio
gótico, yo solía tomar el aperitivo por la noche en una sala muy larga con columnas
de granito. Salvo los sábados y los domingos, siempre días nefastos en los que los
turistas y los chiquillos ruidosos andaban por todas partes, yo estaba prácticamente
solo, rodeado de reproducciones de cuadros de Zurbarán, uno de mis pintores favoritos.
A lo lejos, de vez en cuando, pasaba la silenciosa sombra de un camarero, respetando
mi recogimiento alcohólico.
Puedo decir que llegué a querer aquel lugar tanto como a un viejo amigo.
Al fin de una jornada de paseo y de trabajo, Jean-Claude Carrière, que colaboraba
en el guión, me dejaba solo durante tres cuartos de hora. Luego, puntualmente, sus
pasos sonaban en el suelo de baldosas de piedra, se sentaba frente a mí y yo tenía
la obligación —así lo habíamos acordado, pues estoy convencido de que la imaginación
es una facultad de la mente que puede ejercitarse y desarrollarse al igual que la
memoria—, decía que yo tenía la obligación de contarle una historia, corta o larga,
que hubiera inventado durante mis cuarenta y cinco minutos de ensoñación, que podía
o no tener relación con el guión en que estábamos trabajando y ser cómica o melodramática,
sangrienta o seráfica. Lo importante era contar algo.
A solas con las reproducciones de Zurbarán y las columnas de granito,
esa piedra admirable de Castilla y con mi bebida favorita (en seguida vuelvo sobre
esto), me abstraía sin esfuerzo, abriéndome a las imágenes, que no tardaban en desfilar
por la sala. A veces, mientras pensaba en asuntos familiares o en proyectos prosaicos,
de repente ocurría algo extraño, se perfilaba una escena sorprendente, aparecían
personajes que hablaban de sus problemas. Alguna vez, solo en mi rincón, me echaba
a reír. Cuando me parecía que aquella inesperada situación podía ser útil para el
guión, volvía atrás, procurando poner orden y encauzar mis errantes ideas.
Guardo excelente recuerdo del bar del «Hotel Plaza», de Nueva York,
a pesar de que era un punto de reunión muy frecuentado (y vedado a las mujeres).
Yo solía decir a mis amigos, algo que ellos han podido comprobar varias veces: «Si
pasas por Nueva York y quieres saber si estoy allí, ve al bar del “Plaza” a las
doce del día. Si estoy en Nueva York, allí me encontrarás.» Desgraciadamente, este
bar magnífico, con vistas a Central Park, ha sido invadido por el restaurante. Del
bar propiamente dicho no quedan más que dos mesas.
Por lo que respecta a los bares mexicanos que frecuento, me gusta mucho,
en México capital, el de «El Parador», pero es para ir con amigos, como «Chicote».
Durante mucho tiempo pasaba muy buenos ratos en el bar del hotel de «San José Purúa»,
en el Michoacán, adonde solía retirarme a escribir mis guiones durante más de
treinta años.
El hotel está situado en el flanco de un gran cañón semitropical. Por
tanto, las ventanas del bar se abrían a un paisaje espléndido, lo cual, en principio,
es un inconveniente. Por suerte, delante de la ventana, tapando un poco el paisaje,
crecía un zirando, árbol tropical de ramas ligeras, entrelazadas como una maraña
de largas serpientes. Yo dejaba vagar la mirada por aquel inmenso amasijo de ramas,
resiguiéndolas como si fueran los sinuosos hilos de múltiples historias y viendo
posarse en ellas ora un búho, ora una mujer desnuda, etc.
Lamentablemente, y sin razón válida alguna, el bar se cerró. Aún nos
veo a Silberman, a Jean-Claude y a mí, en 1980, vagando por el hotel como almas
en pena, en busca de un lugar aceptable, Es un mal recuerdo, Nuestra época devastadora
que todo lo destruye no respeta ni los bares.”
Luis Buñuel. Mi último suspiro. Random House
Mondadori.
sábado, 11 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
ALLÁ EN LAS INDIAS
PERLAS
“Pues que se han
dicho de algunas cosas que no son de tanta estimación o prescio como las
perlas, justo me parece que diga la manera de cómo se pescan, y es así: en la
costa del norte, en Cubagua y Cumaná, que es donde aquesto más se ejercita,
según plenariamente yo fui informado de indios y cristianos, dicen que salen de
aquella isla de Cubagua muchos indios, que allí están en cuadrillas de señores
particulares, vecinos de Santo Domingo y Sant Juan, y en una canoa o barca vanse
por la mañana cuatro o cinco o seis o más, y donde les parece o saben ya que es
la cantidad de las perlas, allí se paran en el agua, y échanse para abajo a
nado los dichos indios, hasta que llegan al suelo y queda en la barca uno, la
cual tiene queda todo lo que él puede, atendiendo que salgan los que han
entrado debajo del agua, y después de gran espacio ha estado así debajo, sale
fuera encima del agua y nadando se recoge a su barca, y presenta y pone en ella
las ostias que saca, porque en ostias se hallan las dichas perlas, y descansa
un poco, y come algún bocado, y después torna a entrar en el agua y está allí
lo que puede, y torna a salir con las ostias que ha tornado a hallar, y hace lo
que primero, y de esta manera todos los demás que son nadadores para este
ejercicio, hacen lo mismo; y cuando viene la noche, y les paresce tiempo de
descansar, vanse a la isla a su casa, y entregan las dichas ostias al mayordomo
de su señor, que de los dichos indios tiene cargo; y aquel háceles dar de
cenar, y pone en cobro las dichas ostias; y cuando tiene copia, hace que las
abran, y en cada una hallan las perlas o aljófar, dos, y tres y cuatro, y
cinco, y seis, muchos más granos según natura allí los puso, y guárdanse las
perlas y aljófar que en las dichas ostias se hallan, y cómense las hostias si
quieren, o échanlas al mar, porque hay tantas, que aborrecen, y todo lo que
sobra de semejantes pescados enoja, cuanto más que ellas son muy duras y no tan
buenas para comer como las de España.”
Gonzalo Fernández de Oviedo.
Historia general y natural de las Indias.
Historia general y natural de las Indias.
jueves, 9 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
OBITER DICTUM
“Consistía en escribir a los autores más en boga: Anatole
France, Mirbeau, Hervieu, Lavedan, Marcel Prévost, Sardou, Donnay, Huysmans... —todos vivían en mi orilla—-, pidiéndoles, en nombre de cualquiera
de los semanarios ilustrados donde yo colaboraba, «el honor de una entrevista».
Este favor lo obtenía siempre —los artistas extranjeros no desaprovechan ningún
elogio, y hacen bien—; la entrevista se celebraba, y el tres cher maitre, informado de que yo preparaba un estudio completo
de su obra, me daba una carta en la que pedía para mí a su editor todos sus
libros. En estas pequeñas zancadillas no había traición ni fraude: yo, con la
mejor buena fe, escribía mi entrevista con «el gran hombre», leía sus libros y después,
poco a poco, los llevaba a casa del «bouquiniste». Generalmente, me pagaban los
volúmenes a un franco o a un franco veinticinco; pero como la producción de
cualquiera de aquellos autores ilustres era considerable —siempre de veinte
tomos en adelante—, y las subsistencias infinitamente más baratas que lo son
ahora, sucedía que con «un Paul Bourget» y «un Alfred Capus», por ejemplo,
resolvía mi vida de una semana.”
Eduardo Zamacois.
lunes, 6 de mayo de 2013
viernes, 3 de mayo de 2013
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
LES CHERCHEUSES DE POUX
Quand le front de l'enfant, plein de rouges tourmentes,
Implore l'essaim blanc des rêves indistincts,
Il vient près de son lit deux grandes soeurs charmantes
Avec de frêles doigts aux ongles argentins.
Elles assoient l'enfant auprès d'une croisée
Grande ouverte où l'air bleu baigne un fouillis de fleurs,
Et dans ses lourds cheveux où tombe la rosée
Promènent leurs doigts fins, terribles et charmeurs.
Il écoute chanter leurs haleines craintives
Qui fleurent de longs miels végétaux et rosés
Et qu'interrompt parfois un sifflement, salives
Reprises sur la lèvre ou désirs de baisers.
Il entend leurs cils noirs battant sous les silences
Parfumés ; et leurs doigts électriques et doux
Font crépiter parmi ses grises indolences
Sous leurs ongles royaux la mort des petits poux.
Voilà que monte en lui le vin de la Paresse,
Soupirs d'harmonica qui pourrait délirer ;
L'enfant se sent, selon la lenteur des caresses,
Sourdre et mourir sans cesse un désir de pleurer.
Arthur Rimbaud.
miércoles, 1 de mayo de 2013
lunes, 29 de abril de 2013
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LOS MARES DEL SUR
“Hacía cerca de diez años que mi salud declinaba
cada día más, y poco tiempo antes de emprender mi viaje creí haber llegado al
último acto de mi vida y no tener que esperar más que a la enfermera y el empresario
de pompas fúnebres. Me aconsejaron que probara los mares del Sur, y no me
desagradó la idea de atravesar como un fantasma, y llevado como un fardo,
parajes que me habían atraído cuando era joven y gozaba de salud. Fleté, pues,
la goleta del doctor Merrit, que se llamaba Casco, de setenta y cuatro
toneladas, zarpé de San Francisco a fines de junio de 1888, visité las islas del
este y a principios del año siguiente me encontraba en Honolulu. Una vez allí,
desanimado para reanudar mi vida de reclusión en mi habitación de enfermo,
decidí proseguir mi periplo en una goleta mercante, la Equator, de algo más de
setenta toneladas, pasé cuatro meses entre los atolones (islas bajas de coral)
de las Gilbert y alcancé Samoa a finales del año 1889. Mientras tanto, la
costumbre y el agradecimiento habían empezado a atarme a aquellas islas; había
recobrado las fuerzas perdidas; tenía amigos, había descubierto intereses
nuevos; el tiempo, durante mis viajes, había transcurrido como en los cuentos
de hadas; por consiguiente, decidí quedarme allí. Preparé estas páginas en el
mar, durante un tercer crucero, que hice en el vapor mercante Janet Nicoll. Si
he de vivir aún días suficientes, espero pasarlos allí donde, más que en otras
partes, la vida transcurrió con placidez y el ser humano tuvo interés para mí.
Ya las hachas de mis criados negros talan los árboles para crear los cimientos
de mi futura residencia, y es preciso que aprenda a dirigirme a mis lectores
desde los mares más lejanos…
Que de este modo haya trastocado la afirmación del
héroe de Lord Tennyson resulta menos extraordinario de lo que pueda parecer en
principio. Pocos son los hombres que abandonan las islas después de haberlas
conocido; dejan que su pelo se vuelva cano allí donde se establecieron; la
sombra de las palmeras y los vientos alisios los airean hasta el día de su
muerte, mientras quizás acarician hasta el fin el sueño de visitar su país
natal, proyecto raramente realizado, menos raramente apreciado y aún más
raramente renovado. Ning{un lugar del mundo ejerce una atracción tan poderosa
sobre quien lo visita; mi tarea consistirá en comunicar a quienes gustan de
viajar sin moverse de su hogar la seducción de aquellos parajes y describir la
vida, en tierra y mar, de centenares de millares de seres, algunos de ellos de
nuestra sangre y que hablan nuestra lengua, todos contemporáneos nuestros y,
sin embargo, tan alejados de nosotros por sus pensamientos y costumbres domo
Rob Roy o Barbarroja, los apóstoles o los césares.”
Robert L. Stevenson. En los mares del sur. Ediciones B.
domingo, 28 de abril de 2013
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
POEM
Every
morning I forget how it is.
I watch
the smoke mount
In great
strides above the city.
I belong
to no one.
Then, I
remember my shoes,
How I
have to put them on,
How
bending over to tie them up
I will
look into the earth.
Charles Simic
sábado, 27 de abril de 2013
jueves, 25 de abril de 2013
martes, 23 de abril de 2013
ALLÁ EN LAS INDIAS
AL PRINCIPIO FUE CUZCO
“De este género, por la valentía y saber de algunos
excelentes hombres, resultó el otro gobierno más poderoso y próvido de reino y
monarquía, que hallamos en Méjico y en el Perú, porque los Ingas sujetaron toda
aquella tierra, y pusieron sus leyes y gobiernos. El tiempo que se halla por
sus memorias haber gobernado, no llega a cuatrocientos años, y pasa de
trescientos; aunque su señorío por gran tiempo no se extendió más de cinco o
seis leguas al derredor del Cuzco.
Su
principio y origen fue el valle del Cuzco, y poco a poco fueron conquistando la
tierra que llamamos Perú, pasado Quito hasta el río de Pasto hacia el norte y
llegaron a chile hacia el sur, que serán cuasi mil leguas en largo; por lo
ancho hasta la mar del sur al poniente, hasta los grandes campos de la otra
parte de la cordillera de los Andes, donde se hoy en día, y se nombra el Pucará
del Inga, que es una fuerza que edificó para defensa hacia el oriente. No
pasaron de allí los Ingas por la inmensidad de las aguas, de pantanos, y lagunas
y ríos que de allí corren: lo ancho de su reino no llegará a cien leguas.
Hicieron
estos Ingas ventaja a todas las otras naciones de la América en policía y gobierno,
y mucho más en armas y valentía, aunque los Cañaris, que fueron sus mortales
enemigos, y favorecieron a los españoles, jamás quisieron conocerles ventaja; y
hoy en día, moviéndose esta plática, si les soplan un poco, se matarán millares
sobre quién es más valiente, como ha acaecido en el Cuzco.”
José de Acosta. Historia natural y moral de las Indias.
lunes, 22 de abril de 2013
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
DESPUÉS
Me moriré en La Unión junto a las minas,
con un rumor de mar a mi costado,
el cante de mi tierra como rezo,
y el trovo de un amigo por corona.
Tengo miedo que me cubra la tierra.
Pero el amor callado de mi ensueño,
desgarrará la oscuridad silente
alcanzando la luz inconsumible.
Mi mesa con su enredo de cuartillas.
Cartas que no alcanzaron su respuesta.
Un libro abierto, un retrato escondido.
Envuelta en soledad de soledades,
sin que nadie la recoja y la viva,
la emoción de mis versos al olvido.
María
Cegarra
domingo, 21 de abril de 2013
OBITER DICTUM
«Algunas noches, cuando el calor
arreciaba y no había serenata, así que las cornetas del cuartel vecino tocaban
la retreta, sacábamos al patio los catres de lona. Encima una sábana y otra más
para envolvernos, sobre la bata, y a estarse en cama contemplando las estrellas
antes de dormir. De todos los goces del verano fronterizo ninguno es más
profundo. El clima caliente y seco invita a pernoctar bajo la bóveda celeste.
En aquella topografía de llanuras devastadas, el cielo es más ancho que en
otros sitios de la Tierra, y las constelaciones refulgen dentro de una
inmensidad engalanada de bólidos.»
José
Vasconcelos.
sábado, 20 de abril de 2013
viernes, 19 de abril de 2013
OBITER DICTUM
“I won the Nobel Prize for literature. What was your crime?”
“En
Moscú los escritores viven siempre en ebullición, en continua discusión. Me
enteré allí, mucho antes de que lo descubrieran los escandalizantes
occidentales, de que Pasternak era el primer poeta soviético, junto con
Maiakovski. Maiakovski fue el poeta público, con voz de trueno y catadura de
bronce, corazón magnánimo que trastornó el lenguaje y se encaró con los más
difíciles problemas de la poesía política. Pasternak fue un gran poeta
crepuscular, de la intimidad metafísica, y políticamente un honesto reaccionario
que en la transformación de su patria no vio más lejos que un sacristán
luminoso. De todas maneras, los poemas de Pasternak me fueron muchas veces
recitados de memoria por los más severos críticos de su estatismo político.”
Pablo Neruda
miércoles, 17 de abril de 2013
martes, 16 de abril de 2013
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
AY DE LOS INDÍGENAS!
En
verdad que Colón fue un tipo muy desgraciado. Yo no recuerdo haber llegado a
ningún pueblo de los muchos que conozco, sin que inmediatamente me hayan dicho
que no fue Colón, sino un vecino del pueblo, quien descubrió América. Muy mal
lo pasaría hoy quien se permitiese decir en Dieppe que Cousin no descubrió el
Continente americano, al descubrir el Marañón, cuatro años antes que Colón y
nueve antes que Vasco de Gama.
Pero
más desgraciados aún que Colón son, por supuesto, los indígenas de América,
puesto que pasaron la vida sometidos al régimen del descubrimiento. Primero les
descubrió el joven Cousin, mientras comían guayabas en un guayabal; en seguida
don Cristóbal; después, el amigo Vasco de Gama; et sic de ceteris. Hay gentes que han venido al mundo a servir al
deporte náutico del descubrimiento.
A
los indígenas de América les han descubierto unas catorce veces, lo cual es un
abuso. Que una vez le descubran á uno, aunque sea por casualidad, puede pasar;
pero no tanto. Lo que hay es que cada nación europea quiere darse el pisto de
un descubrimiento, con sus correspondientes salvajes, que estaban muy a gusto
en sus guayabales sin europeizarse a lo Silvela.
Dios
me libre de quitar méritos á Monsieur Cousin, de cuya vida y milagros acabo de enterarme
por la módica suma de cinco céntimos que me costó un ilustrado semanario de la
localidad.
Luis Bonafoux
Por el mundo arriba.
Sociedad de Ediciones Literarias y
Artísticas.
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