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martes, 8 de enero de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






SLIM SUMMERVILLE


        “Aquella noche, Bobby sobornó al barman del club para que pusiera doble ración de whisky en los copazos de Slim Summerville. Las sobrecargadas bebidas pronto pusieron a Slim tan somnoliento que se quedó dormido sobre la mesa.
        Bobby sacó lápiz y papel, escribió una nota y le pidió al camarero que se la diera a una chica que había en una mesa cercana. Ella estaba con un hombre que tenía los hombros de un gorila. Leyó la nota y luego se la pasó a él. La nota decía:
        «¿Por qué no te deshaces de ese pedazo de inútil que está contigo? No mires, pero estoy sentado en una mesa justo detrás de ti, fingiéndome dormido. Te espero fuera, en la puerta de detrás, dentro de diez minutos.»
        --¿Quién es ese tío listo?
        Ella miró alrededor, vio al durmiente Slim y se encogió de hombros.
        --Nunca en mi vida había visto a ese gracioso larguirucho.
        Su novio se levantó, se acercó al durmiente Slim y le agarró por la garganta. Lo siguiente que supo Slim fue que se encontraba en el exterior, por la puerta trasera, volando por el aire. Al golpear el durísimo cemento, miró hacia arriba para encontrarse con el rostro sonriente de Bobby que le miraba de hito en hito.
        --¿Qué demonios ha pasado? –preguntó.
        --No le des importancia –le dijo Bobby – No es más que uno de esos terremotos de California.
        Cuando Bobby Dunn murió, su alto y enjuto compañero estaba desconsolado. Slim lloró como un niño y pagó más dinero del que podía permitirse por una corona. De camino hacia la iglesia para las exequias, Slim recogió el correo y durante el funeral no paró de abrir y de mirar nerviosamente las cartas. Hizo cola con otros dolientes para dar un último adiós a al difunto antes de que cerrasen el féretro. Al pasar por delante del cuerpo agitó ante el rostro del fallecido la factura que acababa de recibir de la floristería.
        --¿Ves esto? –sollozó con voz quebrada --. Hasta después de muerto me cuestas dinero, pequeño hijo de puta.”


Buster Keaton. 
Slapstick. Memorias… 
Plot Ediciones.