jueves, 20 de agosto de 2015

OBITER DICTUM






«La mentira sería imposible si el hablar primario y normal no fuese sincero. La moneda falsa circula sostenida por la moneda sana. A la postre, el engaño resulta ser un humilde parásito de la ingenuidad.»

José Ortega y Gasset.

lunes, 17 de agosto de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




NAGA PANCHAMI


       “Allí están alineados dos o trescientos sapwallahs o encantadores de serpientes, cada uno de los cuales tiene ante sí una cesta en la cual se agitan unos veinte reptiles de la especie cobra-capello. Los piadosos indos llevan cuernos o grandes tazones llenos de leche, al que son muy aficionados estos animales; y bien pronto está rodeado por un círculo de cobras, que con la cabeza sumergida en el líquido, permanecen completamente inmóviles; el encantador retira de vez cuando a una para que otra ocupe su puesto, y es curioso observar entonces el furor del reptil, que se infla y golpea todo cuanto hay a su alrededor. Los curiosos se agolpan en torno de los encantadores; aquellos reptiles, aquellos hombres medio desnudos o cubiertos de oropeles que juegan con los reptiles sin temor algunos, producen un efecto muy original. La ceremonia dura todo el día; dos o tres mil cobras se han hartado de beber leche; a la mañana siguiente, los encantadores abandonan la isla, y al llegar al bosque, sueltan caritativamente su colección de reptiles, que se diseminan en todas direcciones.”


Louis Rousselet. Viaje a la India de los Rajas. Anjana Ediciones.

viernes, 14 de agosto de 2015

ALLÁ EN LAS INDIAS






EN TIERRA DE AMAZONAS


“Después que los compañeros estuvieron reformados algún tanto de el hambre y trabajo pasado, estando para trabajar, el Capitán, viendo que era necesario proveer lo de adelante, mandó llamar a todos sus compañeros, y les tornó a decir que ya veían que con el barco que llevábamos e canoas, si Dios fuese servido de nos aportar a la mar, no podíamos en ellos salir a salvamento y por esto era necesario procurar con diligencia de hacer otro bergantín que fuese de más porte para que pudiésemos navegar, y aunque no había entre nosotros maestro que supiese de tal oficio, porque lo que más dificultoso hallábamos era el hacer los clavos; y en este tiempo los indios no dejaban de acudir y venir al Capitán y le traer de comer muy largo y con tanta orden como si toda su vida hubieran servido; y venían con sus joyas y patenas de oro y jamás el Capitán consintió tomar nada, ni aun solamente mirarlo porque los indios no entendiesen que lo teníamos en algo, y mientras más en esto nos descuidábamos, más oro se echaba a cuesta.
       Aquí nos dieron noticia de las amazonas y de la riqueza que abajo hay, y el que la dio fue un indio señor llamado Aparia, viejo que decía haber estado en aquella tierra, y también nos dio noticia de otro señor que estaban apartado del río, metido en la tierra adentro, el cual decía poseer muy gran riqueza de oro: este señor se llama Ica; nunca le vimos, porque, como digo, se nos quedó desviado del río.”


Gaspar del Carvajal
Relación del nuevo descubrimiento del Rio Grande por el capitán Francisco de Orellana.

jueves, 13 de agosto de 2015

OBITER DICTUM








En su deseo de formarse un sentimiento artístico, los americanos llegan a idear cosas estupendas. Así el Evening Post, que pasa por ser el periódico más serio, mejor pensado y mejor escrito de los Estados Unidos, se lamentaba días atrás de la poca difusión que ha alcanzado la poesía entre el público americano, y decía: «Es lástima que no se haya inventado ninguna máquina para difundir las obras poéticas. Si nuestros inventores pudiesen encontrar algo que fuera, con relación a la poesía, lo que es el fonógrafo con relación a la música, la cultura poética del pueblo adelantaría de un modo prodigioso…».


Julio Camba

miércoles, 12 de agosto de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




LA MORT DES AMANTS


Nous aurons des lits pleins d’odeurs légères,
Des divans profonds comme des tombeaux,
Et d’ètranges fleurs sur des étagères,
Écloses pour nous sous des cieux plus beaux.

Usant à l’envi leurs chaleurs dernières,
Nos deux coeurs seront deux vastes flambeaux,
Qui réfléchiront leurs doubles lumières
Dans nos deux esprits, ces miroirs jumeaux.

Un soir fait de rose et de bleu mystique,
Nous échangerons un éclair unique,
Comme un long sanglot, tout chargé d’adieux;

Et plus tard un Ange, entr’ouvrant les portes,
Viendra ranimer, fidèle et joyeux,
Les miroirs ternis et les flammes mortes.


Charles Baudelaire

lunes, 10 de agosto de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




SERMONES


“Hoy, domingo, estuve en la iglesia donde se me bautizó. El párroco ofreció un largo sermón lleno de palabras bíblicas. En el centro de las consideraciones, plenas de unción, estaban las palabras del apóstol Pablo: “Yo no sé lo que hago, porque no hago lo que quiero, sino lo que detesto. Así lo veo yo, que quiero hacer el bien, pero la ley me impone que lo único que me quede a disposición sea lo malo. Que se compadezca el señor de quien él quiera y permita ser empedernido a quien él quiera. Oh, yo hombre desdichado, ¿quién me librara de este cuerpo mortal”.
         Después del servicio divino que durante un largo rato me cayó como una pesadilla horrorosa, me fui solo a la ciudad. Y me eché a mí mismo un sermón.
         Comencé con las palabras de Schiller: “Sé como tu quieras, inefable en el más allá –sólo mi yo mismo me permanece fiel--. Sé como tú quieras, cuando yo me lleve solo a mí mismo al otro lado. Las cosas exteriores son sólo una apariencia del hombre. Yo soy mi cielo y mi infierno. La prerrogativa más noble de la naturaleza humana es determinar por sí mismo para hacer lo mejor por el amor de lo mejor. Los hombres nobles pagan con aquello que ellos son”.
         Continué mi sermón con palabras del maestro Eckhart: “El hombre justo no sirve a Dios ni a las criaturas. Permanece tan firme en la justicia que, por el contrario, no toma en consideración las penas del infierno ni las alegrías del cielo. El hombre justo toma tan en serio la justicia que si Dios no fuese justo no daría ni un comino por él. El hombre no debe temer a Dios. Dios es un Dios del presente. No hay que buscarlo o pensarlo fuera de sí, sino tomarlo como mi propio yo y que está en mí.
         La verdad es, por lo tanto, noble, y ¡si Dios quiere hacer caso omiso de la verdad, yo querría aferrarme a la verdad y dejar a Dios!”
         También las palabras dichas por sabios de nuestro tiempo permito que ejerzan su impulso sobre mí: Esta es la sabiduría de los valientes: Quien quiera huir de la culpa, huye de la vida. Pero aquél que expía sus culpas por toda la vida y encuentra en ella la eternidad, aquél será nuevo en ella. No es la salvación del mundo la que nos hace falta, no: ¡sino que salvemos al mundo! Así y sólo así vence la vida más allá de la muerte. Sólo con un fortalecimiento de la bondad, de lo noble en nosotros, por nuestras propias acciones, por un buen ejemplo a seguir en forma irresistible, puede llegar a ser nuestro propio yo la ayuda: liberarse a sí mismo y decidirse. Toda salvación, toda justificación, son anticipadas gracias a que nosotros seremos solamente por la voluntad. El castigo es la consecuencia: sólo hay un verdadero castigo del pecado, y este castigo será ejecutado por el propio culpable sobre sí mismo de forma inevitable y al unísono con sus decisiones: el ser peor. También la penitencia es consecuencia: solamente hay una expiación, y ella también es recompensa, involuntaria, pero insalvablemente ejecutada por el culpable en sí mismo: el llegar a ser más noble. De sus acciones y trabajos finalmente  sale  –hacia arriba o hacia abajo--, --para mejor o para peor--, como resultado, el propio ser humano. Sólo tenemos una realidad: actuar. Tenemos sólo un hecho: la acción”.”


Otto Rahn. La corte de Lucifer. Ediciones Internacionales Rigal.

viernes, 7 de agosto de 2015

OBITER DICTUM







Porque  el subjetivo  es el único que expresa el tiempo de la hipótesis y  de lo posible, lo no-real.”Si fuese a París esta noche, iría a la Comédie Française.” Debe reconocerse que “Si fuera” es un subjuntivo. De hecho no voy a París, pero podría ir. Si esta condición se diese, entonces, como expresa el condicional que sigue, iría a la Comédie. El subjuntivo inscribe mi pensamiento en lo virtual. Hay también un aspecto fundamental en algunos ejercicios de lógica que yo denomino el condicional contrafactual. “Si yo fuese un elefante, tendría colmillos.” Esta oración es verdadera aunque yo no sea un elefante. Es preciso el subjuntivo para subrayar esta potencialidad. El dominio del subjuntivo permite establecer en el discurso una distinción entre lo que es virtual y lo que es real. En este sentido, la desaparición del subjuntivo amenaza con diluir aún más esta diferencia. Quizás exagero, pero me pregunto si esto no corresponde a nuestra tendencia, en la era informática, a confundir cada vez más lo virtual con lo real.

Umberto Eco.

miércoles, 5 de agosto de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL VERSO Y LA RENUNCIA


“Aquí apenas trataremos de Rimbaud. Sobre el se ha dicho todo, y más todavía, por desgracia. Precisaremos, sin embargo, porque esta precisión concierne a nuestro tema, que Rimbaud no fue el poeta de la rebelión sino en su obra. Su vida, lejos de justificar el mito que suscitó, ilustra solamente –una lectura objetiva de las cartas escritas en Harrar basta para demostrarlo—un asentimiento al peor nihilismo.  Rimbaud ha sido deificado por haber renunciado a su genio, como si ese renunciamiento supusiera una virtud sobrehumana. Aunque esto descalifica las coartadas de nuestros contemporáneos, hay que decir, por el contrario, que sólo el genio supone una virtud, no la renuncia al genio. La grandeza de Rimbaud no está en los primeros gritos de Charleville ni en las transacciones comerciales de Harrar. Se revela en el instante en que, dando a la rebelión el lenguaje más extrañamente justo que haya recibido nunca, dice a la vez su triunfo y su angustia, la vida ausente del mundo y el mundo inevitable, el grito hacia lo imposible y la realidad que se muestra áspera al abrazo, el rechazo de la moral y la nostalgia irresistible del deber. En ese momento en que, llevando en sí mismo la iluminación y el infierno, insultando y saludando a la belleza, hace de una contradicción irreductible un canto doble y alternado, es el poeta de la rebelión, y el más grande. No importa el orden en que fueron concebidas sus dos grandes obras. De todas maneras, hubo demasiado poco tiempo entre las dos concepciones, y todo artista sabe, con la certidumbre absoluta que nace de la experiencia de una vida, que Rimbaud produjo la Saison y las Illuminations al mismo tiempo. Aunque las haya escrito una después de otra, las sufrió en el mismo momento. Esta contradicción que le mataba era su verdadero genio.
         ¿Pero dónde está la virtud de quien se desvía de la contradicción y traiciona a su genio antes de haberlo sufrido hasta el fin? El silencio de Rimbaud no es para él una nueva manera de rebelarse. Por lo menos, ya no podemos afirmarlo después de la publicación de las cartas de Harrar. Sin duda, su metamorfosis es misteriosa. Pero hay también misterio en la trivialidad que sobreviene a esas jóvenes brillantes a las que el casamiento transforma en máquinas de hacer dinero y ganchillo, El mito construido alrededor de Rimbaud supone y afirma que nada era ya posible después de la Saison en enfer. ¿Pero qué es imposible para el poeta coronado de dones, para el creador inagotable? Después de Moby Dick, El proceso, Zaratustra y Los poseídos, ¿qué se puede imaginar? Sin embargo, después de ésas siguen naciendo grandes obras que enseñan y corrigen, testimonian lo más altivo que hay en el hombre y sólo terminan cuando muere el creador. ¿Quién no lamentará esa obra más grande que la Saison, de la que nos ha privado una renuncia?
         ¿Abisinia es, por lo menos, un convento, y fue Cristo quien cerró la boca de Rimbaud? Este Cristo sería entonces el que en nuestros días pone cátedra en las ventanillas de los bancos, si se juzga por esas cartas en las que el poeta maldito sólo habla de su dinero que quiere ver “bien colocado” y “rentando regularmente”. Quien cantaba en los suplicios, quien había injuriado a Dios y la belleza, quien se armaba contra la justicia y la esperanza, quien se oreaba gloriosamente con el aire del crimen, lo único que quiere es unirse con alguien que “tenga buen porvenir”. El mago, el vidente, el presidiario intratable sobre el que vuelve a cerrarse siempre la prisión, el hombre-rey en la tierra sin dioses, lleva constantemente ocho kilos de oro en un cinturón que le aprieta el vientre y del que se queja que le produce disentería. ¿Es éste el héroe mítico que se propone a tantos jóvenes que no escupen al mundo, pero que se morirían de vergüenza sólo con pensar en el cinturón? Para mantener el mito hay que ignorar esas cartas decisivas. Se comprende que hayan sido tan poco comentadas. Son sacrílegas, como lo es a veces la verdad. Un poeta grande y admirable, el más grande de su época, un oráculo fulgurante: tal es Rimbaud. Pero no es el hombre-dios, el ejemplo bravío, el monje de la poesía que nos han querido presentar. El hombre no recuperó su grandeza sino en el lecho del hospital, en la hora del final difícil, en la que hasta la mediocridad del corazón se hace conmovedora: “¡Qué desdichado soy! ¡Qué desdichado soy, pues!... ¡Y tengo en mi poder dinero que ni siquiera puedo vigilar!” El gran grito de esas horas miserables devuelve, por fortuna, a Rimbaud a esa parte de la medida común que coincide involuntariamente con la grandeza: “¡No, no, ahora me rebelo contra la muerte!” El Rimbaud joven resucita ente el abismo, y con él la rebelión de los tiempos en que la imprecación contra la vida no era sino la desesperación de la muerte. Entonces es cuando el traficante burgués se une con el adolescente desgarrado que tanto hemos querido. Se une con él en el terror y el dolor amargo donde se encuentran finalmente los hombres que no han sabido saludar a la dicha. Sólo entonces comienza su pasión y su verdad.


Albert Camus. 
El hombre rebelde. 
Editorial Losada.

martes, 4 de agosto de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






            EL SOLITARIO


El solitario es sabio en predicciones;
en sueños, en secretas palabras.

Es de arena el corazón del solitario:
se humedece con la lluvia.

El solitario no padece recuerdos:
construye el pasado con el futuro,
reloj de arena es su corazón.

El solitario ha creado el amor
a su imagen y semejanza.

El solitario no hace comparaciones.
El solitario se echa con la muerte
y se levanta viudo.

Por las noches se purifica.
En limpias, profundísimas aguas
se sumerge.

El solitario no conoce la soledad:
el mundo lo acompaña.


                              Ernesto Mejía Sánchez

sábado, 1 de agosto de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






CULTURA DEL PALIMPSESTO


Todo aquí es palimpsesto,
pasión del palimpsesto:

a la deriva,
borrar lo poco hecho,
empezar de la nada,
afirmar la deriva,
mirarse entre la nada acrecentada,
velar lo venenoso,
matar lo saludable,
escribir delirantes historias para náufragos.

Cuidado:
no se pierde sin castigo el pasado,
no se pisa en el aire.

Ida Vitale.

viernes, 31 de julio de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EN EL DAVID ARANGO


       «Hubo fiesta oficial la primera noche, con orquesta y cena de gala, pero me escapé a la cubierta, contemplé por última vez las luces del mundo que me disponía a olvidar sin dolor y lloré a gusto hasta el amanecer. Hoy me atrevo a decir que por lo único que quisiera volver a ser niño es para gozar otra vez de aquel viaje. Tuve que hacerlo de ida y vuelta varias veces durante los cuatro años que me faltaban del bachillerato y otros dos de la universidad, y cada vez aprendí más de la vida que en la escuela, y mejor que en la escuela. Por la época en que las aguas tenían caudal suficiente, el viaje de subida duraba cinco días de Barranquila a Puerto Salgar, de donde se hacía una jornada en tren hasta Bogotá. En tiempos de sequía, que eran los más entretenidos para navegar si no se tenía prisa, podía durar hasta tres semanas.
       Los buques tenían nombres fáciles e inmediatos: Atlántico, Medellín, Capitán de Caro, David Arango.Sus capitanes, como los de Conrad, eran autoritarios y de buena índole, comían como bárbaros y no sabían dormir solos en sus camarotes de reyes. Los viajes eran lentos y sorprendentes. Los pasajeros nos sentábamos en las terrazas todo el día para ver los pueblos olvidados, los caimanes tumbados con las fauces abiertas a la espera de las mariposas incautas, las bandadas de garzas que alzaban el vuelo por el susto de la estela del buque, el averío de patos de las ciénagas interiores, los manatíes que cantaban en los playones mientras amamantaban a sus crías. Durante todo el viaje uno despertaba al amanecer aturdido por la bullaranga de los micos y las cotorras. A menudo, la tufarada nauseabunda de una vaca ahogada interrumpía la siesta, inmóvil en el hilo del agua con un gallinazo solitario parado en el vientre.
       Ahora es raro que uno conozca a alguien en los aviones. En los buques fluviales los estudiantes terminábamos por parecer una sola familia, pues nos poníamos de acuerdo todos los años para coincidir en el viaje. A veces el buque encallaba hasta quince días en un banco de arena. Nadie se preocupaba, pues la fiesta seguía, y una carta del capitán sellada con el escudo de su anillo servía de excusa para llegar tarde al colegio.»


Gabriel Garcia Márquez. Vivir para contarla. Mondadori.

lunes, 27 de julio de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






RELIEVE HOMÉRICO


Y si habla mal de España, es español.


JOAQUÍN   MARÍA  BARTRINA

“En cierta ocasión me preguntó un sujeto cuál era el escritor español del siglo XIX que prefería yo entre todos, y aunque la pregunta es demasiado española, quiero decir simplista, porque casi nunca es posible contestar a cuestiones de primero y último, le contesté, sin embargo, diciendo: Sarmiento. Y al ver su gesto interrogativo, hube de añadir: Domingo Faustino Sarmiento, un argentino que murió,  ya de edad, el 11 de setiembre de 1888. "¿Argentino? -exclamó mi interlocutor-, entonces no era español".  Y hube de responderle: "Más español que ninguno de los españoles, a pesar de lo mucho que habló mal de España muy  bien". Y tuve que informarle de quién era don Domingo Faustino Sarmiento.
Le hablé de la vida fecunda y enérgica de ese maestro de escuela nacido de una antigua familia colonial en San Juan, al pie de los Andes, periodista en Chile, donde estuvo emigrado, peleando con la pluma contra el tirano Rosas, y gran educador de su patria, en que de ese vigoroso polígrafo, de sus obras educacionales y, sobre todo, del Facundo, llegó a la Presidencia de la República. Le hablé de la copiosa labor de sus tres obras capitales, los Viajes, viajes por Europa, África y América, en que nos narra el que en 1846 hizo a España, y es relato el de este viaje que merece ser reproducido; los Recuerdos de provincia, en que se leen las más sentidas y más vigorosas páginas que  un hijo puede dedicar a la santa memoria de su madre, y Civilización y barbarie, libro conocido comúnmente por  el Facundo, y en que Sarmiento nos cuenta las biografías del general Juan Facundo Quiroga, el Tigre de los Llanos, del general ex-fraile dominico Félix Aldao, y del Chacha, tres caudillos de las contiendas civiles de la República Argentina  en el primer tercio del siglo pasado.
"¿Y no habla más que de cosas de allá?" -me preguntó-. Y le respondí: "No habla más que de cosas de allá, no habla más que de las luchas que enardecían a los ánimos de aquellos entre quienes vivía; pero habla de tal modo, con tal pasión y tan soberana elocuencia, con tan candente parcialidad, que son libros que pueden leerse en cualquier país y en cualquier época. Es como en la Divina Comedia, en que todo el calor y la soberana inspiración viene de que el Dante habla de sus contemporáneos, de sujetos que, a no ser por el inmortal poeta, se habrían anegado en la Historia".
Bajo la pluma de Sarmiento, los personajes todos de las luchas civiles de la Argentina a principios del siglo XIX adquieren un relieve homérico. Sarmiento tenía lo que los campesinos llaman ojo de caballo, engrandecía cuanto miraba.  No hay sino leer las pinturas que en sus Recuerdos de provincia hace  del clérigo don José Castro, el maestro de su madre, el santo cura Castro, que llevaba el Evangelio en la mano y el Emilio, de Rousseau, escondido bajo la sotana; el portentoso retrato de don Domingo de Oro, o  en Civilización y barbarie la de los tres caudillos que biografía, y en todas sus obras, o poco menos, lo que dice del tirano don Juan Manuel Rosas. Nadie contribuyó a agigantar la figura de ese prodigioso tirano, tan grande para la leyenda como puedan serlo los más grandes del Renacimiento italiano, como contribuyó a ello su más implacable enemigo: Sarmiento. En el Facundo, Rosas adquiere por momentos la grandeza de un Satanás miltoniano, y se comprende leyendo eso que Juan Bautista Alberdi -otro argentino que es de los contados escritores en lengua castellana que pudo soportar­ dijera hablando del tirano, cuyo nombre durante veinte años apenas dejó de figurar  un momento en la prensa europea, estas palabras: "Si se perdiesen los títulos  de Rosas a la nacionalidad argentina, yo contribuiría con un sacrificio no pequeño al logro de  su rescate". Y cuenta que Alberdi fue otro de los enemigos de Rosas.
El mismo Alberdi, en sus Cartas quillotanas,  escritas desde Quillota, en Chile, dijo de Sarmiento cuanto malo puede decirse de este incorregible ególatra, de este hombre repleto de vida y de energía y desbordante de sí mismo, que se pasó la mayor  parte de su vida hablando, como Byron, de sí, y que ha alumbrado las encendidas páginas de sus escritos con la llama de un espíritu ardiente de vida.


Miguel de Unamuno. Americanidad. Biblioteca Ayacucho.