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domingo, 3 de febrero de 2013

ALLÁ EN LAS INDIAS



TERREMOTO


«Al fin deste mesmo año de 1575 estando la ciudad de Valdivia en la mayor prosperidad que jamás había estado y la jente a los principios de su quietud y contento, quiso nuestro Señor que les durasen poco los solaces acumulando nuevos infortunios a los pasados. Sucedió pues en 16 de diciembre viernes de las cuatro témporas de Santa Lucía, día de apisicion de luna hora y media antes de la noche que todos descuidados de tal desastre, comenzó a temblar la tierra con gran rumor y estruendo yendo siempre el terremoto en crecimiento sin cesar de hacer daño derribando tejados, techumbres y paredes, con tanto espanto de la jente que estaban atónitas y fuera de sí de ver un caso tan extraordinario. No se puede pintar ni describir la manera de esta furiosa tempestad que parecía ser el fin del mundo, cuya priesa fue tal, que no dio lugar a muchas personas a salir de sus casas y así perecieron enterradas en vida cayendo sobre ellas las grandes machinas de los edificios. Era cosa que erizaba los cabellos, y ponía los rostros amarillos, el ver menearse la tierra tan apriesa, y con tanta furia que no solamente caían los edificios, sino también las personas sin poderse detener en pié, aunque se asían unos de otros para afirmarse en el suelo. Demás desto mientras la tierra estaba temblando por espacio de un cuarto de hora se vio en el caudaloso rio, por donde las naos suelen subir sin riesgo una cosa notabilísima, y fuer que en cierta parte del se dividió el agua corriendo la una parte de ella hacia la mar, y la otra parte rio arriba quedando en aquel lugar el suelo descubierto de suerte, que se vian las piedras como las vio don Pedro de Lovera, de quien saqué esta historia, el afirma haberlo visto con sus ojos. Ultra desto salió la mar de sus límites y linderos corriendo con tanta velocidad por la tierra adentro como el rio del mayor ímpetu del mundo. Y fue tanto su furor y braveza, que entró tres leguas por la tierra adentro, donde dejó gran suma de peces muertos, de cuyas especies nunca se habían visto otras en este reino. Y entre borrascas y remolinos se perdieron dos naos, que estaban en el puerto, y la ciudad quedo arrasada por tierra sin quedar pared en ella que no se arruinase,


Pedro Mariño de Lovera. Historia de la conquista de Chile.