martes, 16 de junio de 2020

OBITER DICTUM





Ya se ve qué es lo que, con la muerte en la cruz, había llegado a su final: un punto de arranque completamente originario para un movimiento budista de paz, para una efectiva, no meramente  prometida, felicidad en la tierra. Pues, ya lo he destacado, la diferencia fundamental entre ambas religiones de décadence continúa siendo ésta: el budismo no promete, sino que cumple, el cristianismo promete todo, pero no cumple nada.


                                                          Friedrich Nietzsche.

sábado, 13 de junio de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




Sneden’s Landings


«No sé cuál de ellas descubrió Sneden’s Landings. Sneden’s era una aldea de casas de piedra que creció en el siglo dieciocho alrededor del desembarcadero de Dobb’s Ferry en la orilla izquierda del río Hudson. La primera vez que fui a visitar a Susan Smith, toda la aldea pertenecía ya a la viuda de un escultor italiano que había trabajado con Stanford White. El lugar tenía el ambiente del Nueva York de los años noventa. Mrs. Tonetti era una mujer despierta, y gracias a su fortuna personal estaba decidida a proteger Sneden’s de ser devorado por los suburbios de la gran ciudad que todo lo absorbían, conservándola intacta para su numerosa familia y sus muchos amigos. Iba a ser un enclave de la elegancia del siglo diecinueve escondido en un pliegue de los Palisades.

Mrs. Tonetti, Susan y las Dudley tenían ideas muy claras sobre las cosas que podían encajar allí. Su estilo especial lo permeaba todo. Después de cruzar el Hudson en una antiquísima lancha de motor que iba y venía desde Dobb’s Ferry, al saltar a tierra se tenía la impresión de llegar a otro país. Otra agradable manera de llegar a Sneden’s era cruzar en el ferry que hacía el viaje regularmente desde Yonkers y andar cinco millas por una senda junto a la orilla del agua. Los matorrales de la ribera estaban llenos de pájaros. Ocasionalmente se podía ver una oropéndola o una tanagra escarlata. Las garzas salían volando de los cañaverales. Por espacio de un minuto era posible creerse en la América de Audubon. Cuando se llegaba allí siempre había algo para comer y beber, cosas que ver y cosas de que hablar. Una tarde en la casa negra de Susan era como una visita a un oasis después del polvoriento y ruidoso ajetreo de Nueva York.»


John dos Passos.

Años inolvidables.

Alianza Editorial.



viernes, 12 de junio de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





EN EL SUR


En el sur,
todo es del tiempo;
quiero decir que no cuenta,
que le echemos tiempo al tiempo;
que no vemos las manillas
de ese gran reloj del tiempo;
quiero decir que parece
que hay un poco más de tiempo
que en las otras tres esquinas
de la rosa de los tiempos.


Antonio Murciano.

lunes, 8 de junio de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






CULTIVOS, REVOLUCIONES Y NATURALEZA


Los lugares ingratos y estériles, donde los productos no valen el trabajo que exigen, deben quedar incultos o desiertos, o solamente poblados de salvajes; los lugares donde el trabajo de los hombres no dé exactamente más que lo preciso, deben ser habitados por pueblos bárbaros: toda civilidad sería imposible en ellos; los lugares en que el exceso del producto sobre el trabajo es mediano, convienen a los pueblos libres; aquellos en que el terreno, abundante y fértil, rinde mucho producto con poco trabajo, exigen ser gobernados monárquicamente, a fin de que el lujo del príncipe consuma el exceso de lo que es superfluo a los súbditos; porque más vale que este exceso sea absorbido por el gobierno que disipado por los particulares. Hay excepciones, ya lo sé; pero estas mismas excepciones confirman la regla, porque producen, antes o después, revoluciones, que llevan la cuestión otra vez al orden de la Naturaleza.

Jean Jacques Rousseau.
Contrato Social.

Espasa-Calpe.

viernes, 5 de junio de 2020

OBITER DICTUM





A Agripa, (de quien no se sabe nada), Sexto Empírico atribuye otros cinco modos para llegar a la suspensión del juicio, modos de carácter dialéctico, útiles sobre todo para refutar las opiniones de los dogmáticos:
1.º el modo de la discordancia, que consiste en demostrar una disparidad que no puede superarse entre las opiniones de los filósofos y, por consiguiente, la imposibilidad de escoger entre ellas.
2.º el modo que consiste en reconocer que toda prueba parte de principios que a su vez exigen una prueba, y así hasta el infinito.
3.º el modo de la relación, por el cual nosotros conocemos el objeto en relación con nosotros, no como es en sí mismo.
4.º el modo de la hipótesis, por el cual se ve que toda demostración se funda en principios que no se demuestran, sino que se admiten por convención.
5.º el círculo vicioso (dialelismo), por el cual se supone demostrado precisamente lo que se debe demostrar: lo que demuestra la imposibilidad de la demostración.


Nicolás Abbagnano.

martes, 2 de junio de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





QUASE UM POEMA DE AMOR


Há muito tempo já que não escrevo um poema
De amor.
E é o que eu sei fazer com mais delicadeza!
A nossa natureza
Lusitana
Tem essa humana
Graça
Feiticeira
De tornar de cristal
A mais sentimental
E baça
Bebedeira.

Mas ou seja que vou envelhecendo
E ninguém me deseje apaixonado,
Ou que a antiga paixão
Me mantenha calado
O coração
Num íntimo pudor,
— Há muito tempo já que não escrevo um poema
De amor.


Miguel Torga.

lunes, 1 de junio de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




TAL VEZ Y EL INFORTUNIO


«Has de saber que la razón necesita de la instrucción; que la instrucción nada vale sin la experiencia, y que la misma experiencia no se logra sino tras mucho esfuerzo y afán. El hombre es lo que el ejercicio ha hecho de él y nadie hay que pueda ser feliz sin haberse aprovechado de los consejos ajenos. Ahora bien: en la condición humana entra el dejar las cosas para más adelante y el contentarse con decir «tal vez» o «quizá», y sólo si se ve obligado a tomar una resolución, es cuando el hombre abrirá los ojos y adquirirá enseñanzas; pero aquel que recurra a su alma para ver claro, la encontrará vacía, si previamente no ha puesto su confianza en otros seres humanos. Al contrario, el hombre inteligente debe emplearse en hacer ejercicio y práctica de todo, antes de que las vicisitudes de la fortuna le obliguen a hacerlo. Ocupe, pues, su inteligencia y haga trabajar su atención pensando en las cosas, por miedo de tener que hacerlo un día a la fuerza, ya que el bienestar no es cosa que siempre dure. De este modo, si necesita recurrir a las experiencias de su alma, las encontrará, y si, por su suerte, no necesita recurrir a ellas, estimará en más la excelencia de su estado y sentirá mucho mayor placer, porque quien no conoce el infortunio no apreciará la felicidad como es debido.»


Abd Allãh Nãsir.

«Memorias».


viernes, 29 de mayo de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





LOS RECLUTAS NOVATOS

En realidad, los reclutas novatos no recibían adiestramiento militar alguno que pudiera servirles para algo. Se me había dicho que los extranjeros no estaban obligados a tomar parte en la «instrucción» (observé que los españoles tenían la conmovedora creencia de que todos los extranjeros sabían más que ellos sobre asuntos militares), pero, naturalmente, me presenté junto con los demás. Sentía gran ansiedad por aprender a utilizar una ametralladora; era un arma que nunca había tenido oportunidad de manejar. Con desesperación descubrí que no se nos enseñaba nada sobre el uso de armas. La llamada instrucción consistía simplemente en ejercicios de marcha del tipo más anticuado y estúpido: giro a la derecha, giro a la izquierda, media vuelta, marcha en columnas de a tres, y todas esas inútiles tonterías que aprendí cuando tenía quince años. Era una forma realmente extraordinaria de adiestrar a un ejército de guerrillas. Evidentemente, si se cuenta con sólo pocos días para adiestrar a un soldado, deben enseñársele las cosas que le serán más necesarias: cómo ocultarse, cómo avanzar por campo abierto, cómo montar guardia y construir un parapeto y, por encima de todo, cómo utilizar las armas. No obstante, esa multitud de criaturas ansiosas que serían arrojadas a la línea del frente casi de inmediato no aprendían ni siquiera a disparar un fusil o a quitar el seguro de una granada. En esa época ignoraba que el motivo de este absurdo era la total carencia de armas. En la milicia del POUM la escasez de fusiles era tan desesperante que las tropas recién llegadas al frente no disponían sino de los fusiles utilizados hasta ese momento por las tropas a las que relevaban. En todos los Cuarteles Lenin creo que no había más fusiles que los utilizados por los centinelas

George Orwell.
Homenaje a Cataluña.

Editorial Proyección.

lunes, 25 de mayo de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





CROQUIS SEVILLANO

     El sol pone una ojera violácea en el alero de las casas, apergamina la epidermis de las camisas ahorcadas en medio de la calle.

     ¡Ventanas con aliento y labios de mujer!

     Pasan perros con caderas de bailarín. Chulos con los pantalones lustrados al betún. Jamelgos que el domingo se arrancarán las tripas en la plaza de toros.

     ¡Los patios fabrican azahares y noviazgos!

     Hay una capa prendida a una reja con crispaciones de murciélago. Un cura de Zurbarán, que vende a un anticuario una casulla robada en la sacristía. Unos ojos excesivos, que sacan llagas al mirar.
     Las mujeres tienen los poros abiertos como ventositas y una temperatura siete décimos más elevada que la normal.


                                                          Oliverio Girondo.

jueves, 21 de mayo de 2020

ALLÁ EN LAS INDIAS





SOBRE LA MUERTE Y LAS ALMAS


       Cerca del ánima había entre los indios diversas opiniones. Los otomíes, que tienen lenguaje por sí, como menos políticos pensaban que la vida del cuerpo acaba también el ánima. Mas en general los mexicanos y los demás que participan su lengua (que llaman nahuas) tenían que dejado el cuerpo iban las ánimas de los muertos de la manera en que morían. Decían que los que morían heridos de rayo iban a un lugar que llamaban Tlalocan donde estaban los dioses que daban el agua, a los cuales llamaban Tlaloques. Y los que morían en guerra iban a la casa del sol. Mas los que morían de enfermedad, decían que andaban acá en la tierra cierto tiempo: y así los parientes los proveían de ropa y lo demás necesario en sus sepulcros: y al cabo de aquel tiempo decían que bajaban al infierno, el cual repartían en nueve estancias. Decían que pasaban un rio muy ancho, y los pasaba un perro bermejo, y allí quedaban para siempre: alude a la laguna Estigia y al can Cerbero de nuestros antiguos gentiles. Los de Tlaxcala tenían que las almas de los señores y principales se volvían nieblas, y nubes, y pájaros de pluma rica, y de diversas maneras, y en piedras preciosas de rico valor. Y que las ánimas de la gente común se volvían comadrejas, y escarabajos hediondos, y animalejos que echan de sí una orina muy hedionda, y en otros animales rateros. Otras muchas opiniones y disparates había entre ellos, como en gente sin lumbre de fe.

Gerónimo de Mendieta.

Historia Eclesiástica Indiana.