miércoles, 23 de mayo de 2018

OBITER DICTUM


 

«Ante mis ojos deslumbrados por una terrible realidad, desfila el cadáver de Prim saliendo de Buenavista para ser conducido a la iglesia de Atocha, y al siguiente día la gallarda figura de Amadeo de Saboya, que después de contemplar en la basílica el cadáver del caudillo, entraba a caballo en Madrid para dirigirse a jurar la Constitución ante las Cortes.»


Benito Pérez Galdós.

domingo, 20 de mayo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






TU SEI COME UNA TERRA


Tu sei come una terra
che nessuno ha mai detto.
Tu non attendi nulla
se non la parola
che sgorgherà dal fondo
come un frutto tra i rami.
C’è un vento che ti giunge.
Cose secche e rimorte
t’ingombrano e vanno nel vento.
Membra e parole antiche.
Tu tremi nell’estate.


                Cesare Pavese

sábado, 19 de mayo de 2018

OBITER DICTUM










El ejercicio sistemático del terror de Estado dista con mucho de ser un invento bolchevique; sus antecedentes se remontan a los jacobinos franceses. Aun así, la diferencia entre la práctica jacobina y la de los bolcheviques es tan abismal en este sentido que bien puede concederse a estos últimos el mérito de haber inventado el terror. Baste con decir que la Revolución francesa culmino con el terror, mientras que la rusa comenzó con él. Al primero se lo ha tildado de «un breve paréntesis», un hecho «a contracorriente» dentro de la tendencia general; el Terror Rojo constituyó desde un principio un elemento fundamental del régimen, que aunque experimentó oscilaciones, nunca desapareció del todo, planeado como un nubarrón oscuro y permanente sobre la Revolución rusa.

Richard Pipes.

miércoles, 16 de mayo de 2018

OBITER DICTUM






8 de septiembre de 1920

        “Por eso, si las sucias aguas del mundo lamen los escalones de su templo, cierre la puerta y confórmese con reír. Y dígase que no fue en balde haber entrado en el templo. No se encolerice. Siga siendo el santo del templo y… quédese en Alemania. En todas partes hay basura, pero no predicadoras tan entusiastas y sabidillas como esta su devota.”


Hedwig Born.

sábado, 12 de mayo de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EN IRÚN


            “La mitad del puente sobre el Bidasoa pertenece a Francia, la otra mitad a España; se puede tener un pie en cada reino, lo cual resulta muy majestuoso: aquí, el gendarme grave, honrado, serio, el gendarme gozoso de haber sido rehabilitado en los Los Franceses de Curmer, por Eduardo Ourliac; allí, el soldado español, vestido de verde y saboreando en la verde hierba las dulzuras y las malicias del descanso, con un feliz descuido. Al extremo del puente se entra de lleno en la vida española y en el color local. Irún no se parece en nada a un pueblo francés; los tejados de las casas avanzan en abanico; las tejas, alternativamente convexas y cóncavas, forman una especie de almenaje de un aspecto extraño y morisco. Los balcones, muy volados, son de herraje antiguo, tan cuidadosamente forjado, que asombra en un pueblo olvidado como Irún, y que supone una gran riqueza desaparecida. Las mujeres se pasan el día en estos balcones, a los que da sombra una tela rayada de varios colores, y que parecen otras tantas habitaciones aéreas adosadas el cuerpo del edificio; los dos lados del balcón quedan sin cortina y dan paso a la fresca brisa y a las miradas ardientes; por lo demás, no busquéis allí tintes pardos y culotados –perdón por el término--, los tonos de hollín y de pipa vieja que podía esperar un pintor; todo está blanqueado con cal, al estilo árabe; pero el contraste de este color de yeso con el pardusco y obscuro de las vigas, los tejados y el balcón, no deja de producir un buen efecto.
         Los caballos nos abandonaron en Irún. Allí hubieron de enganchar al coche diez mulas esquiladas hasta la mitad del cuerpo, mitad pellejo, mitad pelo, como esos trajes de la Edad Media que parecen dos mitades de trajes distintos cosidos al azar; estos animales así esquilados tienen un aspecto raro y parecen de una delgadez aterradora, pues tal denudación permite estudiar a fondo su anatomía, los huesos, los músculos y hasta las venas más insignificantes; con su cola pelada y sus orejas puntiagudas parecen enormes ratones. Además de las diez mulas, nuestro personal se aumentó con un zagal y dos escopeteros provistos de trabuco. El zagal es una especie de correo, de soto-mayoral, que engalga las ruedas de las bajadas peligrosas, que vigila los arneses y los frenos, que activa los relevos y ejecuta en torno del coche el papel de hombre oficioso, con mucha eficacia. El traje del zagal es precioso, de una elegancia y una ligereza extremas: lleva un sombrero puntiagudo, adornado con bandas de terciopelo y madroños de seda; una chaquetilla color castaño o tabaco, con las bocamangas y el cuello de trozos de diferentes colores –azul, blanco y rojo, por lo general--, y un gran arabesco de botones de filigrana, y por calzado unas sandalias, sujetas con cuerdecillas, añadid a esto una faja roja y una corbata de colorines, y tendréis una figura característica del todo. Los escopeteros son guardias, miqueletes destinados a escoltar el coche y asustar a los rateros –así se llama a los ladrones de menor cuantía--, que no resistirían a la tentación de desvalijar a un viajero aislado, pero a quienes la vista edificante del trabuco les basta para tenerlos a raya y pasan saludando con el sacramental: Vaya usted con Dios. El traje de los escopeteros es poco más o menos como el del zagal, pero menos coquetón, menos adornado. Se colocan en la imperial, a la trasera del coche, y así dominan todo el campo. En la descripción de nuestra caravana habíamos olvidado mencionar un postillón minúsculo montado en un caballo, que marcha a la cabeza del convoy y es el que da el impulso a todo el tiro.
         Antes de partir hubo que hacer visar de nuevo nuestros pasaportes, ya bastante emborronados. Mientras se realizaba esta importante operación, tuvimos tiempo de echar una ojeada a la población de Irún, que no ofrece otro rasgo de particular sino que las mujeres llevan los cabellos, notablemente largos, recogidos en una sola trenza, que les cuelga hasta los riñones; los zapatos son allí cosa rara, y más aún las medias.
         Un ruido extraño, inexplicable, ronco espantoso y risible me zumbaba en los oídos hacía algún tiempo; hubiérase dicho que procedía de grajos desplumados vivos, de chicos azotados, de gatos en celo, de sierras que quisieran cortar una piedra dura, de calderos raspados, de goznes de cárcel enmohecidos y obligados a soltar a su prisionero. Yo creía, que por lo menos, que se trataba de una princesa degollada por algún nigromante enfurecido, y no era sino una carreta que subía por una calle de Irún, y cuyas ruedas chirriaban de un modo horrible, a causa de no estar engrasadas, sin duda porque el carretero prefería poner la grasa en su sopa.”


Theophile Gautier. Viaje por España. Editorial Calpe.

martes, 8 de mayo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA



APUNTE CALLEJERO


       En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.

       Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...

       Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.


Oliverio Girondo

domingo, 6 de mayo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




COPLILLA DESPUÉS DEL 5º BOURBON

Pensaba que sólo habría
sombra, silencio, vacío.
Y murió. Estaba en lo cierto.
El mismo Dios se lo dijo.


            José Hierro

jueves, 3 de mayo de 2018

OBITER DICTUM






     “La fascinación que el futuro ejerce sobre el utopista no tiene nada que ver con la previsión racional. Considerada bajo este aspecto, la violencia que el utopismo alimenta se parece mucho al amor común de una metafísica evolucionista, de una filosofía histérica de la historia, ansiosa de sacrificar el presente a los esplendores del futuro e inconsciente de que su principio llevaría a sacrificar cada período futuro particular en aras de otro posterior a él; e igualmente inconsciente de la verdad trivial de que el futuro último del hombre –sea lo que fuere lo que el destino le depara—no puede ser nada más esplendido que su extinción final.”


Karl Popper

lunes, 30 de abril de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






RATAS


        “Efectivamente, llegado el momento, nos llevó a un lugar, más allá de los establos y las pilas de leña, donde se arrojaban cada día las vísceras de los animales sacrificados, los huesos, los restos de comida de la cocina y la basura de aquella casa tan dispendiosa y desordenada. Nos sentamos todos en fila sobre un tronco, entre los rastrojos secos junto al pestilente lugar, y nos advirtió que guardásemos silencio y no dijéramos ni una palabra, puesto que según dijo, a menos que nos moviéramos o hiciésemos algún ruido, las ratas no nos prestarían atención y nos tomarían por una entre tantas formas vegetales. Y así fue; muy poco después de la puesta del sol, empezamos a ver ratas que se deslizaban por doquier desde la pila de leña y entre los rastrojos. Todas convergían en un mismo lugar: la generosa mesa que había dispuesta para ellas y para los halcones carroñeros que acudían durante el día. Ratas grises, grandes y viejas, de cola escamosa, otras más pequeñas y más pequeñas todavía; las más chicas eran poco más grandes que un ratón. Aquel sitio se convirtió en un hervidero, todas se afanaba buscando con qué alimentarse, comían, chillaban, peleaban y se mordían entre sí. Nunca habría imaginado que el mundo contuviera tantas ratas como las que vi entonces congregadas ante mí.
        De pronto nuestro guía se puso en pie y comenzó a dar palmas ruidosamente, lo que produjo un efecto curioso: se oyó un chillido de pánico, breve y agudo, procedente de la atareada multitud, seguido por un momento de calma absoluta, en el que las ratas quedaron como petrificadas y que duró un segundo o dos; después, salieron disparadas huyendo precipitadamente en todas direcciones y desaparecieron, como con un susurro, entre la hierba y la madera seca.
        Había sido un espectáculo notable y lo disfrutamos extraordinariamente; convirtió al Mus decumanus en un animal de enorme importancia en mi imaginación. Pronto se hizo aún más importante, en un sentido desagradable, cuando pudimos comprobar que las ratas eran tan abundantes dentro como fuera de la casa. Los diferentes sonidos que hacían durante la noche eran aterradores: pasaban por encima de la cama y a veces nos despertábamos y descubríamos una que se había metido entre las sábanas e intentaba frenéticamente salir de allí. Dábamos un alarido, despertábamos a media casa y todos imaginaban que algo terrible había ocurrido. Pero cuando descubrían el motivo, se reían de nosotros y nos reprendían por ser tan cobardicas.”



W.H. Hudson. 
Allá lejos y tiempo atrás. 
Acantilado.

sábado, 28 de abril de 2018

OBITER DICTUM




La molestia que supone escribir un libro sobre ti mismo es que no puedes andar haciéndote el estúpido. Si escribes sobre cualquier otra persona, puedes estirar la verdad desde aquí hasta Finlandia. Si escribes sobre ti mismo, la más pequeña desviación te hace advertir en seguida que puede haber honor entre los ladrones, pero que tú no eres más que un cochino mentiroso.


Groucho Marx

miércoles, 25 de abril de 2018

ALLÁ EN LAS INDIAS




LOS SIETE PECADOS MORTALES


«No dejaré pasar en silencio un caso digno de memoria, en que se ve lo que hace el demonio cuando anda suelto: o un hombre que se la parece cuando alza su manutenencia. Estaba en la ciudad de Santiago un vecino de buena suerte llamado Pedro de Miranda casado con una señora principal llamada doña Esperanza de Rueda: este tenía una hija mestiza casada con un Bernabé Mejía vecino de la Concepción, la cual estaba siempre en la casa de su padre por andar su marido ordinariamente en la guerra. Sucedió que viniendo este una vez a su casa mostraba mal rostro a su mujer llamada Catalina de Miranda de suerte, que ella vivía con el recato posible por desvelar al marido de las sospechas que a lo que se entiende eran vanas, y como un día la llamase su madrastra doña Esperanza para llevarla a vísperas, que eran de los finados (aunque para ellos no fueron vísperas, sino día) comenzó la moza a rehusarse diciendo que su marido se disgustaba de verla salir de casa: a lo cual sobrevino el marido diciendo, que lo dejase por entonces pues ella no arrostraba la salida. Encolerizose doña Esperanza, y dijo algunas palabras, de las que suelen las mujeres, cuando están bravas, cuya ira dice el Espíritu Santo ser tan encendida que ninguna otra echara el pié adelante: con las cuales palabras se encendió también la ira del Bernabé Mejía tanto que poniendo mano a la espada la dio de estocadas: y acudiendo su mujer a aplacarle la tendió también a ella muerta junto a su madrastra: salió al ruido Pedro de Miranda, que estaba durmiendo la siesta con el cual arremetió el matador, y le atravesó dejándole muerte como a su mujer e hija: estaba en aquella casa un huésped llamado Francisco de Soto el salió al estruendo, y con este también embistió el que tenía embestido el espíritu de homicidio, y le postró en tierra saliendo con su espada teñida en sangre, que aunque de seis personas era casi toda una por ser de padres e hijos pues murieron a las dos vueltas dos cristianos, que estaban los vientres de las desventuradas señoras cuya casa quedó regada con su sangre. Apenas acabó la matanza cuando murió él siendo arrastrado por la ciudad, y después hecho cuartos a la puerta de la mesma casa cumpliéndose siete muertes con la suya: que parece que andaban sueltos los siete pecados mortales»


Pedro Mariño de Lovera. 
Historia de la conquista de Chile.