lunes, 19 de septiembre de 2016
domingo, 18 de septiembre de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
ANTIGUO PRESENTE
Tengo un niño olvidado
en la memoria
juvenilmente antiguo
como un río;
regresa de un remoto
tiempo mío
tan lejano y azul como
la gloria.
Inconcretas noticias de
mi historia
me trae hasta la puerta
un viento frío;
volviendo están vilanos
de otro estío
y agua pasada muévese en
la noria.
El porvenir de ayer es
ya recuerdo
y el niño nunca sabe
dónde empieza
el día de mañana cada
día.
Niño que se perdió como
me pierdo,
pensando que no es buena
mi tristeza
y no vale la pena mi
alegría.
Manuel Alcántara
viernes, 16 de septiembre de 2016
miércoles, 14 de septiembre de 2016
lunes, 12 de septiembre de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
IL PARADISO SUI TETTI
Sarà un giorno tranquillo, di luce fredda
come il sole che nasce o che muore, e il vetro
chuiderà l’aria sudicia fuori del cielo.
Ci si sveglia un mattino, una volta per sempre,
nel tepore dell’ultimo sonno: l’ombra
sarà como il tepore. Empirà la stanza
per la grande finestra un cielo piú grande.
Dalla scala salita un giorno per sempre
non veranno piú voci, né visi morti.
Non sarà necessario lasciare il letto.
Solo l’alba entrerà nella stanza vuota.
Basterà la finestra a vestire ogni cosa
di un chiarore tranquillo, quasi una luce.
Poserà un’ombra scarna sul volto supino.
I ricordi saranno dei grumi d’ombra
appiattati cosí como vecchia brace
nel camino. Il ricordo sarà la vampa
che ancor ieri mordeva negli occhi spenti.
Cesare Pavese
domingo, 11 de septiembre de 2016
viernes, 9 de septiembre de 2016
miércoles, 7 de septiembre de 2016
OBITER DICTUM
“¿Qué es el hombre? Débil por su fuerza física; pequeño como
un humilde átomo en presencia de las montañas y los mares; nulo delante de la inconmensurable
majestad del cielo y de los mundos que lo pueblan; nacido con la herencia del
dolor; perecedero en su forma como todo lo que existe en el mundo físico –el
hombre ha recibido sin embargo una potencia que no tienen las montañas, el
océano, las tempestades ni los astros: el ESPÍRITU. Y esa sola potencia, que es
el soplo de Dios, que es la fuerza suprema, que es más que la luz y que la vida,
porque es la esencia creadora, inmortal y divina, le ha bastado para
descomponer y analizar y someter la luz, guiar la electricidad, esclavizar los
vientos, poner a sus servicio el fuego y la explosión, domar los furores del
océano, escudriñar los secretos del cielo y de la tierra, producir la fuerza
hasta el infinito y suprimirla a su antojo.”
José
María Samper.
lunes, 5 de septiembre de 2016
viernes, 2 de septiembre de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
UNA FRANCESA EN BERLíN
“--El alemán de dieciocho años es como un dios joven; a los treinta
y cinco años el alemán es como un cerdo --me dice madame mientras contemplamos
maravillados el magnífico espectáculo del Wellenbad.
Este baño de ola artificial del Luna Park de Berlín --como no hay
otro igual en Europa-- es sorprendente. En el fondo de una enorme piscina,
dispuesto en forma de rampa, una potente maquinaria agita constantemente el
agua lanzándola en oleadas hacia la parte más elevada de la rampa, que forma
una especie de playa. En torno a esta gran piscina, todo está dispuesto como en
un cabaret. El público se acomoda en las mesitas que rodean la playa artificial
y cena o bebe champán en compañía de los bañistas. Al lado del caballero de
esmoquin, la señorita en maillot exhibiendo casi absolutamente desnudo su cuerpo
irreprochable.
Dentro del agua, hombres y mujeres fraternizan con una libertad de
movimientos que un latino no comprenderá nunca. Esta indiferencia, por lo menos
aparente, que el tipo germánico tiene ante las sugestiones eróticas, le permite
entregarse limpiamente, graciosamente, a toda clase de juegos y escarceos
sensuales entre individuos de los dos sexos.
Una muchachita adolescente está metiendo poco a poco sus
piececillos en el agua, temerosa del frío.
Erguido el cuerpecillo frágil bajo el somero maillot, mira con sus
ojos claros el fondo de la piscina, en la que no se atreve todavía a meterse.
De improviso, un mocetón de pelo en pecho la levanta en vilo y la zambulle en
el agua. La muchachita da un grito de espanto e intenta ganar la orilla, pero
el mocetón vuelve a cogerla entre sus brazos musculosos y tira de ella hacia
dentro. Resbalando entre los brazos de él como una anguila, la adolescente
escapa una vez y otra riendo, gritando. Más ágil, logra zafarse y arriba a la
playa, chorreando agua, sofocada. Entonces son dos, tres mocetones los que se
precipitan sobre ella y, cogiéndola por los pies y la cabeza, la sumergen una y
otra vez en el agua, hasta que se cansan y la abandonan medio asfixiada. La
chica se levanta entonces, se estira cuidadosamente el maillot y se lanza
impetuosa contra los muchachos, sonriendo enardecida. Esta lucha se repite una
y mil veces con gran alborozo de hembras y varones.
Pero una vez, uno de aquellos bárbaros ha levantado en alto a una
adolescente como un nardo, y al dejarla caer en el agua le ha dado un golpe
contra el borde de la piscina. La muchachita se levanta renqueando y, como un
animalillo herido, se va a un rincón a curarse su patita mientas los demás
siguen indiferentes su algazara.
Madame dice que no le es grato este espectáculo. A madame no le es grato,
en general, el espectáculo de Alemania. Me fue de un valor inapreciable durante
mi estancia en Alemania el tener frecuentemente a mi lado esta piedra de toque
de la sensibilidad latina que es esta señora parisién de treinta y cinco años,
tan en sazón, tan ponderada y aguda, que en cada momento de estupor producido
en mí por las sugestiones germánicas, sabía poner el contrapeso de su ironía
francesa.
Madame vive hace mucho tiempo en Alemania y conoce bien a los
alemanes. Sigue siendo, sin embargo, absolutamente francesa; es más, creo que
su aguda sensibilidad latina se ha exacerbado en vez de embotarse al contacto
con estas grandes masas de humanidad que forman Alemania, y así, madame es el
fiel contraste más implacable que yo podría encontrar aquí.
Tengo por esta señora francesa, espiritual, aguda, hipersensible,
que vive en Alemania, una conmiseración sin límites. Si se sienta a la mesa
madame, con su fino paladar francés, no podrá soportar las grasas y la harina
de la cocina alemana; si sale a pasear, sus ojos, acostumbrados al tono
discreto de los bulevares, a esa pátina encantadora de París, se sentirán
heridos por estos colores radiantes que tanto gustan en Alemania, donde todo
está recién pintado, barnizado y pulido; hasta en sus momentos de alegría,
después de unas copas de Burdeos, se sentirá agredida por la alegría
estruendosa, llena de risotadas y manotazos de estas espléndidas mujeres
germánicas ahítas de cerveza y de kirsch.
Esta sensación de estar siempre dominada, vencida por una fuerza
superior a la de su fina espiritualidad latina, debe pesar dolorosamente sobre
el ánimo de madame. Sus gracias francesas, tan de boudoir, su esprit, su chic
de mujer ya un poco pasada que acendra su feminidad y quintaesencia sus
encantos, se borran por completo ante la aparición de cualquier alemanita
adolescente que, cándidamente desnuda, ofrece en el Wellenbad el maravilloso
espectáculo de su carne joven y fresca.
No importa que madame finja ojeras como lirios y manos como nardos.
Esta Fräulein de diecisiete años, que tiene la cara curtida por el viento frío
de los lagos y las manos bastas por el deporte, sabe dejarse besar tan
limpiamente, que, más bien que caricia de mujer, parece merced de diosa su
abandono.
La luz cruda de Berlín es fatal a madame. En estos parajes
desnudos, desolados, de ciudad a medio construir que tiene Berlín, se ve
netamente el artificio de madame, su maquillaje, el punto vulnerable de su
silueta.
Pero madame se venga fácilmente.
--Vea usted --me dice señalándome una masa gigantesca de carne que
en este momento sale de la piscina con la cara enrojecida, los ojos ribeteados,
resoplando, gruñendo--. Todas son así --agrega --; tienen un momento maravilloso
en la vida: el de la pubertad; la gracia que les da la Providencia. Después,
como no saben, como no tienen espíritu, se convierten en esa cosa monstruosa
que sale bufando de la piscina en este momento, incapaz de comprender que debía
ahorrar a la humanidad el espectáculo de su cuerpo grasiento y deforme.
Yo no comparto en absoluto la opinión de madame. No soy, como
español, el antípoda espiritual del alemán que es el francés, y advierto
netamente, a través de lo que madame llama la barbarie germánica, ese fondo de
blanda humanidad tan cálido, tan emocionado que hay en la gente alemana.
Y, sobre todo: ¡Es tan grato el espectáculo de esta pujante
juventud!”
Manuel Chaves Nogales.
La vuelta a Europa en avión.
Editorial Mundo Latino.
jueves, 1 de septiembre de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
La vie, c'est comme une dent
D'abord on y a pas pensé
On s'est contenté de mâcher
Ça vous fait mal, et on y tient
Et on la soigne et les soucis
Et pour qu'on soit vraiment guéri
Il faut vous l'arracher, la vie.
Boris Vian.
miércoles, 31 de agosto de 2016
lunes, 29 de agosto de 2016
ALLÁ EN LAS INDIAS
DE LAS NACIONES Y LENGUAS
“También quiero contar sus naciones y lenguas, que desde la isla de
Mal Hado hasta los últimos hay. En la isla de Mal Hado hay dos lenguas: a los
unos llaman de Caoques y a los otros llaman de Han. En la Tierra Firme,
enfrente de la isla, hay otros que se llaman de Chorruco, y toman el nombre de
los montes donde viven.
Adelante, en la costa del mar, habitan otros que se llaman
Doguenes, y enfrente de ellos otros que tienen por nombre los de Mendica. Más
adelante, en la costa, están los quevenes, y enfrente de ellos, dentro de la
Tierra Firme, los mariames; y yendo por la costa adelante, están otros que se
llaman guaycones, y enfrente de éstos, dentro en la Tierra Firme, los iguaces.
Cabo de éstos están otros que se llaman atayos, y detrás de éstos, otros,
acubadaos, y de éstos hay muchos por esta vereda adelante. En la costa viven
otros llamados quitoles, y enfrente de éstos, dentro en la Tierra Firme, los
avavares. Con éstos se juntan los maliacones, y otros cutalchiches, y otros que
se llaman susolas, y otros que se llaman comos, y adelante en la costa están
los camoles, y en la misma costa adelante, otros a quien nosotros llamamos los
de los higos. Todas estas gentes tienen habitaciones y pueblos y lenguas
diversas. Entre éstos hay una lengua en que llaman a los hombres por mira acá;
arre acá; a los perros, xo; en toda la tierra se emborrachan con un humo, y dan
cuanto tienen por él. Beben también otra cosa que sacan de las hojas de los
árboles, como de encina, y tuéstanla en unos botes al fuego, y después que la
tienen tostada hinchan el bote de agua, y así lo tienen sobre el fuego, y
cuando ha hervido dos veces, échanlo en una vasija y están enfriándola con
media calabaza, y cuando está con mucha espuma bébenla tan caliente cuanto
pueden sufrir, y desde que la sacan del bote hasta que la beben están dando
voces, diciendo que ¿quién quiere beber? Y cuando las mujeres oyen estas voces,
luego se paran sin osarse mudar, y aunque estén mucho cargadas, no osan hacer
otra cosa, y si acaso alguna de ellas se mueve, la deshonran y la dan de palos,
y con muy gran enojo derraman el agua que tienen para beber, y la que han
bebido la tornan a lanzar, lo cual ellos hacen muy ligeramente y sin pena
alguna. La razón de la costumbre dan ellos, y dicen que si cuando ellos quieren
beber aquella agua las mujeres se mueven de donde les toma la voz, que en
aquella agua se les mete en el cuerpo una cosa mala y que dende a poco les hace
morir, y todo el tiempo que el agua está cociendo ha de estar el bote tapado, y
si acaso está destapado y alguna mujer pasa, lo derraman y no beben más de
aquella agua; es amarilla y están bebiéndola tres días sin comer, y cada día
bebe cada uno una arroba y media de ella, y cuando las mujeres están en su
costumbre no buscan de comer más de para sí solas, porque ninguna otra persona
come de lo que ellas traen. En el tiempo que así estaba, entre éstos vi una
diablura, y es que vi un hombre casado con otro, y éstos son unos hombres
amarionados, impotentes, y andan tapados como mujeres y hacen oficio de
mujeres, y tiran arco y llevan muy gran carga, y entre éstos vimos muchos de
ellos así amarionados como digo, y son más membrudos que los otros hombres y
más altos; sufren muy grandes cargas.”
Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Naufragios y comentarios.
Espasa Calpe.
sábado, 27 de agosto de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
VIAJE A ITALIA
Y ahora qué haré, si tú no estás.
En el espejo te desvaneciste.
Qué haré, si ya no estás. Cómo encontrarte.
Fui a la agencia de viajes.
Dije: «Un billete». «¿Para dónde?»
«Para dónde ha de ser». (Me comprendieron enseguida).
«Mucho tiempo esperó», dijeron enigmáticos.
Volví a casa cantando, recobrada
la vida. Me miré al espejo.
Tú ya no estabas. Comprendí.
Ahora qué voy a hacer. Sin ti quién puede
recobrar lo soñado, lo perdido: Venecia
de vidrio rosa, Roma con cabellos de fuentes.
Florencia y Siena, Nápoles y Pisa,
Botticelli, Giotto, Tiziano, cipreses y palacios,
canales, Miguel Angel, frutos, palomas, Donatello
qué van a ser sin ti, si eras tú quien les dabas
vida, sentido, magia.
Llegaré —a veces gusto
imaginar que en el crepúsculo—
a no sé que ciudad. Consultaré la Guide Blue
y, ...Esta es la prueba. ¿Quién puede acercarse
después de tanto amor, a un gran amor,
sin alma, sin amor, es decir, solo con los ojos?
«Un billete» diré. Preguntarán para dónde.
«Para un lugar que yo invente
y tal vez ya no existe. Par mirarme en un espejo
que reflejo mi vida cuando no estaba yo
y al que me acerco ahora
cuando no puede devolver mi imagen».
Y entenderán por qué lo digo.
José
Hierro
viernes, 26 de agosto de 2016
jueves, 25 de agosto de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA PUERTA
TU CROIS AU MARC DE CAFÉ
Tu crois au marc de café,
Aux présages, aux grands jeux :
Moi je ne crois qu'en tes grands yeux.
Tu crois aux contes de fées,
Aux jours néfastes, aux songes.
Moi je ne crois qu'en tes mensonges.
Tu crois en un vague Dieu,
En quelque saint spécial,
En tel Ave contre tel mal.
Je ne crois qu'aux heures bleues
Et roses que tu m'épanches
Dans la volupté des nuits blanches !
Et si profonde est ma foi
Envers tout ce que je crois
Que je ne vis plus que pour toi.
Aux présages, aux grands jeux :
Moi je ne crois qu'en tes grands yeux.
Tu crois aux contes de fées,
Aux jours néfastes, aux songes.
Moi je ne crois qu'en tes mensonges.
Tu crois en un vague Dieu,
En quelque saint spécial,
En tel Ave contre tel mal.
Je ne crois qu'aux heures bleues
Et roses que tu m'épanches
Dans la volupté des nuits blanches !
Et si profonde est ma foi
Envers tout ce que je crois
Que je ne vis plus que pour toi.
Paul Verlaine.
miércoles, 24 de agosto de 2016
lunes, 22 de agosto de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
VACAS
“El amor a las vacas parece absurdo, incluso suicida, a los
observadores occidentales familiarizados con las modernas técnicas industriales
de la agricultura y la ganadería. El experto en eficiencia anhela coger a todos
estos animales inútiles y darles un destino adecuado. Y, sin embargo,
descubrimos ciertas incoherencias en la condena del amor a las vacas. Cuando
empecé a pensar si podría existir una explicación práctica para la vaca
sagrada, me encontré con un curioso informe del gobierno. Decía que la India tenía demasiadas
vacas, pero muy pocos bueyes. Con tantas vacas en derredor, ¿cómo podía haber
escasez de bueyes? Los bueyes y el macho del búfalo de agua son la fuente
principal de tracción para arar los campos en la India. Por cada granja
de diez acres o menos, se considera adecuado un par de bueyes o de búfalos de
agua. Un poco de aritmética muestra que, en lo que atañe a la arada, hay en
realidad escasez más que exceso de animales. La India tiene sesenta millones
de granjas, pero sólo ochenta millones de animales de tracción. Si cada granja
tuviera su cupo de dos bueyes o dos búfalos de agua, debería haber 120 millones
de animales de tracción, es decir, 40 millones más de los que realmente hay.
Puede que este déficit no sea tan grave puesto que algunos
agricultores alquilan o piden prestados bueyes a sus vecinos. Pero compartir
animales de tiro resulta a menudo poco práctico. La tarea de arar debe coordinarse
con las lluvias monzónicas, y cuando ya se ha arado una granja, tal vez haya
pasado el momento óptimo para arar otra. Además, una vez finalizada la arada,
el agricultor necesita todavía su propio par de bueyes para tirar de su
carreta, que es la base principal del transporte de bultos en toda la India rural. Es muy posible
que la propiedad privada de granjas, ganado vacuno, arados y carretas de bueyes
reduzca la eficiencia de la agricultura india, pero pronto me percaté de que
esto no era provocado por el amor a las vacas.
El déficit de animales de tiro constituye una amenaza terrible que
se cierne sobre la mayor parte de las familias campesinas de la India. Cuando un
buey cae enfermo, el campesino pobre se halla en peligro de perder su granja. Si
no posee ningún sustituto, tendrá que pedir prestado dinero con unos intereses
usurarios. Millones de familias rurales han perdido de hecho la totalidad o
parte de sus bienes y se han convertido en aparceros o jornaleros como
consecuencia de estas deudas. Todos los años cientos de miles de agricultores
desvalidos acaban emigrando a las ciudades, que ya rebosan de personas sin
empleo y sin hogar.
El agricultor indio que no puede reemplazar su buey enfermo o
muerto se encuentra poco más o menos en la misma situación que un agricultor
americano que no pueda sustituir ni reparar su tractor averiado. Pero hay una
diferencia importante: los tractores se fabrican en factorías, pero los bueyes
nacen de las vacas. Un agricultor que posee una vaca posee una factoría para
producir bueyes. Con o sin amor a las vacas, ésta es una buena razón para tener
poco interés en vender su vaca al matadero. También empezamos a vislumbrar por
qué los agricultores indios podrían estar dispuestos a tolerar vacas que sólo
producen 500 libras
de leche al año. Si la principal función económica de la vaca cebú es criar
animales de tracción, entonces no hay ninguna razón para compararla con los
especializados animales americanos cuya función primordial es producir leche.
Sin embargo, la leche que producen las vacas cebú cumple un cometido importante
en la satisfacción de las necesidades nutritivas de muchas familias pobres.
Incluso pequeñas cantidades de productos lácteos pueden mejorar la salud de
personas que se ven obligadas a subsistir al borde de la inanición.
Cuando los agricultores indios quieren un animal principalmente
para obtener leche recurren a la hembra del búfalo de agua, que tiene períodos
de secreción de leche más largos y una producción de grasa de mantequilla mayor
que la del ganado cebú. El búfalo de agua es también un animal superior para
arar en arrozales anegados. Pero los bueyes tienen más variedad de usos y los
agricultores los prefieren para la agricultura en tierras de secano y para el
transporte por carretera. Sobre todo, las razas cebú son extraordinariamente
resistentes y pueden sobrevivir a las largas sequías que periódicamente asolan
diferentes partes de la India.
La agricultura forma parte de un inmenso sistema de relaciones
humanas y naturales. Juzgar partes aisladas de este “ecosistema” en términos
que son pertinentes para el comportamiento del complejo agrícola americano
produce impresiones muy extrañas. El ganado vacuno desempeña en el “ecosistema”
indio cometidos que fácilmente pasan por alto o minimizan los observadores de
sociedades industrializadas con alto consumo de energía. En Estados Unidos los
productos químicos han sustituido casi por completo al estiércol animal como
fuente principal de abonos agrícolas. Los agricultores americanos dejaron de
usar estiércol cuando empezaron a arar con tractores en vez de con mulas o
caballos. Puesto que los tractores excretan veneno en vez de fertilizantes, la
utilización de una agricultura mecanizada a gran escala implica casi
necesariamente el empleo de fertilizantes químicos. Y hoy en día se ha
desarrollado de hecho en todo el mundo un enorme complejo industrial integrado
de petroquímicas-tractores-camiones, que produce maquinaria agrícola,
transporte motorizado, gas-oil y gasolina, fertilizantes químicos y pesticidas
de los que dependen las nuevas técnicas de producción de altos rendimientos.
Para bien o para mal, la mayor parte de los agricultores de la India no pueden participar
en este complejo, no porque veneren a sus vacas, sino porque no pueden
permitirse el lujo de comprar tractores. Al igual que otros países
subdesarrollados, la India
no puede construir factorías que compitan con las instalaciones de los países
industrializados, ni pagar grandes cantidades de productos industriales
importados. La transformación de los animales y el estiércol en tractores y
petroquímica requeriría la inversión de sumas increíbles de capital. Además, el
efecto inevitable de sustituir animales baratos por maquinas costosas es
reducir el número de personas que pueden ganarse la vida mediante la
agricultura y obligar al correspondiente aumento en las dimensiones de la
granja ordinaria. Sabemos que el desarrollo de la economía agrícola en gran
escala en Estados Unidos ha significado la destrucción virtual de la pequeña
granja familiar. Menos del 5 por 100 de las familias de Estados Unidos viven en
la actualidad en granjas, en comparación con el 60 por 100 de hace
aproximadamente cien años. Si la economía agrícola tuviera que desarrollarse de
forma similar en la India,
habría que encontrar en poco tiempo trabajo y alojamiento para 250 millones de
campesinos desplazados.”
Marvin Harris. Vacas, cerdos, guerras y brujas. Alianza Editorial
sábado, 20 de agosto de 2016
OBITER DICTUM
«Una
bocanada de vapor sale de la máquina. Un inmenso gemido parece extenderse por
el andén y luego dirigirse hacia Moscú. Nos abrazamos en silencio. Y el tren
comienza a deslizarse suavemente. Agitan sus manos al mismo tiempo que van
empequeñeciéndose sus figuras. Agitamos nuestras manos. Detrás de ellos, como
una figura sin alma, el hombre de la N.K.V.D. nos mira… Ya sólo veo dos
pañuelos y tres sombras. Ya ni sombras ni pañuelos. El tren se ha hundido en la
soledad. Delante de nosotros la noche como un muro negro que fuéramos
horadando. Detrás unas lucecitas que nos indican que allí está Moscú. Sigo
mirando durante unos minutos. Mirando la oscuridad. Mirando las lucecitas cada
vez más pequeñas.»
Enrique Castro Delgado.
viernes, 19 de agosto de 2016
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