viernes, 30 de octubre de 2020
jueves, 29 de octubre de 2020
ALLÁ EN LAS INDIAS
UN LANSQUENETE EN LAS INDIAS
En el año que se
cuenta después de nacido Cristo nuestro amado Señor y Redentor 1534, yo Ulerich
Schmídel de Straubing he visto las siguientes naciones y tierras, partiendo de
Andorff (Amberes) por mar, a saber: Hispaniam (España), Indiam (Indias), y
muchas islas; con peligros varios por lances de guerra las he visitado y
recorrido; y este viaje (que ha durado desde el susodicho año hasta el de 1554
en que Dios el Todopoderoso me ayudó a llegar otra vez a mi tierra) juntamente
con lo que a mí, y a los mismos mis compañeros aconteció y nos tocó sufrir, lo
he descripto yo aquí con la brevedad posible.
Ulrich Schmídel.
Viaje al Río de la Plata.
miércoles, 28 de octubre de 2020
lunes, 26 de octubre de 2020
OBITER DICTUM
Aquí están las figuras mismas de Hokusai, deambulando con sus impermeables
de paja, sus inmensos sombreros de paja en forma de seta, y sus sandalias del
mismo material; campesinos descalzos, profundamente curtidos por el viento y el
sol; y madres de rostro paciente que llevan a la espalda niños calvos y
sonrientes, y dan pasitos con sus geta (unos altos y ruidosos zuecos de
madera), y comerciantes con túnica, acuclillados, fumando sus pequeñas pipas de
bronce entre los innumerables acertijos de sus tiendas.
Lafcadio Hearn.
sábado, 24 de octubre de 2020
viernes, 23 de octubre de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
DREIRA
Entre la soledad, el dulce olvido,
el desarraigo y el vino de agujas de oro
me quedo con aquellos que se eligen.
Aquí no se aloja duda alguna.
Es una mínima muestra de respeto.
No. No. A las voces de mis mayores.
Me insinuaron la sombra de un pequeño
dios alado que está en todas partes
menos en un lugar llamado Dreira.
Lo ignoro, ya no pueden hablarme.
Lo ignoro, pero intuyo que me ronda.
Nunca he deseado morir eternamente.
Martín Dreira.
jueves, 22 de octubre de 2020
OBITER DICTUM
Antes de que se marche
el deportado, la Gestapo precinta todo lo que no se lleva. Todo pasa al Estado.
Paul Kreidl me trajo anoche unos zapatos exactamente de mi número y que dado el
estado terrible de los míos son de lo más oportunos. Y un poco de tabaco que
Eva mezcla con hojas de zarzamora y así lía sus cigarrillos. Yo, desde hace
muchos días, sólo fumo hojas de zarzamora. Esta mañana especie de visita de
pésame a la madre. El convoy consta ahora de doscientas cuarenta personas, parece que entre
ellos hay gente vieja, débil y enferma, de forma que apenas pueden llegar
vivos.
Victor
Klemperer.
martes, 20 de octubre de 2020
domingo, 18 de octubre de 2020
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
Febrero 1978
Chofer de taxi II:
Hoy llevé unos pasajeros a Ezeiza y tuve suerte de levantar
en seguida una pareja que venía a Buenos Aires. Era gente bien vestida, que
parecía formal. En seguida se pusieron a quejarse de muchas cosas: una
conversación a la que estamos acostumbrados. De ahí pasaron a decir que los
argentinos éramos mentirosos y ladrones. Yo no sabía qué contestarles y empecé
a notar que hablaban con una tonadita, por lo que entré a sospechar que eran
extranjeros. Ellos mismos lo confirmaron pronto. Dijeron que ellos, los
chilenos, estaban mejor armados que nosotros y que nos iban a aplastar como lo
merecíamos, por malos perdedores y fanfarrones. Yo todavía trataba de no
enojarme y de ver cómo podía arreglarme para que esas palabras no fueran
ofensivas. Pero la pareja insistía y a mí me subía la mostaza. ¿Qué le parece
hablar así en la Argentina, que ahora estará un poco pobre y hasta en mala
situación económica, pero que siempre fue considerada la Francia de América? Y
mire el país que nos va a aplastar: Chile, una playita larga, un país de
tercera categoría, o quizá de cuarta. Ellos seguían chumbando y yo juntando
rabia, hasta que vi un patrullero, me le puse lado y les dije a los chafes : “llévense
presa a esta pareja, que está hablando mal de la Argentina”. Vieran el disgusto
que tuvieron los chilenos. Dijeron que ellos no habían hecho nada más que
expresar una opinión y que no era posible que los llevaran a la comisaría por
eso. En este punto se equivocaron, porque en un santiamén los acomodaron en el
patrullero y se los llevaron a la comisaría, sin tan siquiera pedirme que
pasara a declarar como testigo. Yo busqué un teléfono público y le hablé a la
patrona. Le dije que nos preparara un almuerzo especial, porque me había ganado
el día.
Adolfo Bioy Casares.
Descanso de caminantes.
Editorial Sudamericana.
viernes, 16 de octubre de 2020
miércoles, 14 de octubre de 2020
martes, 13 de octubre de 2020
lunes, 12 de octubre de 2020
sábado, 10 de octubre de 2020
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
I’D DIE FOR YOU
I'd die for you, or you for me,
So furious is our jealousy—
And if you doubt this to be true
Kill me outright, lest I kill you.
jueves, 8 de octubre de 2020
martes, 6 de octubre de 2020
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
COÑAC
O JEREZ
Una de las cosas
que más añoraría hoy, si fuera pequeña, sería la falta de las sirvientas. Para
una niña constituían la parte más pintoresca de la vida diaria. Las nodrizas
ponían lo ordinario; las sirvientas, el drama, la diversión y toda clase de
conocimientos no específicos pero interesantes. Lejos de ser esclavas, eran
tiranas muchas veces. «Sabían cuál era su puesto», como se decía, lo que no
significaba sometimiento, sino orgullo, orgullo profesional. Las sirvientas de
principios de siglo estaban muy dotadas. Las camareras tenían que ser altas,
bien parecidas, bien entrenadas, tener la voz justa para susurrar: «¿Coñac o
jerez?» Hacían milagros para atender a los caballeros. Dudo que hoy exista una
verdadera sirvienta. Posiblemente quedarán algunas de unos setenta u ochenta
años, renqueando por ahí; aparte de éstas, ahora no hay más que las externas,
las asistentas, ayudantas, empleadas de hogar y encantadoras señoras jóvenes
que quieren ganar algo de dinero, reservando unas horas para sí y para las
necesidades de sus hijos. Son aficionadas amables, que con frecuencia se hacen
amigas nuestras, pero que rara vez inspiran el respeto con el que mirábamos a
nuestra servidumbre.
Agatha Christie.
Autobiografía.
Editorial Molino.
lunes, 5 de octubre de 2020
domingo, 4 de octubre de 2020
viernes, 2 de octubre de 2020
OBITER DICTUM
Ante todo, causa un terror instintivo el recordar que los
habitantes de Pompeya se encontraban reunidos aquí en el momento de la
catástrofe, y no puede uno menos de mirar frecuentemente al Vesubio (cuya mole,
demasiado próxima, cierra el horizonte hacia el Septentrión), para ver si se
advierte alguna novedad en el humo que lo corona... y tranquilizarse al
hallarlo en su estado habitual.
Pedro
Antonio de Alarcón.
miércoles, 30 de septiembre de 2020
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