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domingo, 23 de septiembre de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN LA CARRETERA DEL DELTA


        “Poco después del amanecer salimos por la carretera del Delta hacia El Cairo, con la esperanza de que fuera más accesible que la del desierto. Aparte de un largo convoy de camiones militares, la encontramos medio desierta. Al parecer, en medio de la confusión general nadie se había acordado de la carretera del Delta. Ahora, sólo disponíamos de un coche, y Buckley, Hill y yo íbamos subidos al techo, como extraños pájaros posados en un tejado. Hacía fresco y soplaba una brisa matinal, y el largo camino discurría por entre bosquecillos y campos llenos de colorido. Cruzábamos muchos canales, donde las barcazas algodoneras flotaban aun pacíficamente. Incluso en las lejanas aldeas, la gente había comprendido que nos encontrábamos en una fase dramática de la guerra, porque los alemanes estaban radiando en árabe que pensaban llegar a Alejandría al día siguiente, y habían tenido el mal gusto de decir que «las damas de Alejandría deberían ponerse sus vestidos de noche». A pesar de esto, la gente de los campos corría a la carretera a vitorearnos al pasar, aunque me figuro que los aldeanos vitorean automáticamente siempre que pasa por sus calles alguna procesión poco corriente. Pero aquellos eran amigos, no cabía la menor duda: los niños nos hacían el signo de la victoria, con el dedo gordo hacia arriba, y nosotros también a ellos.”


Alan Moorehead. 
Trilogía africana. 
Inédita Editores.