martes, 9 de enero de 2018

OBITER DICTUM







“Sin el menor deseo de polemizar con los amantes de la música, quiero señalar que, la música, tomada en sentido general, tal como es percibida por sus consumidores, pertenece a una forma más primitiva y animal en la escala de las artes que la literatura o la pintura. Hablo de la música considerada globalmente, no como creación, imaginación y composición, aspectos en los que desde luego rivaliza con la literatura y la pintura, sino según el efecto que produce en el oyente medio. Un gran compositor, un gran escritor, un gran pintor son hermanos. Pero creo que el impacto que la música produce de manera general y primitiva en el oyente es de calidad más modesta que el de un libro medio o un cuadro medio. Pienso sobre todo en la influencia sedante, apaciguadora, que la música ejerce en algunas personas, a través de la radio o de los discos.”


Vladimir Nabokov

viernes, 5 de enero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CUANDO LA FICCIÓN VIVE EN LA FICCIÓN


«Debo mi primera noción del problema del infinito a una gran lata de bizcochos que dio misterio y vértigo a mi niñez. En el costado de ese objeto anormal había una escena japonesa; no recuerdo los niños o guerreros que la formaban, pero sí que en un ángulo de esa imagen la misma lata de bizcochos reaparecía con la misma figura y en ella la misma figura, y así (a lo menos, en potencia) infinitamente… Catorce o quince años después, hacia 1921, descubrí en una de las obras de Russell una invención análoga de Josiah Royce. Este supone un mapa de Inglaterra, dibujado en una porción del suelo de Inglaterra: ese mapa –a fuer de puntual—debe contener un mapa, y así hasta lo infinito… Antes, en el Museo del Prado, vi el conocido cuadro velazqueño de Las meninas: en el fondo aparece el propio Velázquez, ejecutando los retratos unidos de Felipe IV y de su mujer, que están fuera del lienzo pero a quienes repite un espejo. Ilustra el pecho del pintor la cruz de Santiago; es fama que el rey la pintó, para hacerlo caballero de esa orden… Recuerdo que las autoridades del Prado habían instalado enfrente un espejo, para continuar esas magias.


Al procedimiento pictórico de insertar un cuadro en un cuadro, corresponde en las letras el de interpolar una ficción en otra ficción. Cervantes incluyó en El Quijote una novela breve; Lucio Apuleyo intercaló famosamente en El asno de oro la fabula de Amor y de Psiquis: tales paréntesis, en razón misma de su naturaleza inequívoca, son tan banales como la circunstancia de que una persona, en la realidad, lea en voz alta o cante. Los dos planos –el verdadero y el ideal—no se mezclan. En cambio, el Libro de las mil y una noches duplica y reduplica hasta el vértigo la ramificación de un cuento central en cuentos adventicios, pero no trata de graduar esas realidades, y el efecto (que debió ser profundo) es superficial, como una alfombra persa. Es conocida la historia liminar de la serie: el desolado juramento del rey que cada noche se desposa con una virgen que hace decapitar en el alba, y la resolución de Shahrazad que lo distrae con maravillosas historias, hasta que encima de los dos han rodado mil y una noches y ella le muestra su hijo. La necesidad de completar mil y una secciones obligó a los copistas de la obra a interpolaciones de todas clases. Ninguna tan perturbadora como la de la noche DCII, mágica entre las noches. En esa noche extraña, él oye de boca de la reina su propia historia. Oye el principio de la historia que abarca a todas las demás, y también –de monstruoso modo—a sí misma. ¿Intuye claramente el lector la vasta posibilidad de esa interpolación, el curioso peligro? Que la reina persista, y el inmóvil rey oirá para siempre la trunca historia de las mil y una noches, ahora infinita y circular… En Las mil y una noches, Shahrazad refiere muchas historias; una de esas historias casi es la historia de Las mil y una noches.»


Jorge Luis Borges.

Textos cautivos.

Tusquets Editores.

jueves, 4 de enero de 2018

OBITER DICTUM





La impresión de la primera, especialmente cuando la veo ondular entre la mastelería mundial de algún gran puerto lejano, es alegre; pero pronto a este regocijo una emoción agridulce se mezcla y al cabo el sentimiento melancólico prevalece. Las banderas españolas me traen recuerdos de juventud, y por eso, sin yo advertirlo, me hacen suspirar: no por la patria precisamente, sino también por cuanto de mí se fué y ha de irse...


Eduardo Zamacois

martes, 2 de enero de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






         REGIONALISMO


Para que te exaltes, castellano,
hombre seco, hombre de tierra.
Para que me odies, catalán,
más fenicio que de Grecia;
y tú, manchego retardado,
cazurro de alma plebeya;
isleño cursi y rastacuero,
balear ladrón, hijo de chueta;
leonés rencoroso y zafio;
montañés vano, hombre de cera;
y tú, aragonés que llamas
a la bestialidad franqueza;
para que me mates, levantino,
simulador de arte y de belleza;
vasco hipócrita y ambicioso,
insúltame con tu pobre lengua;
asturiano traidor y falso;
gallego llorón, y sin vértebras;
murciano sucio, feo y torpe;
extremeño de las cavernas;
madrileño que de Real orden
eres tonto por dentro y por fuera.
Yo os desprecio, os maldigo y os odio,
gentes cobardes de mi tierra.
Y para ti, andaluz idiota,
¡culebra!, ¡culebra!, ¡culebra!

Francisco Vighi

lunes, 1 de enero de 2018

ALLÁ EN LAS INDIAS



ORO


«El más noble y precioso metal, como todos saben es el oro, el cual, aunque de todas las nasciones ha sido siempre tenido en mucho por la nescesidad que hay dél para las contrataciones y otros negocios importantísimos, esta gente no lo tenía tanto, aunque todavía le tenían en más que a los otros metales, y del hacían joyas presciosas, porque las plumas ricas y las de virtud eran las más estimadas y más principales joyas que los indios tenían. Las minas del oro se hallan por la mayor parte en tierra caliente, en los ríos y arroyos. Su nascimiento es cerca dellos, porque a la orilla toman el seguimiento hasta dar en el oro. Cógese en polvo, entre la arena, y, lavándolo en unas bateas que son ciertos vasos acomodados para ello, despidiendo el arena con el agua, queda el oro, el cual también se halla en las sierras y en tierra llana. Hanse descubierto granos muy finos y de muy gran peso. También se saca plata, y en ella, incorporado el oro. Apártase el un metal del oro con agua fuerte. Síguense muy poco las minas del oro, porque es menester hacer mucho gasto, y son pocos los que puedan sufrillo.
Las minas de la plata son más generales y hállanse en muchas partes. Florescieron en un tiempo las de Tasco, y ahora las de los Zacatecas. También éstas son costosas, por la falta que hay de esclavos e indios, y por lo mucho que cuestan los negros y la poca maña que para ello se dan. Las minas de plata, cuando andan buenas, sustentan y engruesan la tierra, y cuando van de caída, paresce que todo está muerto. Nescesidad tienen los mineros de que su Majestad les dé favor, pues aliende el aprovechamiento destos reinos, con ninguna cosa se adelantan tanto sus rentas reales como con el buen aviamiento de las minas.»


Francisco Cervantes de Salazar. 
La Crónica de la Nueva España.

sábado, 30 de diciembre de 2017

OBITER DICTUM





«La reacción, en general, tiene, sin embargo, en todo el mundo, una tendencia antisemita. Israel combate en los frentes de la democracia y de la Revolución. Un escritor antisemita y reaccionario, Georges Batault, resume la situación en esta fórmula: "En tanto que los judíos internacionales juegan a dos cartas -Revolución y Sociedad de las Naciones- el antisemitismo juega a la carta nacionalista". El mismo escritor agrega que del sionismo se puede esperar una solución del problema judío. Los nacionalismos europeos trabajan por crear un nacionalismo judío. Porque piensan que la constitución de una nación judía libraría el mundo de la raza semita. Y, sobre todo, porque no pueden concebir la historia sino como una lucha de nacionalismos enemigos y de imperialismo beligerantes.»


José Carlos Mariategui

martes, 26 de diciembre de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL VIEJO ALCALDE




“Mientras aguzábamos la vista para ver el resultado de las persecución, y después de que el perseguido y sus perseguidores se hubieran desvanecido entre los rebaños de vacas y los caballos que pastaban en la llanura, la tragedia se desarrollaba en circunstancias muy dolorosas. El joven oficial, cuyo hogar estaba a más de una jornada de nuestro distrito, había visitado la comarca en otra ocasión y recordó que tenía parientes en ella; así que, cuando escapó de sus captores, convencido de que tenían intención de de asesinarlo, se encaminó a casa del alcalde. Consiguió mantener la ventaja que les llevaba a sus perseguidores hasta llegar a la casa, saltó del caballo y entró en ella a toda prisa; allí se encontró con el viejo alcalde rodeado de las mujeres de la casa y se puso bajo su protección llamándole “tío”. El alcalde no era su tío en sentido estricto, sino un primo de su madre. Fue un momento espantoso: los nueve rufianes armados ya estaban a las puertas de la estancia y gritaban al dueño que les devolviera a su prisionero y amenazaban con pegarle fuego a la casa y matar a todos sus habitantes si rehusaba hacerlo. El viejo alcalde estaba en el centro de la habitación, rodeado de una multitud de mujeres y niños, entre ellas sus dos hermosas hijas, de veinte y veintidós años respectivamente, paralizadas de terror y gritándole que los salvara, mientras el joven oficial, de rodillas, le imploraba por la memoria de su madre, y por la Madre de Dios y por todo lo que considerase sagrado, que no le entregara para ser asesinado.
El pobre viejo no estuvo  a la altura de la situación, temblaba y sollozaba angustiado y por fin balbució que no podía protegerlo…, que debía salvar a sus hijas y a las mujeres y a los niños de los vecinos que habían buscado refugio en su casa. Los hombres de fuera, al oír cómo se desarrollaba la discusión, se acercaron a la puerta y sacaron finalmente al joven por un brazo, lo obligaron a montar de nuevo en su caballo y se lo llevaron. Deshicieron el camino andado unos seiscientos metros en dirección a nuestra casa, lo derribaron del caballo y le cortaron el cuello. “



W. H. Hudson. 
Allá lejos y tiempo atrás. 
Acantilado.


viernes, 22 de diciembre de 2017

ALLÁ EN LAS INDIAS




YERBA PONZOÑOSA


       “Por ser tan nombrada en todas partes esta yerba ponzoñosa que tienen los indios de Cartagena y Santa Martha, me pareció dar aquí relación de la composición de ella, lo cual es así. Esta yerba es compuesta de muchas cosas. Las principales yo las investigué y procuré saber en la provincia de Cartagena un pueblo de la costa llamado Bahayre, de un cacique o señor de él, que había por nombre Macuriz, el cual me enseñó unas raíces cortas de mal olor, tirante el color de ellas a pardas. Y díjome, que por la costa del mar junto a los árboles que llamamos manzanillos cavaban debajo de la tierra, y de las raíces de aquel pestífero árbol sacaban aquellas, las cuales queman en unas cazuelas de barro, y hacen de ellas una pasta y buscan unas hormigas tan grandes como un escarabajo de los que se cría en España, negrísimas y muy malas, que solamente de picar a un hombre se le hace una roncha y le da tan gran dolor, que casi lo priva de su sentido, como aconteció, yendo caminando en la jornada que hicimos con el licenciado Juan de Vadillo, acertando a pasar un río un Noguerol y yo, adonde aguardamos ciertos soldados que quedaban atrás, porque él iba por cabo de escuadra en aquella guerra adonde le picó una de estas hormigas que digo, y le dio tan gran dolor, que se le quitaba el sentido, y se le hinchó la mayor parte de la pierna y aun le dieron tres o cuatro calenturas del gran dolor, hasta que la ponzoña acabó de hacer su curso. También buscan para hacer esta mala cosa unas arañas muy grandes, y así mismo le echan unos gusanos peludos delgados cumplidos como medio dedo, de los cuales yo no me podré olvidar, porque estando guardando un río en las montañas que llaman de Abibe, abajó por un ramo de un árbol donde yo estaba uno de estos gusanos y me picó en el pescuezo, y llevé la más trabajosa noche que en mi vida tuve y de mayor dolor. Hácenla también con las alas del murciélago, y la cabeza y cola de un pescado pequeño que hay en el mar que ha por nombre peje tamborino de muy gran ponzoña, y con sapos y colas de culebras, y unas manzanillas que parecen en el color y olor naturales de España. Y algunos recién venidos de ella a estas partes, saltando en la costa, como no saben la ponzoña que es, las comen. Yo conocí a un Juan Agraz (que ahora le vi en la ciudad de San Francisco del Quito que es de los que vinieron de Cartagena con Vadillo, que cuando vino de España y salió del navío en la costa de Santa Martha comió diez o doce de estas manzanas, y le oí jurar que en el olor, color, y sabor no podían ser mejores, salvo que tienen una leche, que debe ser la malentia tan mala, que se convierte en ponzoña, después que las hubo comido pensó reventar, y si no fuera socorrido con aceite, ciertamente muriera. Otras hierbas y raíces también le echan a esta hierba, y cuando la quieren hacer aderezan mucha lumbre en un llano desviado de sus casas o aposentos, poniendo unas ollas buscan alguna esclava o india que ellos tengan en poco, y aquella india la cuece y pone en la perfección que ha de tener, y del olor y vaho que echa de sí muere aquella persona que la hace, según yo oí.”


Pedro de Cieza de León. 
Crónica del Perú.

jueves, 21 de diciembre de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



AHORA SÍ QUE TOCA... O NO.


Se dice que ha cometido tal crimen aquel súbdito que ha intentado de algún modo arrebatar el derecho de la suprema potestad o entregarlo a otro. Digo ha intentado, porque, si sólo debieran ser condenados los que ya han llevado a cabo el hecho, casi siempre llegaría demasiado tarde la ciudad con la condena: después de haber sido arrebatado o transferido a otro su derecho. Digo, además, en general: quien intenta, de algún modo, arrebatar el derecho de la suprema potestad, porque no reconozco diferencia alguna en que de tal acción se siguiera clarísimamente un perjuicio o un beneficio para todo el Estado. Ya que, de cualquier forma que lo haya intentado, ha lesionado la majestad y con derecho es condenado. En caso de guerra, además, todos admiten que esa condena es sumamente justa. Por ejemplo, si uno no se mantiene en su puesto, sino que, sin saberlo su jefe, se dirige contra el enemigo, aunque, a su juicio, la hazaña emprendida estuviera bien planteada y hubiera vencido al enemigo, con derecho es condenado a muerte, porque ha violado el juramento y el derecho del jefe del ejército. No todos, sin embargo, ven con igual claridad que todos los ciudadanos, sin excepción, estén siempre obligados por este derecho; la razón, no obstante, es siempre la misma. Pues, como el Estado sólo debe ser conservado y dirigido por el consejo de la suprema potestad y todos han pactado, sin reserva alguna, que este derecho le compete a ella, si alguien ha decidido por sí solo, sin conocimiento del consejo supremo, resolver un asunto público, aunque de ahí se derivara, como hemos dicho, un beneficio seguro para la ciudad, ha violado el derecho de la suprema potestad y ha lesionado la majestad, y es con derecho condenado.

Baruch de Spinoza.

Tratado teológico-político.

martes, 19 de diciembre de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA








VI


Ya se acerca el Otoño, y antes
De disfrutarlo, habrá pasado.
Como la Primavera, como el Verano…
Gocemos estas noches, oh mi Reina,
Antes de que el Invierno enfríe nuestros cuerpos.
Ven. Déjame contemplarte.
Bésame. Desnúdate.
Baila para mí.
Somos la luz del mundo.
Y que la Muerte, pájaro de la luna,
Nos encuentre durmiendo,
Derribadas las copas, soñando en el Edén.

José María Álvarez.

domingo, 17 de diciembre de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







UN JUDÍO EN PARÍS


De pronto ocurrió un lance que pudo costarme muy caro. Delante de nosotros, a bastante distancia, un numerosísimo grupo antidreyfusista, se apiñaba profiriendo en gritos iracundos contra Zola y los judíos. Repentinamente, como por ensalmo, los gritos cesaron para comenzar en seguida. Todos voceaban:
       —¡Un judío... un judío!... ¡A ese, que es judío!...
Advertimos en la muchedumbre un movimiento extraño, e inmediatamente Luisa y yo, presintiendo un grave peligro quisimos apartarnos de allí, huyendo del centro del paseo hacia la acera más próxima. Luisa corría delante de mí, repitiendo:
       —Ven, ven...
Pero ya no pudimos, porque a los dos la emoción de lo trágico acababa de encadenarnos al suelo. Del fondo negro formado por los gabanes y obscuros trajes de los manifestantes, surgía el rostro lívido, espantosamente lívido, de un hombre que huía; y tras aquel semblante descompuesto por el terror, otros semblantes, pálidos ó rojos, descompuestos por la ira.
       —¡A ese, a ese, que es judío! ¡Matadle ahí!— rugían quinientas gargantas.
La emoción me había quitado todo movimiento y mis ojos se dilataban abarcando el horror de la innoble escena; Luisa me llamaba inútilmente desde lejos. El pobre judío perseguido corría hacia mí derechamente; había perdido el sombrero y sobre su frente cubierta de sangre los cabellos se erizaban; tenía los labios exangües; en sus ojos, de par en par abiertos por el miedo, creí leer una súplica dirigida a mí; la súplica de no lastimarle, de no atajarle en su huida... Era un hombre de treinta y cinco a cuarenta años, alto y vigoroso; los que le acosaban de más cerca, eran quince a veinte estudiantes, jovenzuelos barbilampiños en su mayoría, que se disputaban el placer innoble de golpear a mansalva sobre la pobre víctima: uno le daba un puntapié en los riñones; aquél, queriendo acogotarle, le desgarraba el cuello; otro, de un bastonazo en la cabeza, le derribó. Entonces todos le rodearon: algunos, por el impulso adquirido en la carrera, no pudieron detenerse y pasaron sobre el infeliz caído; pero muy luego volvieron sobre sus pasos y todos fueron a pisotearle, a insultarle, a escupirle... Aun pudo la víctima levantarse y continuó caminando, siempre hacia mí; ya no corría, el terror, sin duda,' paralizaba sus piernas y limitábase a andar, alelado, humillando la cabeza y el busto bajo los golpes.
       —¡Es un perro judío! —gritaban todos— ¡acabemos con él!...


Eduardo Zamacois. 
De mi vida. 
Editorial Sopena.

sábado, 16 de diciembre de 2017

OBITER DICTUM






“Los bolcheviques han dado forma estatal a las experiencias históricas y sociales del proletariado ruso, que son las experiencias de la clase obrera y campesina internacional; han sistematizado en un organismo complejo y ágilmente articulado su vida íntima, su tradición y su más profunda y apreciada historia espiritual y social. Han roto con el pasado, pero han continuado el pasado; han despedazado una tradición, pero han desarrollado y enriquecido una tradición; han roto con el pasado de la historia dominado por las clases poseedoras, han continuado, desarrollado, enriquecido la tradición vital de la clase proletaria, obrera y campesina. En eso han sido revolucionarios y por eso han instaurado el nuevo orden y la nueva disciplina. La ruptura es irrevocable porque afecta a lo esencial de la historia, sin más posibilidad de vuelta atrás que el desplomamiento sobre la sociedad rusa de un inmenso desastre. Y era esta iniciación de un formidable duelo con todas las necesidades de la historia, desde las más elementales a las más complejas, lo que había que incorporar al nuevo Estado proletario, dominar, frenar, en las funciones del nuevo Estado proletario.”


Antonio Gramsci