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lunes, 5 de junio de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






POR EL NILO EN DAHAVIE



Noviembre 28 de 1887.— Mas las bellezas que nos ofrecían los inmediatos alrededores no habían de hacernos olvida el objetivo principal de nuestro viaje y el plan de antemano trazado: lo primero era nuestra excursión al Alto Egipto y la Nubia, después de la cual residiríamos de forma más prolongada en El Cairo.
Hay dos maneras de hacer tal viaje por el Nilo: con buque de vapor, o valiéndose de los de vela, llamados aquí dahavies.
Los que prefieren el vapor pueden escoger entre el de la Compañía Cook, que lo tiene a disposición de los turistas que contratan con ella, y uno de los paquebotes del gobierno, que sólo ofrecen acomodo muy rudimentario a los pasajeros.
Los vapores de turistas de la citada compañía son grandes hoteles flotantes que pueden albergar en sus camarotes hasta sesenta pasajeros; en la temporada de los viajes emprenden uno cada catorce días y emplean tres semanas en la ida hasta Assuán, primera catarata, y regreso, y cuatro llegando hasta Wadi Halfa, segunda catarata. Aunque ricamente alhajados y con esmerado servicio, no ofrecen estos barcos los verdaderos placeres del viaje a sus huéspedes, pues que en ellos no es completa la libertad individual; el viajero ha de contemplar, admirar y entusiasmarse al compás de la batuta del guía a cuyo cargo está la comitiva. Sin embargo, el que tiene su tiempo limitado no encontrará mejor medio para hacer el viaje del Nilo que estos vapores de Cook; el que pueda y se proponga, empero, pasar todo el invierno en Egipto, ha de preferir contratar una dahavies (o dahabeya) y visitar aquellas comarcas hasta la Nubia como se hacía en los tiempos faraónicos. Como éste era nuestro plan, nos decidimos por la dahavie y fuimos en busca de la que nos pareciese más conveniente.
Semejante tarea era harto pesada y embarazosa en otro tiempo. Después de interminables negociaciones con el guía que se presentaba como contratista de las dahavies, y fijadas ya, finalmente, las condiciones principales, había que redactarse un contrato muy detallado y firmarlo ante el respectivo cónsul, pues G. W. Curtis, hablando de los guías en general, dice: ”Los hay de varias clases: el maltés o pillo listo, el griego o pillo astuto, el sirio o pillo activo, y el egipcio o pillo tonto”.

C. von Gonzenbach. Viaje por el Nilo. Ediciones Abraxas.