miércoles, 16 de marzo de 2016
lunes, 14 de marzo de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
ANTES DEL AMANECER
“Bajo una
escalera de caracol, empujo una puerta y me encuentro proyectado en la galería
de máquinas, sordamente iluminada en azul por unos tubos de mercurio, como una
funeraria. Todas estas máquinas engrasadas, más calientes que una locomotora
después de una noche de viaje, hacen solas mil cosas distintas, moviéndose unas
de arriba abajo; otras, de derecha a izquierda; ésta, en redondo; aquélla,
horizontalmente; un río de papel, impreso al mismo tiempo, brotaba del suelo a
un ritmo de cincuenta mil hojas por hora. La bobina se desenrollaba por fuera
de una trampilla, virgen de renglones tipográficos, y volvía a salir por el
otro extremo cargada con todos los sucesos de nuestro planeta. Ésta era la
verdadera potencia de la Prensa y no el genio de un gran publicista ni un
reportaje sensacional, ni el anuncio fulminante de una muerte. Es esta ola que
nada puede contener; esta marea, libre de pensamiento, fuera de estas esclusas
abiertas, es este negro estanque, estas cuatro toneladas diarias de tinta en el
fondo de las cuales duermen aún las palabras anónimas. No se puede hacer nada
contra un diario americano, aunque fuese uno Dios; no hay más que esperar, que
esperar, a mediodía… El periódico, afortunadamente, se olvida a mediodía. Sobre
este río de escritura no se pasea ninguna idea. Hace cien años, nos dice
Ludwig, cuando las gacetas no aparecían más que una o dos veces por semana,
Goethe anunciaba que preveía días terribles en que aparecerían tres veces al
día… A eso hemos llegado. En medio de un estrépito infernal, unos operarios,
con gorros de papel, accionaban los plegadores que vomitaban a continuación en
altos cestos de guillotina las diferentes secciones del periódico, hasta estar
todo preparado para cargarlo en los camiones. Más afortunados, los correctores
de imprenta, una vez concluido su trabajo, se dirigían hacia el baño y la cena
que les esperaba en los pisos superiores. En otra sala, adonde vienen a
converger las noticias de redacción, los artículos editoriales y la publicidad,
las últimas páginas del diario, aún fluidas, se solidifican antes del amanecer
en matrices donde corría el metal caliente, en camino hacia la fundición de las
linotipias.”
Paul
Morand. Nueva York. Espasa Calpe.
domingo, 13 de marzo de 2016
sábado, 12 de marzo de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EL EXCURSIONISTA AMERICANO
25 de marzo de 1937
“Después de los tensos días de
Guadalajara, calma absoluta. Las tropas descansan. En el frente han aparecido
excursionistas —delegados, escritores, periodistas de Valencia, de Barcelona,
de París, de Londres y hasta de Nueva York —. Recorren los recientes campos de
batalla, examinan sus huellas, fotografían los enormes depósitos de pertrechos
de guerra capturados a los italianos, conversan con los prisioneros, se llevan
recuerdos italianos. Ernest Hemingway, con su humanidad corpulenta, algo tosca
y fuerte, ha venido aquí. Se ha metido por todos los sitios en que hubo
combate, ha visitado varias veces a Líster y a Lukács, ha trabado amistad con
ellos; me ha dicho hablando despacio y dando sabrosas vueltas a las palabras
españolas:
—Esto es una auténtica derrota. La
primera derrota seria del fascismo durante estos últimos años. Esto es el
comienzo de la victoria sobre el fascismo.
—Sí —he respondido modestamente—,
por ahora no es más que el comienzo.
Me ha divertido esta propia
modestia. Tras ella se escondía una increíble jactancia. ¡Les hemos dado una
paliza, a pesar de todo! Les hemos zurrado como a unos jaimitos, como dice
Lukács. Yo lo he visto. He llegado a verlo. Empecé con los autobuses ante
Talavera, he vivido los negros días de Toledo, la vergüenza de Aranjuez, la
tragedia del Madrid abandonado, la desesperada lucha junto a los puentes, la
dura y sangrienta escuela de Aravaca y Majadahonda, los dolores del parto del
nuevo ejército junto a Las Rozas, la gran batalla del Jarama, para ver la
victoria frente a los soldados de Mussolini. Y Miguel Martínez, venido con la
vieja experiencia de la guerra civil en su juventud, la ha sometido otra vez a
prueba aquí, la ha multiplicado, la ha fecundado en estas primeras trincheras
del choque mundial con el fascismo.
—Por ahora esto no es más que el
comienzo —he repetido—. Aún queda mucho por delante, malo y bueno.
—Pienso lo mismo —ha respondido
Hemingway, enfurruñándose.”
miércoles, 9 de marzo de 2016
lunes, 7 de marzo de 2016
viernes, 4 de marzo de 2016
jueves, 3 de marzo de 2016
OBITER DICTUM
Tánger se me ha
quedado en la memoria con una fijeza especial, borrosa en algunos detalles y
casi fantástica en otros. Viví en Tánger intensamente jugando a morirme como
uno supo hacerlo. De Tánger me queda en la memoria el olor. Todo olía en Tánger
para mí de una manera especial; algo así como a una mezcla voluptuosa y pesada
de mar, de pescado y pecado, de perfumes baratos, de hombre dormido, de frutas,
de orines, y de mi rubia pasando en un coche. Todavía no está uno seguro si se
irá a morir a Tánger. A morirse de gusto.
César González-Ruano.
miércoles, 2 de marzo de 2016
martes, 1 de marzo de 2016
lunes, 29 de febrero de 2016
ALLÁ EN LAS INDIAS
ZONAS
TÓRRIDAS
“A
los que afirman que de las cinco partes del mundo que llaman zonas no son
habitables más de las dos templadas, y que la del medio por su excesivo calor y
las dos de los cabos por el demasiado frío son inhabitables, y que de la una
zona habitable no se puede pasar a la otra habitable por el calor demasiado que
hay en medio, puedo afirmar, demás de lo que todos saben, que yo nací en la
tórrida zona, que es en el Cuzco, y me crié en ella hasta los veinte años, y he
estado en la otra zona templada de la otra parte del Trópico de Capricornio, a
la parte del sur, en los últimos términos de los Charcas, que son los Chichas,
y, para venir a esta otra templada de la parte del norte, donde escribo esto,
pasé por la tórrida zona y la atravesé toda y estuve tres días naturales debajo
de la línea equinoccial, donde dicen que pasa perpendicularmente, que es en el
cabo de Pasau, por todo lo cual digo que es habitable la tórrida también como
las templadas. De las zonas frías quisiera poder decir por vista de ojos como
de las otras tres. Remítome a los que saben de ellas más que yo. A los que
dicen que por su mucha frialdad son inhabitables, osaré decir, con los que
tienen lo contrario, que también son habitables como las demás, porque en buena
consideración no es de imaginar, cuanto más de creer, que partes tan grandes
del mundo las hiciese Dios inútiles, habiéndolo criado todo para que lo
habitasen los hombres, y que se engañan los antiguos en lo que dicen de las
zonas frías, también como se engañaron en lo que dijeron de la tórrida, que era
inhabitable por su mucho calor. Antes se debe creer que el Señor, como padre
sabio y poderoso, y la naturaleza, como madre universal y piadosa, hubiesen
remediado los inconvenientes de la frialdad con templanza de calor, como
remediaron el demasiado calor de la tórrida zona con tantas nieves, fuentes,
ríos y lagos como en el Perú se hallan, que la hacen templada de tanta variedad
de temples, unas que declinan a calor y a más calor, hasta llegar a regiones
tan bajas, y por ende tan calientes, que, por su mucho calor, son casi
inhabitables, como dijeron los antiguos de ella “
Inca
Garcilaso de la Vega.
Comentarios Reales.
domingo, 28 de febrero de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
PRECIO
Toda la vida estaba
en tus pálidos labios...
Toda la noche estaba
en mi trémulo vaso...
Y yo cerca de ti,
con el vino en la mano,
ni bebí ni bese...
Eso pude: Eso valgo.
Dulce María Loynaz
viernes, 26 de febrero de 2016
miércoles, 24 de febrero de 2016
OBITER DICTUM
“Los
envidiosos me tacharon de espía británico y agente secreto afgano, no queriendo
entender que los seres extraños como yo pueden vivir honradamente, satisfechos,
con la idea de que se han reconciliado con Dios y ya no les importan los
miserables humanos. En mi opinión, ésa es la única lección que merece la pena
aprender cuando se viaja mucho."
Sirdar Ikbal Ali Shah
lunes, 22 de febrero de 2016
viernes, 19 de febrero de 2016
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
Y LA EDUCACIÓN
“El paso de la niñez a la pubertad y la misteriosa metamorfosis que
da como resultado ese monstruo que es un adolescente podrían muy bien resumirse
en un pequeño detalle, el de las antiguas mayúsculas del alfabeto griego: la
gran zeta, una esfera atravesada por un aro como Saturno, o la gran épsilon,
como un esbelto cáliz curvado, conservan todavía para mí un encanto y un
misterio indescriptibles, como si fueran signos de calurosa bienvenida trazados
sobre el amanecer del Edén. Las minúsculas griegas corrientes, aunque ahora me
resultan mucho más familiares, me parecen cositas bastante desagradables, como
una nube de mosquitos. En cuanto a los acentos griegos, logré con éxito, a lo
largo de una larga serie de trimestres escolares, evitar aprendérmelos; jamás
me he sentido tan satisfecho como cuando, tiempo después, descubrí que los
griegos tampoco se los aprendieron nunca. Sentía un claro orgullo de ser tan
ignorante como Platón y Tucídides. Al menos, los griegos que escribieron la
prosa y la poesía que merecían la pena estudiarse, no los conocían; según creo,
los acentos fueron un invento de los gramáticos renacentistas. Pero es un hecho
psicológico que la contemplación de una mayúscula griega aún me llena de
felicidad; la de una minúscula, de indiferencia teñida de disgusto y la de los
acentos, de una santa indignación rayana en la irreverencia. Pienso que la
explicación radica en que aprendí las mayúsculas griegas, como las mayúsculas
inglesas, en casa; me las enseñaron como un juego cuando aún era pequeño, mientras
que las otras las aprendí durante el período que llamamos educación, ese
período en el que un desconocido me instruía sobre cosas que no deseaba saber.
Cuento esto sólo para
mostrar que yo era mucho más sabio y abierto a los seis años que a los
dieciséis. Dios no permita que esto me sirva de base para una teoría
pedagógica. En ciertos aspectos, este trabajo no puede dejar de ser teórico,
pero no es necesario rizar el rizo y que además sea pedagógico. Desde luego, no
adoptaré esa elegante actitud moderna de revolverme e insultar a mis maestros
porque decidí no aprender lo que ellos estaban dispuestos a enseñar. Puede ser
que en las renovadas escuelas de hoy, al niño le enseñen de tal forma que grite
de placer a la vista de un acento griego. Pero me temo que es mucho más
probable que las escuelas modernas se hayan librado del acento librándose del
griego. Y en este punto, como suele ocurrir, estoy sin lugar a dudas del lado
de mis maestros y en contra mía. Me alegro mucho de que mis denodados esfuerzos
por no aprender latín se vieran frustrados en cierta medida y de no haber conseguido
siquiera escapar de la contaminación de la lengua de Aristóteles y Demóstenes.
Al menos sé el suficiente griego para coger el chiste cuando alguien dice (como
sucedió el otro día) que el estudio de esa lengua no es propio de una época
democrática. No sé de qué lengua pensaba él que procedía la democracia, y eso
que hemos de admitir que esa palabra parece haberse convertido hoy en día en
parte de la jerga periodística. Pero de momento lo que me interesa es el
aspecto personal o psicológico, mi propio testimonio íntimo ante el hecho que,
por un motivo u otro, un muchacho pasa, con toda seguridad, de un primer
estadio en el que desea aprender casi todo aun estadio posterior en el que
apenas desea saber nada. Un viajero muy pragmático, con mucha experiencia y
poca mística, me soltó en cierta ocasión: «Debe de haber algo en la educación
totalmente equivocado. Hay mucha gente con niños maravillosos y los adultos son
todos unos inútiles.» Se muy bien a qué se refería; aunque tengo dudas de si mi
inutilidad actual es fruto de mi educación o si tiene algún otro motivo más misterioso
y profundo.”
G. K.
Chesterton. Autobiografía.
Acantilado.
jueves, 18 de febrero de 2016
miércoles, 17 de febrero de 2016
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
[…]
Dile al pájaro que vuelva,
dile que deje en el alféizar
una pluma parda,
para que yo sepa que hay
posibilidad de regreso,
para que me cubra de mansedumbre
antes de que la niebla
inicie la ceremonia del olvido.
Clara Janés.
lunes, 15 de febrero de 2016
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