viernes, 18 de marzo de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                        DOLOR

I have known the inexorable sadness of pencils,
Neat in their boxes, dolor of pad and paper weight,
All the misery of manilla folders and mucilage,
Desolation in immaculate public places,
Lonely reception room, lavatory, switchboard,
The unalterable pathos of basin and pitcher,
Ritual of multigraph, paper-clip, comma,
Endless duplicaton of lives and objects.
And I have seen dust from the walls of institutions,
Finer than flour, alive, more dangerous than silica,
Sift, almost invisible, through long afternoons of tedium,
Dropping a fine film on nails and delicate eyebrows,
Glazing the pale hair, the duplicate grey standard faces.


           Theodore Roethke.

jueves, 17 de marzo de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS






POR COSAS DEL ALMA


        “Y hoy gozamos de su famoso hijo, que hoy es duque de Osuna y virrey de Sicilia, pues se dice de Su Excelencia que en todo ha sido extremo; en sus mocedades hizo como mozo, y agora, aunque no tiene mucha edad, puede gobernar todo un mundo, y más las cosas de la guerra, con su bravo y invencible corazón, como se vee por la experiencia de sus famosos hechos, dignos de una grande historia, como hijo al fin de tal padre, al cual le oía decir muchas veces que no descansaba ni tenía gusto sino con los trabajos y cuando daba a soldados y gente menesterosa. Era gran favorecedor y honrador de buenos y malos, y decía que honraba a los buenos por merecerlo y a los malos porque se corrigiesen. Yo le vi en Mastrique, que por ciertos delitos ahorcaban un buen soldado y de gran fama, y estando triste me llegué a él, y pregunté:
        ―Señor, ¿qué tiene V. S.?
        Respondió:
        ―¿Qué puedo tener más de ver ahorcar un buen soldado?
        Y no trató de favorecerle y librarle. El cual ahorcado le hizo su entierro honrosísimo y le mandó decir muchas misas. A tres días estaba un blasfemo, matador, ladrón incorregible y que todos
decían: Muera tan mal hombre; y le favoreció con tantas veras que se decía en público:
        ―El marqués a tales hombres como éste favorece.
        Díjeselo, y tomándome las manos dijo:
      ―Es verdad: mas sabe Dios por qué favorezco a éste con todos mis posibles y al del otro día no más de en la sepultura; y es porque si muriese éste ahora peligraría mucho su alma, y así procuro librarlo, porque se enmiende y conociendo sus pecados Dios misericordioso le perdonará.
        Y así lo hizo, que lo libró, y después fue (según todos vimos) muy bueno, y estuvo enmendado de muchas cosas que antes tenía. Otros mil casos pudiera decir deste gran príncipe, que por ser tan ilustres los dejo para otro historiador que lo sea también.”

Pedro Ordóñez de Ceballos. 
Viaje del Mundo.

lunes, 14 de marzo de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





ANTES DEL AMANECER


        “Bajo una escalera de caracol, empujo una puerta y me encuentro proyectado en la galería de máquinas, sordamente iluminada en azul por unos tubos de mercurio, como una funeraria. Todas estas máquinas engrasadas, más calientes que una locomotora después de una noche de viaje, hacen solas mil cosas distintas, moviéndose unas de arriba abajo; otras, de derecha a izquierda; ésta, en redondo; aquélla, horizontalmente; un río de papel, impreso al mismo tiempo, brotaba del suelo a un ritmo de cincuenta mil hojas por hora. La bobina se desenrollaba por fuera de una trampilla, virgen de renglones tipográficos, y volvía a salir por el otro extremo cargada con todos los sucesos de nuestro planeta. Ésta era la verdadera potencia de la Prensa y no el genio de un gran publicista ni un reportaje sensacional, ni el anuncio fulminante de una muerte. Es esta ola que nada puede contener; esta marea, libre de pensamiento, fuera de estas esclusas abiertas, es este negro estanque, estas cuatro toneladas diarias de tinta en el fondo de las cuales duermen aún las palabras anónimas. No se puede hacer nada contra un diario americano, aunque fuese uno Dios; no hay más que esperar, que esperar, a mediodía… El periódico, afortunadamente, se olvida a mediodía. Sobre este río de escritura no se pasea ninguna idea. Hace cien años, nos dice Ludwig, cuando las gacetas no aparecían más que una o dos veces por semana, Goethe anunciaba que preveía días terribles en que aparecerían tres veces al día… A eso hemos llegado. En medio de un estrépito infernal, unos operarios, con gorros de papel, accionaban los plegadores que vomitaban a continuación en altos cestos de guillotina las diferentes secciones del periódico, hasta estar todo preparado para cargarlo en los camiones. Más afortunados, los correctores de imprenta, una vez concluido su trabajo, se dirigían hacia el baño y la cena que les esperaba en los pisos superiores. En otra sala, adonde vienen a converger las noticias de redacción, los artículos editoriales y la publicidad, las últimas páginas del diario, aún fluidas, se solidifican antes del amanecer en matrices donde corría el metal caliente, en camino hacia la fundición de las linotipias.”


Paul Morand. Nueva York. Espasa Calpe.

sábado, 12 de marzo de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL EXCURSIONISTA AMERICANO


25 de marzo de 1937

            “Después de los tensos días de Guadalajara, calma absoluta. Las tropas descansan. En el frente han aparecido excursionistas —delegados, escritores, periodistas de Valencia, de Barcelona, de París, de Londres y hasta de Nueva York —. Recorren los recientes campos de batalla, examinan sus huellas, fotografían los enormes depósitos de pertrechos de guerra capturados a los italianos, conversan con los prisioneros, se llevan recuerdos italianos. Ernest Hemingway, con su humanidad corpulenta, algo tosca y fuerte, ha venido aquí. Se ha metido por todos los sitios en que hubo combate, ha visitado varias veces a Líster y a Lukács, ha trabado amistad con ellos; me ha dicho hablando despacio y dando sabrosas vueltas a las palabras españolas:
            —Esto es una auténtica derrota. La primera derrota seria del fascismo durante estos últimos años. Esto es el comienzo de la victoria sobre el fascismo.
            —Sí —he respondido modestamente—, por ahora no es más que el comienzo.
            Me ha divertido esta propia modestia. Tras ella se escondía una increíble jactancia. ¡Les hemos dado una paliza, a pesar de todo! Les hemos zurrado como a unos jaimitos, como dice Lukács. Yo lo he visto. He llegado a verlo. Empecé con los autobuses ante Talavera, he vivido los negros días de Toledo, la vergüenza de Aranjuez, la tragedia del Madrid abandonado, la desesperada lucha junto a los puentes, la dura y sangrienta escuela de Aravaca y Majadahonda, los dolores del parto del nuevo ejército junto a Las Rozas, la gran batalla del Jarama, para ver la victoria frente a los soldados de Mussolini. Y Miguel Martínez, venido con la vieja experiencia de la guerra civil en su juventud, la ha sometido otra vez a prueba aquí, la ha multiplicado, la ha fecundado en estas primeras trincheras del choque mundial con el fascismo.
            —Por ahora esto no es más que el comienzo —he repetido—. Aún queda mucho por delante, malo y bueno.
            —Pienso lo mismo —ha respondido Hemingway, enfurruñándose.”


Mijail Koltsov. Diario de la guerra de España.

lunes, 7 de marzo de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                            SE QUEDÓ SIN VOZ


Estando despierta,
se quedó sin voz.
Ya no atiendo a otras voces.


                   Rafael Coloma.

jueves, 3 de marzo de 2016

OBITER DICTUM





Tánger se me ha quedado en la memoria con una fijeza especial, borrosa en algunos detalles y casi fantástica en otros. Viví en Tánger intensamente jugando a morirme como uno supo hacerlo. De Tánger me queda en la memoria el olor. Todo olía en Tánger para mí de una manera especial; algo así como a una mezcla voluptuosa y pesada de mar, de pescado y pecado, de perfumes baratos, de hombre dormido, de frutas, de orines, y de mi rubia pasando en un coche. Todavía no está uno seguro si se irá a morir a Tánger. A morirse de gusto.

César González-Ruano.

lunes, 29 de febrero de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS





ZONAS TÓRRIDAS

“A los que afirman que de las cinco partes del mundo que llaman zonas no son habitables más de las dos templadas, y que la del medio por su excesivo calor y las dos de los cabos por el demasiado frío son inhabitables, y que de la una zona habitable no se puede pasar a la otra habitable por el calor demasiado que hay en medio, puedo afirmar, demás de lo que todos saben, que yo nací en la tórrida zona, que es en el Cuzco, y me crié en ella hasta los veinte años, y he estado en la otra zona templada de la otra parte del Trópico de Capricornio, a la parte del sur, en los últimos términos de los Charcas, que son los Chichas, y, para venir a esta otra templada de la parte del norte, donde escribo esto, pasé por la tórrida zona y la atravesé toda y estuve tres días naturales debajo de la línea equinoccial, donde dicen que pasa perpendicularmente, que es en el cabo de Pasau, por todo lo cual digo que es habitable la tórrida también como las templadas. De las zonas frías quisiera poder decir por vista de ojos como de las otras tres. Remítome a los que saben de ellas más que yo. A los que dicen que por su mucha frialdad son inhabitables, osaré decir, con los que tienen lo contrario, que también son habitables como las demás, porque en buena consideración no es de imaginar, cuanto más de creer, que partes tan grandes del mundo las hiciese Dios inútiles, habiéndolo criado todo para que lo habitasen los hombres, y que se engañan los antiguos en lo que dicen de las zonas frías, también como se engañaron en lo que dijeron de la tórrida, que era inhabitable por su mucho calor. Antes se debe creer que el Señor, como padre sabio y poderoso, y la naturaleza, como madre universal y piadosa, hubiesen remediado los inconvenientes de la frialdad con templanza de calor, como remediaron el demasiado calor de la tórrida zona con tantas nieves, fuentes, ríos y lagos como en el Perú se hallan, que la hacen templada de tanta variedad de temples, unas que declinan a calor y a más calor, hasta llegar a regiones tan bajas, y por ende tan calientes, que, por su mucho calor, son casi inhabitables, como dijeron los antiguos de ella “


Inca Garcilaso de la Vega. 
Comentarios Reales.

domingo, 28 de febrero de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Una ratlla.
una coma,
dos punts.

Però aquí
ni ratlla
ni punt
ni res.


            Joan Brossa

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





     PRECIO

Toda la vida estaba
en tus pálidos labios...
Toda la noche estaba
en mi trémulo vaso...
Y yo cerca de ti,
con el vino en la mano,
ni bebí ni bese...
Eso pude: Eso valgo.


Dulce María Loynaz

miércoles, 24 de febrero de 2016

OBITER DICTUM





     “Los envidiosos me tacharon de espía británico y agente secreto afgano, no queriendo entender que los seres extraños como yo pueden vivir honradamente, satisfechos, con la idea de que se han reconciliado con Dios y ya no les importan los miserables humanos. En mi opinión, ésa es la única lección que merece la pena aprender cuando se viaja mucho."


Sirdar Ikbal Ali Shah

viernes, 19 de febrero de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






Y LA EDUCACIÓN


            “El paso de la niñez a la pubertad y la misteriosa metamorfosis que da como resultado ese monstruo que es un adolescente podrían muy bien resumirse en un pequeño detalle, el de las antiguas mayúsculas del alfabeto griego: la gran zeta, una esfera atravesada por un aro como Saturno, o la gran épsilon, como un esbelto cáliz curvado, conservan todavía para mí un encanto y un misterio indescriptibles, como si fueran signos de calurosa bienvenida trazados sobre el amanecer del Edén. Las minúsculas griegas corrientes, aunque ahora me resultan mucho más familiares, me parecen cositas bastante desagradables, como una nube de mosquitos. En cuanto a los acentos griegos, logré con éxito, a lo largo de una larga serie de trimestres escolares, evitar aprendérmelos; jamás me he sentido tan satisfecho como cuando, tiempo después, descubrí que los griegos tampoco se los aprendieron nunca. Sentía un claro orgullo de ser tan ignorante como Platón y Tucídides. Al menos, los griegos que escribieron la prosa y la poesía que merecían la pena estudiarse, no los conocían; según creo, los acentos fueron un invento de los gramáticos renacentistas. Pero es un hecho psicológico que la contemplación de una mayúscula griega aún me llena de felicidad; la de una minúscula, de indiferencia teñida de disgusto y la de los acentos, de una santa indignación rayana en la irreverencia. Pienso que la explicación radica en que aprendí las mayúsculas griegas, como las mayúsculas inglesas, en casa; me las enseñaron como un juego cuando aún era pequeño, mientras que las otras las aprendí durante el período que llamamos educación, ese período en el que un desconocido me instruía sobre cosas que no deseaba saber.
         Cuento esto sólo para mostrar que yo era mucho más sabio y abierto a los seis años que a los dieciséis. Dios no permita que esto me sirva de base para una teoría pedagógica. En ciertos aspectos, este trabajo no puede dejar de ser teórico, pero no es necesario rizar el rizo y que además sea pedagógico. Desde luego, no adoptaré esa elegante actitud moderna de revolverme e insultar a mis maestros porque decidí no aprender lo que ellos estaban dispuestos a enseñar. Puede ser que en las renovadas escuelas de hoy, al niño le enseñen de tal forma que grite de placer a la vista de un acento griego. Pero me temo que es mucho más probable que las escuelas modernas se hayan librado del acento librándose del griego. Y en este punto, como suele ocurrir, estoy sin lugar a dudas del lado de mis maestros y en contra mía. Me alegro mucho de que mis denodados esfuerzos por no aprender latín se vieran frustrados en cierta medida y de no haber conseguido siquiera escapar de la contaminación de la lengua de Aristóteles y Demóstenes. Al menos sé el suficiente griego para coger el chiste cuando alguien dice (como sucedió el otro día) que el estudio de esa lengua no es propio de una época democrática. No sé de qué lengua pensaba él que procedía la democracia, y eso que hemos de admitir que esa palabra parece haberse convertido hoy en día en parte de la jerga periodística. Pero de momento lo que me interesa es el aspecto personal o psicológico, mi propio testimonio íntimo ante el hecho que, por un motivo u otro, un muchacho pasa, con toda seguridad, de un primer estadio en el que desea aprender casi todo aun estadio posterior en el que apenas desea saber nada. Un viajero muy pragmático, con mucha experiencia y poca mística, me soltó en cierta ocasión: «Debe de haber algo en la educación totalmente equivocado. Hay mucha gente con niños maravillosos y los adultos son todos unos inútiles.» Se muy bien a qué se refería; aunque tengo dudas de si mi inutilidad actual es fruto de mi educación o si tiene algún otro motivo más misterioso y profundo.”


G. K. Chesterton. Autobiografía.
Acantilado.