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sábado, 13 de junio de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




Sneden’s Landings


«No sé cuál de ellas descubrió Sneden’s Landings. Sneden’s era una aldea de casas de piedra que creció en el siglo dieciocho alrededor del desembarcadero de Dobb’s Ferry en la orilla izquierda del río Hudson. La primera vez que fui a visitar a Susan Smith, toda la aldea pertenecía ya a la viuda de un escultor italiano que había trabajado con Stanford White. El lugar tenía el ambiente del Nueva York de los años noventa. Mrs. Tonetti era una mujer despierta, y gracias a su fortuna personal estaba decidida a proteger Sneden’s de ser devorado por los suburbios de la gran ciudad que todo lo absorbían, conservándola intacta para su numerosa familia y sus muchos amigos. Iba a ser un enclave de la elegancia del siglo diecinueve escondido en un pliegue de los Palisades.

Mrs. Tonetti, Susan y las Dudley tenían ideas muy claras sobre las cosas que podían encajar allí. Su estilo especial lo permeaba todo. Después de cruzar el Hudson en una antiquísima lancha de motor que iba y venía desde Dobb’s Ferry, al saltar a tierra se tenía la impresión de llegar a otro país. Otra agradable manera de llegar a Sneden’s era cruzar en el ferry que hacía el viaje regularmente desde Yonkers y andar cinco millas por una senda junto a la orilla del agua. Los matorrales de la ribera estaban llenos de pájaros. Ocasionalmente se podía ver una oropéndola o una tanagra escarlata. Las garzas salían volando de los cañaverales. Por espacio de un minuto era posible creerse en la América de Audubon. Cuando se llegaba allí siempre había algo para comer y beber, cosas que ver y cosas de que hablar. Una tarde en la casa negra de Susan era como una visita a un oasis después del polvoriento y ruidoso ajetreo de Nueva York.»


John dos Passos.

Años inolvidables.

Alianza Editorial.