viernes, 23 de octubre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






                                      DREIRA


Entre la soledad, el dulce olvido,
el desarraigo y el vino de agujas de oro
me quedo con aquellos que se eligen.

Aquí no se aloja duda alguna.

Es una mínima muestra de respeto.

No. No. A las voces de mis mayores.

Me insinuaron la sombra de un pequeño 
dios alado que está en todas partes
menos en un lugar llamado Dreira.

Lo ignoro, ya no pueden hablarme.
Lo ignoro, pero intuyo que me ronda.

Nunca he deseado morir eternamente.

Martín Dreira.

jueves, 22 de octubre de 2020

OBITER DICTUM





Antes de que se marche el deportado, la Gestapo precinta todo lo que no se lleva. Todo pasa al Estado. Paul Kreidl me trajo anoche unos zapatos exactamente de mi número y que dado el estado terrible de los míos son de lo más oportunos. Y un poco de tabaco que Eva mezcla con hojas de zarzamora y así lía sus cigarrillos. Yo, desde hace muchos días, sólo fumo hojas de zarzamora. Esta mañana especie de visita de pésame a la madre. El convoy consta ahora de doscientas cuarenta personas, parece que entre ellos hay gente vieja, débil y enferma, de forma que apenas pueden llegar vivos.


Victor Klemperer.

domingo, 18 de octubre de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE








Febrero 1978
Chofer de taxi II:

Hoy llevé unos pasajeros a Ezeiza y tuve suerte de levantar en seguida una pareja que venía a Buenos Aires. Era gente bien vestida, que parecía formal. En seguida se pusieron a quejarse de muchas cosas: una conversación a la que estamos acostumbrados. De ahí pasaron a decir que los argentinos éramos mentirosos y ladrones. Yo no sabía qué contestarles y empecé a notar que hablaban con una tonadita, por lo que entré a sospechar que eran extranjeros. Ellos mismos lo confirmaron pronto. Dijeron que ellos, los chilenos, estaban mejor armados que nosotros y que nos iban a aplastar como lo merecíamos, por malos perdedores y fanfarrones. Yo todavía trataba de no enojarme y de ver cómo podía arreglarme para que esas palabras no fueran ofensivas. Pero la pareja insistía y a mí me subía la mostaza. ¿Qué le parece hablar así en la Argentina, que ahora estará un poco pobre y hasta en mala situación económica, pero que siempre fue considerada la Francia de América? Y mire el país que nos va a aplastar: Chile, una playita larga, un país de tercera categoría, o quizá de cuarta. Ellos seguían chumbando y yo juntando rabia, hasta que vi un patrullero, me le puse lado y les dije a los chafes : “llévense presa a esta pareja, que está hablando mal de la Argentina”. Vieran el disgusto que tuvieron los chilenos. Dijeron que ellos no habían hecho nada más que expresar una opinión y que no era posible que los llevaran a la comisaría por eso. En este punto se equivocaron, porque en un santiamén los acomodaron en el patrullero y se los llevaron a la comisaría, sin tan siquiera pedirme que pasara a declarar como testigo. Yo busqué un teléfono público y le hablé a la patrona. Le dije que nos preparara un almuerzo especial, porque me había ganado el día.

Adolfo Bioy Casares.
Descanso de caminantes.

Editorial Sudamericana.

martes, 13 de octubre de 2020

OBITER DICTUM







Me acuerdo de la paloma de Picasso, y de su retrato de Stalin.

Georges Perec.

sábado, 10 de octubre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





I’D DIE FOR YOU


I'd die for you, or you for me,
So furious is our jealousy—
And if you doubt this to be true
Kill me outright, lest I kill you.

                                         Robert Graves.

martes, 6 de octubre de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





COÑAC O JEREZ

Una de las cosas que más añoraría hoy, si fuera pequeña, sería la falta de las sirvientas. Para una niña constituían la parte más pintoresca de la vida diaria. Las nodrizas ponían lo ordinario; las sirvientas, el drama, la diversión y toda clase de conocimientos no específicos pero interesantes. Lejos de ser esclavas, eran tiranas muchas veces. «Sabían cuál era su puesto», como se decía, lo que no significaba sometimiento, sino orgullo, orgullo profesional. Las sirvientas de principios de siglo estaban muy dotadas. Las camareras tenían que ser altas, bien parecidas, bien entrenadas, tener la voz justa para susurrar: «¿Coñac o jerez?» Hacían milagros para atender a los caballeros. Dudo que hoy exista una verdadera sirvienta. Posiblemente quedarán algunas de unos setenta u ochenta años, renqueando por ahí; aparte de éstas, ahora no hay más que las externas, las asistentas, ayudantas, empleadas de hogar y encantadoras señoras jóvenes que quieren ganar algo de dinero, reservando unas horas para sí y para las necesidades de sus hijos. Son aficionadas amables, que con frecuencia se hacen amigas nuestras, pero que rara vez inspiran el respeto con el que mirábamos a nuestra servidumbre.

Agatha Christie.
Autobiografía.

Editorial Molino.

viernes, 2 de octubre de 2020

OBITER DICTUM





Ante todo, causa un terror instintivo el recordar que los habitantes de Pompeya se encontraban reunidos aquí en el momento de la catástrofe, y no puede uno menos de mirar frecuentemente al Vesubio (cuya mole, demasiado próxima, cierra el horizonte hacia el Septentrión), para ver si se advierte alguna novedad en el humo que lo corona... y tranquilizarse al hallarlo en su estado habitual.


Pedro Antonio de Alarcón.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





          HUMMINGBIRD


Suppose I say summer,
write the word “hummingbird,”
put it in an envelope,
take it down the hill
to the box. When you open
my letter you will recall
those days and how much,
just how much, I love you.


Raymond Carver.

jueves, 24 de septiembre de 2020

ALLÁ EN LAS INDIAS





DICEN QUE DECÍA VIRACOCHA


El Padre Blas Valera refiere sólo un dicho de este Inca Viracocha; dice que lo repetía muchas veces, y que tres Incas (que nombra) le dieron la tradición de él y de otros dichos, que adelante veremos, de otros Reyes Incas. Es acerca del criar los hijos, que como este Inca se crió con tanta aspereza y disfavor de su padre, acordándose de lo que había pasado advertía a los suyos de qué manera debían criar sus hijos para que saliesen bien doctrinados. Decía: «Los padres muchas veces son causa de que los hijos se pierdan o corrompan, con las malas costumbres que les dejan tomar en la niñez; porque algunos los crían con sobra de regalos y demasiada blandura, y, como encantados con la hermosura y ternura de los niños, los dejan ir a toda su voluntad, sin cuidar de lo que adelante, cuando sean hombres, les ha de suceder. Otros hay que los crían con demasiada aspereza y castigo, que también los destruyen; porque con el demasiado regalo se debilitan y apocan las fuerzas del cuerpo y del ánimo, y con el mucho castigo desmayan y desfallecen los ingenios de tal manera que pierden la esperanza de aprender y aborrecen la doctrina, y los que lo temen todo no pueden esforzarse a hacer cosa digna de hombres. El orden que se debe guardar es que los críen en un medio, de manera que salgan fuertes y animosos para la guerra y sabios y discretos para la paz». Con este dicho acaba el Padre Blas Valera la vida de este Inca Viracocha.

Inca Garcilaso de la Vega.

Comentarios Reales.

lunes, 21 de septiembre de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 





LA CHICA DE IÓSIF


     «Probablemente estuvimos unos veinte minutos en el despacho de Stalin, aunque no fuimos conscientes del paso del tiempo. El reloj se detuvo para nosotros. Mijáilov nos presentó uno a uno y me dejó a mí para el final. Iósif Vissariónovich se limitó a decir unas pocas palabras sobre la comprometida misión del Partido y el gobierno, los Aliados y su negativa a abrir un segundo frente, y sobre el pueblo estadounidense y la necesidad de transmitirle la verdad acerca de nuestra lucha contra el nazismo.

—¿Tenéis alguna petición, camaradas? —preguntó.

Krasavchenko y Pchelintsev estaban completamente paralizados y se produjo un momento de silencio en el despacho. Yo no reaccioné como ellos y noté algo distinto, un entusiasmo sin precedentes. Quería escuchar algunas palabras del comandante en jefe supremo dirigidas especialmente a mí.

—Sí, camarada Stalin, tengo una petición —dije en voz baja—. Necesitamos encarecidamente un diccionario inglés-ruso y ruso-inglés, y un manual de gramática. Porque también es importante conocer bien a los aliados, ¡igual que a los enemigos!

—Bien dicho, camarada Pavlichenko. —El líder del proletariado mundial sonrió—. Recibiréis esos libros. Os los enviaré yo personalmente.»


Liudmila Pavlichenko.

La francotiradora de Stalin.

Editorial Crítica.