viernes, 6 de marzo de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






        MATRIX AND DREAM


Inaudible things, chipped
nightly away:
breath, underground
through winter: well-words
down the quarried light
of lullaby rill
and chasm.

You pass.
Between fear and memory,
the agate
of your footfall turns
crimson
in the dust of childhood.

Thirst: and coma: and leaf—
from the gaps
of the no longer known: the unsigned message,
buried in my body.

The white linen
hanging on the line. The wormwood
crushed
in the field.

The smell of mint
from the ruin.


Paul Auster

martes, 3 de marzo de 2020

OBITER DICTUM






A veces me pongo a pensar que tanto mi padre como la vieja calle de Charleston no sólo han desaparecido físicamente, sino que han desaparecido en sentido absoluto, excepto por un puñado de fotografías y registros oficiales y estos breves recuerdos. El barrio de viejos árboles y destartaladas casas victorianas ha sido arrasado y sustituido por bloques de viviendas de hormigón ceniciento. Cuando muramos yo y otros pocos miembros de la familia que aún quedan, el recuerdo de mi padre y de nuestra familia se extinguirá como si jamás hubieran existido.


Edward O. Wilson

viernes, 28 de febrero de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





           SENSACIÓN DEL INVIERNO EN LA TIERRA

Al sol le duelen los huesos (el infeliz está resfriado con espanto); a intervalos lleva el pañuelo a las narices, estornuda, y se abre a ras de lo infinito el fabuloso capullo del trueno, los charcos piojentos se entretienen copiando la figura del enfermo más enfermo, y su mirada gris enfría el horizonte.


Los pájaros caen muertos en la jaulas, el azul dinamismo infantil, la alegría del niño, vegetal e inminente, simplísima, juega con sus cadáveres al fútbol, y las secas, lúgubres viejas lamentables deshilan sueños de quince abriles.


Pablo de Rokha.

miércoles, 26 de febrero de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL MAESTRO DE MÚSICA


Una de mis cruces en el pueblo eran las visitas del marido de la maestra, que en otros tiempos había sido maestro de música. Era un hombre de edad, con espesos bigotes grises y unos ojos redondos e inexpresivos jaspeados de blanco, que había nacido en el norte de España. Sentía profundamente la fatalidad de verse exiliado en una aldea bárbara, donde no había ni un café ni un paseo , y apenas se jugaba a las cartas. Para suplir estos esparcimientos me hacía interminables visitas en la presunción de que, como inglés, yo debía también sufrir por ello. Era una de esas personas —de ellas hay muchas en España— que creen que cuantas más veces se diga una cosa más cierta es, y, por eso, siempre que me visitaba su conversación era la misma. Tan pronto como agotábamos el tema de los dolores de cabeza de su mujer y su propio lumbago, comenzaba el tema tópico de las diferencias entre Inglaterra y Andalucía.
—¿Ustedes, en Inglaterra, no gozan mucho del sol?
—No, don Eduardo; muy poco.
—¿Siempre está lloviendo?
—Sí, casi siempre.
—¿Y hay niebla?
—Sí, hay niebla.
—Sin embargo, ¿pueden ustedes cultivar naranjas?
—No, hace demasiado frío para eso. Nuestras frutas son sólo las manzanas y las ciruelas.
—Y, naturalmente, aceitunas.
—Desafortunadamente, no. Las aceitunas necesitan sol.
—Eso sí que es raro. Siempre había oído decir que, gracias a las corrientes cálidas del golfo de México, eran ustedes capaces de cultivar plantas de climas meridionales.
—Ni una.
—Pero seguramente tendrán higueras.
—Sí, en algunos sitios; pero por lo general su fruto no madura.
—¡Ah!, de manera que higueras. Ya me imaginaba…, ¿y también tienen ustedes almendros?
—No, en absoluto.

Gerald Brenan.

Al Sur de Granada.
Tusquets  Editores.

sábado, 22 de febrero de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





Solo, para soportar el peso de mis palabras:

Las que no se dicen y coagulan un trozo de alma.

Convertido en mi propio presidio, tiendo ante mí el callejón pampeano de mis anhelos, para caminar inconsolablemente, lastimando mis dolores.

No quiero guías que confundan mi rumbo.

No quiero amigos sobre quienes pesar egoístamente.

Sé, que solo las llegadas, que son cansancio, pueden fructificar en partidas, que son victoria.

Ceder y poseer están dormidos en lo más solitario de mi intimidad.

Sé, que únicamente, cuando el silencio ha cerrado todas las puertas que la inquietud le inflige como espuelas, puedo encontrar; en mi alma, la acequia cantora de mi fuerza.


                                            Ricardo Güiraldes.

martes, 18 de febrero de 2020

ALLA EN LAS INDIAS





DESGRACIA Y FORTUNA


Navegando una carabela por nuestro mar Océano tuvo tan forzoso viento de levante y tan continuo, que fue a parar en tierra no sabida ni puesta en el mapa o carta de marear. Volvió de allá en muchos más días que fue; y cuando acá llegó no traía más que al piloto y a otros tres o cuatro marineros, que, como venían enfermos de hambre y de trabajo, se murieron dentro de poco tiempo en el puerto. He aquí cómo se descubrieron las Indias por desdicha de quien primero las vio, pues acabó la vida sin gozar de ellas y sin dejar, a lo menos sin haber memoria de cómo se llamaba, ni de dónde era, ni qué año las halló. Bien que no fue culpa suya, sino malicia de otros o envidia de la que llaman fortuna. Y no me maravillo de las historias antiguas que cuenten hechos grandísimos por chicos o oscuros principios, pues no sabemos quién de poco acá halló las Indias, que tan señalada y nueva cosa es. Quedáranos siquiera el nombre de aquel piloto, pues todo con la muerte fenece. Unos hacen andaluz a este piloto, que trataba en Canaria y en la Madera cuando le aconteció aquella larga y mortal navegación; otros vizcaíno, que contrataba en Inglaterra y Francia; y otros portugués, que iba o venía de la Mina o India, lo cual cuadra mucho con el nombre que tomaron y tienen aquellas nuevas tierras. También hay quien diga que aportó la carabela a Portugal, y quien diga que a la Madera o a otra de las islas de los Azores; empero ninguno afirma nada. Solamente concuerdan todos en que falleció aquel piloto en casa de Cristóbal Colón, en cuyo poder quedaron las escrituras de la carabela y la relación de todo aquel largo viaje, con la marca y altura de las tierras nuevamente vistas y halladas.

Francisco López de Gomara.

Historia de la conquista de México.

viernes, 14 de febrero de 2020

OBITER DICTUM





Llegamos al parque de las Buttes Chaumont, nos asomamos a la gran hondonada con su lago y en medio de éste un cerro rocoso con un templete en lo alto. Dorina dijo que lo conocían por el laberinto, y a uno de los puentes le llamaban el puente Suspendido y al otro el de los Suicidas. Pagani contó que él había oído decir a un viejo que cuando la Commune, los versalleses bombardearon a los federales, que estaban refugiados en los alrededores de este lago desde los altos de Montmartre.


Pío Baroja

martes, 11 de febrero de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 


CHOCOLATADA COMUNISTA


«Como detalle anecdótico debo decir que enterados los «camaradas» comunistas de que había sido condenado a muerte, organizaron una «chocolatada» en la prisión de Porlier. Por lo visto ansiaban mi ejecución con el mismo ahínco que los franquistas del Tribunal militar. Afirmo sin jactancia alguna que la actitud de los comunistas no me produjo ni frío ni calor, gracias a lo cual dormí aquella noche profundamente. Dos días después de haber sido condenado a muerte, mi defensor preparó un pliego de descargos que firmé, dirigido al capitán general de Madrid, solicitando la conmutación de mi pena. No tenía esperanza alguna de obtenerla, pero había que apurar todas las posibilidades y hacer uso de todos los recursos a mi alcance para impedir que los «camaradas» comunistas preparasen una nueva «chocolatada» si yo pasaba ante el pelotón de ejecución.»


Cipriano Mera.

Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista.

Ediciones Ruedo Ibérico.


sábado, 8 de febrero de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA








       MEMORY OF MY FATHER


Every old man I see
Reminds me of my father
When he had fallen in love with death
One time when sheaves were gathered.
That man I saw in Gardner Street
Stumble on the kerb was one,
He stared at me half-eyed,
I might have been his son.
And I remember the musician
Faltering over his fiddle
In Bayswater, London,
He too set me the riddle.
Every old man I see
In October-coloured weather
Seems to say to me:
"I was once your father".


                           Patrick Kavanagh