sábado, 15 de noviembre de 2014

OBITER DICTUM







«Yo estaba en esa época de la vida en que se hacen amigos. En un vagón de tercera clase, volviendo de Toledo, me encontré charlando con un estudiante de la universidad que quería mejorar su inglés. Nos entendimos tan bien que seguimos tratándonos hasta su muerte. Pepe Robles tenía una lengua más afilada que las de mis amigos liberales interesados en la educación. Se reía de todo. Su conversación se parecía más a la desenfadada manera de escribir de Baroja.»


John Dos Passos.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




UN HOMBRE SIN VICIOS


“Yo conocía a Harold desde sus primeros días como auxiliar forestal. Era sudafricano de nacimiento y un hombre con un físico esplendido, con hombros anchos y caderas estrechas, ojos de un azul escandinavo, y pelo por todas partes, como un gorila. Tras su llegada a Birmania se hallaba en la jungla como pato en el agua, y jamás le importó la soledad de aquella vida, de hecho, lo habitual es que prefiriera estar solo, incluso cuando se hallaba de permiso, aunque en otros momentos participaba en desenfrenadas fiestas y se entretenía a lo grande. Era un hombre sin vicios, aunque algunas de sus características casi podrían considerarse como tales. Una de ellas era hacer siempre una declaración más alta de su mano en el bridge o en el póquer, otra su desmesurada pasión por los crucigramas, y la tercera que era un bromista impenitente. Recuerdo que en un baile de gala en Maymyo introdujo unos sándwiches de sardina en los bolsos de todas las mujeres que estaban bailando, y tuvo el atrevimiento de compadecerse de varias chicas que los descubrieron al hacer una pausa para empolvarse la nariz después de acabar ese baile. Incluso iba por ahí diciendo: «Algún impresentable sinvergüenza debe de andar suelto». No obstante, cometió el error de meter uno en el bolso de mi mujer; ella reconoció enseguida su autoría y lo puso de manifiesto. En una ocasión similar soltó un enorme número de grillos reales, de los de tamaño más grande, en el cuarto de las damas y en la pista de baile. De golpe se echaron a volar y se posaron por todas partes, mostrando una particular querencia por buscar refugio para sus cuerpos sedosos en los pechos y por debajo de las espaldas de las chicas que llevaban los vestidos ligeros más escotados. Cundió el pánico y se perdió el decoro, mientras los acompañantes de las chicas trataban de ayudar, con dedos nerviosos, a localizar a los insectos más atrevidos y esforzados. Sin embargo, Harold no se quedó a contemplar los resultados de su tropelía, se había marchado para darse un solitario baño a la luz de la luna.”


J. H. Williams.
Bill de los elefantes.
Ediciones del viento.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






MERIGGIARE PALIDO E ABSORTO

Meriggiare pallido e assorto
presso un rovente muro d' orto,
ascoltare tra i pruni e gli sterpi
schiocchi di merli, frusci di serpi.

Nelle crepe del suolo o su la veccia
spiar le file di rosse formiche
ch' ora si rompono ed ora s'intrecciano
a sommo di minuscole biche.

Osservare tra frondi il palpitare
lontano di scaglie di mare
mentre si levano tremuli scricchi
di cicale dai calvi picchi.

E andando nel sole che abbaglia
sentire con triste meraviglia
com'è tutta la vita e il suo travaglio
in questo seguitare una muraglia
che ha in cima cocci aguzzi di bottiglia.


Eugenio Montale.

sábado, 8 de noviembre de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LA MENOS ESTIMADA

En aquel tiempo estudié con bastante método las literaturas francesa e italiana de los orígenes, pero la que más me atrajo fue la menos conocida, la menos estimada: la española. Ya, tiempo antes, había estudiado el hermoso castellano en una gramática íntima y había traducido algunas escenas del Mágico Prodigioso de Calderón, pero entonces tomé como guía los libros de Amador de los Ríos y de Ticknor, cogí los primitivos textos, del Fuero de Avila hasta los más viejos romances, fantaseé en torno al Mysterio de los Reyes Magos, me enamoré del Poema del Cid, me hice especialista en Fray Gonzalo de Berceo y me adentré en la sabrosa argucia del arcipreste de Hita. Y no me paré aquí: vi y leí en parte todos los volúmenes de la biblioteca Rivadeneyra; escudriñé manuscritos catalanes, castellanos y portugueses, aprendí casi a fondo el español antiguo; medité ediciones críticas; copié, no pudiendo comprarme los libros, obras enteras y finalmente —conclusión eterna y nueva derrota— decidí dejar a un lado la historia comparada de las literaturas romanas para hacer un perfecto manual de historia de la literatura española.

Giovanni Papini.
Un hombre acabado.
Ediciones Calamo.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

OBITER DICTUM





“Hay dos versiones del principio antrópico, la débil y la fuerte. El principio antrópico débil dice que en un universo que es grande o infinito en el espacio y/o en el tiempo, las condiciones necesarias para el desarrollo de vida inteligente se darán solamente en ciertas regiones que están limitadas en el tiempo y en el espacio. Los seres inteligentes de estas regiones no deben, por lo tanto, sorprenderse si observan que su localización en el universo satisface las condiciones necesarias para su existencia. Es algo parecido a una persona rica que vive en un entorno acaudalado sin ver ninguna pobreza.”


Stephen W. Hawking.

domingo, 2 de noviembre de 2014

OBITER DICTUM





Su Excelencia me examina unos instantes y avanza apausado, con lentitud ensayada y efectista; al llegar a mí me ofrece su diestra pulida y pequeña, y con una languidez al par amable y fatigada —el ademán de alguien que va cansándose de ser demasiado indulgente, demasiado bueno— me autoriza a sentarme. Obedezco. Yo ocupo un sillón. Su Excelencia se ha instalado a mi izquierda, en la sombra, sobre un diván. Su sitio es superior al mío; es un lugar "estratégico", desde el cual me observa y escruta mejor que yo a él, puesto que yo estoy en la luz; y un segundo vuelvo a acordarme de aquellos cancerberos que —según aseguran— desde las habitaciones y pasillos contiguos al salón apuntan con sus revólveres a los visitantes. Mas apenas pienso en ello, cuando la visión siniestra se va...


Eduardo Zamacois

sábado, 1 de noviembre de 2014

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





     GHETTO


Denso es el aire aquí. Y tibio. Lo respiro
entre casas que quiebran su fachada en el agua.
Un gato mansamente se me enreda en las piernas
y me retiene inmóvil delante de Yahveh.

María Victoria Atencia


ALLÁ EN LAS INDIAS




LOS CHAPAPOYAS



”Antes de llegar  a esta provincia de Caxamalca, sale un camino que también fue mandado hacer por los reyes Ingas, por el cual se iba a las provincias de los chachapoyas. Y pues en la comarca de ellas está poblada la ciudad de la Frontera, será necesario contar su fundación, de donde pasaré a tratar lo de Guánuco. Tengo entendido y sabido por muy cierto, que antes que los españoles ganasen ni entrasen en este reino del Perú, los Ingas señores naturales que fueron de él tuvieron grandes guerras y conquistas. Y los indios chachapoyanos fueron por ellos conquistados aunque primero por defender su libertad y vivir con tranquilidad y sosiego pelearon de tal manera, que se dice poder tanto que el Inga huyó feamente. Mas como la potencia de los Ingas fuese tanta, y los chachapoyas tuviesen pocos favores, hubieron de quedar por siervos del que quería ser de todos monarca. Y así después que tuvieron sobre sí el mando real del Inga, fueron muchos al Cuzco por su mandado, adonde les dio tierras para labrar, y lugares para casas, no muy lejos de un collado que está pegado a la ciudad llamada Carmenga. Y porque del todo no estaban pacíficas las provincias de la serranía confinantes a los chachapoyas, los Ingas mandaron con ellos y con algunos orejones del Cuzco hacer frontera y guarnición, para tenerlo todo seguro. Y por esta causa tenían gran proveimiento de armas de todas las que ellos usan, para estar apercibidos a lo que sucediese. Son estos indios naturales de las chachapoyas los más blancos y agraciados de todos cuantos yo he visto en las Indias que he andado, y sus mujeres fueron tan hermosas, que por sólo su gentileza muchas de ellas merecieron serlo de los Ingas, y ser llevadas a los templos del Sol. Y así vemos hoy día que las indias que han quedado de este linaje son en extremo hermosas, porque son blancas y muchas muy dispuestas. Andan vestidas ellas y sus maridos con ropa de lana, y por las cabezas usan ponerse sus llautos, que son la señal que traen para ser conocidos en toda parte. Después que fueron sujetados por los Ingas, tomaron de ellos leyes y costumbres con que vivían, y adoraban al sol, y a otros dioses, como los demás y allí debían hablar con el demonio, y enterrar sus difuntos como ellos, y les imitaban en otras costumbres.”


Pedro de Cieza de León. Crónica del Perú.





viernes, 31 de octubre de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





MEXICO



1901
1º DE ENERO.

“En el preciso instante en que cohetes, dianas, repiques de templos y silbatos de máquinas atruenan los aires saludando a este primer año del siglo XX; cuando vibra todavía la campanada última de las doce de la noche que ha muerto, mi mujer y mi hermana hanse prosternado a rezar las viejas plegarias de las casas católicas, que desde niño uno, viene escuchando en las fechas memorables y sacras… Las beso a las dos, y me llego a la cama de mi hijo, que, sin dársele un ardite dentro de sus diecisiete meses de vida el que los siglos vayan y vengan, duerme apacible y filosóficamente. Cuidando de no despertarlo, bésolo también, y lo bendigo, convencido de que las bendiciones o maldiciones de los padres, alcanzan a los hijos...
¡Cuánto bien le deseo; cómo anhelaría acumular sobre su rubia cabecita, dicha, dicha, siempre dicha, la que a muy duras penas disfrutan los afortunados de veras!
¡Dios sólo sabe lo que será de este pedazo de mi alma!
Yo apetezco que, así sufra mucho, sea ante todo caballero, caballero a toda costa, aun a costa de la muerte. Pero no caballero del cuño corriente, no; caballero a la antigua, a la antiquísima, de los que ya nada más van quedando borrosos y vagos en el recuerdo de los descendientes de las familias linajudas, y en los cuadros vetustos de los  museos y catedrales. Que su propia conciencia ¡lo único insobornable! sea su juez  y su guía; y que el día que se considere irrevocablemente honorable y honrado, cuando  crezca y llegue a hombre, si yo estoy muerto, piense en mí, y mis flaquezas, a él en fortalezas se le tornen, y escarmiente en mis penalidades, y no incurra en mis defectos e imperfecciones; y en compensación de lo que yo he sufrido y luchado, él luche y sufra lo menos posible. Si estoy vivo para entonces, que me pague estos besos que a modo de aguinaldo y de préstamo deposito en su frente inmaculada de ángel que ignora el pecado, las pasiones y los vicios, con réditos de réditos, como deudor de una inmensa deuda usuraria y sin saldo... Luego, me acuesto; y a obscuras me río de lo que anhelaba desde muchacho alcanzar esta vigésima centuria. ¡Ya sucedió! ¿Y qué?... pues, nada; .lo mismo que cualquiera otra noche de cualquier mes y de cualquier año. ¡La transición ha sido meramente subjetiva!”


Federico Gamboa. Mi diario. Eusebio Gómez, editor.

miércoles, 29 de octubre de 2014

OBITER DICTUM






“Desde el más grande de los libros, la Odisea, la literatura es un viaje por la vida. La literatura moderna no es un viaje por mar, sino a través del polvo y la desolación, como el de don Quijote; a través del desierto, hacia una Tierra Prometida en la que, como Moisés, no llegaremos nunca a poner un pie. Ninguna religión, ninguna filosofía o política que proclame haber llegado ya a la Tierra Prometida o estar próxima a llegar, con todos sus seguidores detrás, puede enrolar en sus filas a la literatura. La literatura, el arte, indican sin embargo el camino hacia la Tierra Prometida, la dirección adecuada. Es comprensible que se expulse a los poetas de la República, como inmigrantes furtivos y clandestinos. Pero estos vagabundos, como los nómadas del desierto, son guías que indican las pistas para atravesarlo.”


Claudio Magris.

domingo, 26 de octubre de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



EN HELICÓPTERO


“Un ataque en helicóptero a una zona de aterrizaje crítica crea tensiones emocionales mucho más intensas que un ataque terrestre. Ello se debe al espacio cerrado, al ruido, a la velocidad y, sobre todo, a la sensación desamparo total. Provoca cierta excitación la primera vez pero después es una de las aventuras más desagradables que ofrece la guerra moderna. En tierra, un infante tiene cierto control sobre su destino, o al menos la ilusión de que lo posee. En un helicóptero que se encuentra bajo el fuego ni siquiera tiene esa ilusión. Enfrentado a las indiferentes fuerzas de la gravedad, la balística y la tecnología, es impulsado simultáneamente en varias direcciones por un amplio espectro de emociones extremas y contradictorias. Lo acosa la claustrofobia; es insoportable la sensación de estar atrapado y ser impotente en una máquina pero ha de sobrellevarla. Al hacerlo, comienza a sentir una ciega ira por las fuerzas que le han vuelto impotente, pero tiene que controlar su ira hasta salir del helicóptero y estar en terreno firme otra vez. Ansía estar en tierra firme pero su deseo se ve contrarrestado por el peligro que sabe le acecha allí. Al mismo tiempo se siente atraído por el peligro, ya que sabe que sólo puede superar su temor sobreponiéndose a él. Entonces su ira ciega comienza a centrarse en los hombres que son la fuente del peligro… y de su miedo. Se concentra en su interior y mediante algún proceso químico se transforma en feroz resolución de luchar hasta que cese el peligro. Pero esa resolución, que en algunas ocasiones se denomina coraje, no puede separarse del temor que la ha despertado. Su magnitud es igual que la magnitud del temor. En realidad, se trata de una poderosa necesidad de no tener más miedo, de liberarse del temor eliminado la fuente que lo produce. Esta enconada lucha interior de emociones contrapuestas produce una tensión casi sexual en su intensidad. Es demasiado dolorosa para soportarla mucho tiempo. En lo único que puede pensar un soldado es en el momento de escapar a su impotente confinamiento y de liberar esa tensión. Todas las demás consideraciones –-lo propio o impropio de lo que está haciendo, las posibilidades de triunfo o de derrota en la batalla, el propósito o despropósito de la misma—se vuelven tan absurdas como para ser menos que insignificantes. Nada importa excepto el instante crítico y final de lanzarse a la violenta catarsis que anhela y teme.”


Philip Caputo. 
Un rumor de guerra. 
Inédita Editores.

miércoles, 22 de octubre de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



CARRUAJE A ZAMORA


“Zamora conserva, a semejanza de Toledo, un extraño carácter de Edad Media. No han abandonado aún sus habitantes el sayo, la caperuza y las abarcas del villano antiguo, ni sus lindas mujeres salen a la calle sin la característica mantilla sayagüesa, de vivos y ricos colores. Cuando digo que las zamoranas son lindas, no hago poesía, sino que consigno una gran verdad; blancas, pelinegras, con ojos de azabache y sonrosadas mejillas, forman un tipo en que el Norte y el Mediodía se han combinado harmoniosamente y lucen a competencia. Realza su gentileza la mantilla que he citado, que cubre desde la cabeza hasta los muslos, y en la cual se embozan con soltura; una sarta de cuentas de vidrio asoma por debajo de los poblados rodetes de trenzas negras, peinado sencillo del país; una saya corta, oscura, ciñe el airoso cuerpo, y un pulido zapato y una media azul en las solteras, negra en las casadas y viudas, completa este pintoresco traje.
Como el tren no saldrá hasta las ocho de la noche, tenemos tiempo de ver con detención Zamora. En consecuencia, henos aquí, después de haber almorzado y reparado el desorden que dos largos días de carruaje ocasionan en la toilette, recorriendo la vieja ciudad en todos sentidos, no sin que los chicos abran tamaña boca al ver que nos paramos ante algún vetusto edificio, y nos tomen por franceses, ingleses o cómicos, cosas que por lo visto tienen para ellos muchos puntos de contacto.
Hay ciudades que se condensan en un hecho, en un recuerdo, en un nombre. Toledo en Carlos V, La Coruña en María Pita, Valencia en el Cid, Zamora en doña Urraca. Hay el arco de doña Urraca, el alcázar de doña Urraca, el busto de doña Urraca. En cuanto a Vellido Dolfos, por un castigo digno del Dante, no ha quedado del traidor ni aun la memoria, y trabajo me costó que me indicasen el emplazamiento del portillo en donde clavó al Rey don Sancho el famoso venablo.
En vano busqué también una tumba, una inscripción que conmemorase a los Ordóñez de Lara, esos épicos campeones de Zamora, que sostuvieron aquel terrible reto que alcanzaba «a las aguas, a las piedras, a los aires, a los muertos y a los que habían de nacer». Sus huesos dormirán en algún polvoriento rincón de alguna iglesia, y las arañas hilarán sus redes con paciente tenacidad sobre su olvidada tumba.
En cambio no me costó trabajo hallar el antiguo palacio del obispo Acuña, aquel prelado díscolo y guerreador que manejaba la espada con tan gentil talante como llevaba la mitra, y a quien el Alcaide Ronquillo colgó de los hierros de su prisión por haberse puesto al frente de las Comunidades de Castilla. He aquí también la gótica fachada de la Inquisición, y el palacio del Conde de Puñonrostro, que el pueblo, poeta por instinto, llama de las Golondrinas, sin duda porque estas inocentes avecillas hacen sus nidos en las bocas de los monstruos de piedra que guarnecen la fachada.
La catedral, fuera de la magnífica cornisa del más puro Renacimiento, que adorna interiormente el frontis y de la sillería del coro, cuyas esculturas son de gran mérito, no ofrece nada de notable. Rezaremos un credo al señor de las Injurias cuya milagrosa imagen se venera allí, y vamos a ver las orillas del río y el puente.
El puente, moderno, no me detuvo mucho, y después de haber saludado la cabeza esculpida en piedra que el pueblo llama «el retrato de doña Urraca» y que corona un arco antiquísimo, creo haber llenado a conciencia el deber del viajero, de verlo todo y a destajo.
Solo me falta apuntar una tradición.
Hay en Zamora una fuente que se llama de las Llamas, en donde dicen que hubo en otro tiempo un volcán, que en un día dado, creo que el de la Natividad del Señor, se trocó a ruegos del pueblo afligido, en la fuente de agua pura y fresca que vemos hoy.
Si viene algún sabio geólogo a decirme que el terreno de Zamora no es plutónico y que por consecuencia, la formación volcánica es imposible, etc., etc., le agradeceré la buena intención, pero le daré el consejo de que no se dedique en su vida a la poesía.
¡Las ocho ya! el ómnibus de la estación va a salir, tomémosle a toda prisa, o arriesgamos quedarnos un día más con doña Urraca y el obispo Acuña.
Henos aquí ya en marcha para Burgos, instalados en un cómodo wagon, en compañía de una porción de caballeros que no se han visto en su vida, pero que con la genial franqueza española empiezan a charlar.
¿De qué hablaban?, dirá alguien. ¿De qué pueden hablar ocho españoles reunidos, sino de política?
Imitando el ejemplo del mayoral, los viajeros cortaron un sayo a la gloriosa, que no había más que pedir; se enzarzó la discusión sobre la cuestión reformista, y a un pobre ídem que se atrevió a emitir su opinión le trataron (y pienso que no sin motivo) de mal español, filibustero, y otras lindezas; y a todo esto el sueño se apoderó de mí, y me dormí sirviéndome de arrullo las palabras libertad, Congreso, Castelar, Antillas, pronunciamientos, masas inconscientes, etc., para no despertar sino cuando gritaron con una voz bastante ronca:
—¡Burgos! ¡veinte minutos!
Y saltando a toda prisa del wagon, nos lanzamos a recoger el equipaje.


Emilia Pardo Bazán. 
Apuntes de un viaje.
Real Academia Galega.

domingo, 19 de octubre de 2014

OBITER DICTUM





Unos amigos nos dejan, otros los suceden; nuestras relaciones varían: siempre hay un tiempo en el que no poseíamos nada de lo que poseemos, un tiempo en el que no tenemos nada de lo que tuvimos. El hombre no tiene una sola y única vida; tiene varias puestas una tras otra, y ésta es su miseria.


François-René de Chateaubriand