martes, 16 de noviembre de 2021
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
domingo, 14 de noviembre de 2021
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL BEBER, EL MALBEBER O EL NO BEBER
«Con toda su ruina y desolación, Lisboa es, sin disputa, la ciudad más notable de la Península, y acaso del Sur de Europa. No me propongo entrar aquí en minuciosos detalles acerca de ella; me limitaré a notar que es tan digna de la atención de un artista como la misma Roma. Verdad es que, si abundan aquí las iglesias, no hay ninguna catedral gigantesca como la de San Pedro, para atraer las miradas llenándolas de admiración, pero me atrevo a decir que no hay en la antigua ni en la moderna Roma una obra del trabajo y del arte humanos que pueda, cualquiera que sea su destino, rivalizar con las obras hidráulicas para el abastecimiento de Lisboa. Aludo al estupendo acueducto cuyos arcos principales cruzan el valle al Noreste de Lisboa y vierte un arroyuelo de agua fría y deliciosa en una cisterna de piedra dentro del hermoso edificio llamado Madre de las aguas, desde donde se abastece toda Lisboa de linfa cristalina, aunque el manantial está a siete leguas de allí.»
George H. Borrow
La Biblia en España.
Ediciones Cid.
sábado, 13 de noviembre de 2021
jueves, 11 de noviembre de 2021
ALLÁ EN LAS INDIAS
martes, 9 de noviembre de 2021
OBITER DICTUM
«La lentitud de reacción del helvético es proverbial; la imprevisión ya no lo es tanto, pero proporcionó a los eternos descontentos la satisfacción de pillar por fin a los suizos en un renuncio. Los naturales de países donde todo funciona a la buena de Dios podíamos comprobar que también en Suiza se cuecen habas; lo que pasa, y en esto sí que disiento de mis compatriotas peninsulares y ultramarinos, es que esas habas suizas están demasiado bien contadas. Hasta la imprevisión helvética daba la impresión de estar más que prevista.»
Aquilino Duque.
domingo, 7 de noviembre de 2021
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
MUERTE
sábado, 6 de noviembre de 2021
OBITER DICTUM
«Incluso la marcha de aproximación y la preparación para el ataque en Tolmein exigieron mucho de las tropas. En agotadoras marchas nocturnas, habitualmente lloviendo a cántaros, se cruzaron las montañas Karawanken, una distancia total a vuelo de pájaro de cien kilómetros. Por el día las tropas esperaban escondidas de la aviación enemiga en abrigos muy limitados. Las raciones eran parcas y monótonas, pero a pesar de todo esto, la moral era alta. En tres años de guerra las tropas habían aprendido a soportar penurias sin perder su entereza.»
Erwin Rommel.
viernes, 5 de noviembre de 2021
miércoles, 3 de noviembre de 2021
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
lunes, 1 de noviembre de 2021
domingo, 31 de octubre de 2021
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
PENDENCIAS E INDEPENDENCIAS: LA RISA.
«En respuesta a la incomprensión y al sabotaje sistemático de nuestro esfuerzo, como a la intención bien evidente, desde la primera hora, de oponerse con más energía a un avance social justiciero de las masas productoras que al enemigo del otro lado de las trincheras, pudo haberse declarado la independencia de Cataluña, para avanzar con el ritmo propio que se había dado a partir de los acontecimientos de julio. La idea fue mas o menos alentada por ciertos sectores y, en algunas ocasiones, no se disimuló como amenaza, pero el hecho de tener el oro del país a disposición del gobierno de Madrid y la circunstancia de ser Cataluña una zona industrial que había de ser abastecida de materia prima extranjera, unido todo esto a las dificultades crecientes de los intercambios internacionales, hizo que se viese con claridad que una independencia política en aquellas condiciones no podía ser, de hecho, más que una solución estéril o bien una entrega de la región autónoma al protectorado francés, sin cuyo soporte no habría podido sostenerse la economía catalana y, por tanto, la guerra.»
Diego Abad de Santillán.
Por qué perdimos la guerra?
Ediciones Imán.
sábado, 30 de octubre de 2021
viernes, 29 de octubre de 2021
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
SEMPER
EADEM
No
he de apagar la luz
para pensar en ti: a pleno día
y ande
haciendo lo que haga
(deambular por los parques, mirar
nubes,
contestar a unas cartas, romper versos,
retener
cuanto graban en el contestador,
bromear con el hijo, ver que
llueve
y apenas lo registran mis calizos terrones
pues que
la reja de tu sonreír
hace días que falta),
no afecta a
tu presencia cercana o venidera,
eje y razón y fuerza y calor
míos.
En las encrucijadas más confusas del
sueño
oscuramente sé de tu vivir. Y cuando
la madrugada,
a veces, mi dormir interrumpe
anunciando borrasca,
me
oriento por el faro
de tu claro vivir siempre al alcance.
Antonio Martínez Sarrión.
jueves, 28 de octubre de 2021
OBITER DICTUM
martes, 26 de octubre de 2021
lunes, 25 de octubre de 2021
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
CRIOLLOS Y PODER
«En este ocaso del Imperio Español de América, los criollos americanos, cepa de la estructura de poder de todas las futuras repúblicas independientes, viven emociones y sentimientos contradictorios. La rebeldía exitosa de los colonos ingleses de América del Norte los fascina. Aspiran a ejercer todo el poder, a tener todos los honores, en lugar de tener que admitir la tutela de España, ejercida por funcionarios peninsulares. Pero a la vez, como amos en una sociedad esclavista, se saben rodeados de enemigos. No sólo los indios en apariencia sumisos, pero que de vez en cuando estallan en rebelión, como en el Perú en 1780; o como en México en 1624 y 1692; sino además los negros bárbaros y violentos y los pardos humillados y resentidos. En el motín de 1692 los esclavos negros, los pardos y hasta los blancos pobres, llamados en México saramullos , para distinguirlos de los orgullosos criollos, habían terminado por hacer causa común con los indios en una explosión de cólera contra toda autoridad y toda riqueza.»
Carlos Rangel.
Del buen salvaje al buen revolucionario.
Monte Ávila Editores.
domingo, 24 de octubre de 2021
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
sábado, 23 de octubre de 2021
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
ODIOS Y BANDERAS
«La guerra de España no ha terminado. Conocemos el fin de las operaciones militares, pero el conflicto continúa. Guerra es también, según la Academia Española, «toda especie de lucha y combate, aunque sea en sentido moral». A esas luchas y combates me refiero al afirmar que no ha terminado la querella de los españoles. Lo que ha perdido en crueldad militar, lo ha ganado en virulencia política. Victoriosos y derrotados continuamos odiándonos con la misma fuerza, pero rezumándonos la pasión y no queriendo dejar sin empleo el sobrante, unos y otros, respondiendo a la misma naturaleza, nos hemos dividido y subdividido enconadamente. Las banderas españolas son, por esa causa, múltiples. Enumerarlas, indicando el nombre de cada abanderado, sería abusar de la paciencia del lector y, por lo que a mí hace, renovar un sentimiento que participa, a partes iguales, de la tristeza y de la indignación. Tristeza por nuestra radical insolidaridad, indignación por la constancia con que la fomentamos. Todo hace presumir que ni los triunfadores fecundarán la victoria, ni los derrotados escarmentaremos en el descalabro. No hay peor enemigo del español —y de lo español— que el español mismo. Una parte de esta verdad nos era conocida antes de que la mayoría del Ejército se sublevase contra la República, pero los más agudos no la sospechaban en su integridad. Si alguien escapa a ese reproche de evidencia es don Miguel de Unamuno. La definitiva visión de ese maestro de mi juventud la localizo en una sesión de las Cortes Constituyentes, en la que como se debatiera ásperamente sobre unos sucesos sangrientos ocurridos en Bilbao, Don Miguel, irguiéndose en su escaño, interrumpió al orador con voz de profeta: —Llegará un día en que nos asesinemos los unos a los otros en nombre de un crucifijo de piedra o por unas insignias de barro, con la quijada de un asno.»
Julián Zugagazoitia.
Guerra y vicisitudes de los españoles.
Editorial Librería Española.
J
viernes, 22 de octubre de 2021
miércoles, 20 de octubre de 2021
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
«Don Miguel me corrigió alguna fecha, me amplió algún dato. Al final me dijo que el libro le parecía bien, aunque no estaba escrito con simpatía. Era verdad. Eso de la simpatía es un sentimiento insobornable, cuya razón muchas veces no encuentra razones ni en nosotros mismos. Yo no tuve nunca simpatía por don Miguel de Unamuno. Me apartaban de considerarle una criatura amable muchos y no siempre justos detalles: su egotismo, su castidad, su apostolado de Carlyle a la española, su lío religioso y su aldeanismo seco y escamón, desde el que captó y pretendió la universalidad. Me fastidiaban también íntimamente casi todos sus detalles. Tomaba, por ejemplo, una taza de café. Pues bien, apartaba un terrón de azúcar, revolvía el resto, lo bebía a pequeños sorbos haciendo ruido… Luego, cuando la taza estaba vacía, echaba el terrón reservado y un poco de agua, revolvía aquella porquería y la apuraba de un trago. También resultaba fastidioso su sentido reverencial del dinero o, por otro nombre, roñosería. Hay mil anécdotas de este vicio, pero en Salamanca tuve ocasión de apuntar la mil y una. Yo, que había ido allí en un auto alquilado sólo por la atención de no publicar mi libro sin su visto bueno; yo, que era un joven de veintitantos años y forastero, comí solo, porque él no me convidó a comer, y aun pagué siempre las pequeñas consumiciones que íbamos haciendo. Unicamente al final, casi al despedirnos, cuando llamé al camarero para pagar por última vez dos cafés, Unamuno pegó grandes voces:
—¡No, no, no! ¡De ninguna manera! Paguemos cada uno el nuestro.»
César González-Ruano.





















