miércoles, 11 de febrero de 2015
lunes, 9 de febrero de 2015
OBITER DICTUM
“Algunos tienen una cara tan gorda, que pueden darse el lujo de
reír bajo su grasa, sin que el más avezado fisonomista sea capaz de percibirlo.
No como nosotros, miserables criaturas descarnadas cuya alma está
inmediatamente debajo de la epidermis, y que nos expresamos siempre en un
idioma en el que es imposible mentir.”
Georg C. Lichtenberg
domingo, 8 de febrero de 2015
sábado, 7 de febrero de 2015
jueves, 5 de febrero de 2015
miércoles, 4 de febrero de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LENGUA
YO FUI...
Yo fui.
Columna ardiente, luna de
primavera.
Mar dorado, ojos grandes.
Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.
Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.
Como un golpe de viento
que deshace la sombra,
caí en lo negro,
en el mundo insaciable.
He sido.
Mar dorado, ojos grandes.
Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.
Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.
Como un golpe de viento
que deshace la sombra,
caí en lo negro,
en el mundo insaciable.
He sido.
Luis
Cernuda
martes, 3 de febrero de 2015
lunes, 2 de febrero de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN EL REINO DE NADEZHDA
“Nevaba fuerte la tarde en que fui a ver a Nadezhda
Mandelstam. La nieve de mi abrigo se fundía y dejaba un reguero de agua sobre
el suelo de su cocina. La cocina olía a queroseno y a pan rancio. Sobre la mesa
había unos aros pegajosos de color púrpura, un jarrón lleno de begonias y unos
vasos secos dejados allí desde la levedad de un verano ruso.
Un tipo gordo con gafas salió del
dormitorio. Se me quedó mirando mientra se anudaba una bufanda en torno a sus
mofletes, y se fue.
Ella me hizo entrar. Estaba tumbada
sobre el lado izquierdo, encima de la cama, en medio de las sábanas arrugadas,
apoyando la cabeza sobre el puño cerrado. Me saludó sin moverse,
--¿Qué le parece mi médico? –se burló
ella--. Estoy enferma.
El médico, supongo, era el hombre del
KGB que tenía asignado.
La habitación atufaba de calor y estaba
toda regada de libros y ropa. Su pelo de mala calidad parecía liquen, y la luz
lateral de la lámpara lo traspasaba. Refuerzos de metal blanco brillaban entre
los oscuros espetones de sus dientes. Un cigarrillo colgaba de su labio
inferior. Su nariz era un arma. Uno se daba cuenta de inmediato de que era una
de las mujeres más poderosas del mundo, y ella lo sabía.
Un amigo de Inglaterra me había
aconsejado que le llevara tres cosas: champán, novelas policíacas baratas y
mermelada. Ella se quedó mirando al champán, y dijo: «¡Bollinger!», sin
demasiado entusiasmo. Se puso a mirar las novelas y dijo:
--Romans
policiers! ¡La próxima vez que venga a Rusia tráigame
verdadera BASURA!
Pero
cuando saqué los tres frascos de mermelada de naranjas sevillanas hechos por mi
madre, se quitó el cigarrillo de la boca y sonrió.
--Gracias, querido. La mermelada es mi
infancia. Y dime, querido… --me indicó por señas que cogiera una silla, y en
aquel momento una de las tetas se le salió del camisón--. Dime… --volvió a
meterse el pecho dentro--, ¿hay algún gran poeta en tu país? Quiero decir
verdaderamente grande… De la estatura de Joyce o de Eliot…
Auden seguía vivo en Oxford. Así que,
débilmente, sugerí que Auden.
--¡Auden no es lo que yo llamaría un gran poeta!
--Sí –dije--. La mayor parte de las
voces están calladas.
--¿Y en prosa?
--No mucho.
--¿Y en América? ¿Hay poetas?
--Algunos.
--Dime, ¿fue Hemingway un gran
novelista?
--No siempre –dije--. No ya al final.
Aunque hoy goza de poca estima. Sus primeros cuentos son maravillosos.
--El novelista americano maravilloso es
Faulkner. Estoy ayudando a un joven amigo a traducir a Faulkner al ruso. Y
tengo que decirle que estamos encontrando dificultades. En Rusia –gruñó—ya no
quedan grandes escritores. También aquí las voces se han callado. Tenemos a
Solyenitsin. Cuando cree que está diciéndote la verdad, cuenta las falsedades
más terribles. Pero cuando piensa que está escribiendo una historia sacada de
su imaginación, entonces, a veces, logra la verdad.
--¿Qué piensa usted de ese relato…?
–balbucí--. He olvidado su nombre. Ése donde la anciana es arrollada por un
tren.
--¿Quiere decir usted La casa de Matriona?
--Sí, ése –dije--. ¿Cree usted que
logra la verdad?
--¡Eso nunca podría haber ocurrido en
Rusia!
Sobre la pared encima de la cama, había
un lienzo blanco, colgado en oblicuo. La pintura era blanca, blanco sobre
blanco, unas pocas botellas blancas sobre un fondo blanco puro. Conocía al
autor de la obra: un judío ucraniano, como ella.
--Veo que tiene usted un cuadro de
Weissberg –dije.
--Sí. Y me pregunto si querría usted
ponérmelo derecho. Tire un libro y le di al cuadro por error. ¡Un libro
desagradable de una escritora australiana!
Le enderecé el cuadro.
--Weissberg –dijo—es nuestro mejor
pintor. Tal vez sea eso todo lo que puede hacerse hoy en Rusia: ¡pintar en
blanco!”
Bruce Chatwin. ¿Qué hago yo aquí? Muchnik Editores.
domingo, 1 de febrero de 2015
viernes, 30 de enero de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
EL VIAJE DEFINITIVO
… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedara mi huerto, con su verde
árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y
plácido;
y tocarán, como esta tarde están
tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto
florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…
Y yo me iré, y estaré solo, sin hogar,
sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.
Juan Ramón Jiménez.
miércoles, 28 de enero de 2015
OBITER DICTUM
“Quisiera decir unas
palabras sobre los últimos momentos de Stevenson. Como ya sabéis, no soy de los
que andan buscando material de interés humano al hablar de libros. El interés
humano no es mi especialidad, como solía decir Vronski. Pero los libros tienen
su destino, según la cita latina, y a veces el destino de los autores sigue al
de sus libros. Ahí tenemos el del viejo Tolstoi, que abandona en 1910 a su familia para vagar
y morir en la habitación de un jefe de estación en medio del estrépito de los
trenes que mataron a Ana Karenina. Y hay algo en la muerte de Stevenson en
Samoa (1894) que imita de manera singular el tema del vino y el tema de la
transformación, tan atractivos para su fantasía. Bajó a la bodega a subir una
botella de su borgoña favorito, la descorchó en la cocina, y de repente llamó a
gritos a su mujer: ¿Qué me pasa, qué es esto tan extraño, me ha cambiado la
cara?, y cayó al suelo. Se le había reventado un vaso sanguíneo en el cerebro,
y falleció un par de horas después.”
Vladimir Nabokov.
martes, 27 de enero de 2015
lunes, 26 de enero de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
EN ALEJANDRÍA
“Decidimos ir a ver con nuestros propios ojos lo que
ocurría. De nuevo en la carretera, nos vimos, como antes, ante una interminable
cadena de vehículos que se dirigían al Este; al atardecer había empezado a
soplar una tormenta de arena, para ponerlo todo peor. En la encrucijada, donde
una carretera penetra en el desierto y la otra va a Alejandría, la situación se
puso imposible. Los pantanos salinos se extienden aquí a ambos lados de la
carretera y ahora los vehículos estaban tan apretujados que iban de dos y hasta
de tres en fondo. Era imposible pasar, imposible adentrarse por los pantanos
donde los vehículos se hundirían sin remedio. Estaba ya oscureciendo, de modo
que decidimos renunciar a tratar de llegar a El Alamein e ir en su lugar a
Alejandría.
Paso a paso, casi como
tortugas, fuimos carretera adelante. A veces teníamos que parar completamente.
Luego, gradualmente, el tráfico fue haciéndose menos denso y acabó cesando por
completo. Yo nunca había visto la carretera de Alejandría tan sombría y
solitaria: aquellos parapetos, aquellas llanuras salinas, antes tan llenas de
soldados, parecían ahora desiertas. Hasta los beduinos parecían haber
desaparecido. De vez en cuando un camión militar o un coche lleno de soldados
pasaba a toda velocidad, daba la vuelta a la esquina y desaparecía en dirección
a El Cairo, pero el viejo campamento donde los polacos se habían fogueado, que
solía estar lleno de vehículos y material recién llegado, estaba ahora
extrañamente vacío. Vi una compañía de soldados indios que estaba formándose
para escuchar a un oficial, parecían una patrulla de demolición o de vigilancia
de retaguardia. Un poco más allá, vi otra compañía india que iba hacia una
hilera de camiones, cada indio con su petate al hombro.
Así las cosas,
llegamos por fin a Alejandría. Allí, de la noche a la mañana, todo parecía
haber perdido vida. Los globos de cortina contra los aviones flotaban aún sobre
la ciudad, pero casi todos los barcos se habían ido, muchas tiendas estaban cerradas,
y las calles, que solían hervir de gente a esta hora del atardecer, estaban
ahora medio desiertas.
Nos paramos ante el «Cecil
Hotel», junto al muelle. Siempre había sido nuestro cuartel general alejandrino
y era un edificio alegre, lleno de oficiales de la flota y de mujeres. Ahora,
todo esto había cambiado. Nos fue fácil encontrar habitación. El bar estaba
medio vacío, y la poca gente que vimos en él estaba sentada en grupitos,
comentando las noticias o la falta de noticias. Dos policías militares se nos
acercaron y nos ordenaron que nos incorporásemos inmediatamente a nuestras
unidades; les dijimos que no sabíamos a dónde teníamos que ir a presentarnos,
como no fuese al Cuartel General, y que nos era imposible volver allí a causa
del embotellamiento del tráfico. Por fin, convinimos en que, como los demás oficiales
que estaban en el hotel, no saldríamos de él hasta la mañana siguiente.”
Alan
Moorehead. Trilogía africana. Inédita Editores.
domingo, 25 de enero de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
CREÍ PASAR MI TIEMPO...
Creí pasar mi tiempo
amando
y siendo amada
comienzo a darme cuenta
que lo pasé despedazando
mientras era a mi vez
des
pe
da
za
da.
Claribel
Alegría.
viernes, 23 de enero de 2015
jueves, 22 de enero de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
BROOMS
1
Only brooms
Know the devil
Still exists,
That the snow grows whiter
After a crow has flown over
it,
That a dark dusty corner
Is the place of dreamers
and children,
That a broom is also a tree
In the orchard of the poor,
That a hanging roach there
Is a mute dove.
Charles Simic
miércoles, 21 de enero de 2015
lunes, 19 de enero de 2015
OTRA BALSA EN EL AQUERONTE
LAS HUELLAS DE CARQUEMIS
“Pero resulta difícil expresar con palabras
el espíritu del lugar, de las ruinas que quedan en aquella tierra inmensa,
azotada por el viento y carente de vegetación. En el Kalaat, donde las columnas romanas cubiertas de líquenes descansan
sobre la hierba, bajamos por la pendiente de tierra hasta los niveles
inferiores del terreno hitita y nos encontramos en un mundo extraño en el que
puede suceder cualquier cosa. A la derecha fluye el Éufrates, cuyas aguas
marrones brincan y se arremolinan, formando una pronunciada curva. El montículo
de la acrópolis, calcinado y lleno de zanjas, se alza sobre el río; hacia el
interior, la aplastante línea de las murallas impide ver más allá y da la
sensación de que se trata de una ciudad vallada. Nos encontramos sobre el
deteriorado pavimento o en el patio adoquinado cuyas piedras pulidas no han
conocido la huella de un pie humano desde que Carquemis se derrumbó entre el
humo y el tumulto hace dos mil quinientos años, y a nuestro alrededor hay
largas hileras de figuras esculpidas, dioses, animales, hombres que luchan e
inscripciones en honor de reyes olvidados; estatuas de antiguas divinidades;
amplias escaleras y puertas, en cuyos umbrales se ven aún las cenizas; basas de
columnas con fustes de cedro y capiteles de bronce con dibujos labrados de
redes y granadas… Y las anémonas escarlatas que crecen entre las piedras, los
lagartos que toman el sol sobre los muros del palacio o el templo, y el viento
primaveral que cubre de polvo las ruinas de la ciudad imperial. Carquemis debió
de ser magnífica cuando sus esculturas lucían alegres colores, cuando el sol
brillaba sobre los muros esmaltados y los apagados ladrillos estaban recubiertos
con paneles de cedro y placas de bronce, cuando los caballos empenachados
tiraban de los carros por sus calles; y los grandes señores, con amplios trajes
bordados y cinturones negros y dorados, entraban y salían por las puertas
esculpidas de los palacios. Pero incluso ahora, cuando el lugar está abandonado
y arrasado, en la melancolía de sus ruinas se encuentra un encanto sutil que
compensa la gloria de sus mejores tiempos. Reina la nostalgia, como en todas
las ruinas. Pero antes de la hora de comer desaparece, cuando los hombres
descansan en la gran escalera, se apelotonan a la sombra de la Muralla Procesional
o, cuando un par de trovadores errantes llegan hasta allí y, al sonido de la
penetrante flauta y el tambor medio centenar de hombres se reúnen en el patio
del palacio; entonces se olvida la tristeza de las cosas perdidas. Esos
vagabundos con sus atuendos chillones, como flores en un jardín de piedra, esos
despreocupados bailarines de tez oscura, no podrían encontrar un escenario
mejor que las piedras caídas, los peldaños que ascienden como un decorado
teatral para su representación al aire libre, y la fila de carros esculpidos
que realzan la vitalidad humana con su edad intemporal.”
Leonard
Woolley. Ciudades muertas y… Ediciones del Viento.
viernes, 16 de enero de 2015
miércoles, 14 de enero de 2015
Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA
AND DEATH SHALL HAVE NO DOMINION
And death shall have no dominion.
Dead men naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
Ant death shall have no dominion.
And death shall have no dominion.
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily;
Twisting on racks when sinews give way,
Strapped to a wheel, yet they shall not break;
Faith in their hands shall snap in two,
And the unicorn evils run them through;
Split all ends up they shan’t crack;
And death shall have no dominion.
And death shall have no dominion.
No more may gulls cry at their ears
Or waves break loud on the seashores,
Where blew a flower may a flower no more
Lift its head to the blows of the rain;
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer through daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,
And death shall have no dominion.
Dylan
Thomas.
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